Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.
Director del Departamento de Ecología Integral
Tras las devastadoras inundaciones de octubre de 2024 en Valencia, una pregunta ha dominado la conversación pública: ¿Es esto el cambio climático o «solo» un evento meteorológico extremo más? Tres estudios científicos recientes han analizado este evento a fondo y sus respuestas, lejos de contradecirse, nos ofrecen un panorama completo y preocupante sobre nuestra nueva realidad climática.
Para entenderlo, imaginemos un coche de carreras. El coche (la tormenta) puede ser el mismo modelo de siempre, pero si le pones un combustible de ultra-alto octanaje (un mar más cálido), correrá como nunca antes.
1. El «motor» sigue siendo el mismo, pero el «combustible» ha cambiado.
Los científicos distinguen entre la dinámica (el movimiento del aire, la formación de la DANA) y la termodinámica (la temperatura y la humedad).
- La dinámica (el motor): Un estudio exhaustivo liderado por Barriopedro y colegas (publicado en el Bulletin of the American Meteorological Society en inglés) señala que, si miramos solo los registros históricos, no hay una tendencia estadística clara que indique que estas depresiones aisladas (DANAs) sean ahora más frecuentes que antes. La variabilidad natural del clima mediterráneo es tan grande que «esconde» cualquier señal clara de un aumento en la frecuencia de estos patrones de circulación. Es decir, el «motor» de la tormenta es un viejo conocido. Algo que también afirma el estudio de Agosta y colaboradores.
- La termodinámica (el combustible): Aquí es donde la señal del cambio climático es robusta e innegable. El estudio de Agosta y colaboradores destaca que el mar Mediterráneo ha sufrido un calentamiento sostenido en otoño de +1,44 °C en las últimas cuatro décadas, lo que propicia un ambiente básico favorable a la carga extraordinaria de humedad, especialmente durante el transporte de masas de aire sobre extensas superficies de agua durante varios días. Este calor extra actúa como una «gasolina» supercargada: un mar más caliente evapora más agua. De hecho, en octubre de 2024 se registró un récord histórico de humedad en la atmósfera.
2. Mismo evento, más lluvia
Cuando los científicos de BAMS simularon el evento utilizando «storylines» (recreando la tormenta en un mundo con y sin calentamiento global), encontraron algo crucial: Aunque la tormenta fuera idéntica en su forma, la lluvia fue significativamente más intensa debido al cambio climático.
Esto coincide con los hallazgos de Miró y su equipo, quienes señalan que este evento se encaja en una tendencia de «subtropicalización» de nuestro clima. La atmósfera, al estar más caliente, puede retener más vapor de agua (un 7% más por cada grado de temperatura), lo que aumenta drásticamente la potencialidad pluviométrica. Es decir, cuando llueve, ahora tiene el potencial de llover mucho más fuerte.

3. Un vistazo al futuro: ¿La nueva normalidad?
Lo más inquietante no es solo lo que ya ha pasado, sino lo que podría venir. El estudio de Miró y colaboradores utilizó modelos climáticos avanzados (CMIP6) para proyectar el futuro en la zona cero de la catástrofe. Sus resultados indican que, para el periodo 2021-2050, podríamos ver un aumento del 50% en la magnitud de las precipitaciones extremas diarias en comparación con el periodo de referencia 1985-2015.
El mensaje final confiable:
La ciencia no nos dice que «ahora habrá tormentas todos los días». Lo que nos dice, con un alto grado de certeza al combinar múltiples métodos, es lo siguiente:
- No busques la señal solo en la frecuencia: es difícil probar estadísticamente que hay «más» DANAs debido al ruido natural del clima.
- Mira la intensidad: Cuando se forma una DANA hoy en día, se encuentra con un Mediterráneo «dopado» por el calor humano. Esto inyecta una cantidad de energía y de humedad sin precedentes en el sistema.
- El riesgo ha escalado: eventos que antes eran extraordinarios ahora tienen el «combustible» necesario para romper récords históricos, transformando un fenómeno meteorológico conocido en una catástrofe humana y económica de nueva magnitud.
En resumen, la DANA de 2024 no fue simplemente «mala suerte». Fue un fenómeno meteorológico clásico que operó bajo unas condiciones termodinámicas nuevas y peligrosas, creadas por el calentamiento global de origen humano.

