La visita apostólica del papa León XIV a España dejó uno de sus gestos más significativos el pasado 10 de junio con su encuentro con las personas privadas de libertad en el Centro Penitenciario Brians 1, en la diócesis de Sant Feliu de Llobregat. Se trata de la primera vez que un Pontífice visita una prisión española, un signo elocuente de la cercanía de la Iglesia hacia quienes viven situaciones de exclusión y sufrimiento.
Estuvieron presentes ochenta internos e internas procedentes de Brians 1, Brians 2 y Wad-Ras, capellanes, voluntarios, trabajadores de la pastoral penitenciaria y el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez, vestido con hábito dominico, la orden a la que pertenece. El Papa llevó un mensaje de esperanza, misericordia y confianza en la capacidad de toda persona para rehacer su vida.
Jesús Bel, delegado diocesano de Pastoral Penitenciaria y capellán de Brians 1, inició el acto agradeciendo al Papa su presencia, «que nos conforta y nos anima», y también por la oportunidad para «decirle al mundo que existimos, que sufrimos, que queremos levantarnos y seguir adelante».
Dos testimonios marcados por la fe y la esperanza
El encuentro estuvo precedido por los testimonios de dos mujeres internas que compartieron con el Santo Padre su experiencia personal y espiritual dentro de la prisión. Ambas expresaron cómo el acompañamiento recibido a través de la pastoral penitenciaria y la vivencia de la fe les ha ayudado a encontrar sentido, fortaleza y un horizonte nuevo en medio de la privación de libertad.
Una de ellas, Josefina, había manifestado días antes que la visita del Papa era una muestra de que la sociedad y la Iglesia no se olvidan de quienes están en prisión. Para ella, poder dirigirse al Santo Padre era “una bendición” y una oportunidad para recordar que las personas reclusas siguen siendo miembros valiosos de la sociedad.
Junto a ella intervino Montserrat, quien expresó la emoción de poder compartir su historia con el Papa y representar a tantas mujeres que viven su proceso de reinserción desde la esperanza. Ambas reclusas entregaron al Pontífice diversos obsequios elaborados en los talleres del centro penitenciario, como muestra de gratitud y cercanía.


“El pasado no condena el futuro”
En su intervención, León XIV dirigió palabras especialmente cercanas a los internos, recordándoles que ninguna persona puede quedar reducida a sus errores ni a las circunstancias que la han llevado a prisión.
“Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”, afirmó el Santo Padre, invitando a mirar el futuro con confianza y a descubrir que siempre es posible iniciar caminos nuevos.
Inspirándose en la experiencia de conversión de san Agustín, el Papa recordó que la gracia de Dios tiene la capacidad de transformar la vida humana y abrir horizontes de reconciliación. “El pasado no condena el futuro”, señaló, subrayando que toda persona conserva intacta su dignidad y está llamada a crecer, cambiar y comenzar de nuevo. También reconoció las dificultades que viven quienes cumplen una condena, marcadas a menudo por el sufrimiento, la incertidumbre o la soledad, pero les animó a no perder la esperanza: “Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino”, recordó, Dios nunca aparta su mirada de sus hijos.
Al final, los ha invitado a refugiarse en Dios, a aferrarse a él, a seguir soñando el sueño de Dios: «¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse, sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y perdonar», ha concluido, invocando a renglón seguido a la Virgen de la Merced.
Un gesto de cercanía para la pastoral penitenciaria
La visita concluyó en un clima profundamente emotivo. Las dos internas que habían ofrecido su testimonio abrazaron al Papa en un gesto espontáneo que reflejó la intensidad humana del encuentro. Los participantes recibieron la bendición del Santo Padre y compartieron con él un momento que muchos calificaron como histórico e inolvidable.
Con esta visita a Brians 1, León XIV quiso poner rostro a una de las periferias que con frecuencia permanecen ocultas a la mirada social. Su presencia entre las personas privadas de libertad constituye también un reconocimiento al trabajo silencioso y constante de capellanes, voluntarios y agentes de la Pastoral Penitenciaria, que hacen presente cada día el mensaje evangélico de la misericordia, la reconciliación y las segundas oportunidades.

