La parroquia de San Romualdo del barrio de Ascao de Madrid, uno de los sitios con mayor población migrante, especialmente latinoamericana, acogió el domingo 27 de septiembre la celebración de la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños».
La Eucaristía fue presidida por Mons. Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol y responsable de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española, y concelebrada por Fernando Redondo Pavón, director del Departamento de Migraciones. La celebración fue retransmitida por Televisión Española dentro del programa El Día del Señor.
Durante la homilía, Mons. García Cadiñanos invitó a los cristianos a revisar sus actitudes ante las personas migrantes y refugiadas a la luz del Evangelio. Partiendo de la pregunta de Jesús «¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?», señaló que la vida cristiana exige coherencia entre la fe celebrada y las actitudes y decisiones cotidianas.
En este sentido, subrayó que la realidad migratoria interpela directamente a la comunidad cristiana: «¿Cómo cumplir aquí la voluntad del Padre? ¿Cómo hacer nuestros los sentimientos de Cristo?». El obispo destacó que la respuesta pasa por acoger la fragilidad, reconocer el valor de cada persona y ampliar el “nosotros” de la comunidad, generando espacios de encuentro y comunidades acogedoras.



Mons. García Cadiñanos recordó también las palabras del papa León XIV sobre la necesidad de situar en el centro del debate migratorio la protección de los derechos humanos, y evocó los mensajes pronunciados por el Pontífice durante su reciente visita a España, especialmente en Canarias, donde afirmó que los migrantes «no son números ni expedientes», sino personas con una historia, una familia y unos sueños.
La celebración puso una atención especial en los menores migrantes, protagonistas de la Jornada de este año por su especial vulnerabilidad. El obispo destacó la necesidad de garantizar en todo momento el interés superior del menor, así como su protección, dignidad y derecho a crecer en un entorno familiar que les acompañe y cuide. En referencia a la situación vivida recientemente en Ceuta, recordó que los menores son uno de los colectivos más afectados por las crisis migratorias.
Finalmente, el obispo agradeció el compromiso de las comunidades, personas consagradas y organizaciones que acompañan a los menores migrantes y animó a continuar generando espacios de acogida. La Eucaristía, concluyó, debe impulsar a la Iglesia a «abrir caminos de fraternidad», especialmente con quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

