En este momento estás viendo Mesa redonda COP 30: Alianza por la emergencia climática de Aragón

Mesa redonda COP 30: Alianza por la emergencia climática de Aragón

Por Carlos Revuelto Gimeno,
Delegado de Ecología Integral, archidiócesis de Zaragoza

El pasado 3 de diciembre, en el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza, la Alianza por la Emergencia Climática de Aragón organizó, con el apoyo de la Fundación CAI, la mesa redonda «COP30 Belém: Aprendizajes y retos para Aragón». Fue un espacio abierto y vivo para desgranar qué dejó la cumbre climática de Belém (Brasil) y cómo aterriza en nuestra región esta crisis que ya sentimos en olas de calor, inundaciones y sequías.

Allí, tres voces expertas pero complementarias —Javier Andaluz de Ecologistas en Acción y coordinador estatal de Alianza por el Clima; Philippine Ménager de la Fundación Ecología y Desarrollo – ECODES (con base en Zaragoza); y Eduardo Agosta, sacerdote carmelita, climatólogo y director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española— coincidieron en un balance agridulce: la COP30 se quedó en un acuerdo de mínimos, sin hoja de ruta clara para abandonar los combustibles fósiles ni financiación justa para el Sur Global, aunque el “Global Mutirão” (esfuerzo colectivo en guaraní) sí reconoce la deuda ecológica del Norte, la biodiversidad y los derechos indígenas, pese a que su borrador inicial —ambicioso con fin de los combustibles fósiles— se diluyó por la necesidad de consenso.

Philippine Ménager puso el foco en la mitigación real: reducir emisiones de verdad, no solo en papel. Los planes nacionales actualizados (NDC) para 2035 prometen solo un 12% de corte, cuando hace falta un 60% para no sobrepasar los 1,5 ºC, dejando una brecha enorme. Aun así, celebró que España se alineara con países ambiciosos y firmara declaraciones sobre hambre, incendios, transición justa e información climática, que ahora sirven de “palancas” para exigir acción local.

Javier Andaluz fue directo con la decepción: sin avances firmes en combustibles fósiles ni fondos para los más vulnerables. Pero insistió en que la sociedad civil es el pulmón de estas cumbres; sin su presión, ya habrían muerto. Hay que reclamar espacios, tejer alianzas y bajar el clima a lo cotidiano: barrios, salud, vivienda, empleo y olas de calor que ya matan.

Eduardo Agosta trajo la ecología integral de Laudato si’ y Laudate Deum, recordando que no es solo técnica, sino un problema moral de modelos de desarrollo y prioridades. Habló de deuda ecológica, riesgo de “nuevo colonialismo” en transiciones energéticas y el rol profético de la Iglesia: denunciar injusticias, cuidar a los frágiles y cambiar estilos de vida por la dignidad humana y la creación. Vio esperanza en la Conferencia de Santa Marta (abril 2026, liderada por Colombia y Países Bajos): un tratado contra fósiles, más ágil, con 40-120 países (España incluida) coordinando mercados justos y renovables.

Se pudo comprobar como a pesar de ser perfiles distintos, la Iglesia, el movimiento ecologista y otras entidades de tipo más técnico, como ECODES, se enriquecen mutuamente, tal y como mostró la Iglesia en Belém con 9 cardenales, 50 obispos, aliada a la sociedad civil. Para la sociedad, el reto es unir clima y ecología con pobreza, trabajo, territorio y agua: no bastan parches, urge transformar la economía, la política y los hábitos personales y comunitarios con justicia para cuidar la casa común.