Eduardo Agosta: Al pastor con sonrisa de fuego y brillo: ¡Gracias!
Francisco, el pastor que vino del sur fue un regalo inesperado para nuestra Iglesia y para el mundo. Con la ternura de un pastor que conoce a sus ovejas y la lucidez de un profeta que ve más allá de la inmediatez, Francisco ha tejido con su vida un entramado en la historia de la Iglesia y de toda la humanidad que es profundo e inmenso, embelleciéndola con sus gestos y su palabra. Lo recordaremos siempre, con justicia del corazón y afecto sincero, como el «Papa que vino del sur, de un barrio sencillo, con una sonrisa de fuego y brillo», el Papa del cuidado delicado y comprometido por cada criatura que puebla esta Tierra, y de una compasión entrañable por los más vulnerables, aquellos cuyo sufrimiento a menudo pasa desapercibido.
Francisco será recordado siempre con cariño y gratitud como el Papa del cuidado amoroso de la creación: de nuestra hermana madre Tierra y de todos los pobres que claman justicia y un futuro digno
En el corazón de su magisterio palpita una verdad que nos abraza a todos: la ecología integral es clave, no como una estrategia más, sino como algo vital, intrínseco a la acción evangelizadora y a la pastoral de cuidado que tanto necesitamos en este siglo XXI. Él entendió, con una sabiduría que viene de lo alto y de la cercanía a la tierra, que esta ecología integral es como una urdimbre sagrada que entrelaza la trama socioambiental en la que se tejen la justicia, la promoción del bien común y la dignidad humana, especialmente la de aquellos que han sido olvidados a la vera del camino. En esta conciencia de la relevancia de la ecología, la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) del 2007 en Aparecida marcó significativamente su corazón de pastor. Fue allí donde tomó plena conciencia de la gravedad oculta de una crisis que ya estaba en ciernes. La impresionante diversidad biológica de nuestra Tierra, tan elocuente en la Amazonía, su atmósfera que nos cobija, el misterio profundo de sus océanos, la vida que fluye en sus ríos y lagos, la majestuosidad de sus altas montañas y la inmensidad de sus amplias llanuras… todo, en su conjunto, nos habla de la hermosura desbordante y la aparente desmesura de la creación, realidades que a veces nos parecen inagotables, olvidando nuestra pequeñez y la posibilidad real de dañarlas.
La Pastoral con los Gitanos: queremos elevar un canto de gratitud a la memoria de nuestro gran patriarca, el Papa Francisco
Desde lo más profundo del corazón, desde el Departamento de Pastoral con los Gitanos, queremos elevar un canto de gratitud a la memoria de nuestro gran patriarca, el Papa Francisco. Su partida entristece nuestras almas, pero su legado nos llena de esperanza. Para el Pueblo Gitano católico, él ha sido mucho más que un pastor: ha sido un pilar de fe, un guía lleno de ternura que nos ha conducido a Undevel y a la Majarí Calí sin que perdiéramos nuestra forma gitana de vivir y creer.
¿Cómo hizo posible algo tan grande? ¿Cómo logró que nos sintiéramos verdaderamente parte de la Iglesia? La respuesta es una sola: el amor. Con su “cachaba” de pastor nos ha reunido, nos ha mostrado un camino en el que nos hemos sentido amados, acogidos y escuchados. Su forma cercana, su catequesis viva y presente, nos ha hecho sentir hijos predilectos de Dios.
No hace mucho, su carta dirigida a nosotros dio la vuelta al mundo. Fue un eco de dignidad que hizo que en los ambientes políticos, redes sociales, medios… despertaran al reconocimiento de nuestra historia. Durante su pontificado, no olvidó a los que suelen ser olvidados. Visitó nuestras comunidades, nos recibió en Roma, y hasta en el 2021 se presentó entre nosotros, compartiendo no como un alto pontífice, sino como un hermano.
Fernando Redondo: muchos católicos han cambiado su forma de ver el fenómeno de las migraciones y se han posicionado de forma positiva ante él
La imagen de Francisco recién elegido Papa, presentándose y saludando al pueblo congregado en la Plaza de San Pedro, fue todo un símbolo de lo que sería su pontificado. El pontificado de un Papa pastor, cercano al pueblo, al que con gesto humilde le pide su bendición. El mismo nombre que eligió en referencia a Francisco de Asís, y presentándose ataviado con la simple sotana blanca y su pectoral de siempre, eran signos elocuentes de cómo quería llevar a cabo su pontificado, con talante austero, poniendo en el centro el Evangelio y la opción preferencial por los últimos, señalando así el rumbo que le gustaría que tomara la Iglesia, como él mismo expresaría al poco tiempo: «quiero una Iglesia pobre y para los pobres».
Es en la exhortación Evangelii Gaudium con un lenguaje claro y directo, donde nos deja como legado, el itinerario que tiene que seguir la Iglesia en este momento, para poder llevar a cabo «una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo». Nos invita a ser una Iglesia más evangélica y en salida, que liberándose de viejas estructuras y saliendo de su propia comodidad, se atreva a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. El propio Francisco en primera persona ha hecho suyo este itinerario que ha ido realizando a largo de todo su pontificado con sus palabras, gestos y presencias, siendo así un contínuo recordatorio para toda la Iglesia.
Mons. Florencio Roselló: Los presos del mundo se han quedado huérfanos
He visitado bastantes celdas de diferentes prisiones en estos doce años de pontificado del Papa Francisco y en muchas de ellas había una foto de Francisco en las celdas, en un lugar visible
Los presos del mundo se han quedado huérfanos. Las cárceles se han quedado frías y desangeladas. Francisco nos ha dejado. Con su muerte, la ilusión y la esperanza han muerto. Me queda el consuelo de que su última salida del Vaticano fue a una prisión, a la cárcel de Regina Coeli, el pasado 17 de abril, Jueves Santo. Francisco, el visitador de los presos, ha muerto. En patios, galerías y pabellones de muchas cárceles del mundo se le llora y se le recuerda, se le venera y se le reza. He visitado bastantes celdas de diferentes prisiones en estos doce años de pontificado del Papa Francisco y en muchas de ellas había una foto de Francisco en las celdas, en un lugar visible. No la escondían, no la ocultaban, no sentían vergüenza, sino más bien orgullo. He visto cómo pasaban su mano por encima de la foto, le rezaban y en muchos casos la besaban. En las cárceles hay sentimientos, hay cariño, hay amor, y estos días se lo están manifestando al difunto papa Francisco. El Papa Francisco ha sido un visitador de presos. Durante su pontificado ha visitado unas 23 prisiones en diferentes lugares del mundo. Siempre con el beneficio de la duda, antes de entrar, en la puerta de la prisión siempre se preguntaba: “¿Por qué ellos y no yo? No soy mejor que ellos”. Dentro les sonreía, les abrazaba, les besaba, les preguntaba por su familia, no por el delito. Era el mismo Cristo quien se acercaba a ellos. Su mensaje siempre era de esperanza. La visita de Francisco convencía a los presos de que su futuro estaba por encima de los muros que les encerraba. Una esperanza que se hacía vida. Francisco no solo visitaba a las prisiones y estaba con los presos. Su palabra era la primera y más autorizada en defensa de los derechos humanos de los presos y en buscar medidas legales que ayudasen al preso a no perder la esperanza. Su palabra profética miraba la defensa del preso y su derecho a la vida y a la reinserción. En la bula de convocatoria del Jubileo de la Esperanza abogaba por la abolición de la pena de muerte cuando decía: “Respeto de los derechos humanos y sobre todo la abolición de la pena de muerte, recurso que para la fe cristiana es inadmisible y aniquila toda esperanza de perdón y renovación” (nº 10) (Catecismo Iglesia Católica, 2267).
Antonio Javier Aranda: Con el Papa Francisco hemos visto valorada nuestra presencia cristiana en el mundo
Estos doce años con el Papa Francisco han sido un tiempo de Gracia. Nos hemos sentido acompañados. Ha sido como esas excursiones con los amigos en los que la compañía le da un valor nuevo al trayecto recorrido y al que nos queda por recorrer. El cansancio se torna alegría y te quedan ganas de seguir. Así ha sido. Este tiempo se nos ha hecho agradable y corto, nos hemos quedado con ganas de más. La vida del Papa Francisco, el Papa de los “procesos” nos anima a seguir estos caminos de esperanza.
Los que vivimos comprometidos en la evangelización del mundo obrero nos sentimos muchas veces poco comprendidos y acompañados por la Iglesia. Con Francisco hemos tenido un chute de ánimo, “el gran tema es el trabajo” nos señalaba en Fratelli tutti.
Cuántas veces nos han dicho en nuestras comunidades parroquiales, con más o menos cariño, “el hijo pródigo ha vuelto”, y que pocas veces se han interesado por cómo nos va en el sindicato o en la asociación de vecinos, o como ha resultado este o aquel conflicto…
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