Pastoral de circos y ferias
“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15)
«El mandato de Jesús, “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15), mueve a la Iglesia hacia el mundo de los feriantes y de los circenses para proclamarles también a ellos, según las circunstancias, una “primera” o una “nueva” evangelización, y para seguir ofreciendo el anuncio evangélico a cuantos ya lo han recibido.
Tradicionalmente, el espectáculo itinerante está vinculado a las fiestas locales, a las periódicas ocasiones festivas y a las celebraciones religiosas, especialmente las de devoción popular, desempeñando normalmente una importante función social y educativa.
La evangelización de la gente del espectáculo itinerante, entendida en su acepción más amplia de anuncio de la Palabra de Dios, acompañada de la administración de los sacramentos y del testimonio, constituye el objetivo prioritario de la pastoral específica para los circenses y feriantes.
Mientras que la parroquia, con sus estructuras pastorales, sale al encuentro de las necesidades de la población cristiana que vive en su territorio, ayudándola a reconocerse en la comunidad local, para la gente de la feria y, sobre todo, para la del circo, es prácticamente imposible pertenecer a una comunidad eclesial tradicional.
Al tiempo que acompaña a las personas del espectáculo itinerante, la Iglesia admira y aprecia las cualidades peculiares, como el amor a la familia, el sentido de la amistad, el coraje, la generosidad, la entrega al trabajo y el compromiso constante, incluso en la fatiga. La presencia en la Iglesia de circenses y feriantes es con frecuencia testimonio de esperanza humana y cristiana.
Los números con animales son típicos del circo clásico, donde la exhibición artística demuestra que el hombre puede establecer relaciones de entendimiento y de colaboración con los animales, gracias a un adiestramiento respetuoso y positivo.
Al mismo tiempo, los agentes pastorales ofrecen su ayuda a los feriantes y circenses haciendo de puente con las Iglesias locales y, a veces, convirtiéndose casi en una “parroquia itinerante”.
Las comunidades diocesanas y las parroquiales apoyan el trabajo de los agentes pastorales, favoreciendo una mentalidad de apertura y una cultura de acogida ante los circenses y feriantes.
Los obispos, los párrocos y sus colaboradores es bueno que visiten a los circenses y las feriantes que se detienen en sus territorios, de forma que se creen ocasiones de conocimiento recíproco y de comunión, también mediante la celebración de la Misa y la administración de los sacramentos.
Teniendo en cuenta el carácter específico de la pastoral del espectáculo itinerante, la Conferencia Episcopal Española nombra un delegado del departamento para que mantenga el contacto y en el nombre de la Iglesia, que es Madre, atienda convenientemente a estos sus queridos hijos.
Apelamos a las administraciones públicas y las autoridades locales a reconocer el valor socio-cultural del espectáculo itinerante y contrarrestar cualquier eventual forma de marginación y de prejuicio».
Director del Departamento: D. José Aumente Domínguez / circosyferias@conferenciaepiscopal.es
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