En esta nota de Tribuna de Vida Nueva, Eduardo Agosta, director del departamento de Ecología Integral de la CEE, cuestiona las críticas que sostienen que las incertidumbres en la representación de la variabilidad natural y la multiescala en los modelos climáticos (programas complejos que ejecutan la física del clima en superordenadores) invalidan nuestra comprensión del cambio climático de origen humano. Esta interpretación parece responder más a sesgos ideológicos que a una revisión técnica rigurosa; instrumentaliza la complejidad para cuestionar conocimientos probados, confundiendo, con o sin intención, la crisis de predictibilidad en escalas regionales con una falla de los principios físicos que rigen el sistema a escala planetaria.
Sin embargo, para el público en general (y para algunos sectores políticos), estas noticias pueden resultar confusas. Si los modelos presentan fallas, ¿significa que la causa humana del calentamiento es solo una suposición? La respuesta es un rotundo no. Con la ayuda de Eduardo Agosta, desglosamos a continuación por qué la crisis de los modelos no es una crisis de la realidad física.
1. El enfoque estándar: ciencia basada en leyes, no solo en código.
A menudo se piensa que el cambio climático es una teoría que sale de un ordenador. Esto es un error histórico y científico. Lo que suele llamarse el enfoque estándar de la ciencia climática está arraigado en las leyes fundamentales de la física: la primera ley de la termodinámica, la radiación de cuerpo negro, la ecuación de Clausius-Clapeyron y las ecuaciones de Navier-Stokes.
Este marco físico ha permitido realizar predicciones exitosas desde mediados del siglo XX, mucho antes de que tuviéramos la potencia computacional actual, tales como:
- La tendencia global de calentamiento como respuesta al aumento de CO2, calculada correctamente hace décadas.
- El enfriamiento de la estratosfera: se predijo (y se observó) que, mientras la superficie se calienta, la estratosfera se enfría, lo cual es una señal exclusiva del efecto invernadero y no de la variabilidad solar.
- El calentamiento del Ártico, debido a la amplificación del calor en los polos, fue una predicción exitosa del paradigma actual.
- Contraste tierra-océano: La física básica predice que los continentes se calentarán más rápido que el mar, algo que hoy medimos con precisión.


2. ¿Qué es lo que realmente está fallando?
Desde hace décadas, los expertos en clima saben que los modelos climáticos no representan adecuadamente la “multiescala” ni la variabilidad natural. Si bien hay discrepancias entre diversos modelos, estas se concentran a escala regional.
El problema técnico se llama determinismo de gran escala. Los modelos asumen que los procesos pequeños (como las nubes o las tormentas) pueden determinarse solo observando las escalas grandes. Es este supuesto lo que está mostrando grietas:
- Hay sorpresas en la intensidad de las tormentas en el hemisferio sur.
- Hay tendencias inesperadas a escala regional en la circulación del Pacífico tropical y del océano Austral.
- Existen sesgos sistemáticos en la manera en que los modelos simulan la humedad en la superficie terrestre.
Pero ojo: que no podamos predecir con exactitud cuánta lluvia caerá en una región específica en 2040 no significa que no sepamos por qué el planeta en su conjunto está acumulando calor.
3. El origen no natural: Más allá de la simulación
Los críticos faltos de rigor científico piensan que el origen humano del cambio climático sólo se conoce modelando, es decir, corriendo programas complejos en ordenadores, pero ignoran las evidencias físicas directas que no dependen de simulaciones complejas:
- Isótopos de carbono: Al analizar el aire, vemos que el exceso actual de CO2 tiene la huella dactilar química de los combustibles fósiles, no de los volcanes ni de la biosfera natural actuales.
- El océano como calorímetro: El contenido de calor oceánico ha aumentado de forma implacable. No existe ningún ciclo natural conocido capaz de inyectar esa cantidad masiva de energía en el sistema sin un forzamiento externo.
- Balance de energía: Los satélites confirman un desequilibrio radiativo en el tope de la atmósfera consistente con la física del calentamiento inducido por el CO2.
4. Incertidumbre no es ignorancia
La crisis en la modelización climática regional es, en realidad, un signo de que la ciencia está madurando y que no se puede justificar la inacción continua frente al cambio climático de origen humano.
La idea de que debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es sólida y se basa en una congruencia física de evidencias que ha resistido décadas de pruebas. Confundir la dificultad de modelar las nubes con la duda sobre si el CO2 atrapa calor es como dudar de la gravedad porque no podemos predecir exactamente dónde caerá cada hoja de un árbol durante una tormenta.
En conclusión, los trabajos críticos sobre el cambio climático señalan áreas en las que los modeladores climáticos deben trabajar más duro. Pero la física que sustenta el cambio climático de origen humano es harina de otro costal: es sólida, medible y real. La crisis de la que se habla es una oportunidad para mejorar nuestras predicciones locales y de adaptación, no un pase libre para ignorar lo que la termodinámica básica y las observaciones ya nos han demostrado.

