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El papel clave de los capellanes de hospitales: «Visita, acogida y escucha»

  • Categoría de la entrada:Pastoral de la Salud
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Alfa y Omega: Hay lugares comunes para los capellanes de hospitales. Dolores comunes, más bien. El de padres que pierden a su bebé recién nacido. «Cuando me llaman de neonatos me echo a temblar». El de mayores que mueren solos. El de jóvenes que, antes de morir, se despiden de sus hijos pequeños. El de personas con enfermedades mentales, «los pobres de entre los pobres». Hay una llamada especial en los capellanes a cuidar. Que muchas veces es estar, porque, ¿quién puede explicar el sufrimiento? «Yo no tengo palabras, pero solo sé que Dios nos quiere». «Que Dios está y que Jesús responde desde la cruz». Hay una certeza absoluta: que el hospital es autopista de evangelización. De encuentro con lo más auténtico. Con el sentido de la vida. «Dios mío, ¿qué haces?». «¡Te he hecho a ti!».

José Luis Benito, 40 años de cura y 30 de capellán en el hospital Severo Ochoa de Leganés. Hijo de un practicante de Villa del Prado (Madrid), «hombre de mucha fe, dedicado las 24 horas a los enfermos». Si José Luis es lo que es se lo debe a él, está convencido.

—«Los médicos me han dado tres meses de vida y le doy gracias a Dios por esta enfermedad, porque me ha hecho acercarme a Él y a la Iglesia».

Ya quisiera Benito, suspira, tener la fe de esta joven madre. «Dios es un cabrón», le espetó el marido de otra moribunda joven. «Pero Dios es amor», le contestó el capellán. «Al día siguiente vino a buscarme y me dio un abrazo». Lloró entonces Benito, y llora ahora al recordar. Nunca le han negado una Unción a este sacerdote. Nunca, enfatiza. Y eso que algunos venían de lejos, pero a estos, con bromas al principio, «los atraigo mucho».

Aurelio Íñigo, 39 años de cura y 30 como capellán del Hospital Universitario de Getafe. Vive desde entonces en él. Literalmente. Y eso es importante. El capellán de hospital está —y en esto coinciden todos— disponible las 24 horas. No solo para Unciones in extremis. «Visita, acogida y escucha; esta es nuestra actividad principal. Sin emitir juicios. Sin invadir su intimidad». A Aurelio lo conocen todos. El personal sanitario es como una familia. «Los he casado, he bautizado a sus hijos… Jamás he desayunado, comido o cenado solo». Un doctor le reconoció un día: «Me gusta comer contigo; con los otros solo hablamos de medicina». Ser capellán de hospital es también acompañarlos a ellos. Muchas veces, aun no siendo religiosos, le llaman. «Aurelio, igual podías ir a tal habitación». Han sondeado a la familia y han ofrecido al sacerdote. Apóstoles sin saberlo. Las familias. «En ocasiones necesitan más apoyo que el enfermo, sobre todo en la UCI y en grandes quemados». Y hay esperanza. Claro que sí. «Aquí han muerto personas santas».

Gerardo Dueñas, diácono permanente de la diócesis de Madrid, casi doce años de capellán en el hospital Doctor Rodríguez Lafora, el único psiquiátrico público de la Comunidad de Madrid. A él llegan los cuadros más complicados. «Los leprosos de hoy en día». La barrera es el estigma: en el propio paciente, en su familia y en el personal del centro. «La salud mental es la cenicienta de la Pastoral de la Salud», por eso la labor de esta capellanía es «estar donde nadie quiere estar». En un hospital en la vía de servicio en la carretera de Colmenar Viejo. «La vida parada en un arcén, pero en ese arcén está Dios». «¿Para qué voy a ir allí?». Pues para acompañar espiritualmente, porque ellos «sufren igual y también se preguntan por qué a ellos».

Vasile Bogdan Buda, 23 años de cura, desde 2020 en el hospital de La Princesa. A la capilla, recién reformada, acuden solo en la mañana cerca de 150 personas. Una vez casó a una pareja en la habitación. «A él le habían dado una semana de vida. “Padre, no me importa el tiempo que me queda frente a la alegría de la boda”, me dijo. Una enfermera y un médico fueron los testigos. Improvisé las alianzas con un rosario. El chico vivió 20 días más». Resuena el lema de la Campaña del Enfermo 2024Dar esperanza en la tristeza, que comenzó el 11 de febrero con la Jornada Mundial del Enfermo y concluirá el 5 de mayo. Vasile entra en la vida del otro «con un poco de arte». Le llama «espiritualidad clínica». Y utiliza para ello la poesía. «Te abren la puerta del alma». Es atender al otro desde la «perspectiva del amor». Porque «solo el amor vence al miedo».

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