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Magnifica humanitas y la Trata de Personas

  • Categoría de la entrada:Trata de Personas
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En el marco del encuentro que la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana de la Conferencia Episcopal Española celebró el lunes 7 de septiembre, cada departamento realizó una reflexión sobre la vinculación de la última encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, con sus respectivas realidades pastorales.

Magnifica Humanitas ofrece una reflexión sobre la realidad de la trata, sobre todo en su apartado «Romper las cadenas de las nuevas esclavitudes», que comienza en el #173. Además, permite identificar algunos ejes fundamentales: la dignidad de toda persona, la realidad de las migraciones, la prevención y educación, los riesgos de internet y plantea a la sociedad y a la Iglesia el desafío de hacer frente a las nuevas formas de esclavitud que surgen en un mundo cada vez más globalizado.

Una cuestión de dignidad

La trata de personas es una cuestión fundamentalmente de dignidad, que es agraviada por la cosificación de la persona, que no es valorada como un ser humano sino como un objeto al servicio de intereses económicos.

El papa León XIV advierte precisamente frente a esta lógica que establece el valor de las personas en función de su utilidad, eficiencia o productividad. «La persona termina reduciéndose a un medio para obtener resultados, a un recurso para ser usado y explotado, y no es reconocida como fin en sí misma, jamás instrumentalizable» (MH 51).

Esta afirmación resulta especialmente significativa ante la realidad de la trata. Ninguna persona puede ser convertida en mercancía. Ninguna situación de vulnerabilidad puede justificar la explotación. Y ningún beneficio económico puede situarse por encima de la dignidad y los derechos fundamentales de la persona.

La lucha contra la trata exige, por tanto, recuperar una mirada que coloque la dignidad de cada ser humano en el centro y reconozca que existen derechos que corresponden a todos «por el mero hecho de ser personas» (MH 51).

Migración, vulnerabilidad y derecho a la esperanza

La realidad migratoria aparece estrechamente vinculada a muchas situaciones de trata. Las redes criminales se aprovechan con frecuencia de personas que han abandonado sus países en búsqueda de seguridad, oportunidades y un futuro mejor, especialmente cuando se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.

Frente a cualquier mirada que reduzca a las personas migrantes a cifras, Magnifica Humanitas recuerda que son «personas con dignidad, recursos y sueños», con derecho a ser tratadas con respeto y a participar activamente en las sociedades de acogida (MH 81).

El Papa habla también del «derecho a la esperanza de quien está obligado a partir», al mismo tiempo que reivindica «el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad» (MH 81). Ambas dimensiones resultan esenciales para prevenir situaciones de explotación: nadie debería verse obligado a emprender un camino migratorio en condiciones de desesperación que le hagan especialmente vulnerable ante quienes prometen un futuro mejor y terminan sometiéndole a redes de explotación.

Prevenir antes de que las cadenas aparezcan

La lucha contra la trata no puede limitarse a intervenir cuando la explotación ya se ha producido. La prevención ocupa un lugar fundamental, especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes.

La revolución tecnológica ha transformado también las formas de captación. Las redes criminales encuentran en internet un espacio desde el que pueden localizar, contactar y manipular a posibles víctimas con mayor facilidad y desde el anonimato. Perfiles falsos, algoritmos, sistemas de mensajería y nuevas herramientas de inteligencia artificial pueden ser utilizados para facilitar el chantaje, la explotación sexual o la captación.

Magnifica Humanitas llama la atención sobre estos riesgos al señalar los fenómenos de «captación, chantaje y explotación sexual de menores» que se producen en la red, favorecidos por perfiles falsos y nuevas herramientas tecnológicas (MH 141).

Por ello, la prevención requiere una verdadera alianza educativa entre familias, centros educativos, instituciones y responsables políticos. El Papa reclama «una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias» y plantea la necesidad de medidas legislativas que protejan a los menores y responsabilicen a los proveedores de servicios digitales (MH 142).

Educar en el uso responsable de la tecnología significa también enseñar a identificar riesgos, reconocer estrategias de captación y pedir ayuda ante situaciones de amenaza o manipulación.

Nuevas tecnologías, nuevas esclavitudes

La encíclica recuerda que detrás del funcionamiento de la economía digital existe «el trabajo silencioso de millones de seres humanos», incluidos jóvenes, mujeres, adolescentes y niños que pueden trabajar en condiciones de explotación para hacer posible el acceso a determinados recursos tecnológicos (MH 173).

La trata y la explotación no siempre se presentan de manera visible. Pueden estar vinculadas a cadenas globales de suministro de las que todos formamos parte como consumidores y usuarios de tecnología. Así como la llamada de atención sobre el incremento de la captación por internet, desde donde es más fácil acceder a posibles perfiles susceptibles de captación desde el anonimato.

El Papa reclama una mayor transparencia de las cadenas de suministro de la industria tecnológica y la protección de los trabajadores frente al trabajo forzoso (MH 179). La lucha contra la trata implica también preguntarnos por el origen de los productos que utilizamos, por las condiciones laborales que existen detrás de ellos y por la responsabilidad de las empresas que participan en estas cadenas.

Magnifica Humanitas advierte de que las organizaciones criminales utilizan plataformas de internet, sistemas de mensajería, mecanismos de pago y técnicas de perfilado para reclutar, controlar y trasladar a víctimas, convirtiéndolas en datos que pueden ser rastreados y manipulados dentro de los mismos circuitos digitales que sostienen buena parte de la economía global (MH 173).

Esta realidad abre nuevos escenarios de explotación. Entre ellos se encuentra el crecimiento de la criminalidad forzada, mediante la captación de personas vulnerables para obligarlas a cometer delitos cibernéticos, estafas y otras actividades ilícitas a través de internet. Esta preocupación estuvo también presente en la campaña de Naciones Unidas con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas, celebrado el 30 de julio, que puso el foco en las personas víctimas de las redes de estafa bajo el lema «Atrapados en la estafa».

Una Iglesia comprometida con romper las cadenas

Ante esta realidad, Magnifica Humanitas realiza también un llamamiento directo a la Iglesia. La respuesta cristiana ante la trata comienza por reconocer a cada víctima en su dignidad, acompañarla en sus procesos de recuperación y sanación y trabajar junto a todas las personas y organizaciones comprometidas en la prevención y erradicación.

El Papa afirma con claridad que «la Iglesia renueva su firme condena de toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas» y recuerda que la trata debe ser reconocida «como una forma contemporánea de esclavitud y como una grave violación de la dignidad humana» (MH 174).

La encíclica invita además a mirar la historia con humildad. Al recordar la lucha contra la esclavitud, el Papa reconoce también el sufrimiento provocado durante siglos y, en nombre de la Iglesia, expresa su petición de perdón por la participación de cristianos en aquella realidad (MH 176).

Pero la memoria no puede quedarse en el pasado. «Lo que hemos aprendido debe traducirse en discernimiento y responsabilidad en el presente», afirma en #177. Hoy, esa responsabilidad exige denunciar las múltiples manifestaciones de la trata y acompañar caminos reales de prevención, sanación, protección y liberación.

Una responsabilidad compartida

La trata de personas interpela a toda la sociedad. También interpela nuestras decisiones cotidianas como consumidores y usuarios de la tecnología.

Magnifica Humanitas recuerda que las herramientas digitales no son neutrales cuando pueden convertirse en instrumentos para captar, controlar y explotar a personas vulnerables. De ahí la necesidad de exigir a las plataformas digitales una cooperación responsable con las autoridades y la sociedad civil para evitar que los sistemas de comunicación, pago y elaboración de perfiles sean utilizados por las redes de trata (MH 179).

Frente a las nuevas formas de trata, la respuesta de la Iglesia nace de una convicción fundamental: toda persona posee una dignidad inalienable y nunca puede ser convertida en mercancía. Defender esa dignidad significa acompañar a quienes han sido víctimas, prevenir nuevas situaciones de explotación y trabajar, junto con toda la sociedad, para que las nuevas tecnologías estén al servicio de las personas y no se conviertan en nuevas herramientas de esclavitud.