Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.
Director del Departamento de Ecología Integral
Un análisis basado en las últimas investigaciones de E. Agosta, J. Miró y colaboradores (2025), Universidad de Valencia, publicadas en Cuadernos de Geografía.
El 29 de octubre de 2024 quedará marcado en la memoria climática de España. La localidad de Turís registró 771 litros por metro cuadrado en un solo día, una cifra que desafía la infraestructura de cualquier territorio del litoral mediterráneo. Pero, ¿fue esto simplemente «mala suerte» meteorológica o hay algo más?
Dos nuevos estudios científicos, liderados por Eduardo Agosta (Departamento de Ecología Integral) y Javier Miró (Universidad de Alicante) en el Grupo de Climatología de la Universidad de Valencia, han realizado la autopsia climática de este evento. Su conclusión es inquietante y clara: la atmósfera ha cambiado, y con ella, las reglas del juego de las lluvias torrenciales.
A continuación, desgranamos los 4 hallazgos clave de estas publicaciones.
1. El Mediterráneo como «gasolina» de alto octanaje
Solemos pensar que una tormenta es solo viento y nubes, pero necesita combustible: calor y humedad. Los investigadores han detectado que el «motor» de esta DANA fue una temperatura del mar anormalmente alta.
• El dato: En las últimas cuatro décadas, el Mediterráneo occidental se ha calentado a un ritmo sostenido, acumulando un aumento de +1,44 °C en la temporada de otoño.
• La consecuencia: Aunque estuviéramos a finales de octubre, el agua en el Mediterráneo central todavía superaba los 24 °C. Este calor actuó como una inyección de energía, «sobrealimentando» la atmósfera.
2. Una atmósfera «esponja»: Récord histórico de humedad
El equipo de Agosta destaca un principio físico clave: por cada grado que se calienta la atmósfera, esta puede retener un 7% más de vapor de agua (ecuación de Clausius-Clapeyron).
• Lo inédito: Octubre de 2024 no fue un mes normal. Se registró un récord histórico de vapor de agua en la columna de aire, superando en un 362% la anomalía media habitual.
• El origen: Lo curioso es que gran parte de esa humedad no se evaporó solo frente a las costas de Valencia. Los vientos arrastraron la humedad desde el Mediterráneo central e incluso el Atlántico durante días, acumulándola para descargarla toda de golpe al chocar con las montañas valencianas.

Figura 1. Anatomía de un desastre.
(A) Muestra cómo el mar Mediterráneo ha funcionado como una batería recargándose de calor durante 40 años, elevando la temperatura base. (B) Muestra la consecuencia directa en octubre de 2024: una anomalía de vapor de agua (combustible para lluvia) que rompió todas las estadísticas históricas, superando en más de un 360% lo habitual.
3. La «subtropicalización» de nuestro clima
El estudio de Javier Miró y colaboradores introduce un concepto fascinante y preocupante: la «subtropicalización» del clima peninsular.
• ¿Qué significa? Que nuestro clima se está pareciendo cada vez más al de las zonas tropicales: períodos secos más largos, interrumpidos por lluvias de una violencia explosiva.
• El cambio estructural: Desde el año 2009, los investigadores han detectado un «punto de quiebre». A partir de esa fecha, la cantidad de agua disponible en la atmósfera para generar lluvias torrenciales se ha disparado, creando una tendencia clara hacia eventos más extremos.
4. El futuro ya está aquí: Proyecciones a 2050
Quizás la parte más alarmante del estudio de Miró es la mirada hacia el futuro utilizando modelos climáticos avanzados (CMIP6). ¿Será el evento de 2024 una excepción? Probablemente no.
• La predicción: Los modelos proyectan que, para el periodo 2021-2050, la magnitud de los eventos de precipitación diaria extrema podría aumentar un 50% respecto al periodo de referencia (1985-2015).
• El ejemplo de Alginet: En esta localidad, el máximo histórico era de unos 420 mm. Las proyecciones indican que, bajo el escenario climático actual, es posible alcanzar extremos de hasta 731 mm, cifras muy similares a las que acabamos de vivir.
Conclusión: Adaptarse a la nueva realidad
Las investigaciones de Agosta, Miró y colaboradores, nos lanzan una advertencia final. El evento de octubre de 2024 no fue solo una DANA clásica; fue un evento «recargado», potenciado por un mar y una atmósfera dopados por el calentamiento global.
Ya no estamos ante «gotas frías» tradicionales, sino ante tormentas con un potencial destructivo amplificado. La conclusión científica es que debemos dejar de ver estos diluvios como anomalías irrepetibles y empezar a prepararnos para una era donde el extremo climático se vuelve más intenso.

