Carta Pastoral de Mons. Luis Argüello
La Cuaresma y el Año Jubilar ‘Peregrinos de Esperanza’ se unen para proponernos la dimensión social de la Fe. La Cuaresma, ya desde el Miércoles de Ceniza, nos invitó, junto a la oración y el ayuno, a la limosna, entrega de nuestro tiempo, de nuestro dinero, de nuestro ser en favor de otros en nombre del Señor, como un ejercicio de misericordia. La limosna ha de ser concretada en el ejercicio de las obras de misericordia.
El año jubilar, ya desde sus orígenes, en el Antiguo Testamento, cuando Israel vivía un año sabático o jubilar, siempre la dimensión social estaba muy presente, ofreciendo la oportunidad de volver a comenzar con el reparto de tierras, de bienes, la condonación de deudas, etc.
La Iglesia española, en este Año Jubilar ‘Peregrinos de Esperanza’, nos propone una acción social. La realización de una obra de misericordia mirando, especialmente, a un grupo de personas —mayoritariamente, mujeres— que sufren la tragedia de la trata, de la explotación —en la mayor parte de los casos, con motivación sexual—. También hay trata de personas con motivos de explotación laboral.
La trata de personas, forma de esclavitud de estos tiempos, deja, como nos dice el Papa Francisco, muy abiertas las llagas de Cristo en su cuerpo, en su cuerpo actual que es la Iglesia y de la humanidad llamada también a formar parte de este cuerpo de Cristo.
La Iglesia española ha acogido esta propuesta de hacer esta obra de misericordia en relación con las personas que son víctimas de la explotación y de la trata, porque en ellas está un verdadero signo de los tiempos. En este signo queremos ser signo de esperanza. Signo de los tiempos porque en la trata de personas se reúnen, por una parte, todo lo que significa el drama de la inmigración, en muchos casos de la inmigración ilegal, en muchos casos, personas engañadas con la promesa de poder encontrar aquí un trabajo fácil, una forma de ganarse la vida y, luego, experimentan que han caído en manos de una mafia, de una trama que explota sus vidas, que les impone condiciones que están muy cercanas a la esclavitud. Por eso, la trata nos pone en relación con el fenómeno de la inmigración en su conjunto, con la necesidad de abordar la situación de la irregularidad y las causas de las migraciones para tratar de buscar una solución en su origen.
La trata de personas con motivos de explotación laboral nos habla de las reglas del juego de nuestra economía, de lo que significa aprovecharse de situaciones de falta de papeles, de irregularidad a la hora de poder abordar la relación laboral y de cómo eso es aprovechado, desde las necesidades imperiosas de las personas, para una forma de explotación en el campo del trabajo, en las relaciones laborales.
Por otra parte, la trata de personas, la prostitución, nos habla de otra realidad de nuestra sociedad, que es la forma desordenada, viciosa de vivir la sexualidad. Después de la revolución que supuso mayo de 1968, que tuvo como uno de sus campos prioritarios una propuesta de revolución sexual con diversos aterrizajes. La expansión de relaciones sexuales más libres se dice, se decía. También la apertura más decidida a todas las relaciones, desde la posibilidad de divorcios más fáciles, la regularización del aborto. Se llegó a afirmar que las patologías relacionadas con la sexualidad iban a desaparecer: el divorcio, la violencia en las propias casas; la liberación sexual, la prostitución y la pornografía, así la sexualidad dejaría de ser una causa de negocio.
En realidad, pasados unos cuantos años de esta revolución sexual, vemos que las problemáticas relacionadas con la sexualidad no han desaparecido. La pornografía ha crecido y la prostitución se ha extendido de una manera sorprendente, dando pie a la explotación de personas, bien con fines de difusión pornográfica, bien con fines de explotación en la prostitución.
Por eso, todo lo relacionado con la trata de personas, con la prostitución, aparece como un lugar donde se congregan diversas problemáticas de nuestra hora: la inmigración, las dificultades para encontrar trabajo, la situación de las propias condiciones laborales, la vivencia de la sexualidad y lo que está significando desvincular el sexo del amor y de la transmisión de la vida.
Por eso, parece una propuesta oportuna el decirnos esta obra de misericordia, redimir a cautivos —a cautivas, en la mayor parte de los casos—, podríamos decir, de esta trama relacionada con la prostitución y la trata de personas. Es una obra de misericordia que, además, tiene la capacidad de hacernos pensar sobre la situación de los inmigrantes, tiene también la posibilidad de ayudarnos a caer en la cuenta del significado de la sexualidad.
También esta obra de misericordia nos invita a dar gracias por las instituciones en nuestra Diócesis: las hermanas Oblatas y Adoratrices, que tienen en marcha proyectos de acompañamiento de estas personas, visitándolas, incluso, en la calle, en la carretera o en los pisos clandestinos donde se ejerce esta “tarea”. Es una acción con la colaboración de Cáritas, la Obra social del Santuario, muchas personas voluntarias y de otras que quieren colaborar también con su contribución económica.
Por eso, en este Año Jubilar queremos, por una parte, ofrecer la misericordia del Señor a todas las personas que están implicadas en este asunto: víctimas y explotadores, voluntarios y personas que expresan la solidaridad con la consagración de su propia vida. Que la misericordia del jubileo, que el ejercicio de la limosna nos pueda abrazar y convertir a todos.
Queremos con esta propuesta de obra de misericordia hacer visible esta realidad que está extendida en nuestra sociedad, que forma parte también de nuestras relaciones, de nuestros vecindarios, de personas que, estando a nuestro lado, tantas veces nos resultan invisibles. También invitar a aquellos que lo deseen a dar un paso adelante, a colaborar como voluntarios en esta o en otras de las obras de misericordia que de manera institucional realiza nuestra Diócesis vallisoletana a través de comunidades, congregaciones, Cáritas u otro tipo de grupos que realizan tareas de servicio en favor de los más desfavorecidos.
Invitamos a la oración y a la colaboración económica. La limosna ha de unirse siempre al ayuno y a la oración. La limosna en esta obra de misericordia nos hace caer en la cuenta de qué tipo de ayunos de imágenes, de un uso ilegítimo de la sexualidad situada solo en el marco del placer, a costa, incluso, del sufrimiento de los demás.
Sembremos esperanza en esta realidad, que es un signo de nuestra época.

