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“Incluso uno solo de estos pequeños”: el lema para la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

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El próximo 27 de septiembre de 2026 la Iglesia celebrará una nueva edición de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, una cita que, desde hace más de un siglo, invita a toda la comunidad cristiana a mirar con atención y compromiso la realidad de las personas migrantes.

Para esta 112ª jornada, el papa León XIV ha elegido un lema profundamente evangélico y desafiante: “Incluso uno solo de estos pequeños”, inspirado en las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí mismo” (Mt 18,5).

Poner rostro a la migración: los menores en el centro

Con este lema, el Santo Padre dirige la mirada de la Iglesia hacia uno de los rostros más vulnerables de la movilidad humana: los niños, niñas y adolescentes migrantes. Se trata de menores que, en muchas ocasiones, se ven obligados a abandonar su hogar por la pobreza, la violencia, los conflictos o la falta de oportunidades, afrontando situaciones de especial riesgo y desprotección.

El actual panorama migratorio plantea desafíos complejos que afectan de manera especial a los más pequeños. Según señala el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, los derechos y la dignidad de los menores migrantes están seriamente amenazados, lo que exige respuestas urgentes, eficaces y coordinadas.

Esta llamada interpela no solo a las instituciones, sino también a las comunidades cristianas, a las familias y a cada persona creyente. La acogida, la protección, la promoción y la integración —los cuatro verbos propuestos en el magisterio reciente— adquieren aquí una concreción especialmente urgente.

El lema “Incluso uno solo de estos pequeños” nos invita a cambiar la mirada: pasar de una lógica centrada en el control o la gestión a una lógica centrada en la persona. Nos recuerda que el valor de la vida humana no depende del número, sino de su dignidad infinita.

En el contexto español, donde la realidad de los menores migrantes —especialmente los no acompañados— forma parte del debate social y político, este mensaje adquiere una relevancia particular. Supone una oportunidad para renovar el compromiso de la Iglesia con una cultura de la acogida, el encuentro y la protección de los más vulnerables.

La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado es, ante todo, una invitación a la acción: a rezar, a sensibilizar y a implicarse. Porque, como nos recuerda el Evangelio, en cada niño y niña migrante está presente Cristo mismo. Y porque, también hoy, la fidelidad al Evangelio se mide en la capacidad de reconocer, acoger y cuidar —aunque sea— a uno solo de estos pequeños.