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Juan Carlos Elizalde anima a los jóvenes a unirse a la lucha contra el tráfico de personas, especialmente el de mujeres

El Obispo de Vitoria lamenta el Pacto Migratorio

El Correo: Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria y responsable del departamento de Trata de Personas en la Conferencia Episcopal Española, apela a toda la sociedad a «reforzar el compromiso y la acción en la lucha contra la trata de personas» e invita directamente a los jóvenes a «unirse a este viaje en el que se camina por la dignidad de las personas, principalmente mujeres».

«La trata se muestra en realidades complejas que afectan a millones de personas en diversos países, generando múltiples crisis que provocan situaciones de gran vulnerabilidad», advierte Elizalde. En una carta pública enviada a todas las diócesis españolas, el obispo de Vitoria pone varios ejemplos de ello como es el Sahel que aglutina a más de 300 millones de personas desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo. «La ONU describe el Sahel como una región en crisis donde sus habitantes son presa de la inseguridad crónica, perturbaciones climáticas, conflictos, golpes de Estado y auge de las redes criminales y terroristas».

En su misiva, Juan Carlos Elizalde recuerda que «el tráfico de migrantes es un delito trasnacional, que pone en peligro la vida y la seguridad de personas que necesitan migrar para escapar de la violencia o la pobreza». En este sentido, denuncia que «el abuso y la explotación son los riesgos a los que se exponen estas personas que migran, cayendo con facilidad en manos de mafias y redes de trata de personas y tráfico de migrantes, muchos de los cuales pierden la vida en el camino, en el mar, en el desierto».

‘Pacto de Migración y Asilo’

El Obispo de Vitoria también se hace eco del acuerdo político firmado entre las distintas instituciones de la Unión Europea denominado ‘Pacto de Migración y Asilo’. «Es una oportunidad perdida para mejorar políticas y leyes vigentes respecto a la acogida y protección de migrantes y refugiados en Europa». Según el responsable de Migraciones en la Iglesia Española «no encontramos en el texto una visión integral centrada en la persona y en el bien común, sino un pacto para el control y la externalización de las fronteras».

Sobre esto, lamenta lo «preocupante que es saber que se legitiman unos medios y prácticas tales como permitir la detención de niños a partir de los 6 años, acelerar los procedimientos de asilo en detrimento del análisis profundo de cada solicitud, permitir una solidaridad a la carta entre países o destinar dinero a gobiernos de terceros países sin garantías de que en ellos se respeten los derechos humanos».

Frente a esto, monseñor Elizalde propone «alternativas que tanto la Iglesia como muchos actores sociales promueven y pueden resultar más eficaces» como son «contribuir a evitar guerras y hambrunas promoviendo el desarrollo de las poblaciones locales, deslegitimar el miedo al migrante con fines electoralistas, establecer vías legales y seguras para una migración ordenada frenando así a las mafias y habilitar corredores humanitarios cuando sea necesario».

Josefina Bakhita, «ejemplo de superación y esperanza»

El Obispo de Vitoria finaliza su carta recordando la figura de Santa Josefina Bakhita «ejemplo de superación y esperanza» y asegura que «Dios puede abrirse paso en un corazón humano condenado a la esclavitud». Esta santa perdonó a sus torturadores por lo que Elizalde anima a «que ese perdón nos empuje a seguir luchando contra la lacra de la trata, invisibilizada en el fenómeno migratorio». Cada 8 de febrero –día en que murió la santa– la Iglesia recuerda a una mujer que sufrió la trata y la esclavitud en sus carnes. Josefina Bakhita fue proclamada santa en el año 2000 por el Papa Juan Pablo II. Tuvo una vida muy dura: secuestrada a los nueve años, fue vendida como esclava y llevada a una ciudad de Sudán donde sufrió todo tipo de abusos. Su espalda fue el lienzo donde quedó plasmada la humillación y el maltrato. Murió en 1947 como religiosa en Italia, muy querida y admirada por quienes la conocieron. El Papa Francisco mandó dedicar el 8 de febrero para el recuerdo del horror de la trata en el mundo.

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