Cada 24 de mayo, las comunidades católicas en toda China se unen en un acto de fe y oración en conmemoración de la Jornada por la Iglesia en China, instituida por el Papa Benedicto XVI en 2007. Esta fecha, que coincide litúrgicamente con la celebración de la Virgen María, Auxilio de los Cristianos, se ha convertido en un momento de profunda expresión de comunión para los católicos chinos, y en un signo de solidaridad internacional. Es también un momento especial para que en la Iglesia recemos por esta Iglesia hermana que vive su fe en medio de tantas dificultades.

Por ese motivo, el 25 de abril, la catedral de la Almudena acogió la Misa Jubilar para la comunidad china en Madrid. También se unieron comunidades de Getafe, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Bilbao, Mallorca, Tenerife.
La celebración la presidió el obispo auxiliar de Madrid, Vicente Martín, que comenzó su homilía saludando al director del Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, Fernando Redondo Pavón y a la comunidad católica China en España, recordando que «la Iglesia de Madrid celebra con vosotros este día jubilar y da gracias a Dios por vuestra presencia».
Durante la homilía se recordó el primer saludo del Papa León XIV, «paz a vosotros». «Una paz que es don del Resucitado y que se conquista con el perdón. Una paz que se convierte en testimonio evangélico. Una paz desarmada y desarmante».

Además, Mons. Martín dijo que «la paz de Cristo se trabaja, se cuida y se conquista con el diálogo». «Nos falta paz porque nos faltan hombres y mujeres de paz —ha señalado—, Jesús nos dice hoy que no tiemble nuestro corazón ni se acobarde». Asimismo, ha explicado que «mucha gente tiene hambre de Jesús y de su paz». Por ello, «estamos llamados a ser Iglesia en salida caminando juntos para anunciar el Evangelio del amor y de la paz».
Por último, Vicente Martín ha destacado las palabras del Santo Padre: «Dios nos quiere y nos ama a todos. El mal no prevalecerá». En este sentido, «estamos todos en las manos de Dios sin miedo y unidos. Somos discípulos de Cristo y el mundo necesita su luz».
Tras la celebración de la eucaristía se celebró un encuentro y una comida compartida en la que también participó Fernando Redondo.


