(Domingo, 29 de septiembre de 2024)
Dios camina con su pueblo
Queridos hermanos y hermanas:
El 29 de octubre de 2023 finalizó la primera Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que nos ha permitido profundizar en la sinodalidad como vocación originaria de la Iglesia. «La sinodalidad se presenta principalmente como camino conjunto del Pueblo de Dios y como fecundo diálogo de los carismas y ministerios, al servicio del acontecimiento del Reino» (Informe de Síntesis, Introducción).
Poner el énfasis en la dimensión sinodal le permite a la Iglesia redescubrir su naturaleza itinerante, como pueblo de Dios en camino a través de la historia, peregrinante, diríamos “emigrante” hacia el Reino de los Cielos (cf. Lumen gentium, 49). La referencia al relato bíblico del Éxodo, que presenta al pueblo de Israel en su camino hacia la tierra prometida, resulta evocador: un largo viaje de la esclavitud a la libertad que prefigura el de la Iglesia hacia el encuentro final con el Señor.
Análogamente, es posible ver en los emigrantes de nuestro tiempo, como en los de todas las épocas, una imagen viva del pueblo de Dios en camino hacia la patria eterna. Sus viajes de esperanza nos recuerdan que «nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo» (Flp 3,20).
Las dos imágenes ―la del éxodo bíblico y la de los migrantes― guardan ciertas similitudes. Al igual que el pueblo de Israel en tiempos de Moisés, los migrantes huyen a menudo de situaciones de opresión y abusos, de inseguridad y discriminación, de falta de proyectos de desarrollo. Y así como los hebreos en el desierto, también los emigrantes encuentran muchos obstáculos en su camino: son probados por la sed y el hambre; se agotan por el trabajo y la enfermedad; se ven tentados por la desesperación.
Pero la realidad fundamental del éxodo, de cada éxodo, es que Dios precede y acompaña el caminar de su pueblo y de todos sus hijos en cualquier tiempo y lugar. La presencia de Dios en medio del pueblo es una certeza de la historia de la salvación: «el Señor, tu Dios, te acompaña, y él no te abandonará ni te dejará desamparado» (Dt 31,6). Para el pueblo que salió de Egipto, esta presencia se manifiesta de diferentes formas: la columna de nube y la de fuego muestran e iluminan el camino (cf. Ex 13,21); la Carpa del Encuentro, que custodia el arca de la alianza, hace tangible la cercanía de Dios (cf. Ex 33,7); el asta con la serpiente de bronce asegura la protección divina (cf. Nm 21,8-9); el maná y el agua son los dones de Dios para el pueblo hambriento y sediento (cf. Ex 16-17). La carpa es una forma de presencia particularmente grata al Señor. Durante el reinado de David, Dios se negó a ser encerrado en un templo para seguir habitando en una carpa y poder así caminar con su pueblo, y anduvo «de carpa en carpa y de morada en morada» (1 Cr 17,5).
Muchos emigrantes experimentan a Dios como compañero de viaje, guía y ancla de salvación. Se encomiendan a Él antes de partir y a Él acuden en situaciones de necesidad. En Él buscan consuelo en los momentos de desesperación. Gracias a Él, hay buenos samaritanos en el camino. A Él, en la oración, confían sus esperanzas. Imaginemos cuántas biblias, evangelios, libros de oraciones y rosarios acompañan a los emigrantes en sus viajes a través de desiertos, ríos y mares, y de las fronteras de todos los continentes.
Dios no sólo camina con su pueblo, sino también en su pueblo, en el sentido de que se identifica con los hombres y las mujeres en su caminar por la historia ―especialmente con los últimos, los pobres, los marginados―, como prolongación del misterio de la Encarnación.
Por eso, el encuentro con el migrante, como con cada hermano y hermana necesitados, «es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos» (Homilía de la Santa Misa para los participantes en el encuentro “Libres del miedo”, Sacrofano, 15 febrero 2019). El juicio final narrado por Mateo en el capítulo 25 de su Evangelio no deja lugar a dudas: «estaba de paso, y me alojaron» (v. 35); y de nuevo, «les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (v. 40). Por eso, cada encuentro, a lo largo del camino, es una oportunidad para encontrar al Señor; y es una oportunidad cargada de salvación, porque en la hermana o en el hermano que necesitan nuestra ayuda, está presente Jesús. En este sentido, los pobres nos salvan, porque nos permiten encontrarnos con el rostro del Señor (cf. Mensaje para la III Jornada Mundial de los Pobres, 17 noviembre 2019).
Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada dedicada a los migrantes y refugiados, unámonos en oración por todos aquellos que han tenido que abandonar su tierra en busca de condiciones de vida dignas. Sintámonos en camino junto con ellos, hagamos juntos “sínodo” y encomendémoslos a todos, así como a la próxima asamblea sinodal, «a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, signo de segura esperanza y de consuelo en el camino del Pueblo fiel de Dios» (Informe de Síntesis, Para proseguir el camino).
Oración
Dios, Padre todopoderoso,
somos tu Iglesia peregrina
que camina hacia el Reino de los Cielos.
Cada uno de nosotros habita en su propia patria,
pero como si fuéramos extranjeros.
Toda región extranjera es nuestra patria,
sin embargo, toda patria es para nosotros tierra extranjera.
Vivimos aquí en la tierra,
pero tenemos nuestra ciudadanía en el cielo.
No permitas que nos constituyamos en amos
de la porción del mundo
que nos has dado como hogar temporal.
Ayúdanos a no dejar nunca de caminar
junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes
hacia la morada eterna que tú nos has preparado.
Abre nuestros ojos y nuestro corazón
para que cada encuentro con los necesitados
se convierta también en un encuentro con Jesús,
Hijo tuyo y Señor nuestro.
Amén.
Roma, San Juan de Letrán, 24 de mayo de 2024, Memoria de la Bienaventurada Virgen María Auxiliadora.
FRANCISCO
Recursos


Presentación del mensaje en el Vaticano
Czerny: Si viviéramos las presiones de quien emigra, también nosotros huiríamos
En la presentación en la Sala de Prensa vaticana del Mensaje del Papa para la Jornada del Migrante y del Refugiado, el Cardenal Prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral insta a recordar las raíces migratorias sobre las que se fundó Europa y a no relegar la cuestión a un plano de abstracción. La nigeriana Okoedion, ex víctima de la trata, presidenta de Weavers of Hope: : reintegremos a las mujeres en la sociedad, hace falta mucha ayuda para superar los traumas.
Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano
La migración no es un problema. Sufrimos el desfase, la brecha entre los valores de la migración sobre los que se fundó Europa y los valores contenidos en el discurso político actual: éste es el problema». Así se expresó el cardenal Michael Czerny, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en una de las respuestas dadas a los periodistas durante la presentación esta mañana, 3 de junio, en la Sala de Prensa vaticana del Mensaje del Papa Francisco para la 110ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebrará el domingo 29 de septiembre sobre el tema «Dios camina con su pueblo».
Decir que la migración es una crisis global es falso
Un migrante forzado no huye por placer, esto es falso, dijo el cardenal en su diálogo con los periodistas tras su discurso que abrió la serie de testimonios sobre el terreno junto a las personas migrantes. Instado a considerar el voto europeo, el cardenal exhortó a no reducir la cuestión a la abstracción. Por ejemplo, dijo, no decir «migración», decir «migrantes»: «Esto ya ayuda. Decir que la migración es una crisis global es falso». También instó a reconocer al migrante como hermano y hermana. Con un poco de fraternidad todo sería diferente, señaló: «Sería útil recordar las raíces migratorias de Europa. Es una pena que después de un par de generaciones las hayamos olvidado».
Atención a los factores de impulso y atracción
«Hoy en día, en lugar de rechazar y reprimir a quienes se desplazan, deberíamos prestar atención a los factores de impulso y atracción que subyacen a la migración forzosa. Nosotros también huiríamos si experimentáramos tales presiones. Así pues, tratemos de ver a los migrantes como hermanos y hermanas, tanto si se ven obligados a huir como si se quedan varados en la frontera, o ambas cosas. Sus viajes de desesperación y esperanza podrían ser los nuestros», dijo Czerny, recordando una relectura del Libro del Éxodo, citado por el Papa en su Mensaje: para el pueblo de Israel, tanto las presiones (trabajos forzados, esclavitud, represión) como el atractivo de la Tierra Prometida, dice, eran factores irresistibles. «Nada podía disuadirles de planear aquel peligroso viaje». El jesuita señaló, por ejemplo, que al borde de la desesperación, muchos migrantes llevan consigo la Biblia y otros objetos religiosos porque depositan su confianza en la única ancla real de salvación. Por ello, hizo un llamamiento a la acogida porque, citando al Papa, los encuentros con los migrantes son momentos de revelación divina. La propia Iglesia, señaló Czerny, «está ahora en un viaje sinodal, una especie de migración». Y concluyó: «Acoger a los numerosos caminantes de la tierra es el modo en que peregrinamos juntos hacia la patria celestial».
Blessing, de víctima a trabajadora del rescate
La voz de Blessing Okoedion, presidenta de Weavers of Hope, resonó con fuerza en la rueda de prensa. El suyo es un testimonio de auténtica salvación de la trata gracias al valor y la cercanía de los «buenos samaritanos». No se avergüenza de llamarse superviviente de la explotación sexual, le pone cara. Consiguió fundar esta asociación con otras mujeres africanas que han tenido su misma desgracia, que desde 2018 ha ayudado a unas 150 niñas y mujeres a salir de ella e iniciar un camino de reinserción social y laboral. En Nigeria, país de origen de Blessing, la asociación trabaja concienciando y ofreciendo empoderamiento sobre todo en zonas rurales. Su historia es la típica de alguien que se ve atrapado en las mallas de la trata y que, providencialmente, encuentra la forma de recuperar la autoestima y la ternura. Procede del estado de Edo, considerado actualmente el centro de la trata de seres humanos en Nigeria, donde miles de personas son reclutadas y obligadas a una vida de abusos, deudas, humillaciones, violencia y, sobre todo, de silencio. La trajeron a Europa en 2013, bajo coacción por una supuesta «deuda» de 65.000 euros. «Para los explotadores eres una mercancía a la venta con la que especular y ganar dinero», lamentó, «para los compradores de sexo eres una mercancía a la venta para ser comprada y utilizada para su placer». También señaló que «el fenómeno está muy mal entendido». Ella consiguió escapar y denunciar.
Queda mucho por hacer para reinsertar a las mujeres de forma independiente y sin riesgos
El encuentro con la hermana Rita Giaretta en la Casa Rut de Caserta (la monja dirige actualmente la Casa Magnificat de Roma, ed) le cambió la vida. «Deberíamos conocer mejor y comprender la situación de las víctimas, de dónde vienen, qué miseria, degradación, falta de oportunidades les empujan a abandonar sus países. Pero también deberíamos escuchar más a las supervivientes de la trata», señaló. Su renacimiento se relata en su libro «El coraje de la libertad», que escribió gracias a la invitación de la Hermana Rita. También gracias a su apoyo, Blessing se convirtió en mediadora cultural e intérprete, y se licenció en la Universidad Oriental de Nápoles. Con el tiempo, también se hizo espacio en su vida la oportunidad de redescubrir aquellos valores cristianos que su familia de origen le había transmitido y que habían sido contaminados «por una mujer que se hacía llamar cristiana y asistía a una de las muchas iglesias que proliferan en Nigeria». Al relatar su historia, la mujer subrayó la importancia del apoyo psicológico y de las relaciones interpersonales para las víctimas obligadas a soportar durante mucho tiempo los traumas de la trata. Su tesis sobre la reintegración de las mujeres nigerianas víctimas de la trata en Italia lo documenta a través de entrevistas con 70 mujeres que siguieron este camino entre 2004 y 2022. «Las historias son similares», explica, «y dejan claro que aún queda mucho por hacer para que estas mujeres puedan llevar realmente una vida independiente y sin riesgos».
UISG: escuchar el clamor de los migrantes, estar a su lado
Por su parte, la hermana Patricia Murray, I.B.V.M., secretaria ejecutiva de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), recordó los obstáculos geográficos y los muros de rechazo que se interponen en el camino de las personas obligadas a emigrar a causa de la guerra y la pobreza. «Merecen nuestro respeto, aceptación y reconocimiento. Pero esto -señaló la religiosa- sólo ocurrirá cuando nos acerquemos y nos encontremos con ellas». Sor Patricia recordó algunos puntos del camino sinodal en los que es explícita la exhortación a escuchar sus gritos y permitirles «determinar sus propios medios de crecimiento». A continuación, subrayó que son seres humanos que, en general, tienen mucho que enseñarnos y «nosotros tenemos mucho que aprender: esto sólo sucederá si realmente caminamos juntos».
Scalabrinianos: trabajar no sólo «para» sino «con» migrantes y comunidades
El mensaje del Papa es muy alentador, comenta Emanuele Selleri, director ejecutivo de la Agencia Scalabriniana de Cooperación al Desarrollo (ASCS), una organización voluntaria creada hace 20 años como brazo social, operativo y cultural de la Región Europa-África de los Misioneros de San Carlos – Scalabrinianos. Trabajando en las fronteras europeas de Ventimiglia, Oulx, Calais y Ceuta o en las «fronteras interiores italianas», como la zona del Gran Ghetto di Rignano, en el campo entre Foggia y San Severo; y terminando con proyectos de desarrollo en Guatemala, Bolivia y Brasil, esta realidad opera en tres áreas principales: acogida integral, animación intercultural especialmente con jóvenes y cooperación al desarrollo. Selleri recordó en la rueda de prensa lo que solía decir Scalabrini: «La emigración es… ley de la naturaleza». A la luz de esta evidencia y del hecho de que se es servidor de esta misión, no protagonista, ‘la cuestión migratoria no se puede gestionar en la sociedad y en la Iglesia trabajando sólo con los migrantes, sino incluyendo también a las comunidades autóctonas en un trabajo constante e incesante de creación de espacios y tiempos de encuentro’, concluyó, ‘un encuentro que genere conocimiento, convivencia, amistad y armonía’.

