Carta Pastoral de Mons. Jesús Pulido
Queridos hermanos:
En nuestra diócesis, del 3 al 14 de marzo, se celebrarán las XXII Jornadas de Pastoral Social, que este año cuentan con la exposición fotográfica “Rostros y retos del mundo del trabajo” en el Palacio de la Isla (Cáceres), donde se desarrollarán diversas actividades. La exposición fotográfica, obra de la Conferencia Episcopal, muestra cómo ha evolucionado el mundo del trabajo y la pastoral obrera en los últimos años, y explicita los retos fundamentales en nuestros días, como el trabajo decente, la precariedad laboral, el cuidado y la espiritualidad del trabajo.
Además, se suma a esta misma insistencia en la pastoral social, que el día 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer con el objetivo de lograr los mismos derechos que los hombres en la vida social y laboral. Este día también nos interpela en la Iglesia como ha puesto de manifiesto el Sínodo de la sinodalidad: “No hay nada que impida que las mujeres desempeñen funciones de liderazgo en la Iglesia” (Documento final, n. 60).
El Jubileo de la Encarnación 2025, como Año de gracia y de renovación espiritual en toda la Iglesia, es una ocasión privilegiada para pensar y afrontar los desafíos de la sociedad a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social. El Papa Francisco en la bula de convocatoria del Jubileo dice que “la falta de garantías laborales y tutelas sociales adecuadas, los modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios más que por el cuidado de las relaciones” es uno de los signos de nuestros tiempos, que los cristianos estamos llamados a convertir en razones de esperanza para anunciar el evangelio en nuestro mundo. Y afirma con rotundidad que “la comunidad cristiana no se puede quedar atrás en su apoyo a la necesidad de una alianza social para la esperanza”.
El Papa nos pide a los cristianos en este año jubilar dejar nuestros cuarteles de invierno en los que nos atrincheramos, mirar a nuestro alrededor y salir al encuentro de quienes han perdido la esperanza. Es el momento de hacer de la Iglesia una comunidad que trate de responder a los retos sociales de nuestros días en colaboración con todos los hombres de buena voluntad. La Iglesia tiene el deber de convertir también la sociedad, de crear una nueva mentalidad que no esté basada en el beneficio egoísta sino en la fraternidad universal.
El trabajo es un elemento clave, pues en torno a él se articulan otras cuestiones importantes como la familia, condiciones de vida, el medio ambiente, la justicia, el desarrollo… y, sobre todo, la persona y su dignidad infinita. Las injustas desigualdades no permiten conseguir un trabajo digno y obligan a malvivir en las periferias o a migrar en búsqueda de unas condiciones de vida mejor. Tres mil millones de personas viven en países que gastan más en pagar los intereses de su deuda externa que en la salud de sus ciudadanos. Condonar la deuda es de justicia social y no solo de caridad, máxime cuando hay una deuda ecológica por saldar. “La tierra pertenece a Dios y todos nosotros habitamos en ella como «extranjeros y huéspedes»”, dice el Papa. También en nuestra sociedad occidental, los pobres son más víctimas de las injusticias sociales que culpables de su situación.
En las periferias existenciales, donde los hombres y mujeres luchan por un mundo mejor, es donde brotan las semillas de esperanza para este mundo. En este año jubilar, la Iglesia quiere estar atenta a esos brotes del Reino de Dios, que sufre violencia a medida que se abre camino y alumbra una realidad nueva según los valores del Evangelio.
Os animo y os espero estos días en el Palacio de la Isla para participar en las XXII Jornadas de Pastoral Social de la diócesis.
Con mi bendición,
+ Jesús Pulido, obispo de Coria-Cáceres

