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#2 Magnifica Humanitas: Claves de lectura de la encíclica 

Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.
Director del Departamento de Ecología Integral conferencia Espicopal Española
Miembro de la Pontificia Academia para la Vida

Para comprender la profundidad de la encíclica Magnifica Humanitas (MH), primera carta pastoral del papa León XIV, y su respuesta a los desafíos de la inteligencia artificial (IA), es indispensable abordar el texto a través de dos lentes complementarias: una, la lente histórica, y otra, la lente sistémica o simultánea. Ambas perspectivas revelan que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) no es un manual normativo estático, sino un «corpus vivo de verdades» (MH, 3) capaz de orientar a la humanidad ante el poder tecnológico.

La perspectiva histórica nos invita a entender este nuevo documento magisterial como el resultado de un «desarrollo armonioso, aunque no siempre lineal» del pensamiento de la Iglesia a lo largo de la historia (MH, 45). Esta clave histórica estructura el primer capítulo del documento: la encíclica presenta a la DSI como un «pensamiento dinámico» que evoluciona al encontrarse con las «cosas nuevas» (res novae) de cada época (cf., MH, 4 y 17). Así como la Iglesia respondió a la era industrial y a la «cuestión obrera» con la Rerum Novarum de León XIII, hoy León XIX utiliza esa misma matriz para interpretar las transformaciones profundas de la digitalización y la robótica (cf. MH, 29).

De este modo, el Santo Padre repasa cómo se han ido consolidando conceptos esenciales a través del tiempo: desde la denuncia de «la concentración del poder económico en manos de unos pocos», de Pío XI (MH, 31), pasando por el esbozo de «los rasgos de un orden internacional fundado en el reconocimiento de la dignidad humana, en la justicia y en la paz», de Pío XII (MH, 32), el rol decisivo de las organizaciones profesionales, de trabajadores y de diversos organismos para el equilibrio social y el bien común, de Pío XIII (ib.), el enfoque mundial de los derechos humanos con san Juan XXIII (MH, 33), el desarrollo humano integral de san Pablo VI (MH, 35-36), el valor del trabajo de san Juan Pablo II (36-38), la crítica al sistema económico-financiero global que pretende ampliar sencillamente la lógica del mercado si tener en cuenta el bien común, de Benedicto XVI (MH, 39-40), hasta llegar a la ecología integral y la fraternidad universal del papa Francisco (MH, 42-45).

Leer la encíclica con la lente histórica significa reconocer que la Iglesia no inventa respuestas desde cero ante la IA, sino que se apoya en un «patrimonio sapiencial» acumulado que nunca se ha interrumpido y que sigue interpelándose por las preguntas de cada generación (MH, 3 y 24).

Mientras la perspectiva histórica explica cómo llegamos hasta aquí, la clave simultánea o sistémica nos muestra cómo las herramientas de la DSI deben operar al mismo tiempo y de manera interconectada para ser eficaces hoy en la era de la IA. Así, el papa León afirma explícitamente que los principios fundamentales (bien común, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad y justicia social) no pueden entenderse por separado. «La relación armoniosa entre estos principios exige que se consideren conjuntamente, para que resalte con claridad cómo se remiten y se iluminan mutuamente» (MH, 46).

Un ejemplo evidente de esta sincronía es la relación entre la subsidiariedad y la solidaridad. En la carta pastoral el papa advierte que operan como un sistema integrado: «cuando la subsidiariedad no va acompañada de solidaridad, acaba transformándose en mera tutela de intereses particulares; cuando la solidaridad no se sustenta en la subsidiariedad, degenera en asistencialismo que no promueve la responsabilidad» (MH, 73).

La clave sincrónica también exige la acción simultánea de toda la sociedad. Frente al modelo tecnocrático vertical, la encíclica propone el «camino de Nehemías» (MH, 13), que requiere que todos los sectores actúen al unísono: «científicos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe» (ib.). Ninguna instancia, por sí sola, puede gobernar éticamente la revolución digital.

En conclusión, una lectura complementaria de ambas lentes demuestra que la Iglesia recurre a su profunda memoria histórica para activar un ecosistema de principios morales que deben operar de manera unificada en el aquí y ahora (cf. MH 191-192). Solo esta profunda articulación permite discernir y orientar la innovación tecnológica para que verdaderamente sirva al desarrollo humano integral y proteja nuestra casa común.