En el momento que un gitano o gitana reza a Dios, termina volviendo su mirada a la imagen de Emilia “la canastera” la beata gitana de Tíjola.
Son muchas las razones por las que los gitanos entendemos mejor el valor de ser cada vez más cristianos. Cuando miramos la imagen de Emilia, estamos viendo la honradez del cristiano, es mirar la verdadera fe que mueve al amor de Dios, es mirar con un corazón tierno y verdadero.
Mirar la imagen de Emilia nos evoca muchas inquietudes. ¿Cómo puedo yo ser verdadera hija de Dios o ser un verdadero hijo de Dios? ¿Hay alguna fórmula secreta? ¿Es necesario el dolor, el martirio que sufrió Emilia?
Sabemos cuáles son las realidades que tienen cada familia en sus hogares, o por lo menos conocemos algunas de nuestros barrios. Familias desestructuradas, el paro incrementando en los jóvenes, la vida ambulante absorbida por los grandes comerciales, familias que aún viven con cortes de luz, personas que viven en la calle por hipotecas, arrendamientos excesivos, familias que buscan el dinero y abandonan la fe en Dios.

Luego estas personas necesitan de nuestra oración, necesitan nuestro rezo cada día.
¡Tenemos que ser incansables gitanos que rezan!.
Emilia aprendió a rezar, le enseñaron sus compañeras de prisión. Encontró una fortaleza en Dios mediante el rezo. ¡Una gitana rezando! ¿Para quién rezaba? ¿solo para ella? ¿por su familia?
Rezaba a Dios y eso le bastaba a ella. Pudiera ser que ese rezo fuera para los gitanos. O fuese para las prisioneras que le acompañaban. O fuese incluso para sus mismas carceleras. ¡Que grandeza sería haber aprendido a rezar! ¡Que descubriría con el rezo, para ser capaz de morir sin delatar a su catequista!
Emilia la canastera de Tíjola estaba enamorada de su familia gitana. Salía todas las mañanas a entrelazar la mimbre para llevar unos chavos a su papa y a su mama. Se enamora de un gitano quien con el rito habitual se casa. Busca la triquiñuela para que no vaya a la guerra. Y entonces llega la desgracia para su vida.
Era un amor humano. Era un amor que le arrebataron. Incluso el amor que nacía tejiéndose en su vientre fue también arrebatada. Su vida misma fue aniquilada.
¡Y por qué Emilia calló su boca! Todo esto podía haberse borrado si hubiese delatado sin más. Cualquier catequista la hubiese perdonado ya que su vida corría peligro. ¡Y es que era tan joven!
Ella descubrió algo claro, “la verdadera vida la que Jesucristo anunciaba “ el que crea en mi tendrá vida eterna”. Esta claro, se enamoró de Dios. Ese quizás fue su gran descubrimiento.
Rezaba a Dios de forma enamorada.
Su vida corría peligro si, pero la vida de la otra persona también. Y ella sabía que si se convertía en una cobarde era dar la espalda al mismo Dios.
Y Emilia no era una gitana cobarde. No era una gitana con falsedad en su convicción.
¿Fue una gitana temperamental? ¿tenía carácter?
¿Tenía madera líder? Nada sabemos, ni creo que eso sea lo más importante el buscarle como fue su persona.
Nos dejó un mensaje bien claro. Reza a Dios con todas tus fuerzas y haz el bien amando día a día.
Cuánto amor derramado, entre mimbre y cantes,
¿qué buscáis? Si aquí no hay guerra
Son lágrimas entre barrotes, que al Cielo llegan,
¡Padre, tú eres de todos! Por ti, muero entre rejas.
José Emiliano Rodríguez Amador

