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Aniversario de la beatificación de la primera beata gitana

  • Categoría de la entrada:Pastoral con los Gitanos
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Madre, esposa, joven pobre y analfabeta de 19 años. En la cárcel dio a luz y allí murió sin asistencia médica. Allí descubrió la fe católica y allí se convirtió en mártir por no delatar a su catequista.

El 25 de marzo se cumple el quinto aniversario de la beatificación de Emilia Fernández, «La canastera». Los gitanos de todo el mundo y especialmente la Pastoral con los Gitanos recuerdan a su beata. Emilia Fernández Rodríguez era una joven gitana procedente de las cuevas de Tíjola (Almería), recién casada y embarazada, cuando estando en plena guerra civil española los militares fueron a por su marido para formar parte de filas.

Ella se ingenió aplicarle un ungüento en los ojos para dejarlo ciego por un tiempo y así poder librar su reclutamiento. Pero se descubrió el engaño y quedaron arrestados los dos. Ella ingresó en la prisión “Gachas colorás” de Almería en 1938,  tenía  19  años.  Condenada a seis años de cárcel; su marido Juan, condenado a cinco años.

Emilia estaba embarazada, se encontraba por primera vez presa entre no gitanos. Y en ese ambiente es cuando descubrió la amistad y la belleza de la fe. Y que las otras presas, castellanas, (no gitanas) eran buenas personas, que se respetaban y trataban bien entre sí y también a ella, que era gitana.

Una de las presas, María de los Ángeles Roda, (una de las principales testigos de la que tenemos su testimonio presencial) recuerda su llegada: Estaba cayendo la tarde cuando llegó un camión con guardias y varios presos y entre ellos se encontraba Emilia. Venía embarazada y dos señoras, llamadas Lola del Olmo y Antolina Miró, se acercaron a ella para ayudarla.

Biografía de Emilia editada por la Pastoral con los Gitanos

Emilia llegó a la prisión desolada. Y no era para menos: recién casada, detenida como una delincuente, separada de su marido, embarazada, en la cárcel, sin nadie conocido y rodeada de castellanas. No había gitanas como ella. Así que se aproximó a un jergón que había en un ángulo y se puso a llorar. Dolores del Olmo, que tenía una edad parecida a la de Emilia se le acercó y le intentó consolar. Será el inicio de una amistad, y con el paso de los meses de un auténtico cambio y conversión.

El rosario se fue convirtiendo en un camino de auténtica transformación de Emilia. Conforme Emilia se fue haciendo amiga de Dolores y de las demás y rezaba todas las tardes con ellas; volvió a ser la joven alegre, pero ahora su alegría era distinta.

Pilar Salmerón, la funcionaria de la prisión, se dio cuenta de que la gitana Emilia había aprendido a rezar y rezaba a diario el rosario. ¿Quién le habría enseñado? Dolores del Olmo en su declaración dice que ella enseñó a rezar a Emilia a petición suya, y “que estos hechos llegaron a oídos de la Jefe de la prisión y que al tener conocimiento de este hecho llamó a la repetida Emilia y le propuso que si le decía quien le había enseñado a rezar y la delataba ante un tribunal la pondría en libertad y sería debidamente atendida dado su estado avanzado de embarazo».

Continúa Dolores del Olmo: “esta muchacha a pesar de las falsas promesas de Pilar Salmerón y que ella creía ciertas, se negó en absoluto a delatar a la que le había enseñado a rezar; sin tomar en cuenta su estado la recluyó en una celda dejándole en el mayor abandono muriendo a consecuencia de esto a los ochos días.

Dio a luz en un jergón de esparto. No tuvo ningún tipo de asistencia médica. Nació Ángeles, siendo bautizada por sus compañeras de prisión. Ella volvió al Hospital y como seguía sin querer delatar a su catequista, volvió a ser puesta en la celda de castigo. Por su debilidad fue conducida de nuevo al hospital donde falleció abandonada y sola.

Emilia aprendió la caridad cristiana. Había comenzado a entender lo que ya había rezado en numerosas veces en los misterios dolorosos del Rosario. Dios nos quiere. Nos ha creado por amor. Nos perdona. El sufrimiento tiene sentido.

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Esta reseña está tomada del libro «Emilia «La canastera», Mártir del Rosario» de Martín Ibarra Benlloch

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