Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.
Director del Departamento de Ecología Integral conferencia Espicopal Española
Del 9 al 12 de septiembre de 2026, la Santa Sede fue escenario de un encuentro histórico que marcó un hito en el camino de la ecología integral y el diálogo socioambiental. Bajo el impulso del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la Conferencia Eclesial Amazónica (CEAMA), la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) y la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), nos reunimos en Roma junto a líderes sindicales, académicos, organizaciones eclesiales, empresarios, bancos de desarrollo y organismos internacionales para consolidar una «Agenda de responsabilidad compartida Norte-Sur».
En este marco, tuvimos el profundo honor de ser recibidos en audiencia por el papa León XIV, quien no solo respaldó este esfuerzo multisectorial, sino que también bendijo y dio luz verde a una agenda de seis proyectos estratégicos de solución diseñados para afrontar las grandes transformaciones de nuestro tiempo. Entre ellos, la iniciativa sobre «evaluación e integridad socioambiental de la actividad minera (minería justa)» ha sido aprobada como uno de los seis proyectos de alcance global, en calidad de proyecto piloto. En ella, el carmelita fray Eduardo Agosta, nuestro director, ha puesto gran esfuerzo de colaboración, con la esperanza y responsabilidad de operativizar los principios éticos de una transición energética justa.
Construir sobre roca: La mirada del papa León XIV
En sus palabras a la delegación, el Santo Padre nos recordó que la Doctrina Social de la Iglesia no es un mero manual abstracto de normas, sino «un proceso de discernimiento compartido» orientado a proteger a los más vulnerables y garantizar el bien común.
Inspirándose en la figura bíblica del profeta Nehemías, quien, ante una Jerusalén en ruinas, organizó a su pueblo para reconstruir la ciudad, León XIV nos convocó a entrar sin miedo en las «obras de la historia»: los laboratorios de investigación, las universidades, los sindicatos y las comunidades locales. Con su llamado a asumir la «lógica de la subsidiariedad», cerró su mensaje con palabras que resumen la esencia de nuestro compromiso:
«A cada persona le corresponde el tramo de muralla que le toca edificar […] Que el progreso de nuestro tiempo no deje nuevas ruinas a su paso, y que todo lo que construyamos sea verdaderamente una casa y un refugio para todos, empezando por los más necesitados».



Nuestro compromiso: ciencia, transparencia y dignidad en el territorio
Nuestro proyecto de evaluación de la integridad socioambiental en sitios mineros nace con una intención clara y transparente: poner la ciencia universitaria independiente al servicio de las comunidades, de la justicia social y de la protección de la Casa Común.
Lejos de cualquier intento de encubrimiento o de negociación táctica, la iniciativa se fundamenta en la rigurosidad y la veracidad fáctica. A través de la red de universidades católicas (ODUCAL), con el liderazgo de la PUC-Rio, laboratorios acreditados bajo estrictos estándares (norma ISO/IEC 17025), herramientas de monitoreo participativo comunitario (Mecanismo de Alerta Comunitaria – MAC) y registros digitales inalterables, queremos demostrar que es posible auditar de manera independiente y con justicia la actividad extractiva, midiendo parámetros ambientales, laborales (alineados con la OIT), sociales y de seguridad territorial, en consonancia con los principios éticos de la justicia integral.
Buscamos demostrar que la transición energética justa no puede realizarse a costa del sacrificio socioambiental del Sur global ni de la precarización del trabajo. La verdad de los datos es la única base sólida para construir confianza, prevenir conflictos y promover la paz social.
La cultura del encuentro como método
Este proyecto piloto y la agenda respaldada por el papa León XIV son el testimonio vivo de la «cultura del encuentro». Frente a un mundo marcado por la polarización y las narrativas contrapuestas, sentar a la misma mesa a la Iglesia, la academia, las centrales sindicales, las organizaciones eclesiales, la gobernanza climática (UNFCCC) y el sector productivo demuestra que las diferencias no son un obstáculo, sino una fuente de energía creativa cuando están guiadas por la corresponsabilidad.
Como miembros de la comunidad de fe, asumimos con humildad y determinación este «tramo de muralla» que se nos ha encomendado. Seguimos caminando juntos, convencidos de que la fe, el rigor científico y el diálogo sincero son los puentes indispensables para cuidar nuestra Casa Común y garantizar una vida digna para todos.

