El pasado jueves 16 de abril se ha celebrado un encuentro en el Complejo de La Moncloa, presidido por Pedro Sánchez, que marca un paso significativo en el camino hacia la inclusión y los derechos de las personas migrantes. Desde la perspectiva de la Iglesia, este momento se acoge con esperanza y sentido de responsabilidad compartida, al iniciarse un proceso de regularización extraordinaria de personas migrantes que puede transformar la vida de miles de familias.
La reunión ha reunido tanto a personas migrantes que en el pasado lograron regularizar su situación como a representantes de diversas instituciones comprometidas con la acogida, la integración y la defensa de la dignidad humana. Entre ellos, ha participado don Fernando Redondo, director del Departamento de Migraciones, en representación de la Conferencia Episcopal Española, junto a numerosas organizaciones sociales, eclesiales y del ámbito laboral.
El presidente del Gobierno ha subrayado el carácter “histórico” de esta regularización, destacando y agradeciendo la labor y compromiso de las entidades presentes para hacer posible la que ha calificado como regularización histórica y de la que destacó su impacto en la vida de miles de personas que van a ver reconocidos sus derechos y que podrán ejercer también sus obligaciones, además de por lo que implica de avance social, económico y también moral para nuestro país.
La Iglesia en España, a través de sus organismos y entidades, que siempre ha acompañado a las personas migrantes, especialmente a las más vulnerables, en su proceso de integración, valora positivamente esta iniciativa, que abre una puerta a la estabilidad, al trabajo digno y a la integración real. Sin embargo, también recuerda que el éxito de esta iniciativa no dependerá únicamente de su aprobación, sino de su adecuada implementación y del compromiso de toda la sociedad.
Este momento puede convertirse en una oportunidad providencial para avanzar hacia una sociedad más cohesionada, donde la legalidad vaya de la mano de la justicia y donde la acogida se traduzca en integración efectiva. La Iglesia anima a todos los actores implicados a perseverar en este camino, con la confianza de que, cuando se pone en el centro la dignidad humana, se siembran las bases de un futuro más esperanzador para todos.

