Sobre el estudio científico recientemente publicado por el director del Departamento de Ecología Integral:
Agosta, E.A., Corell, D., Miró, J.J., Estrela, M.J. (2026). From dynamic control to thermodynamic amplification: The structural redistribution of Iberian precipitation (1950–2024). Atm. Res. Vol. 338, 108985, ISSN 0169-8095, https://doi.org/10.1016/j.atmosres.2026.108985.
En el estudio del cambio climático en la región mediterránea y la Península Ibérica, uno de los mayores desafíos científicos ha sido identificar tendencias claras en las precipitaciones a largo plazo. Hasta hace muy poco, la ciencia nos mostraba un panorama dominado por una aparente estabilidad, donde los cambios drásticos parecían difuminarse en la variabilidad natural del clima. Sin embargo, investigaciones recientes han logrado mirar debajo de esa superficie estática para revelar una transformación profunda en la forma en que llueve.
Para entender este hallazgo, es fundamental trazar el recorrido de las investigaciones más recientes y cómo hemos pasado de entender el control atmosférico de las lluvias a descubrir su actual intensificación termodinámica.
El punto de partida: Estabilidad volumétrica y control dinámico (2025)
A principios de 2025, dos grandes estudios establecieron el marco de referencia sobre las precipitaciones en nuestra región. Por un lado, el trabajo de Vicente-Serrano y colaboradores (2025) demostró, a partir de una base de datos masiva, que las precipitaciones en el Mediterráneo han permanecido fundamentalmente estacionarias desde 1871 hasta 2020. Su conclusión fue clara: la alta variabilidad temporal, y no una tendencia sostenida de secado, es lo que domina la precipitación en la región. Los autores atribuyeron la mayor parte de estas variaciones a la dinámica atmosférica, es decir, a la variabilidad interna de los patrones de circulación: a los vientos, frentes atlánticos, DANAs, y ríos atmosféricos.
En paralelo, Beguería y colaboradores (2025) aplicaron modelos estadísticos no estacionarios para analizar específicamente los eventos de precipitación extrema en España entre 1951 y 2020. Sus resultados confirmaron que los grandes índices de circulación atmosférica (como la Oscilación del Atlántico Norte o NAO, y la Oscilación del Mediterráneo Occidental o WeMO) tienen un papel prominente en la modulación de las lluvias extremas. Al evaluar las tendencias a largo plazo, no encontraron pruebas concluyentes de un aumento generalizado en la magnitud de los extremos; de hecho, detectaron más estaciones con disminuciones que con aumentos significativos en la intensidad de estos eventos.
Ambos estudios de 2025 consolidaron la idea de que los factores dinámicos (el movimiento y la frecuencia de los sistemas meteorológicos) eran los directores de orquesta de nuestras lluvias, y que, en términos de volumen absoluto y extremos, la Península no mostraba tendencias climáticas alarmantes hacia la intensificación.
El avance de Agosta y colaboradores (2026): La redistribución estructural
Es aquí donde el reciente artículo de Agosta y colaboradores (2026) marca un antes y un después al introducir una novedad superadora. El estudio no contradice la estabilidad del volumen de lluvia encontrada por Vicente-Serrano; de hecho, la valida a nivel local, confirmando que el volumen total anual de lluvia (Rtot) se mantiene estable en el 90,5 % de las estaciones meteorológicas analizadas.
El descubrimiento crucial de Agosta y colaboradores radica en que esa estabilidad volumétrica actúa como una máscara que oculta un cambio estructural profundo. Aunque la cantidad total de agua que cae al año no cambia, la forma en que cae se está reorganizando.
El estudio demuestra que la Península Ibérica atraviesa un escenario de “redistribución” (presente en casi el 30 % de la masiva red de estaciones meteorológicas disponibles) que opera como un juego de suma cero:
- Aumento de los extremos: La contribución fraccional de las lluvias extremas (Rp95) está aumentando de forma sistemática, especialmente en las zonas costeras: el Cantábrico, Andalucía y Levante.
- Caída de lluvia ordinaria: Este aumento de los extremos ocurre a expensas de la lluvia ordinaria (Ro), la cual está disminuyendo, afectando particularmente a las zonas del interior.
Rastreando métricas estructurales en lugar de volúmenes absolutos, Agosta y colaboradores detectaron esta intensificación en casi el doble de estaciones que en los análisis tradicionales de tendencias absolutas.
El porqué: Del control dinámico al desacoplamiento termodinámico
Si los patrones de circulación atmosférica (los factores dinámicos identificados por Vicente-Serrano y Beguería) no han cambiado su frecuencia a largo plazo, ¿qué está provocando esta intensificación de los extremos?
La innovación metodológica de Agosta y colaboradores (2026) consistió en aislar estadísticamente el efecto de estos patrones de circulación para estudiar el comportamiento residual. Sus hallazgos proporcionan evidencia diagnóstica de un “desacoplamiento termodinámico”:
- La atmósfera como un entorno enriquecido de humedad: Debido al calentamiento, hay un aumento a largo plazo del vapor de agua total en la columna atmosférica (TCWV). Esto significa que, bajo las mismas condiciones de circulación atmosférica de siempre, los eventos extremos ahora actúan como desencadenantes más eficientes porque disponen de más humedad disponible para descargar.
- La barrera para la lluvia ordinaria: Al mismo tiempo, la humedad relativa en los niveles bajos (RH850) ha disminuido, elevando el nivel de condensación. Esto crea un “déficit de saturación” que dificulta que los sistemas frontales estándar produzcan lluvias ordinarias y moderadas, explicando así su declive geográfico.
- El caso crítico del otoño: Este desacoplamiento es estacionalmente muy marcado. Mientras que en invierno la dinámica atmosférica tradicional es ahora más “eficiente” produciendo lluvia, en otoño, los extremos se han desconectado por completo de los índices de circulación a gran escala. Impulsados por el calor acumulado en el mar Mediterráneo, los extremos otoñales se rigen casi exclusivamente por inestabilidad termodinámica y han acelerado su intensificación significativamente desde finales de los años 80.
Conclusión
La aportación de Agosta y colaboradores (2026) nos obliga a actualizar nuestra comprensión hidroclimática. Al integrar el balance de agua atmosférica y separar los factores dinámicos de los termodinámicos, el estudio nos enseña que la Península Ibérica no se está secando de manera uniforme en términos absolutos, sino que está transitando hacia un régimen de precipitaciones mucho más extremo y volátil.
Este cambio, en el que las lluvias moderadas (que favorecen la infiltración en el suelo, la recarga de pantanos y el llenado de ríos) son sustituidas por episodios extremos (que generan escorrentía superficial, inundaciones repentinas y desbordamientos de embalses), advierte que la disponibilidad efectiva de recursos hídricos puede verse severamente reducida, a pesar de que los totales anuales de lluvia parezcan indicar que no pasa nada.
Referencias citadas:
Agosta, E.A., Corell, D., Miró, J.J., Estrela, M.J. (2026). From dynamic control to thermodynamic amplification: The structural redistribution of Iberian precipitation (1950–2024). Atm. Res., Vol. 338, 108985, ISSN 0169-8095, https://doi.org/10.1016/j.atmosres.2026.108985.
Vicente-Serrano, S.M., Tramblay, Y., Reig, F. et al. High temporal variability, not trend, dominates Mediterranean precipitation. Nature 639, 658–666 (2025). https://doi.org/10.1038/s41586-024-08576-6
Beguería, S., Tomas-Burguera, M., Serrano-Notivoli, R. et al. (2025). Evolution of extreme precipitation in Spain: contribution of atmospheric dynamics and long-term trends. Stoch Environ Res Risk Assess 39, 2137–2157. https://doi.org/10.1007/s00477-025-02961-x

«Imagina que la atmósfera es una esponja gigante». Antes, una mano invisible (la dinámica atmosférica clásica) exprimía la esponja suavemente y con frecuencia, dándonos lluvias moderadas y regulares. Hoy, debido al calentamiento, la esponja es mucho más grande y absorbe más agua (por la termodinámica), pero la atmósfera está más seca y rígida, por lo que la mano no puede exprimirla fácilmente. Se pierden los riegos suaves que recargan los embalses y empapan la tierra. Sin embargo, cuando finalmente logra apretarla, todo el agua cae de golpe en un solo evento extremo. (Eduardo Agosta)

