El director del Departamento de Pastoral de la Salud, José Luis Méndez, ha destacado la labor fundamental de cuidar, sanar y acompañar a los enfermos. Méndez ha recordado que la institución celebra 50 años organizando encuentros de delegados de toda España para perfeccionar este trabajo de atención integral ante las circunstancias cambiantes.
El sacerdote y médico ha explicado que el papel de la Iglesia trasciende el tratamiento farmacológico para atender el sufrimiento interior y el sentimiento de abandono. En este sentido, Méndez ha señalado que la cercanía humana ayuda a vivir la dolencia de otra forma al recordar que «el sufrimiento que eso me ocasiona no es algo inútil».
Asimismo, José Luis Méndez ha defendido que el fundamento de la dignidad de la persona es una cuestión ontológica que no depende de sus capacidades o productividad. «El solo hecho de ser persona creado a imagen y semejanza de Dios nos confiere una dignidad, sea cual sea nuestra situación», ha aseverado, antes de enfatizar que «todos los delfines del mundo no tienen la misma dignidad que una sola persona en estado de coma».
El apoyo a sanitarios y familias
Durante su intervención, ha puesto en valor el papel de los capellanes de hospital para sostener tanto a las familias de pacientes como a los profesionales sanitarios, quienes también precisan un hombro donde desahogarse. Méndez ha recordado situaciones vividas durante la pandemia de COVID-19, donde muchos médicos han sufrido el dolor de ver morir a los enfermos en soledad.
Respecto a los cuidadores de personas dependientes con Alzheimer o demencia senil, ha remarcado la necesidad de interesarse genuinamente por su estado anímico y no limitarse a la evolución clínica. El responsable ha apelado a recuperar «lo revolucionario de la ternura», expresión del papa Francisco, para centrarse en el afecto y acudir «al corazón de la persona».
La soledad y la salud mental infantil
Méndez también ha abordado la problemática de la salud mental en jóvenes y niños tras visitar unidades hospitalarias con ingresos por intentos de suicidio en edades tempranas. Al analizar esta situación con psiquiatras y psicólogos, ha advertido sobre el impacto del teléfono móvil en el aislamiento de las nuevas generaciones.
Para concluir, ha alertado sobre la sustitución de las relaciones directas por interacciones a través de pantallas que dificultan la creación de lazos sólidos. «No cuidar esas relaciones que generan vínculos» incrementa la desprotección emocional, por lo que ha reivindicado la necesidad de cultivar vínculos verdaderamente humanos en todas las etapas de la vida.

