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Memoria de Ceferino Giménez Malla, «El Pelé»

  • Categoría de la entrada:Pastoral con los Gitanos
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Recordamos su memoria el 2 de agosto, día que fue fusilado en la ciudad de Barbastro del año 1936.

Ceferino fue un gitano de ley, de familia humilde, era tratante de animales, típica dedicación de los gitanos. De pequeño llevó una vida errante, recorriendo caminos montañosos de la región de Huesca y Cataluña.

Se unió según el estilo gitano, con Teresa Giménez, una gitana de Lérida. Y en 1912 selló su relación celebrando el matrimonio según el rito católico.

Frecuentaba la iglesia hasta convertirse en un cristiano modelo. No tuvo hijos y adoptó a una sobrina de su esposa llamada Pepita.

Ceferino tenía fama de buen gitano, honesto en los tratos y de religiosidad ejemplar, era de misa diaria y rezo cotidiano del santo rosario. Pertenecía a la orden franciscana terciaria, y la adoración nocturna.

Por su reconocida prudencia lo solicitaban gitanos y no gitanos para resolver conflictos.

Amigo de los niños del barrio, los reunía para darles catequesis. Solía decirles que ellos eran huesecillos de Dios. Les hablaba del amor a los animales y la naturaleza del campo.

Al inicio de la guerra civil española, fue detenido por salir en defensa de un sacerdote que arrastraban por la calle para llevarlo a la cárcel.

En la prisión le ofrecieron la libertad a cambio de dejar de rezar el rosario que siempre llevaba con él. Y él aceptó afrontar el martirio hasta la muerte antes de dejar de rezar.

En la madrugada del 2 de agosto de 1936 lo fusilaron. Murió con el rosario en la mano, mientras gritaba su fe “Viva Cristo Rey”.

Juan Pablo II lo beatificó el 4 de mayo de 1997 junto al obispo D. Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro, a quien fusilaron también una semana antes de Ceferino en el mismo cementerio de Barbastro.

«El Pelé» en palabras de Juan Pablo II

(De L´Osservatore Romano, ed. esp., 9-V-97)

«A vosotros os llamo amigos» (Jn 15,15). También en Barbastro el gitano Ceferino Giménez Malla, conocido como «el Pelé», murió por la fe en la que había vivido. Su vida muestra cómo Cristo está presente en los diversos pueblos y razas y que todos están llamados a la santidad, la cual se alcanza guardando sus mandamientos y permaneciendo en su amor (cf. Jn 15,11).

El Pelé fue generoso y acogedor con los pobres, aun siendo él mismo pobre; honesto en su actividad; fiel a su pueblo y a su raza calé; dotado de una inteligencia natural extraordinaria y del don de consejo. Fue, sobre todo, un hombre de profundas creencias religiosas.

San Juan Pablo II
Reliquia de Ceferino (su rosario) en manos de Monseñor José Antonio Satué, Obispo de Teruel y Albarracín y responsable de la Pastoral con los Gitanos

La frecuente participación en la santa misa, la devoción a la Virgen María con el rezo del rosario, la pertenencia a diversas asociaciones católicas le ayudaron a amar a Dios y al prójimo con entereza. Así, aun a riesgo de la propia vida, no dudó en defender a un sacerdote que iba a ser arrestado, por lo que le llevaron a la cárcel, donde no abandonó nunca la oración, siendo después fusilado mientras estrechaba el rosario en sus manos.

El beato Ceferino Giménez Malla supo sembrar concordia y solidaridad entre los suyos, mediando también en los conflictos que a veces empañan las relaciones entre payos y gitanos, demostrando que la caridad de Cristo no conoce límites de razas ni culturas.

San Juan Pablo II

Hoy «el Pelé» intercede por todos ante el Padre común, y la Iglesia lo propone como modelo a seguir y muestra significativa de la universal vocación a la santidad, especialmente para los gitanos, que tienen con él estrechos vínculos culturales y étnicos. 

(De la homilía de la misa de beatificación).

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El beato Ceferino Giménez Malla alcanzó la palma del martirio con la misma sencillez que había vivido. Su vida cristiana nos recuerda a todos que el mensaje de salvación no conoce fronteras de raza o cultura, porque Jesucristo es el redentor de los hombres de toda tribu, estirpe, pueblo y nación (cf. Ap 5,9).

«El Pelé» fue un hombre profundamente piadoso: particularmente devoto de la Eucaristía y de la Virgen María, participaba asiduamente en la santa misa y rezaba el rosario con fervor, oraba con frecuencia y pertenecía a diversas asociaciones religiosas. Su vida fue coherente con su fe, practicando la caridad con todos, siendo honrado en sus actividades, poniendo paz en las contiendas y aconsejando sabiamente sobre las situaciones que se presentaban. Por esto gozó de la estima de quienes lo conocieron.

Queridos hijos del pueblo gitano, el beato Ceferino es para vosotros una luz en vuestro sendero, un poderoso intercesor, un guía para vuestros pasos. «El Pelé», en su camino hacia la santidad, tiene que ser para vosotros un ejemplo y un estímulo para la plena inserción de vuestra particular cultura en el ámbito social en que os encontráis. Al mismo tiempo, es necesario que se superen antiguos prejuicios que os llevan a padecer formas de discriminación y rechazo que a veces conducen a una no deseada marginación del pueblo gitano. 

(Del discurso a los peregrinos llegados a Roma para la beatificación).

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Doy la bienvenida a los peregrinos gitanos que han venido para la beatificación de Ceferino Giménez Malla, mártir. Gracias por vuestra presencia y por vuestro canto. En verdad, la oración del santo rosario era la mejor manera de honrar a «el Pelé», que afrontó el extremo sacrificio con el rosario en la mano.

Saludo ahora cordialmente a las personas de lengua española que se han unido a esta entrañable práctica de piedad mariana [el rezo del santo rosario], al comienzo del mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen María. Saludo en particular al numeroso grupo de gitanos que han venido a Roma para participar mañana en la beatificación del venerable Ceferino Giménez, «el Pelé». Este ilustre hijo de vuestra raza fue mártir de la fe y murió con el rosario en la mano. Vosotros, que habéis sabido mantener vuestra identidad étnica y cultural más allá de las fronteras, haciendo con frecuencia del camino vuestra patria, seguid su ejemplo de piedad cristiana y de especial devoción a María, que vosotros invocáis como «Amari Develeskeridaj», «Nuestra Madre de Dios», para que ella sea la Estrella que guíe y alegre vuestros pasos. 

(De las palabras al final de la plegaria mariana del sábado).

Fuente: Directorio franciscano