El equipo de Pastoral de la Conferencia Episcopal Española ha coordinado la preparación de 5 podcast para profundizar en la personalidad humana y espiritual del Papa León XIV, un Papa todavía poco conocido. El cuarto capítulo de esta serie de Podcast titulado «Acoger al diferente, una mirada nueva» explica la importancia de acoger al diferente con una mirada nueva, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. A través de enseñanzas del Evangelio, invita a reconocer la dignidad de cada persona, evitando los prejuicios y los juicios apresurados. También profundiza en la idea de que la verdad plena se encuentra en Cristo, quien nos llama a vivir el amor, la misericordia y la comprensión hacia los demás. Mediante relatos bíblicos y reflexiones, se muestra cómo Jesús acogía a quienes eran rechazados por la sociedad y enseñaba a sus discípulos a mirar a los demás con compasión y respeto.
Aproximarnos al migrante con una mirada nueva y un corazón acogedor
Realizado por Don Fernando Redondo Pavón, sacerdote de la diócesis de Getafe y director de la Subcomisión de Migraciones de la CEE.
Vendrá el Papa León XIV a España. Su presencia en medio de nosotros es motivo de alegría y celebración, pero también nos invita a la reflexión.
No olvidemos que uno de los lugares que estarán en el centro de la mirada del Papa son las Islas Canarias, puerta de entrada para muchas personas migrantes que llegan a esas costas buscando vida, dignidad y futuro, no sin antes haber atravesado una de las rutas migratorias más mortíferas: la Ruta Atlántica, donde muchos de ellos han perdido la vida en el intento.
Esta realidad no siempre es abordada con veracidad y rigor informativo. Circulan relatos distorsionados, bulos, medias verdades y mensajes que siembran miedo.
La visita del Papa nos brinda una ocasión propicia para ofrecer, como Iglesia, a todas las comunidades cristianas y también al resto de la sociedad, un mensaje que ayude a comprender en su justa medida la realidad de las migraciones y la riqueza que en todos los niveles nos aportan.
Mirar a los migrantes con otros ojos
En primer lugar, queremos hacer una invitación sencilla pero poderosa: mirar a los migrantes con otros ojos.
Nunca perdamos de vista que detrás de cada cifra hay un rostro; detrás de cada patera, muchas historias de vida. Por eso, no debemos hablar de oleadas ni de avalanchas, sino de personas, de familias, de jóvenes que huyen de la guerra, del hambre, de la persecución o de la falta de oportunidades. Personas que, como cualquiera de nosotros, desean vivir en paz y con dignidad.
El problema es que muchas veces no vemos esas historias. Vemos titulares, escuchamos rumores y, sin darnos cuenta, podemos caer en la trampa del miedo.
Informarnos con verdad
Por eso, un segundo paso es clave: informarnos de forma veraz, porque no todo lo que circula en torno a las migraciones es cierto. Los bulos sobre la migración están diseñados para provocar rechazo, para dividir y para simplificar una realidad compleja. Frente a eso, necesitamos una actitud crítica: contrastar, preguntar e informarnos en fuentes fiables.
Como sociedad, tenemos una responsabilidad: no alimentar la desinformación. Y como Iglesia, tenemos una misión aún más profunda: ser testigos de la verdad que libera, como recuerda el Evangelio: “la verdad os hará libres” (cf. Jn 8,32), y no de la mentira que excluye.
Acoger de verdad y de corazón
Y aquí llegamos al corazón de este mensaje, que quiere ser una invitación a acoger de verdad y de corazón al diferente, sabiendo que la acogida no es solo un gesto puntual. Es una actitud, una manera de situarnos ante el otro, no desde la sospecha, sino desde el reconocernos como personas iguales en dignidad y, como cristianos, aún más: como hermanos, hijos del mismo Padre.
La tradición cristiana, comenzando por el Evangelio y teniendo continuidad en la Doctrina Social de la Iglesia, es clara en este sentido. Jesús mismo se identifica con el extranjero, tal como nos transmite el Evangelio de san Mateo: “fui forastero y me hospedasteis” (Mt 25,35).
En la carta a los Hebreos, en clara alusión al pasaje del libro del Génesis en el que se relata cómo Abraham acoge en su tienda a unos forasteros, se nos pide no olvidar la hospitalidad, pues “por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles” (Hb 13,2).
“La llegada de personas diferentes, que proceden de un contexto vital y cultural distinto, se convierte en un don, porque las historias de los migrantes también son historias de encuentro entre personas y entre culturas: para las comunidades y las sociedades a las que llegan son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos”.
Fratelli Tutti, 133
Son también una oportunidad para ensanchar el corazón, para reconocer a Dios en el rostro del otro y para construir comunidades verdaderamente católicas que, manteniendo la unidad, se enriquecen de la diversidad cultural. Así lo expresan nuestros obispos en el capítulo segundo, “Vivir la catolicidad”, de la exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras.
Ciertamente, no se trata de una acogida ingenua o improvisada. Se trata de una acogida responsable, organizada y comprometida, que implica a instituciones, comunidades religiosas y parroquiales, así como también a cada uno de nosotros.
¿Qué puedo hacer yo?
Quizá alguien se pregunte: ¿y qué puedo hacer yo? No se trata de hacer grandes cosas. La respuesta empieza en lo cotidiano:
- Escuchar antes de juzgar.
- Informarse antes de adherirse a bulos o convertirse en propagador de los mismos.
- Acercarse sin miedo a la persona antes de rechazarla.
A veces basta con cambiar una conversación, desmontar un bulo en nuestro entorno o simplemente no guardar silencio ante un comentario injusto.
Una oportunidad para renovar la mirada
La visita del Papa puede ser una oportunidad única para renovar esta mirada. Para recordarnos, como él mismo nos dice en la exhortación Dilexi te, que en lugar de levantar muros debemos construir puentes (cf. DT 75).
Una oportunidad para pararnos y pensar qué tipo de sociedad e Iglesia queremos ser. ¿Una Iglesia y una sociedad cerradas, dominadas por el miedo? ¿O, por el contrario, una sociedad y una Iglesia abiertas, capaces de acoger y de convivir en la diversidad?
Hoy más que nunca necesitamos elegir. Elegir la verdad frente a la mentira, el encuentro frente al rechazo, la hospitalidad frente a la indiferencia. Porque, al final, la pregunta no es solo qué pensamos sobre la migración, sino qué tipo de sociedad queremos construir.
Escuchemos de nuevo al Papa León XIV en Dilexi te, que nos invita a ver en el migrante y en el refugiado “una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio”.
Cf. Dilexi te, 75

