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Jornada Mundial de la Paz: Mensaje de Justicia y Paz

A la luz del mensaje del Papa León XIV por la Jornada Mundial de la Paz 2026, compartimos el mensaje publicado por la Comisión General de Justicia y Paz de España

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV PARA LA LIX JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ (1  de  enero de 2026):
“La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante“.

Los  mensajes  que  proclaman  los Papas con  motivo  de la  Jornada Mundial  de la  Paz, que  se  celebra   anualmente  el  día 1 de  enero, constituyen  ya  una  larga  tradición  que  cumple 59 años, desde su  instauración  por San Pablo VI ,  y  suelen  constituir una  referencia ineludible, ya  que  se  dirigen  no  sólo a  la comunidad   católica,  sino  también a personas  no creyentes ,  a  todos  los pueblos,  incluyendo a personas  dirigentes  y con responsabilidad política  y  social  y  a todas  las   personas   de buena  voluntad  y  ciudadanas de todo  el  mundo: la  humanidad  entera,  destinataria  del mensaje  salvador  de Jesucristo.

Esta  tradición   ejemplariza la  voluntad   de  mantener vivo el  clamor y  el  compromiso  de la  Iglesia  por la  paz,  desde  aquel  histórico  discurso  del propio  Pontífice ante la Asamblea General  de las  Naciones  Unidas  en  el  año  1967,  que  culminó  con  un emocionado  y contundente grito de  “NUNCA MÁS LA GUERRA”.

El   texto  integro  del Mensaje  de este año   se ha  hecho público  el pasado  día 18  de  diciembre,   ya  que normalmente   acaece  en torno  de la  festividad  de la Inmaculada Concepción de la  Virgen,  – lo  que  constituye una clara  coincidencia  con  el  apelativo de María  como Reina  de la  Paz, que  de  este  modo  suele  ser  invocada   en     los sucesivos Mensajes -.

Así, se inicia con la  conocida y  repetida llamada  del papa León   desde los primeros momentos  de su pontificado a “una  paz  desarmada y  desarmante…  la paz  de Cristo resucitado, humilde y  perseverante “  e  invita a “rechazar la lógica  de la  violencia  y  de la  guerra y a promover una reconciliación fundada en  el  amor  y la justicia”. De  este  modo,  se actualiza   el  plan   para la  humanidad  que expresa Yahvé en  boca  del  profeta  (Isaías, 2, 4-5), con el  que  cierra  el  Mensaje,  enlazándolo,   con los  ideales     de  misericordia  y   fraternidad, tan reiterados  por los últimos  Papas,  especialmente   en  las  encíclicas y exhortaciones “Fratelli tutti”, “Dilexit nos” y “Dilexi te “.

La idea  de paz  que  desarrolla  el Mensaje   es  aquella  que  no  es  simplemente la  ausencia de  conflicto, sino “una opción  de desarme , no  fundada  en  el  miedo ni en  la imposición de los poderosos y  cuya finalidad última es “construir el Reino  de  Dios y  edificar  juntos  un futuro  humano y político”: si la  paz no es una  realidad  experimentada,  para  custodiar y cultivar, la  agresividad  se  difunde  en  La  vida  doméstica y en la  vida pública.

Frente a esta paz  de Jesús  resucitado,  que Él    pronunció  con  firmeza (“Envaina  tu  espada”, Jn.18-11), el  Papa  denuncia  el  engaño  de la  violencia, la  agresividad  que  se  difunde en  la  vida  doméstica y  en  la  vida  pública,  los  repetidos llamamientos a incrementar  el  gasto militar, la  aplicación en ámbito  militar  de las inteligencias  artificiales… todo ello  es una  espiral  destructiva, sin  precedentes, del humanismo jurídico y   filosófico  sobre  el  cual  se  apoya  y desde  el  que  se  protege  cualquier  civilización. El silencio  de las  armas  debe  convertirse en  desarme ético,  personal  y  colectivo, capaz  de  disolver los conflictos, abrir  los  corazones  y  generar   confianza, empatía y  esperanza.

Recuerda  el Mensaje  que  no  es  suficiente “invocar” estos  valores, sino  que  necesariamente  deben  encarnarse  en  un estilo  de  vida  y  en  unas prácticas políticas que  rechacen  toda  violencia,  visible o  estructural, y  para ello señala tres líneas de  pensamiento  y acción: “reconocer, asumir, superar las diferencias”.

En esta  línea, el Papa  ya  ha  recordado  recientemente que  el  tema  de la  paz no se  separa del  contexto  actual, ya  que  “nuestro mundo lleva abiertas las  profundas  cicatrices del  conflicto, la  desigualdad, la  degradación  medioambiental y un  creciente  sentimiento de orfandad  espiritual”.

Como  hemos  dicho, no  podía  faltar  en  el  Mensaje la denuncia de la carrera  armamentista: “No es  casual  que  los  repetidos llamamientos a incrementar  el  gasto militar y  las  decisiones  que  esto  conlleva, sean  presentados por  muchos  gobernantes con la justificación  del  peligro frente a los otros… la  apelación  a la    disuasión  nuclear encarna la irracionalidad  de una  relación  entre pueblos basada no  en  el  derecho, la  justicia y la  confianza , sino  en  el  miedo  y  en  el  dominio  de la  fuerza”. Este  apartado  del  Mensaje  se cierra  con  una  extensa cita  de San  Juan XXIII (Pacem  in Terris, 60)  y  con  datos terriblemente incontestables: los gastos  militares se incrementaron  en 2024 un 9,4 %  respecto  del  año anterior… alcanzando  la  cifra de 2.718 billones  de  dólares, es  decir,  el 2,5 % del PIB mundial.

Todo ello se  sitúa  en  la  constante preocupación  del Papa ante    las matanzas de menores,   mujeres, personas ancianas y  enfermas  (la población  civil ) en  combates  , bombardeos y otros  métodos  de  masacre,    reclamando  un alto  el  fuego   para    todos  los  conflictos vivos,  como  ya dijo  el pasado 9  de  noviembre  en  su homilía  con  motivo  de la  conmemoración  de la  Basílica  de San Juan de Letrán.

El Mensaje  concluye  con  el  deseo de  que   la paz se  convierta  en luz  del  mundo, y que   éste  sea un  fruto  del Jubileo  de la  Esperanza  que  “ha  impulsado a millones de  seres humanos  a  descubrirse peregrinos  y a  comenzar  en  si mismos  este  desarme  del  corazón, de la  mente  y de la  vida ,   al  que Dios  no  tardará  en  responder, cumpliendo  sus  promesas anunciadas por los Profetas“.