1 de septiembre de 2026
«Forjar la paz y cultivar la vida en nuestra casa común»
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
En este primer cuarto del siglo XXI, atravesamos un verdadero kairós socioambiental, un tiempo de gracia y de urgencia ineludible para el anuncio del Evangelio a los hombres y mujeres de hoy. Al acercarse la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que celebramos cada 1 de septiembre marcando el inicio del Tiempo de la Creación hasta el 4 de octubre, nos preparamos con esperanza para acoger el mensaje que el Santo Padre, el papa León XIV, nos ofrece. El lema inspirador para la jornada de oración de este año, tomado del profeta Isaías, es: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas» (Is 2,4).
Esta imagen bíblica subraya el vínculo profundo entre la resolución de los conflictos armados, la paz fraterna y el cuidado de nuestro entorno natural. El deterioro del medio ambiente constituye una grave violación de nuestro deber de custodiar la creación y una amenaza a largo plazo para la vida de cientos de millones de personas[1]. El profeta nos invita a una transformación radical: privilegiar el desarrollo, la sostenibilidad y el cultivo de la vida, en lugar de la violencia y la destrucción. A la luz de esta llamada, y recogiendo el fecundo magisterio de la Iglesia y del papa León XIV, los obispos queremos ofrecer unas palabras de reflexión, discernimiento y compromiso, encarnadas en la realidad de nuestra amada España.
1. La realidad herida de nuestra casa común en España
La teología y la acción pastoral de la Iglesia no pueden desarrollarse en una burbuja, de espaldas a los avances del conocimiento y al sufrimiento de nuestro pueblo. La crisis socioambiental contemporánea es un fenómeno complejo provocado por un modelo de desarrollo obsesionado con el crecimiento ilimitado[2]. A nivel planetario, la ciencia nos advierte que hemos traspasado peligrosamente los límites para mantener la vida en la Tierra, y en España esto se traduce en una realidad innegable: sufrimos una intensificación alarmante de las olas de calor, de sequías prolongadas y cronificadas, de incendios forestales, de lluvias torrenciales inéditas y una preocupante tendencia a la desertificación que amenaza a más de la mitad del territorio nacional.
Vemos con dolor la degradación de nuestros ecosistemas, el agotamiento de nuestras cuencas hidrográficas y la eutrofización de masas de agua emblemáticas por sobreexplotación de las áreas agrícolas circundantes, fruto de la sobreexplotación. A esto se suma la paradoja de un «crecimiento vacío», en el que el progreso económico de algunos no se traduce en bienestar para todos. Nuestra «España vaciada» no es un accidente, sino el resultado de décadas de decisiones que han concentrado la inversión y han dejado amplias zonas rurales en un proceso continuo de despoblación y desarraigo espiritual.
Como nos recuerda repetidamente el magisterio de la Iglesia, no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una única y compleja crisis socioambiental[3]. Las consecuencias de esta degradación golpean primero y con mayor crueldad a los más vulnerables, manifestándose en la exclusión residencial y en la pobreza energética de muchas familias españolas que no pueden proteger a sus hijos del frío ni del calor extremo. Proteger el ambiente natural, como don de Dios, es un imperativo moral[4].
2. La cultura del poder y la normalización de la guerra
El lema de esta Jornada nos exige mirar de frente la violencia. En su reciente y luminosa primera carta encíclica, Magnifica Humanitas, el papa León XIV nos advierte sobre la expansión de una «cultura del poder» que se alimenta de polarizaciones y violencias, y denuncia la preocupante normalización y rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional[5]. Las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera.[6]
Por ello, el Santo Padre nos llama a abrazar una paz que sea «desarmada y desarmante»[7]. Una paz que no se funde en el miedo ni en el equilibrio armado, sino en el diálogo paciente, la justicia y la diplomacia[8]. En este sentido, es imperativo superar definitivamente la teoría de la «guerra justa», sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, y reconocer que todo conflicto armado constituye una derrota de la capacidad de negociar y de la conciencia común de la humanidad.[9]
Pero la llamada a «forjar arados con las espadas» va más allá del armamento bélico tradicional. El papa nos alerta sobre la nueva carrera armamentística en el ámbito digital y económico, pidiendo explícitamente «desarmar la inteligencia artificial» para sustraerla de la lógica del monopolio y del dominio cognitivo[10]. Detrás de la ilusión de un mundo digital inmaterial, se esconde una industria que exige zonas de sacrificios, enormes cantidades de agua y energía e impulsa un neoextractivismo despiadado de «tierras raras» que deja cuerpos marcados y explotados, especialmente los de niños y adolescentes[11]. No podemos creer en Jesús y promover la guerra; no podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre o a quien huye de la miseria.[12]
3. El «camino de Nehemías»: reconstruir desde la comunión y la justicia
Frente a la deshumanización del síndrome de «la Torre de Babel», que busca levantar torres de dominación tecnocrática y uniformidad, la Iglesia nos propone el «camino de Nehemías»: la reconstrucción paciente y compartida de las murallas de nuestra convivencia[13]. La civilización del amor no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente que consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia[14].
Para la Iglesia que peregrina en España, forjar «arados y podaderas» significa comprometerse activamente con una transición ecológica y energética que sea verdaderamente justa e inclusiva. Esta transición no debe agravar las desigualdades territoriales ni dejar a nadie atrás.
Debemos defender celosamente nuestros recursos naturales, especialmente la «hermana agua». Recordamos, iluminados por el documento Aqua fons vitae, que el agua es un bien común y su acceso es un derecho humano básico, fundamental y universal[15]. Es un don de Dios destinado a toda la humanidad, y no una simple mercancía sometida a las leyes del mercado.
4. Desarmar las palabras y reconocer el límite como dones
Para construir la paz desarmada en nuestra sociedad, a la que nos invita el Santo Padre, debemos empezar por nuestras propias actitudes y expresiones. El papa nos exhorta a «desarmar las palabras» para contribuir a desarmar la tierra[16]. En un clima político y social frecuentemente marcado por la crispación, debemos recordar que la pluralidad no debería degenerar en la descalificación permanente del adversario; la firmeza no exige desprecio y la discrepancia no conlleva humillación[17]. Renunciemos a las palabras hirientes, al juicio inmediato y a las calumnias, y cultivemos el amor en nuestras familias, en el trabajo y en las redes sociales[18].
Al mismo tiempo, la verdadera paz ecológica y social exige resistir las tentaciones engañosas del paradigma tecnocrático y del transhumanismo, que ven nuestra finitud y fragilidad humana como un defecto a corregir[19]. Como cristianos, sabemos que el ser humano no florece a pesar del límite[20], sino a menudo a través del límite. El verdadero florecimiento humano reside en la aceptación gozosa de nuestra fragilidad creatural, donde acontecen la dependencia mutua, la compasión y el amor[21]. La aceptación del cuerpo como don es la base ineludible para aceptar el mundo como casa común[22].
5. Conclusión: alzar la mirada con esperanza
Queridos hermanos, el cuidado de la casa común no se debe confundir con un simple activismo ecológico ni con un voluntarismo secular que prescinde de Dios. Nuestro esfuerzo humano es el humilde pan y vino que ponemos sobre el altar, confiando en la primacía de la gracia para que el Espíritu Santo los transforme en vida nueva. El Resucitado envuelve misteriosamente a todas las criaturas y las orienta hacia un destino de plenitud[23].
El lema del reciente viaje del Santo Padre a España ha sido «¡Alzad la mirada!» (Jn. 4, 35). Alzad la mirada hacia Cristo y alzadla para ver los campos que esperan la cosecha de la caridad. En esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, os invitamos a hacer de la conversión ecológica una experiencia profunda y comunitaria. Hagamos que cada gesto de sobriedad, cada esfuerzo por la justicia energética, cada acto de acogida al migrante y cada palabra de paz sean instrumentos con los que forjamos arados para cultivar una humanidad nueva.
Encomendamos este Tiempo de la Creación a la Bienaventurada Virgen María, Stella maris y Madre de la Caridad, para que ella, que sostiene el mundo en su corazón maternal, nos oriente en nuestra travesía, despierte en nosotros la valentía de la misericordia y nos enseñe a mirar a cada criatura con los ojos de Dios.
Que la bendición del Creador descienda sobre vosotros, sobre nuestra tierra española y sobre toda la familia humana.
[1] Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (2 de junio de 2026). Publicación del tema del Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación 2026. https://www.humandevelopment.va/es/news/2026/messaggio-papa-leone-xiv-giornata-preghiera-creato-2026.html
[2] cf. Francisco, Laudato Si’, 109.3
[3] cf. Francisco, Laudato Si’, 139.
[4] cf. Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 26.
[5] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 182 y 189.
[6] cf. León XIV, Discurso del Santo Padre con motivo del Encuentro con los Miembros del Parlamento español (8 de junio de 2026).
[7] cf. León XIV, Mensaje del Santo Padre para la 59ª Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026.
[8] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 192.
[9] Íbidem.
[10] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 109-111.
[11] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 65, 101 y 173.
[12] León XIV, Homilía del Santo Padre en la Santa Misa celebrada en la Basílica de la Sagrada Familia, de Barcelona (10 de junio de 2026).
[13] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 1, 7, 182 y ss.
[14] cf. Ib., 186.
[15] Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Aqua fons vitae: orientaciones sobre el agua: símbolo del grito de los pobres y el grito de la Tierra. https://www.humandevelopment.va/es/risorse/documenti/aqua-fons-vitae-the-new-document-of-the-dicastery-now-available.html
[16] Cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 214.
[17] Cf. o.c., Discurso del Santo Padre en el Encuentro con los Miembros del Parlamento español (8 de junio de 2026).
[18] León XIV, Discurso del Santo Padre con ocasión de la Oración del Santo Rosario, en la Abadía de Nuestra Señora de Monserrat (10 de junio de 2026).
[19] Cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 92-93, 113-114, 117-118.
[20] Cf. ib., 118.
[21] Cf. ib. 8, 118.
[22] Cf. Francisco, Laudato Si’, 155.
[23] Cf. Francisco, Laudato Si’, 99-100.

