En las últimas décadas, impulsado por el Espíritu Santo, el 1 de septiembre ha surgido como una importante celebración cristiana de la Creación. Recibe diversos nombres: «Día Mundial de Oración por la Creación», o las versiones más breves, «Fiesta de la Creación» o «Día de la Creación», como se denomina frecuentemente en la piedad popular. La observancia histórica del 1 de septiembre por parte de la Iglesia Ortodoxa inspiró a otras Iglesias a seguir su ejemplo, comenzando por los organismos ecuménicos europeos en la década de 1990 y finalmente adoptada por el Consejo Mundial de Iglesias en 2008 y nuestra Iglesia Católica en 2015 tras la publicación de la encíclica Laudato Si’[1].
En la actualidad, casi todas las grandes confesiones religiosas cristianas se adhieren a esta celebración anual, a través de múltiples iniciativas y momentos de oración ecuménicos, para honrar a Dios Creador y el profundo Misterio de la Creación[2]. Esta celebración se ha convertido en uno de los signos más alentadores de unidad ecuménica y en una respuesta profética a los «signos de los tiempos». Se hizo cada vez más popular a través del Tiempo de la Creación que ella misma inspiró, del 1 de septiembre al 4 de octubre, señalada ahora por la mayoría de las grandes denominaciones[3].
Sin embargo, a pesar de su creciente popularidad tanto en la piedad popular como en la colaboración ecuménica, los calendarios litúrgicos y los leccionarios de la mayoría de las Iglesias occidentales no hacen referencia a esta importante celebración.[4] A pesar de los profundos fundamentos teológicos de la Fiesta de la Creación, existe una brecha entre la vida litúrgica de nuestras respectivas Iglesias y la rica celebración ecuménica que nos reúne anualmente en esa ocasión.

Partiendo de la rica historia del 1 de septiembre en el calendario de las Iglesias orientales, en los últimos meses se viene reflexionando y trabajando para que las Iglesias occidentales disciernan una institución conjunta de la Fiesta de la Creación en sus respectivos calendarios litúrgicos y leccionarios. En esta labor de discernimiento conjunto está presente nuestra Iglesia a través del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El camino es ver si esta celebración – con el misterio teológico que representa – merece ser elevada de su actual rango de «Jornada Mundial de Oración» para convertirse en una fiesta litúrgica,[5] enriqueciendo el leccionario a la luz de «este momento histórico» de forma ecuménica, como propone el Sínodo sobre la Biblia de 2008[6].
Un paso así podría ser ideal en el 2025, dados los 1700 años de Nicea, arrojando luz sobre la proclamación del Credo «Creo en un solo Señor Jesucristo… por Él fueron hechas todas las cosas». De hecho, la fiesta de la Creación podría enriquecer el carácter cristológico del año litúrgico, conmemorando el papel de Cristo «en el principio», cuando «todas las cosas fueron creadas por medio de Él» (Colosenses 1, 16; véase, Juan 1, 3).
Cabe destacar que en varios idiomas (en inglés, en español, etc.) la palabra «Creación» tiene varios significados, pero en italiano se hace una distinción útil acuñando palabras específicas para dos significados distintos de «Creación»:
- la Creazione, que designa ante todo el acto creador del cosmos por parte de Dios, es decir, la Creación como misterio teológico (creatio en latín).
- il Creato, que representa el resultado del acto de la creación, el fruto de la Creazione – es decir, la Creación como universo creado, o todo lo creado (cuncta creata en latín).
Naturalmente, ambos significados están íntimamente relacionados, ya que il Creato también nos sirve de puerta inicial para meditar sobre el misterio de la Creazione. Sin embargo, la Fiesta de la Creación se interpreta a veces erróneamente como una mera celebración de il Creato que pasa por alto el significado de la Creazione. Esto se debe, en parte, a la frecuente denominación del 1 de septiembre como «Jornada Mundial de Oración por la Creación», que implica il Creato más que la Creazione[7]. En cambio, es la noción de la Creazione la que deberíamos celebrar y conmemorar más intencionadamente el 1 de septiembre, como fuente de la sacralidad y sacramentalidad de il Creato. De hecho, esta noción se encuentra en el núcleo de la fiesta, ya que es el simbolismo mismo de la antigua tradición del 1 de septiembre como día que conmemora la creación del cosmos.
En otras palabras, no se trata de una observancia temática aleatoria relacionada con un objeto específico de interés, es decir, la creación como il Creato, ni de una observancia devocional accesoria[8]. Más bien, es una oportunidad para celebrar al Dios Trino como Creador, ponderando el misterio de la Creazione como:
- un misterio teológico fundacional, en sentido amplio, es decir, el fundamento ontológico del misterio de la salvación,
- un misterio cristológico fundacional, más concretamente, y
- un acontecimiento fundacional de la historia de la salvación, es decir, el primer acto de Dios entre los magnalia Dei (los grandes prodigios divinos).
Cada uno de estos tres puntos mereció una exploración profunda durante el seminario tenido en Asís, los días 15 y 16 de marzo del 2024, en el que se dieron los primeros pasos para discernir y validar si la Fiesta de la Creación merece realmente ser elevada a fiesta litúrgica, como momento para ponderar ese misterio y conmemorar ese acontecimiento «en el principio».
Precisamente de todo lo anterior se conversó durante el seminario en línea del 24 de julio pasado[9], en el que participó el director del departamento de Ecología Integral, fray Eduardo Agosta, y se compartieron los siguientes pasos a seguir dando para este importante discernimiento.
*Fray Eduardo Agosta Scarel, O.Carm, es el Director del Departamento de Ecología Integral de la CEE
[1] Comité Central del CMI, «Sed administradores de la creación de Dios», 20 de febrero de 2008; y Papa Francisco, Carta para la instauración de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, 6 de agosto de 2015.
[2] Tanto el Patriarca Ecuménico como el Papa emiten declaraciones anuales para animar la celebración del 1 de septiembre (desde 1989 y 2015 respectivamente), así como muchos otros líderes. En varias ocasiones se han hecho declaraciones conjuntas – por ejemplo, la declaración del 1 de septiembre de 2021.
[3] Véase la lista de confesiones que respaldan esta celebración no litúrgica en: https://seasonofcreation.org/es/about-es/
[4] Es necesario investigar para comprender las posibles adaptaciones nacionales del Leccionario en algunas confesiones.
[5] Por ejemplo, a la par de las más de 40 fiestas clasificadas como Solemnidad o Fiesta en el caso católico romano, siguiendo los pasos de las “nuevas fiestas»”instituidas en el siglo pasado, como la Fiesta de la Sagrada Familia (1921), la Fiesta de Cristo Rey (1925) y la Fiesta del Bautismo del Señor (1955).
[6] El Sínodo de la Iglesia Católica sobre la Biblia de 2008 recomendó ajustar el leccionario para apoyar mejor “la misión de la Iglesia en este momento histórico” y “en diálogo con los interlocutores ecuménicos que utilizan este leccionario común” (Proposiciones finales del Sínodo, 25 de octubre de 2008, proposición 16).
[7] Además, por ejemplo, en el caso de la Iglesia católica, la observancia tiene actualmente el mismo rango que docenas de otras “Jornadas Mundiales de Oración”, lo que parece implicar que la Creación no es más que otra preocupación temática con igual importancia que los muchos otros temas de tales jornadas de oración -como los abuelos, la trata de seres humanos, las vocaciones, la Iglesia en China, la santificación de los sacerdotes, etc.-. Evidentemente, el gran misterio teológico de la Creación (Creazione) pertenece a una categoría diferente.
[8] Por ejemplo, en nuestro caso católico sería muy insuficiente que se tratara de una Misa Votiva opcional, ya que casi todas las Misas Votivas del Misal (21 de 22) tienen una fiesta correspondiente en el calendario.
[9] Seminario interno organizado por Consejo Mundial de Iglesias, Comunión Anglicana, Federación Luterana Mundial, Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, Consejo Metodista Mundial y el Instituto de Investigación Laudato Si’ de los jesuitas en Reino Unido.
