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Una historia de Emilia la canastera

  • Categoría de la entrada:Pastoral con los Gitanos
  • Tiempo de lectura:18 minutos de lectura

El 25 de marzo se cumple el aniversario de la beatificación de Emilia la Canastera, la primera beata gitana. Os contamos esta deliciosa historia que muestra como la memoria de Emilia sigue viva entre el pueblo y la Pastoral con los gitanos.

Lo que os voy a relatar ¿es una historia o es un cuento? Las dos cosas pueden ser válidas pues de la manera que se cuenta así os pueda parecer.

Todo comienza, con un sacerdote. Hombre alto, delgado y con talante flamenco. Lo llaman el cura bailaor. No porque baile en sus homilías, que bien pueda ser. Tan poco para fiestas y esas cosas. Él bailaba para anunciar un mensaje a las gentes.

 Este sacerdote un día, en una de sus reuniones o taller de baile se dirigió a los grupos de niños, jóvenes y mayores a los cuales bautizó y confirmó. Jules Maurice les propuso lo siguiente:

– ¿conocéis a Emilia la canastera de Almería? (Entonces Emilia no estaba reconocida aun por la Iglesia como mártir ni se sabía apenas nada.).

Los niños callados, los mayores igual y los jóvenes se decían: – por donde nos saldrá el Jules.

Jules Maurice volvió a decir:

– No os voy a contar como murió sino como vivió. La vida de esta gitana llamada “Emilia la canastera” murió por amar de cuatro maneras distintas y ninguna es menos que la otra porque todas ellas le llevaron a Dios. Amor de mujer, amor de madre, amor al próximo, amor a Dios.

Mientras Jules contaba la historia, los ojos de todos los de allí como faros atentos y mudos.

Al terminar Jules de hablar y hasta de interpretar con gestos teatrales toda la vida de Emilia, unos instantes de silencio y sentimiento de tristeza embargaba la sala.

  Uno de los presentes se levantó muy flamenco y dijo:

– ¡Los gitanos tienen que hablar! Tenemos que darle voz a Emilia, que se la escuche mediante nuestra fe gitana.

-Así es y con vuestro ser, con vuestro cuerpo y sentimiento, bailando y cantando. Llevamos tiempo teniendo ensayos en el taller de baile y compás parroquial y ya estáis preparados para anunciar el evangelio con el cante y el baile. Decía Jules.

– ¡Pues preparemos un musical sobre la vida de Emilia! ¿no? Dijo la Ani, una joven muchacha llena de temperamento. Jules con una mueca sonriente los miró a todos uno por uno sabiendo ya cual sería el papel que representaría cada uno.

Tres veces en semana ensayaban en los bajos de la parroquia durante meses. Pero llegó el día de lanzarse a la primera actuación de la obra de la gitana. No sé si sería por suerte o por decisión del grupo elegir el primer destino de la provincia de Graná. Busquístar fue el lugar. Es una localidad y municipio español situado en la parte central de la comarca de la Alpujarra Granadina.

Era la primera vez que todos verían Busquístar y más de aquella manera. Se repartieron en vehículos cargados con guitarras, cajón, corneta, castañuelas, maletas llenas con prendas y trapos que fueron remendadas por ellos mismos como, pañoletas, mandiles, faldas

coloridas, chalecos, sombreros y peinetas de plástico, canastas de mimbre y un sinfín de cosas para representar el papel de cada individuo.

El trayecto fue para ellos un martirio. La calzada era estrecha con curvas cerradas y muy seguidas una tras otra. Nadie estaba atento al paisaje tan hermoso que pintores ilustrados cincelaron con sus pinceles y paletas de colores. O de la historia morisca y cristiana tras cruzar el puente de Tablate.

Tuvieron que hacer varias paradas para vomitar el mareo que tenían encima. Sus caras algo pálidas contractaban con aquel paisaje. Juan el guitarrista intentaba darle humor a aquello con su particular forma de hacer reír. Al fin llegaron a la plaza del pueblo. Era a mediados del mes de enero y es normal que el frio en la comarca Alpujarreña se adueñe.

  • ¡Dios, que frio majarí! Decía Francis el rubiales de ojos claros, un bailaor que hacia el papel del marido de Emilia.
  • Aparcar los vehículos y descargar voy a enterarme donde actuamos. Decía Jules.

El sitio donde actuaban no era muy grande y estaba ubicado en el Patio de las Escuelas. Los actores se cambiaban de ropas en los baños cercanos. Como era aún algo pronto, algunos salieron para comprar alguna torta alpujarreña. La gente del lugar los miraba con rareza al verlos que iban totalmente maquilladas las chicas.

  • Mirad, esas jóvenes tan maquilladas que están haciendo por aquí. Murmuraban en voz alta. Incluso llegaron a escuchar señalándolas como busconas.

Ani le hizo gracia esos comentarios sin llegar a molestarle a ella ni a ninguna.

A la media hora después ya estaban organizados para el primer acto llamándolo amor. Con sus vestimentas puestas. Los dos guitarristas Paco y Juan con sus instrumentos templados. Algún que otro zapateo se escuchaba para calentar los pies. El coro de voces, aclaraban la garganta con agua haciendo gárgaras. Estaban nerviosos todos ellos incluso el cura bailaor. Una joven que se llamaba Emilia y que esta además hacia el papel de Emilia la canastera, se asomó para ver al público presente.

  • ¡Dios mío, solo hay mujeres! ¿Dónde están los hombres? ¿Qué pueblo es este?
  • Estarán trabajando en el campo o a saber. Dijo la joven Nieves que hacia el papel de unas de las presas de “Gachas Colorás”.

Jules las llamó y puso en corro a todos. Bailaoras y bailaores, trompetista y guitarristas, maquilladoras y técnicos se unieron con los brazos uno tras otro. Y una oración salía de la voz de Jules. Oración a la que llamaban “plegaria de los bailarines”:

Creador de la carne y del espíritu,

del ritmo, del movimiento y del sonido.

Porque la danza no es frivolidad, ni decoración,

ni tan solo humilde diversión;

sino interior anhelo e impulso de vida,

hemos venido a rezarte con nuestras danzas. `Al igual que el rey David

queremos saltar y bailar delante de ti,

como María la hermana de Moisés,

queremos danzar tu presencia siempre activa,

siempre transformadora.

Y porque Tú te hayas en la raíz de nuestra alma;

deseamos que bailes en nosotros y con nosotros,

para que nuestra danza, la tuya y la nuestra,

haga visible el mundo invisible,

para que cada uno de nosotros traduzca,

en la lengua de las formas y las figuras

Tu relación…

Luz de luz, no permitas que nos olvidemos esta verdad honda,

que nuestro baile sea límpido y desinteresado,

que no caigamos en el culto al cuerpo, a la personalidad o el divismo.

Que la danza y el cuerpo de cada uno sean un miembro mas

de este cuerpo de baile.

Y este, a su vez,

sea tu cuerpo que se entrega de mil maneras,

por todos y para cada uno de los seres humanos.

Amén

Después de la oración, todos salieron a ese patio de escuela colocándose todos en línea. El público expectante, pues no tenían folleto alguno ni información de la obra. Entonces una figura se adelanta de la línea del grupo. Comienza a sonar una corneta con el sonido algo alejado. Seguidamente suena la faceta de un guitarra con una granaína y al acabar se oye un canto dulce de la joven Ani:

Te contaría,

La de la gitana que fingió sin temor,

para que no fuera él a la guerra,

y con sus piedras azules,

le provocó la ceguera.

Te contaría,

la que dijo mi gitano mi marío,

mi amor mi Juanillo, vida mia,

a la guerra no has de ir,

tú no empuñas el fusil.

Te contaría,

a la gitana que fingió sin temor,

sin huir y sin darse prisa,

por amar a su marío,

por ser mujer insumisa.

Te contaría,

a la que pusieron barrotes en su ventana

y a Dolores por compañera

que a través de su palabra

conoció una vida nueva.

Te contaría,

la de la gitana que ya está en el cielo

que el Señor se lleva consigo

por creer en el evangelio

Emilia, al laico de Ceferino.

 (Ani Morales de Granada)

Y así comenzaba el primer estreno de la obra teatral de Emilia “La canastera de Tíjola”.

Esta historia podemos seguir contándola mas adelante, porque tiene mucho más.

Aquel grupo de personas y su cura Jules Maurice llevaron el mensaje del amor de Emilia por toda la provincia de Granada llegando hasta Almería, al mismo pueblo de Tíjola donde nació.

Julio Rodriguez Maldonado (Jules Maurice) hizo sus estudios primarios en la misión universitaria francesa Casablanca (Marruecos). Se graduó en ciencias teológicas en la facultad de teología de Cartuja Granada. En 1975 se ordenó sacerdote en la bella ciudad de la Alhambra.

Después de una corta experiencia como párroco rural y otra como vicario parroquial en el centro de la ciudad, pasó a petición propia a acompañar y vivir en el barrio ignorado del Polígono Cartuja, donde permaneció al frente de la parroquia Sagrada Familia 35 años. Aunque ya jubilado como párroco no deja de seguir actuando, denunciar, apoyar y cuidar a familias y jóvenes de este barrio con proyectos cercanos y realistas. Durante ese tiempo escribe la obra teatral y musical de “La Canastera de Tíjola” para ser interpretada por las mismas gentes del barrio.

Tiempo después de que este grupo anduvieron como itinerantes por los pueblos, otro cura y además gitano Antonio Heredia sale al encuentro de Emilia llegando a dedicarle un poema muy gitano titulándolo, Gitana Santa Canastera:

Emilia Fernández, gitana

valiente romí y cristiana,

que de amor tu sangre derramas.

Fuiste bello amanecer

entre juncos y cañas,

tu trenza de pelo negro

con esparto te atas.

Hombre de piel morena

De ti queda prendada,

tú no quisiste

que de ti se separara.

Preñado tu vientre

De amor fecundada,

en la cárcel de Gachas Colorás

la vida amamantabas.

Una catequista de Jesús te habla

tu corazón lleno de fuego,

de Él quedas prendada.

Cómo se puede negar

al que es de la vida Creador,

y descanso del alma.

De tus labios brotan las rosas

y el Rosario desgranas,

tus manos todavía jóvenes

sólo habían hecho canastas.

Tú que ya eres Santa

habla con Un Devel,

puchela a la Majarí Calì

que derrame mil gracias.

(Antonio Heredia)