En este momento estás viendo «La Visitación» con la Virgen del Carmen

«La Visitación» con la Virgen del Carmen

  • Categoría de la entrada:Stella Maris
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura

Ir a la visita de los barcos o mejor dicho de las tripulaciones, a veces se me hace pesado.

Salgo de casa entre las 08:30 y las 09:00, puedo tardar una hora, una hora y media y quién sabe. Hasta recuerdo dos veces que he dado la vuelta en la primera salida porque el tráfico estaba imposible.

Suelo tomar mi café en casa y las pastillas de la mañana. Si ando mal de tiempo tomo algo en el camino. Al llegar a Stella Maris cojo la mochila, abro el garaje, saco la furgoneta, preparo la tarjeta del puerto y me dirijo hacia la terminal Best. A veces hace frío, a veces hace calor. Cuando vuelva repetiré el proceso.

Con todo esto difícilmente hago la primera visita antes de las 11:00 a pesar de haber salido de casa al menos dos horas antes.

Y  las largas escaleras de los barcos y mis mermadas fuerzas.

A veces no paso del puesto de guardia del barco, otras voy a la oficina del oficial de guardia, a veces podemos charlar un poco, pero otras veces es muy fría la visita y veo que están nerviosos por el trabajo. Y yo cansado por el esfuerzo de las escaleras (ya no tengo 18 años), dudo de si ha merecido la pena el esfuerzo.

Pero otras veces las cosas son diferentes sobre todo cuando puedes pasar a la mess room.

Recuerdo una vez que después de mucho rato activando tarjetas sim, hice el tercer intento de recoger las cosas, ponerme el anorak y cargar la mochila, cuando vino otro marinero y me pidió una tarjeta. Pues manos a la obra, deshacemos todo y volvemos. Al final le pude dar la tarjeta activada y empezaron a llegarle mensajes. La cara del marinero se le iluminó y me dio las gracias, que si no fuera por nosotros… y me bendijo: God bless you. The same to you, le dije y nos abrazamos.

Recuerdo también un día que me acompañó una periodista de El Periódico y que publicó un artículo titulado “Los ángeles del puerto”. Ni que decir tiene nada más.

El pasado 01-07-2024, en un barco de mayoría filipina, pasé a la oficina del oficial de guardia que estaba terminando con dos visitas. Me dijo que me sentara y cuando acabó la visita anterior, se sentó a mi lado y hablamos unos minutos con gran calma y familiaridad sobre la Sagrada Família, naturalmente, y de cómo ir. Y, yo súper feliz de poder hablar de «La Sagrada». Al salir hablé con otro marinero en el lugar de guardia, también filipino y me pidió que le escribiera mi nombre en uno de los posters de Jesús. También me pidió el teléfono particular, algo que no hice razonando que sólo estaba de servicio el lunes por la mañana y que si me llamaba posiblemente no podría hacer nada. Y me dio muchas gracias por escribir mi nombre, sólo José, y me dijo que era una persona muy buena. Pobre de mí. Aguanté las lágrimas como pude y bajé la escalera pensando que ya había hecho el día o la semana o incluso el mes.

El día 08-07-2024, estaba a pie de escalera esperando a unos marineros que habían pedido los llevara a tierra. No subí pues ya había subido dos escaleras grandes y no podía más. Pero con gran alegría y ligereza bajó una chica oficial y me saludó y dio las manos como si fuera quien sabe quién. Sí, nos habíamos visto de nuevo en la oficina del barco. Y ahora me mostraba un agradecimiento y respeto como si yo fuera una persona que irradiase amor, como si fuera un ángel del puerto, cómo nos tituló la periodista… Después me dijo que los marineros me estaban esperando ya pasada la garita. Pasados unos minutos nos dirigíamos a Colón. Por el camino paré a tres chicos africanos que andaban bajo un sol de justicia y que eran trabajadores del puerto, no estrictamente marineros. Pensé que quizás me había metido en un problema, pero no, me pidieron bajar junto a la parada del metro.

Bien, hoy, día de la Virgen del Carmen ha sido un momento oportuno para escribir penas, pero, sobre todo, alegrías.

Josep Alpuente

Visitador de barcos de Stella Maris – Barcelona