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	<title>Jornada Mundial de la Paz archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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	<title>Jornada Mundial de la Paz archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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		<title>Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2026)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Dec 2025 08:04:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicamos a continuación el texto del Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2026 con el tema: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”». La paz esté con todos ustedes:hacia una paz “desarmada y desarmante” [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/mensaje-del-santo-padre-leon-xiv-para-la-59-a-jornada-mundial-de-la-paz-1-de-enero-de-2026-18-12-2025/">Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2026)</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Publicamos a continuación el texto del Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2026 con el tema: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”».</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading"><em><strong>La paz esté con todos ustedes:<br>hacia una paz “desarmada y desarmante”</strong></em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“¡La paz esté contigo!”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este antiquísimo saludo, que sigue siendo habitual en muchas culturas, en la tarde de Pascua se llenó de nuevo vigor en labios de Jesús resucitado. «¡La paz esté con ustedes!» (&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;20,19.21) es su palabra, que no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad. Por eso, los sucesores de los Apóstoles dan voz cada día y en todo el mundo a la más silenciosa revolución: “¡La paz esté con ustedes!”. Desde la tarde de mi elección como Obispo de Roma he querido incorporar mi saludo en este anuncio coral. Y deseo reafirmarlo: «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente».&nbsp;<a></a>[1]</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La paz de Cristo resucitado</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf.&nbsp;<em>Ef</em>&nbsp;2,14) es el Buen Pastor, que da la vida por el rebaño y que tiene muchas ovejas que no son del redil (cf.&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;10,11.16): Cristo, nuestra paz. Su presencia, su don, su victoria resplandecen en la perseverancia de muchos testigos, por medio de los cuales la obra de Dios continúa en el mundo, volviéndose incluso más perceptible y luminosa en la oscuridad de los tiempos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El contraste entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es sólo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado. Con este presentimiento viven los que trabajan por la paz que, en el drama de lo que el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>&nbsp;ha definido como “tercera guerra mundial a pedazos”, siguen resistiendo a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás».&nbsp;<a></a>[2]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Una paz desarmada</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco antes de ser arrestado, en un momento de gran intimidad, Jesús dijo a los que estaban con Él: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo». E inmediatamente agrega: «¡No se inquieten ni teman!» (<em>Jn</em>&nbsp;14,27). La turbación y el temor podían referirse, ciertamente, a la violencia que pronto se abatiría sobre Él. Más profundamente, los Evangelios no esconden que lo que desconcertó a los discípulos fue su respuesta no violenta; un camino al que todos, empezando por Pedro, se opusieron, pero en el cual el Maestro pidió que lo siguieran hasta el final. El camino de Jesús sigue siendo motivo de turbación y de temor. Y Él repite con firmeza a quien quisiera defenderlo: «Envaina tu espada» (<em>Jn</em>&nbsp;18,11; cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;26,52). La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. La gran parábola del juicio universal invita a todos los cristianos a actuar con misericordia, siendo conscientes de ello (cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;25,31-46). Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque hoy no son pocas las personas de corazón dispuesto a la paz, un gran sentimiento de impotencia las invade ante el curso de los acontecimientos, cada vez más incierto. Ya san Agustín, en efecto, señalaba una paradoja particular: «Es más difícil alabar la paz que poseerla. En efecto, si queremos alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pesamos las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin trabajo alguno».&nbsp;<a></a>[3]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de decir que la paz está cerca. Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública. En la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones. Mucho más allá del principio de legítima defensa, en el plano político dicha lógica de oposición es el dato más actual en una desestabilización planetaria que va asumiendo cada día mayor dramatismo e imprevisibilidad. No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza. «La consecuencia —como ya escribía&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es.html">san Juan XXIII</a>&nbsp;acerca de su tiempo— es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico».&nbsp;<a></a>[4]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues bien, en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial.&nbsp;<a></a>[5]&nbsp;Por si fuera poco, hoy parece que se quiera responder a los nuevos desafíos, no sólo con el enorme esfuerzo económico para el rearme, sino también con un reajuste de las políticas educativas; en vez de una cultura de la memoria, que preserve la conciencia madurada en el siglo XX y no olvide a sus millones de víctimas, se promueven campañas de comunicación y programas educativos, en escuelas y universidades, así como en los medios de comunicación, que difunden la percepción de amenazas y transmiten una noción meramente armada de defensa y de seguridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, «el verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella».&nbsp;<a></a>[6]&nbsp;Así recomendaba san Agustín que no se destruyeran los puentes ni se insistiera en el registro del reproche, prefiriendo el camino de la escucha y, en cuanto sea posible, el encuentro con las razones de los demás. Hace sesenta años, el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>&nbsp;se concluía con la conciencia de un diálogo urgente entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. En particular, la Constitución&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html">Gaudium et spes</a></em>&nbsp;centraba la atención en la evolución de la práctica bélica: «El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad».&nbsp;<a></a>[7]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al reiterar el llamamiento de los Padres conciliares y estimando la vía del diálogo como la más eficaz a todos los niveles, constatamos cómo el ulterior avance tecnológico y la aplicación en ámbito militar de las inteligencias artificiales hayan radicalizado la tragedia de los conflictos armados. Incluso se va delineando un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares, con motivo del creciente “delegar” a las máquinas decisiones que afectan la vida y la muerte de personas humanas. Es una espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico sobre el cual se apoya y desde el que se protege cualquier civilización. Es necesario denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección; pero esto no basta, si al mismo tiempo no se fomenta el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico. La Encíclica&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html">Fratelli tutti</a>&nbsp;</em>presenta a san Francisco de Asís como ejemplo de este despertar: «En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos».&nbsp;<a></a>[8]&nbsp;Es una historia que quiere continuar en nosotros, y que requiere que unamos esfuerzos para contribuir recíprocamente a una paz desarmante, una paz que nace de la apertura y de la humildad evangélica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Una paz desarmante</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. El misterio de la Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos, comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén. «Paz en la tierra» cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;2,13-14). Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente (cf.&nbsp;<em>Hch</em>&nbsp;2,37). A este respecto, mi venerado Predecesor escribía que «la fragilidad humana tiene el poder de hacernos más lúcidos respecto a lo que permanece o a lo que pasa, a lo que da vida y a lo que provoca muerte. Quizás por eso tendemos con frecuencia a negar los límites y a evadir a las personas frágiles y heridas, que tienen el poder de cuestionar la dirección que hemos tomado, como individuos y como comunidad».&nbsp;<a></a>[9]</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es.html">San Juan XXIII</a>&nbsp;introdujo por primera vez la perspectiva de un desarme integral, que sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia. Así escribía en&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html">Pacem in terris</a></em>: «Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. Nos confiamos que es éste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no sólo está dictada por las normas de la recta razón, sino que además es en sí misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes».&nbsp;<a></a>[10]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente. Hoy vemos cómo esto no se da por supuesto. Lamentablemente, forma cada vez más parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político, bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Los creyentes deben desmentir activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios. Por eso, junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas. En todo el mundo es deseable «que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón».&nbsp;<a></a>[11]&nbsp;Hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, esto no debe distraer la atención de todos sobre la importancia que tiene la dimensión política. Quienes están llamados a responsabilidades públicas en las sedes más altas y cualificadas, procuren que «se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Examínese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque sólido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos».&nbsp;<a></a>[12]&nbsp;Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, la justicia y la dignidad humana están más expuestas que nunca a los desequilibrios de poder entre los más fuertes. ¿Cómo habitar un tiempo de desestabilización y de conflictos liberándose del mal? Es necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas «como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana».&nbsp;<a></a>[13]&nbsp;Porque, de hecho, «la mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores»,&nbsp;<a></a>[14]&nbsp;a esta estrategia hay que oponer el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala. Ya lo señalaba con claridad&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es.html">León XIII</a>&nbsp;en la Encíclica&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html">Rerum novarum</a></em>: «La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscarse el apoyo de los demás. De las Sagradas Escrituras es esta sentencia: “Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo, pues, si cae, no tendrá quien lo levante!” (&nbsp;<em>Qo</em>&nbsp;4,9-10). Y también esta otra: “El hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad fortificada” (&nbsp;<em>Pr</em>&nbsp;18,19)».&nbsp;<a></a>[15]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que este sea un fruto del&nbsp;<a href="https://www.iubilaeum2025.va/es.html">Jubileo de la Esperanza</a>, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas: «Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (<em>Is</em>&nbsp;2,4-5).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2025</em></p>
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		<title>Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2025</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jan 2025 07:45:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Jubileo]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>Perdona nuestras ofensas, concédenos tu paz</em></strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>I.&nbsp;<em>Escuchando el grito de la humanidad amenazada</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">1. Al inicio de este nuevo año que nos da el Padre celestial, tiempo jubilar dedicado a la esperanza, dirijo mi más sincero deseo de paz a toda mujer y hombre, en particular a quien se siente postrado por su propia condición existencial, condenado por sus propios errores, aplastado por el juicio de los otros, y ya no logra divisar ninguna perspectiva para su propia vida. A todos ustedes, esperanza y paz, porque este es un Año de gracia que proviene del Corazón del Redentor.</p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP-25-canva-1-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-411071" style="width:323px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP-25-canva-1-1024x1024.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP-25-canva-1-300x300.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP-25-canva-1-150x150.jpg 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP-25-canva-1-768x768.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP-25-canva-1-600x600.jpg 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP-25-canva-1.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">2. En el 2025 la Iglesia católica celebra el Jubileo, evento que colma los corazones de esperanza. El “jubileo” se remonta a una antigua tradición judía, cuando el sonido de un cuerno de carnero —en hebreo&nbsp;<em>yobel</em>— anunciaba, cada cuarenta y nueve años, uno de clemencia y liberación para todo el pueblo (cf.&nbsp;<em>Lv</em>&nbsp;25,10). Este solemne llamamiento debía resonar idealmente en todo el mundo (cf.&nbsp;<em>Lv</em>&nbsp;25,9), para restablecer la justicia de Dios en distintos ámbitos de la vida: en el uso de la tierra, en la posesión de los bienes, en la relación con el prójimo, sobre todo respecto a los más pobres y a quienes habían caído en desgracia. El sonido del cuerno recordaba a todo el pueblo —al que era rico y al que se había empobrecido— que ninguna persona viene al mundo para ser oprimida; somos hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre, nacidos para ser libres según la voluntad del Señor (cf.&nbsp;<em>Lv</em>&nbsp;25,17.25.43.46.55). &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. También hoy, el Jubileo es un evento que nos impulsa a buscar la justicia liberadora de Dios sobre toda la tierra. Al comienzo de este Año de gracia, en lugar del cuerno nosotros quisiéramos ponernos a la escucha del «grito desesperado de auxilio» (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#1">1</a>) que, como la voz de la sangre de Abel el justo, se eleva desde muchas partes de la tierra (cf.&nbsp;<em>&nbsp;Gn</em>&nbsp;4,10), y que Dios nunca deja de escuchar. También nosotros nos sentimos llamados a ser voz de tantas situaciones de explotación de la tierra y de opresión del prójimo (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#2">2</a>). Dichas injusticias asumen a menudo la forma de lo que san Juan Pablo II definió como «estructuras de pecado»&nbsp;(<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#3">3</a>), porque no se deben sólo a la iniquidad de algunos, sino que se han consolidado —por así decirlo— y se sostienen en una complicidad extendida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/2024-jornada-mundial-paz-canva-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-410999" style="width:446px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/2024-jornada-mundial-paz-canva-1024x1024.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/2024-jornada-mundial-paz-canva-300x300.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/2024-jornada-mundial-paz-canva-150x150.jpg 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/2024-jornada-mundial-paz-canva-768x768.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/2024-jornada-mundial-paz-canva-600x600.jpg 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/2024-jornada-mundial-paz-canva.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">4. Cada uno de nosotros debe sentirse responsable de algún modo por la devastación a la que está sometida nuestra casa común, empezando por esas acciones que, aunque sólo sea indirectamente, alimentan los conflictos que están azotando la humanidad. Así se fomentan y se entrelazan desafíos sistémicos, distintos pero interconectados, que asolan nuestro planeta&nbsp;(<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#4">4</a>). Me refiero, en particular, a las disparidades de todo tipo, al trato deshumano que se da a las personas migrantes, a la degradación ambiental, a la confusión generada culpablemente por la desinformación, al rechazo de toda forma de diálogo, a las grandes inversiones en la industria militar. Son todos factores de una amenaza concreta para la existencia de la humanidad en su conjunto. Por tanto, al comienzo de este año queremos ponernos a la escucha de este grito de la humanidad para que todos, juntos y personalmente, nos sintamos llamados a romper las cadenas de la injusticia y, así, proclamar la justicia de Dios. Hacer algún acto de filantropía esporádico no es suficiente. Se necesitan, por el contrario, cambios culturales y estructurales, de modo que también se efectúe un cambio duradero (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#5">5</a>).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>II.&nbsp;<em>Un cambio cultural: todos somos deudores</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">5. El evento jubilar nos invita a emprender diversos cambios, para afrontar la actual condición de injusticia y desigualdad, recordándonos que los bienes de la tierra no están destinados sólo a algunos privilegiados, sino a todos (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#6">6</a>) . Puede ser útil recordar lo que escribía san Basilio de Cesarea: «¿Qué cosa, dime, te pertenece? ¿De dónde la has tomado para ponerla en tu vida? […] ¿Acaso no saliste desnudo del vientre de tu madre?, ¿no tornarás desnudo nuevamente a la tierra? Los bienes presentes, ¿de dónde te vienen? Si dices del azar, eres impío, porque no reconoces al Creador, ni das gracias al que te ha dado» (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#7">7</a>). Cuando falta la gratitud, el hombre deja de reconocer los dones de Dios. Sin embargo, el Señor, en su misericordia infinita, no abandona a los hombres que pecan contra Él; confirma más bien el&nbsp;<em>don</em>&nbsp;de la vida con el&nbsp;<em>perdón</em>&nbsp;de la salvación, ofrecido a todos mediante Jesucristo. Por eso, enseñándonos el “Padre nuestro”, Jesús nos invita a pedir: «Perdona nuestras ofensas» (&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;6,12).</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Cuando una persona ignora el propio vínculo con el Padre, comienza a albergar la idea de que las relaciones con los demás puedan ser gobernadas por una lógica de explotación, donde el más fuerte pretende tener el derecho de abusar del más débil (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#8">8</a>). Como las élites en el tiempo de Jesús, que se aprovechaban de los sufrimientos de los más pobres, así hoy en la aldea global interconectada (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#9">9</a>), el sistema internacional, si no se alimenta de lógicas de solidaridad y de interdependencia, genera injusticias, exacerbadas por la corrupción, que atrapan a los países más pobres. La lógica de la explotación del deudor también describe sintéticamente la actual “crisis de la deuda” que afecta a diversos países, sobre todo del sur del mundo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-esperanza-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-411073" style="width:378px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-esperanza-1024x1024.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-esperanza-300x300.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-esperanza-150x150.jpg 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-esperanza-768x768.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-esperanza-600x600.jpg 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-esperanza.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">7. No me canso de repetir que la deuda externa se ha convertido en un instrumento de control, a través del cual algunos gobiernos e instituciones financieras privadas de los países más ricos no tienen escrúpulos de explotar de manera indiscriminada los recursos humanos y naturales de los países más pobres, a fin de satisfacer las exigencias de los propios mercados (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#10">10</a>). A esto se agrega que diversas poblaciones, más abrumadas por la deuda internacional, también se ven obligadas a cargar con el peso de la deuda ecológica de los países más desarrollados (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#11">11</a>). La deuda ecológica y la deuda externa son dos caras de una misma moneda de esta lógica de explotación que culmina en la crisis de la deuda (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#12">12</a>). Pensando en este Año jubilar, invito a la comunidad internacional a emprender acciones de remisión de la deuda externa, reconociendo la existencia de una deuda ecológica entre el norte y el sur del mundo. Es un llamamiento a la solidaridad, pero sobre todo a la justicia (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#13">13</a>).</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. El cambio cultural y estructural para superar esta crisis se realizará cuando finalmente nos reconozcamos todos hijos del Padre y, ante Él, nos confesemos todos deudores, pero también todos necesarios, necesitados unos de otros, según una lógica de responsabilidad compartida y diversificada. Podremos descubrir «definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros» (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#14">14</a>).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>III.&nbsp;<em>Un camino de esperanza: tres acciones posibles</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">9. Si nos dejamos tocar el corazón por estos cambios necesarios, el Año de gracia del jubileo podrá reabrir la vía de la esperanza para cada uno de nosotros. La esperanza nace de la experiencia de la misericordia de Dios, que es siempre ilimitada (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#15">15</a>).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios, que no debe nada a nadie, continúa otorgando sin cesar gracia y misericordia a todos los hombres. Isaac de Nínive, un Padre de la Iglesia oriental del siglo VII, escribía: «Tu amor es más grande que mis ofensas. Insignificantes son las olas del mar respecto al número de mis pecados; pero, si pesamos mis pecados, respecto a tu amor, se esfuman como la nada» (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#16">16</a>). Dios no calcula el mal cometido por el hombre, sino que es inmensamente «rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó» (&nbsp;<em>Ef</em>&nbsp;2,4). Al mismo tiempo, escucha el grito de los pobres y de la tierra. Bastaría detenerse un momento, al inicio de este año, y pensar en la gracia con la que cada vez perdona nuestros pecados y condona todas nuestras deudas, para que nuestro corazón se inunde de esperanza y de paz. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">10. Por eso Jesús, en la oración del “Padre nuestro”, establece una afirmación muy exigente: «como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», después de que hemos pedido al Padre la remisión de nuestras ofensas (cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;6,12). Para perdonar una ofensa a los demás y darles esperanza es necesario, en efecto, que la propia vida esté llena de esa misma esperanza que llega de la misericordia de Dios. La esperanza es sobreabundante en la generosidad, no calcula, no exige cuentas a los deudores, no se preocupa de la propia ganancia, sino que tiene como punto de mira un sólo fin: levantar al que está caído, vendar los corazones heridos, liberar de toda forma de esclavitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">11. Al inicio de este Año de gracia, quisiera, por tanto, sugerir tres acciones que puedan restaurar la dignidad en la vida de poblaciones enteras y volver a ponerlas en camino sobre la vía de la esperanza, para que se supere la crisis de la deuda y todos puedan volver a reconocerse deudores perdonados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre todo, retomo el llamamiento lanzado por san Juan Pablo II con ocasión del Jubileo del año 2000, de pensar «en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional, que grava sobre el destino de muchas naciones» (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#17">17</a>). Que, reconociendo la deuda ecológica, los países más ricos se sientan llamados a hacer lo posible para condonar las deudas de esos países que no están en condiciones de devolver lo que deben. Ciertamente, para que no se trate de un acto aislado de beneficencia, que lleve a correr el riesgo de desencadenar nuevamente un círculo vicioso de financiación-deuda, es necesario, al mismo tiempo, el desarrollo de una nueva arquitectura financiera, que lleve a la creación de un Documento financiero global, fundado en la solidaridad y la armonía entre los pueblos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, pido un compromiso firme para promover el respeto de la dignidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, para que toda persona pueda amar la propia vida y mirar al futuro con esperanza, deseando el desarrollo y la felicidad para sí misma y para sus propios hijos. Sin esperanza en la vida, en efecto, es difícil que surja en el corazón de los más jóvenes el deseo de generar otras vidas. Aquí, en particular quisiera invitar una vez más a un gesto concreto que pueda favorecer la cultura de la vida. Me refiero a la eliminación de la pena de muerte en todas las naciones. Esta medida, en efecto, además de comprometer la inviolabilidad de la vida, destruye toda esperanza humana de perdón y de renovación (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#18">18</a>).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="724" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-tres-acciones-724x1024.jpg" alt="" class="wp-image-411074" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-tres-acciones-724x1024.jpg 724w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-tres-acciones-212x300.jpg 212w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-tres-acciones-768x1086.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-tres-acciones-1086x1536.jpg 1086w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/01/JMP25-tres-acciones.jpg 1131w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Me atrevo también a volver a lanzar otro llamamiento, apelándome a&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">san Pablo VI</a>&nbsp;y a&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Benedicto XVI</a>&nbsp;(<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#19">19</a>), para las jóvenes generaciones, en este tiempo marcado por las guerras: utilicemos al menos un porcentaje fijo del dinero empleado en los armamentos para la constitución de un Fondo mundial que elimine definitivamente el hambre y facilite en los países más pobres actividades educativas también dirigidas a promover el desarrollo sostenible, contrastando el cambio climático (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#20">20</a>). Debemos buscar que se elimine todo pretexto que pueda impulsar a los jóvenes a imaginar el propio futuro sin esperanza, o bien como una expectativa para vengar la sangre de sus seres queridos. El futuro es un don para superar los errores del pasado, para construir nuevos caminos de paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>IV.&nbsp;<em>La meta de la paz</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">12. Aquellos que emprenderán, por medio de los gestos sugeridos, el camino de la esperanza, podrán ver cada vez más cercana la tan anhelada meta de la paz. El salmista nos confirma en esta promesa: cuando «el Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán» (&nbsp;<em>Sal</em>&nbsp;85,11). Cuando me despojo del arma del préstamo y restituyo la vía de la esperanza a una hermana o a un hermano, contribuyo al restablecimiento de la justicia de Dios en esta tierra y me encamino con esta persona hacia la meta de la paz. Como decía san Juan XXIII, la verdadera paz sólo podrá nacer de un corazón desarmado de la angustia y el miedo de la guerra (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#21">21</a>).</p>



<p class="wp-block-paragraph">13. Que el 2025 sea un año en el que crezca la paz. Esa paz real y duradera, que no se detiene en las objeciones de los contratos o en las mesas de compromisos humanos (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#22">22</a>). Busquemos la verdadera paz, que es dada por Dios a un corazón desarmado: un corazón que no se empecina en calcular lo que es mío y lo que es tuyo; un corazón que disipa el egoísmo en la prontitud de ir al encuentro de los demás; un corazón que no duda en reconocerse deudor respecto a Dios y por eso está dispuesto a perdonar las deudas que oprimen al prójimo; un corazón que supera el desaliento por el futuro con la esperanza de que toda persona es un bien para este mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">14. El desarme del corazón es un gesto que involucra a todos, a los primeros y a los últimos, a los pequeños y a los grandes, a los ricos y a los pobres. A veces, es suficiente algo sencillo, como «una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un servicio gratuito» (<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/#23">23</a>). Con estos pequeños-grandes gestos, nos acercamos a la meta de la paz y la alcanzaremos más rápido; es más, a lo largo del camino, junto a los hermanos y hermanas reunidos, nos descubriremos ya cambiados respecto a cómo habíamos partido. En efecto, la paz no se alcanza sólo con el final de la guerra, sino con el inicio de un mundo nuevo, un mundo en el que nos descubrimos diferentes, más unidos y más hermanos de lo que habíamos imaginado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">15. ¡Concédenos tu paz, Señor! Esta es la oración que elevo a Dios, mientras envío mis mejores deseos para el año nuevo a los jefes de estado y de gobierno, a los responsables de las organizaciones internacionales, a los líderes de las diversas religiones, a todas las personas de buena voluntad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdona nuestras ofensas, Señor,<br>como nosotros perdonamos a los que nos ofenden,<br>y en este círculo de perdón concédenos tu paz,<br>esa paz que sólo Tú puedes dar<br>a quien se deja desarmar el corazón,<br>a quien con esperanza quiere remitir las deudas de los propios hermanos,<br>a quien sin temor confiesa de ser tu deudor,<br>a quien no permanece sordo al grito de los más pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2024</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">FRANCISCO</p>



<p class="wp-block-paragraph">__________________________________</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="1">[1]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025</a>&nbsp;</em>(9 mayo 2024), 8.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="2">[2]&nbsp;Cf. S. Juan Pablo II, Carta ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1994/documents/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Tertio millennio adveniente</a></em>&nbsp;(10 noviembre 1994), 51.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="3">[3]&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Sollicitudo rei socialis</a></em>&nbsp;(30 diciembre 1987), 36.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="4">[4]&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Discurso a los participantes en el Encuentro promovido por las Academias Pontificias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales&nbsp;</em>(16 mayo 2024).</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="5">[5]&nbsp;Cf. Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/20231004-laudate-deum.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudate Deum</a></em>&nbsp;(4 octubre 2023), 70.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="6">[6]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 202</a>5&nbsp;</em>(9 mayo 2024), 16.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="7">[7]&nbsp;<em>Homilia de avaritia</em>, 7:&nbsp;&nbsp;<em>PG</em>&nbsp;31, 275.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="8">[8]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#123." target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 123.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="9">[9]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2020/documents/papa-francesco_20200902_udienza-generale.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Catequesis</a></em>&nbsp;(2 septiembre 2020):&nbsp;<em>L’Osservatore Romano</em>, ed. semanal en lengua española (4 septiembre 2020), p. 12.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="10">[10]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2024/june/documents/20240605-incontro-pas.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Discurso a los participantes en el Encuentro “Abordando la crisis de deuda en el Sur Global”</a></em>&nbsp;(5 junio 2024).</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="11">[11]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/december/documents/20231202-dubai-cop28.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Discurso a la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ― COP 28</a></em>&nbsp;(2 diciembre 2023).</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="12">[12]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2024/june/documents/20240605-incontro-pas.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Discurso a los participantes en el Encuentro “Abordando la crisis de deuda en el Sur Global”</a></em>&nbsp;(5 junio 2024).</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="13">[13]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025</a>&nbsp;</em>(9 mayo 2024), 16.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="14">[14]&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fratelli tutti</a></em>&nbsp;(3 octubre 2020), 35.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="15">[15]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025</a>&nbsp;</em>(9 mayo 2024), 23.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="16">[16]&nbsp;<em>Discurso X&nbsp;</em>(Tercera colección),&nbsp;&nbsp;<em>Oración</em>, 100-101:&nbsp;&nbsp;<em>CSCO</em>&nbsp;638,&nbsp;115. San Agustín incluso llega a afirmar que Dios no deja de hacerse deudor del hombre: «Porque aunque “tu misericordia es infinita”, tienes a bien hacerte deudor con promesas de aquellos mismos a quienes tú perdonas todas sus deudas» (cf.&nbsp;&nbsp;<em>Confesiones</em>, 5,9,17:&nbsp;&nbsp;<em>PL&nbsp;</em>32, 714).</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="17">[17]&nbsp; Carta ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1994/documents/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Tertio millennio adveniente</a></em>&nbsp;(10 noviembre 1994), 51.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="18">[18]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025</a>&nbsp;</em>(9 mayo 2024), 10.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="19">[19]&nbsp;Cf. S. Pablo VI, Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Populorum progressio</a></em>&nbsp;(26 marzo 1967), 51; Benedicto XVI,&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/january/documents/hf_ben-xvi_spe_20060109_diplomatic-corps.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede</a></em>&nbsp;(9 enero 2006); Íd., Exhort. ap. postsin.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Sacramentum caritatis</a></em>&nbsp;(22 febrero 2007), 90.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="20">[20]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fratelli tutti</a></em>&nbsp;(3 octubre 2020), 262;&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2024/january/documents/20240108-corpo-diplomatico.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede</a></em>&nbsp;(8 enero 2024);&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/december/documents/20231202-dubai-cop28.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Discurso a la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ― COP 28</a></em>&nbsp;(2 diciembre 2023).</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="21">[21]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Pacem in terris</a></em>&nbsp;(11 abril 1963), 113.</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="22">[22]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2024/june/documents/20240607-commemorazione.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Conmemoración en el décimo aniversario de la “Invocación a la paz en Tierra Santa”</a></em>&nbsp;(7 junio 2024).</p>



<p class="wp-block-paragraph" id="23">[23]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025</a>&nbsp;</em>(9 mayo 2024), 18.</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2025/">Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2025</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El 1 de septiembre, celebremos el Misterio de la Creación</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/ecologiaintegral/el-1-de-septiembre-celebremos-el-misterio-de-la-creacion/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=el-1-de-septiembre-celebremos-el-misterio-de-la-creacion</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Jul 2024 08:31:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
		<category><![CDATA[Ecumenismo]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo de la Creación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En las últimas décadas, impulsado por el Espíritu Santo, el 1 de septiembre ha surgido como una importante celebración cristiana de la Creación. Recibe diversos nombres: «Día Mundial de Oración por la Creación», o las versiones más breves, «Fiesta de la Creación» o «Día de la Creación», como se denomina frecuentemente en la piedad popular. [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En las últimas décadas, impulsado por el Espíritu Santo, el 1 de septiembre ha surgido como una importante celebración cristiana de la Creación. Recibe diversos nombres: «<a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/ecologiaintegral/papa-francisco-mensaje-para-la-jornada-mundial-de-oracion-por-el-cuidado-de-la-creacion/">Día Mundial de Oración por la Creación</a>», o las versiones más breves, «Fiesta de la Creación» o «Día de la Creación», como se denomina frecuentemente en la piedad popular. La observancia histórica del 1 de septiembre por parte de la Iglesia Ortodoxa inspiró a otras Iglesias a seguir su ejemplo, comenzando por los organismos ecuménicos europeos en la década de 1990 y finalmente adoptada por el Consejo Mundial de Iglesias en 2008 y nuestra Iglesia Católica en 2015 tras la publicación de la encíclica <em>Laudato Si’</em><a id="_ftnref1" href="#_ftn1"><sup>[1]</sup></a><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la actualidad, casi todas las grandes confesiones religiosas cristianas se adhieren a esta celebración anual, a través de múltiples iniciativas y momentos de oración ecuménicos, para honrar a Dios Creador y el profundo Misterio de la Creación<a href="#_ftn2" id="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a>. Esta celebración se ha convertido en uno de los signos más alentadores de unidad ecuménica y en una respuesta profética a los «signos de los tiempos». Se hizo cada vez más popular a través del Tiempo de la Creación que ella misma inspiró, del 1 de septiembre al 4 de octubre, señalada ahora por la mayoría de las grandes denominaciones<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, a pesar de su creciente popularidad tanto en la piedad popular como en la colaboración ecuménica, los calendarios litúrgicos y los leccionarios de la mayoría de las Iglesias occidentales no hacen referencia a esta importante celebración.<a href="#_ftn4" id="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> A pesar de los profundos fundamentos teológicos de la Fiesta de la Creación, existe una brecha entre la vida litúrgica de nuestras respectivas Iglesias y la rica celebración ecuménica que nos reúne anualmente en esa ocasión.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="686" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/07/Diseno-Fiesta-Creacion-1024x686.png" alt="" class="wp-image-410286" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/07/Diseno-Fiesta-Creacion-1024x686.png 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/07/Diseno-Fiesta-Creacion-300x201.png 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/07/Diseno-Fiesta-Creacion-768x515.png 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/07/Diseno-Fiesta-Creacion-1536x1030.png 1536w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/07/Diseno-Fiesta-Creacion-2048x1373.png 2048w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/07/Diseno-Fiesta-Creacion-1320x885.png 1320w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Partiendo de la rica historia del 1 de septiembre en el calendario de las Iglesias orientales, en los últimos meses se viene reflexionando y trabajando para que las Iglesias occidentales disciernan una institución conjunta de la Fiesta de la Creación en sus respectivos calendarios litúrgicos y leccionarios. En esta labor de discernimiento conjunto está presente nuestra Iglesia a través del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El camino es ver si esta celebración &#8211; con el misterio teológico que representa &#8211; merece ser elevada de su actual rango de «Jornada Mundial de Oración» para convertirse en una fiesta litúrgica,<a href="#_ftn5" id="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> enriqueciendo el leccionario a la luz de «este momento histórico» de forma ecuménica, como propone el Sínodo sobre la Biblia de 2008<a href="#_ftn6" id="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un paso así podría ser ideal en el 2025, dados los 1700 años de Nicea, arrojando luz sobre la proclamación del Credo «Creo en un solo Señor Jesucristo&#8230; por Él fueron hechas todas las cosas». De hecho, la fiesta de la Creación podría enriquecer el carácter cristológico del año litúrgico, conmemorando el papel de Cristo «en el principio», cuando «todas las cosas fueron creadas por medio de Él» (Colosenses 1, 16; véase, Juan 1, 3).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cabe destacar que en varios idiomas (en inglés, en español, etc.) la palabra «Creación» tiene varios significados, pero en italiano se hace una distinción útil acuñando palabras específicas para dos significados distintos de «Creación»:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong><em>la Creazione</em></strong><strong>, </strong>que<em> </em>designa ante todo el <em>acto </em>creador del cosmos por parte de Dios, es decir, la Creación como misterio teológico (<em>creatio </em>en latín).</li>



<li><strong><em>il Creato, </em></strong>que representa el <em>resultado </em>del acto de la creación, el fruto de <em>la Creazione </em>&#8211; es decir, la Creación como universo creado, o todo lo creado (<em>cuncta creata </em>en latín).</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Naturalmente, ambos significados están íntimamente relacionados, ya que il <em>Creato </em>también nos sirve de puerta inicial para meditar sobre el misterio de <em>la Creazione</em>. Sin embargo, la Fiesta de la Creación se interpreta a veces erróneamente como una mera celebración de il <em>Creato </em>que pasa por alto el significado de la <em>Creazione</em>. Esto se debe, en parte, a la frecuente denominación del 1 de septiembre como «Jornada Mundial de Oración por la Creación», que implica il <em>Creato </em>más que <em>la Creazione</em><a href="#_ftn7" id="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a><em>.</em> En cambio, es la noción de la <em>Creazione </em>la que deberíamos celebrar y conmemorar más intencionadamente el 1 de septiembre, como fuente de la sacralidad y sacramentalidad de il <em>Creato</em>. De hecho, esta noción se encuentra en el núcleo de la fiesta, ya que es el simbolismo mismo de la antigua tradición del 1 de septiembre como día que conmemora la creación del cosmos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras palabras, no se trata de una observancia temática aleatoria relacionada con un objeto específico de interés, es decir, la creación como <em>il Creato</em>, ni de una observancia devocional accesoria<a href="#_ftn8" id="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a>. Más bien, es una oportunidad para celebrar al Dios Trino como Creador, ponderando el misterio de <em>la Creazione </em>como:</p>



<ol start="1" class="wp-block-list">
<li><strong>un misterio teológico fundacional</strong>, en sentido amplio, es decir, el fundamento ontológico del misterio de la salvación,</li>



<li><strong>un misterio cristológico fundacional</strong>, más concretamente, y</li>



<li><strong>un acontecimiento fundacional </strong>de la historia de la salvación, es decir, el primer acto de Dios entre los <em>magnalia Dei </em>(los grandes prodigios divinos).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">Cada uno de estos tres puntos mereció una exploración profunda durante el seminario tenido en Asís, los días 15 y 16 de marzo del 2024, en el que se dieron los primeros pasos para discernir y validar si la Fiesta de la Creación merece realmente ser elevada a fiesta litúrgica, como momento para ponderar ese misterio y conmemorar ese acontecimiento «en el principio»<em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisamente de todo lo anterior se conversó durante el seminario en línea del 24 de julio pasado<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>, en el que participó el director del departamento de Ecología Integral, fray Eduardo Agosta, y se compartieron los siguientes pasos a seguir dando para este importante discernimiento.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">*Fray Eduardo Agosta Scarel, O.Carm, es el Director del Departamento de Ecología Integral de la CEE</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1"><sup>[1]</sup></a> Comité Central del CMI, <a href="https://www.oikoumene.org/resources/documents/minute-on-global-warming-and-climate-change"><em>«Sed administradores de la creación de Dios»</em></a>, 20 de febrero de 2008; y Papa Francisco, <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/en/letters/2015/documents/papa-francesco_20150806_lettera-giornata-cura-creato.html"><em>Carta para la instauración de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación</em></a>, 6 de agosto de 2015.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Tanto el Patriarca Ecuménico como el Papa emiten declaraciones anuales para animar la celebración del 1 de septiembre (desde 1989 y 2015 respectivamente), así como muchos otros líderes. En varias ocasiones se han hecho declaraciones conjuntas &#8211; por ejemplo, la <a href="http://www.christianunity.va/content/unitacristiani/en/papa-francesco/2021/messages/joint-message-for-the-protection-of-creation.html">declaración</a> del 1 de septiembre de 2021.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Véase la lista de confesiones que respaldan esta celebración no litúrgica en: <a href="https://seasonofcreation.org/es/about-es/">https://seasonofcreation.org/es/about-es/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> Es necesario investigar para comprender las posibles adaptaciones nacionales del Leccionario en algunas confesiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> Por ejemplo, a la par de las más de 40 fiestas clasificadas como Solemnidad o Fiesta en el caso católico romano, siguiendo los pasos de las “nuevas fiestas»”instituidas en el siglo pasado, como la Fiesta de la Sagrada Familia (1921), la Fiesta de Cristo Rey (1925) y la Fiesta del Bautismo del Señor (1955).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> El Sínodo de la Iglesia Católica sobre la Biblia de 2008 recomendó ajustar el leccionario para apoyar mejor “la misión de la Iglesia en este momento histórico” y “en diálogo con los interlocutores ecuménicos que utilizan este leccionario común” (<a href="https://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20081025_elenco-prop-finali_it.html#Lezionario">Proposiciones finales del Sínodo</a>, 25 de octubre de 2008, proposición 16).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref7" id="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> Además, por ejemplo, en el caso de la Iglesia católica, la observancia tiene actualmente el mismo rango que docenas de otras “Jornadas Mundiales de Oración”, lo que parece implicar que la Creación no es más que otra preocupación temática con igual importancia que los muchos otros temas de tales jornadas de oración -como los abuelos, la trata de seres humanos, las vocaciones, la Iglesia en China, la santificación de los sacerdotes, etc.-. Evidentemente, el gran misterio teológico de la <em>Creación (Creazione) </em>pertenece a una categoría diferente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref8" id="_ftn8"><sup>[8]</sup></a> Por ejemplo, en nuestro caso católico sería muy insuficiente que se tratara de una Misa Votiva opcional, ya que casi todas las Misas Votivas del Misal (21 de 22) tienen una fiesta correspondiente en el calendario.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> Seminario interno organizado por Consejo Mundial de Iglesias, Comunión Anglicana, Federación Luterana Mundial, Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, Consejo Metodista Mundial y el Instituto de Investigación <em>Laudato Si’</em> de los jesuitas en Reino Unido.</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Inteligencia artificial y paz</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/inteligencia-artificial-y-paz/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=inteligencia-artificial-y-paz</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Dec 2023 12:36:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Inteligencia artificial]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>MENSAJEDE SU SANTIDADFRANCISCOPARA LA CELEBRACIÓN DE LA57 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 1 DE ENERO DE 2024 Al iniciar el año nuevo, tiempo de gracia que el Señor nos da a cada uno de nosotros, quisiera dirigirme al Pueblo de Dios, a las naciones, a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los Representantes [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/inteligencia-artificial-y-paz/">Inteligencia artificial y paz</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">MENSAJE<br>DE SU SANTIDAD<br><strong>FRANCISCO</strong><br>PARA LA CELEBRACIÓN DE LA<br><strong>57 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ</strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">1 DE ENERO DE 2024</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<p class="responsive-video-wrap clr"><iframe title="Inteligencia Artificial y Paz" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/2BKeOFbTjUo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></p>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Al iniciar el año nuevo, tiempo de gracia que el Señor nos da a cada uno de nosotros, quisiera dirigirme al Pueblo de Dios, a las naciones, a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los Representantes de las distintas religiones y de la sociedad civil, y a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo para expresarles mis mejores deseos de paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">1.&nbsp;<em>El progreso de la ciencia y de la tecnología como camino hacia la paz</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Sagrada Escritura atestigua que Dios ha dado a los hombres su Espíritu para que tengan «habilidad, talento y experiencia en la ejecución de toda clase de trabajos» (<em>Ex&nbsp;</em>35,31). La inteligencia es expresión de la dignidad que nos ha dado el Creador al hacernos a su imagen y semejanza (cf.&nbsp;<em>Gn&nbsp;</em>1,26) y nos ha hecho capaces de responder a su amor a través de la libertad y del conocimiento. La ciencia y la tecnología manifiestan de modo particular esta cualidad fundamentalmente relacional de la inteligencia humana, ambas son producto extraordinario de su potencial creativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la Constitución pastoral&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html">Gaudium et spes</a></em>,&nbsp;el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>&nbsp;ha insistido en esta verdad, declarando que «siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida».&nbsp;[1] Cuando los seres humanos, «con ayuda de los recursos técnicos», se esfuerzan para que la tierra «llegue a ser morada digna de toda la familia humana»,&nbsp;[2] actúan según el designio de Dios y cooperan con su voluntad de llevar a cumplimiento la creación y difundir la paz entre los pueblos. Asimismo, el progreso de la ciencia y de la técnica, en la medida en que contribuye a un mejor orden de la sociedad humana y a acrecentar la libertad y la comunión fraterna, lleva al perfeccionamiento del hombre y a la transformación del mundo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-408105" style="width:365px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1-1024x1024.png 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1-300x300.png 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1-150x150.png 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1-768x768.png 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1-600x600.png 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1.png 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Nos alegramos justamente y agradecemos las extraordinarias conquistas de la ciencia y de la tecnología, gracias a las cuales se ha podido poner remedio a innumerables males que afectaban a la vida humana y causaban grandes sufrimientos. Al mismo tiempo, los progresos técnico-científicos, haciendo posible el ejercicio de un control sobre la realidad, nunca visto hasta ahora, están poniendo en las manos del hombre una vasta gama de posibilidades, algunas de las cuales representan un riesgo para la supervivencia humana y un peligro para la casa común.&nbsp;<a></a>[3]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los notables progresos de las nuevas tecnologías de la información, especialmente en la esfera digital, presentan, por tanto, entusiasmantes oportunidades y graves riesgos, con serias implicaciones para la búsqueda de la justicia y de la armonía entre los pueblos. Por consiguiente, es necesario plantearse algunas preguntas urgentes. ¿Cuáles serán las consecuencias, a medio y a largo plazo, de las nuevas tecnologías digitales? ¿Y qué impacto tendrán sobre la vida de los individuos y de la sociedad, sobre la estabilidad internacional y sobre la paz?</p>



<p class="wp-block-paragraph">2.&nbsp;<em>El futuro de la inteligencia artificial entre promesas y riesgos</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los progresos de la informática y el desarrollo de las tecnologías digitales en los últimos decenios ya han comenzado a producir profundas transformaciones en la sociedad global y en sus dinámicas. Los nuevos instrumentos digitales están cambiando el rostro de las comunicaciones, de la administración pública, de la instrucción, del consumo, de las interacciones personales y de otros innumerables aspectos de la vida cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, las tecnologías que usan un gran número de algoritmos pueden extraer, de los rastros digitales dejados en internet, datos que permiten controlar los hábitos mentales y relacionales de las personas con fines comerciales o políticos, frecuentemente sin que ellos lo sepan, limitándoles el ejercicio consciente de la libertad de elección. De hecho, en un espacio como la web, caracterizado por una sobrecarga de información, se puede estructurar el flujo de datos según criterios de selección no siempre percibidos por el usuario.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-408106" style="width:366px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-1024x1024.png 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-300x300.png 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-150x150.png 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-768x768.png 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz-600x600.png 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/JMP-Inteligencia-artificial-y-paz.png 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Debemos recordar que la investigación científica y las innovaciones tecnológicas no están desencarnadas de la realidad ni son «neutrales»,&nbsp;<a></a>[4] sino que están sujetas a las influencias culturales. En cuanto actividades plenamente humanas, las direcciones que toman reflejan decisiones condicionadas por los valores personales, sociales y culturales de cada época. Lo mismo se diga de los resultados que consiguen. Estas, precisamente en cuanto fruto de planteamientos específicamente humanos hacia el mundo circunstante, tienen siempre una dimensión ética, estrictamente ligada a las decisiones de quien proyecta la experimentación y enfoca la producción hacia objetivos particulares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto vale también para las formas de inteligencia artificial, para la cual, hasta hoy, no existe una definición unívoca en el mundo de la ciencia y de la tecnología. El término mismo, que ha entrado ya en el lenguaje común, abraza una variedad de ciencias, teorías y técnicas dirigidas a hacer que las máquinas reproduzcan o imiten, en su funcionamiento, las capacidades cognitivas de los seres humanos. Hablar en plural de “formas de inteligencia” puede ayudar a subrayar sobre todo la brecha infranqueable que existe entre estos sistemas y la persona humana, por más sorprendentes y potentes que sean. Estos son, a fin de cuentas, “fragmentarios”, en el sentido de que sólo pueden imitar o reproducir algunas funciones de la inteligencia humana. El uso del plural pone en evidencia además que estos dispositivos, muy distintos entre sí, se deben considerar siempre como “sistemas socio-técnicos”. En efecto, su impacto, independientemente de la tecnología de base, no sólo depende del proyecto, sino también de los objetivos y de los intereses del que los posee y del que los desarrolla, así como de las situaciones en las que se usan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inteligencia artificial, por tanto, debe ser entendida como una galaxia de realidades distintas y no podemos presumir&nbsp;<em>a priori&nbsp;</em>que su desarrollo aporte una contribución benéfica al futuro de la humanidad y a la paz entre los pueblos. Tal resultado positivo sólo será posible si somos capaces de actuar de forma responsable y de respetar los valores humanos fundamentales como «la inclusión, la transparencia, la seguridad, la equidad, la privacidad y la responsabilidad».&nbsp;<a></a>[5]</p>



<p class="wp-block-paragraph">No basta ni siquiera suponer, de parte de quien proyecta algoritmos y tecnologías digitales, un compromiso de actuar de forma ética y responsable. Es preciso reforzar o, si es necesario, instituir organismos encargados de examinar las cuestiones éticas emergentes y de tutelar los derechos de los que utilizan formas de inteligencia artificial o reciben su influencia.&nbsp;<a></a>[6]</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inmensa expansión de la tecnología, por consiguiente, debe ser acompañada, para su desarrollo, por una adecuada formación en la responsabilidad. La libertad y la convivencia pacífica están amenazadas cuando los seres humanos ceden a la tentación del egoísmo, del interés personal, del afán de lucro y de la sed de poder. Tenemos por ello el deber de ensanchar la mirada y de orientar la búsqueda técnico-científica hacia la consecución de la paz y del bien común, al servicio del desarrollo integral del hombre y de la comunidad.&nbsp;<a></a>[7]</p>



<p class="wp-block-paragraph">La dignidad intrínseca de cada persona y la fraternidad que nos vincula como miembros de una única familia humana, deben estar en la base del desarrollo de las nuevas tecnologías y servir como criterios indiscutibles para valorarlas antes de su uso, de modo que el progreso digital pueda realizarse en el respeto de la justicia y contribuir a la causa de la paz. Los desarrollos tecnológicos que no llevan a una mejora de la calidad de vida de toda la humanidad, sino que, por el contrario, agravan las desigualdades y los confictos, no podrán ser considerados un verdadero progreso.&nbsp;[8]</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inteligencia artificial será cada vez más importante. Los desafíos que plantea no son sólo técnicos, sino también antropológicos, educativos, sociales y políticos. Promete, por ejemplo, un ahorro de esfuerzos, una producción más eficiente, transportes más ágiles y mercados más dinámicos, además de una revolución en los procesos de recopilación, organización y verificación de los datos. Es necesario ser conscientes de las rápidas transformaciones que están ocurriendo y gestionarlas de modo que se puedan salvaguardar los derechos humanos fundamentales, respetando las instituciones y las leyes que promueven el desarrollo humano integral. La inteligencia artificial debería estar al servicio de un mejor potencial humano y de nuestras más altas aspiraciones, no en competencia con ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3.&nbsp;<em>La tecnología del futuro: máquinas que aprenden solas</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En sus múltiples formas la inteligencia artificial, basada en técnicas de aprendizaje automático (<em>machine learning</em>), aunque se encuentre todavía en una fase pionera, ya está introduciendo cambios notables en el tejido de las sociedades, ejercitando una profunda influencia en las culturas, en los comportamientos sociales y en la construcción de la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desarrollos como el&nbsp;<em>machine learning&nbsp;</em>o como el aprendizaje profundo (<em>deep learning</em>) plantean cuestiones que trascienden los ámbitos de la tecnología y de la ingeniería y tienen que ver con una comprensión estrictamente conectada con el significado de la vida humana, los procesos básicos del conocimiento y la capacidad de la mente de alcanzar la verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La habilidad de algunos dispositivos para producir textos sintáctica y semánticamente coherentes, por ejemplo, no es garantía de confiabilidad. Se dice que pueden “alucinar”, es decir, generar afirmaciones que a primera vista parecen plausibles, pero que en realidad son infundadas o delatan prejuicios. Esto crea un serio problema cuando la inteligencia artificial se emplea en campañas de desinformación que difunden noticias falsas y llevan a una creciente desconfianza hacia los medios de comunicación. La confidencialidad, la posesión de datos y la propiedad intelectual son otros ámbitos en los que las tecnologías en cuestión plantean graves riesgos, a los que se añaden ulteriores consecuencias negativas unidas a su uso impropio, como la discriminación, la interferencia en los procesos electorales, la implantación de una sociedad que vigila y controla a las personas, la exclusión digital y la intensificación de un individualismo cada vez más desvinculado de la colectividad. Todos estos factores corren el riesgo de alimentar los conflictos y de obstaculizar la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">4.<em>&nbsp;El sentido del límite en el paradigma tecnocrático</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro mundo es demasiado vasto, variado y complejo para poder ser completamente conocido y clasificado. La mente humana nunca podrá agotar su riqueza, ni siquiera con la ayuda de los algoritmos más avanzados. Estos, de hecho, no ofrecen previsiones garantizadas del futuro, sino sólo aproximaciones estadísticas. No todo puede ser pronosticado, no todo puede ser calculado; al final «la realidad es superior a la idea»&nbsp;<a></a>[9] y, por más prodigiosa que pueda ser nuestra capacidad de cálculo, habrá siempre un residuo inaccesible que escapa a cualquier intento de cuantificación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, la gran cantidad de datos analizados por las inteligencias artificiales no es de por sí garantía de imparcialidad. Cuando los algoritmos extrapolan informaciones, siempre corren el riesgo de distorsionarlas, reproduciendo las injusticias y los prejuicios de los ambientes en los que se originan. Cuanto más veloces y complejos se vuelven, más difícil es comprender porqué han generado un determinado resultado.</p>



<figure class="wp-block-embed alignleft is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<div class="oceanwp-oembed-wrap clr"><blockquote class="twitter-tweet" data-width="550" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">Debemos trabajar para que la inteligencia artificial esté al servicio de la paz en el mundo y no sea una amenaza; y reflexionar sobre su impacto en el futuro de la familia humana. A ello he dedicado el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz. <a href="https://twitter.com/hashtag/GMP2024?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#GMP2024</a> <a href="https://twitter.com/vaticanIHD_ES?ref_src=twsrc%5Etfw">@vaticanihd_es</a></p>&mdash; Papa Francisco (@Pontifex_es) <a href="https://twitter.com/Pontifex_es/status/1735260847990317279?ref_src=twsrc%5Etfw">December 14, 2023</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></div>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Las máquinas inteligentes pueden efectuar las tareas que se les asignan cada vez con mayor eficiencia, pero el fin y el significado de sus operaciones continuarán siendo determinadas o habilitadas por seres humanos que tienen un propio universo de valores. El riesgo es que los criterios que están en la base de ciertas decisiones se vuelvan menos transparentes, que la responsabilidad decisional se oculte y que los productores puedan eludir la obligación de actuar por el bien de la comunidad. En cierto sentido, esto es favorecido por el sistema tecnocrático, que alía la economía con la tecnología y privilegia el criterio de la eficiencia, tendiendo a ignorar todo aquello que no está vinculado con sus intereses inmediatos.&nbsp;<a></a>[10]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto debe hacernos reflexionar sobre el “sentido del límite”, un aspecto a menudo descuidado en la mentalidad actual, tecnocrática y eficientista, y sin embargo decisivo para el desarrollo personal y social. El ser humano, en efecto, mortal por definición, pensando en sobrepasar todo límite gracias a la técnica, corre el riesgo, en la obsesión de querer controlarlo todo, de perder el control de sí mismo, y en la búsqueda de una libertad absoluta, de caer en la espiral de una dictadura tecnológica. Reconocer y aceptar el propio límite de criatura es para el hombre condición indispensable para conseguir o, mejor, para acoger la plenitud como un don. En cambio, en el contexto ideológico de un paradigma tecnocrático, animado por una prometeica presunción de autosuficiencia, las desigualdades podrían crecer de forma desmesurada, y el conocimiento y la riqueza acumularse en las manos de unos pocos, con graves riesgos para las sociedades democráticas y la coexistencia pacífica.&nbsp;<a></a>[11]</p>



<p class="wp-block-paragraph">5.&nbsp;<em>Temas candentes para la ética</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el futuro, la fiabilidad de quien pide un préstamo, la idoneidad de un individuo para un trabajo, la posibilidad de reincidencia de un condenado o el derecho a recibir asilo político o asistencia social podrían ser determinados por sistemas de inteligencia artificial. La falta de niveles diversificados de mediación que estos sistemas introducen está particularmente expuesta a formas de prejuicio y discriminación. Los errores sistémicos pueden multiplicarse fácilmente, produciendo no sólo injusticias en casos concretos sino también, por efecto dominó, auténticas formas de desigualdad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, con frecuencia las formas de inteligencia artificial parecen capaces de influenciar las decisiones de los individuos por medio de opciones predeterminadas asociadas a estímulos y persuasiones, o mediante sistemas de regulación de las elecciones personales basados en la organización de la información. Estas formas de manipulación o de control social requieren una atención y una supervisión precisas, e implican una clara responsabilidad legal por parte de los productores, de quienes las usan y de las autoridades gubernamentales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La dependencia de procesos automáticos que clasifican a los individuos, por ejemplo, por medio del uso generalizado de la vigilancia o la adopción de sistemas de crédito social, también podría tener repercusiones profundas en el entramado social, estableciendo categorizaciones impropias entre los ciudadanos. Y estos procesos artificiales de clasificación podrían llevar incluso a conflictos de poder, no sólo en lo que respecta a destinatarios virtuales, sino a personas de carne y hueso. El respeto fundamental por la dignidad humana postula rechazar que la singularidad de la persona sea identificada con un conjunto de datos. No debemos permitir que los algoritmos determinen el modo en el que entendemos los derechos humanos, que dejen a un lado los valores esenciales de la compasión, la misericordia y el perdón o que eliminen la posibilidad de que un individuo cambie y deje atrás el pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este contexto, no podemos dejar de considerar el impacto de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral. Trabajos que en un tiempo eran competencia exclusiva de la mano de obra humana son rápidamente absorbidos por las aplicaciones industriales de la inteligencia artificial. También en este caso se corre el riesgo sustancial de un beneficio desproporcionado para unos pocos a costa del empobrecimiento de muchos. El respeto de la dignidad de los trabajadores y la importancia de la ocupación para el bienestar económico de las personas, las familias y las sociedades, la seguridad de los empleos y la equidad de los salarios deberían constituir una gran prioridad para la comunidad internacional, a medida que estas formas de tecnología se van introduciendo cada vez más en los lugares de trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6.<em>¿Transformaremos las espadas en arados?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos días, mirando el mundo que nos rodea, no podemos eludir las graves cuestiones éticas vinculadas al sector de los armamentos. La posibilidad de conducir operaciones militares por medio de sistemas de control remoto ha llevado a una percepción menor de la devastación que estos han causado y de la responsabilidad en su uso, contribuyendo a un acercamiento aún más frío y distante a la inmensa tragedia de la guerra. La búsqueda de las tecnologías emergentes en el sector de los denominados “sistemas de armas autónomos letales”, incluido el uso bélico de la inteligencia artificial, es un gran motivo de preocupación ética. Los sistemas de armas autónomos no podrán ser nunca sujetos moralmente responsables. La exclusiva capacidad humana de juicio moral y de decisión ética es más que un complejo conjunto de algoritmos, y dicha capacidad no puede reducirse a la programación de una máquina que, aun siendo “inteligente”, no deja de ser siempre una máquina. Por este motivo, es imperioso garantizar una supervisión humana adecuada, significativa y coherente de los sistemas de armas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco podemos ignorar la posibilidad de que armas sofisticadas terminen en las manos equivocadas facilitando, por ejemplo, ataques terroristas o acciones dirigidas a desestabilizar instituciones de gobierno legítimas. En resumen, realmente lo último que el mundo necesita es que las nuevas tecnologías contribuyan al injusto desarrollo del mercado y del comercio de las armas, promoviendo la locura de la guerra. Si lo hace así, no sólo la inteligencia, sino el mismo corazón del hombre correrá el riesgo de volverse cada vez más “artificial”. Las aplicaciones técnicas más avanzadas no deben usarse para facilitar la resolución violenta de los conflictos, sino para pavimentar los caminos de la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una óptica más positiva, si la inteligencia artificial fuese utilizada para promover el desarrollo humano integral, podría introducir importantes innovaciones en la agricultura, la educación y la cultura, un mejoramiento del nivel de vida de enteras naciones y pueblos, el crecimiento de la fraternidad humana y de la amistad social. En definitiva, el modo en que la usamos para incluir a los últimos, es decir, a los hermanos y las hermanas más débiles y necesitados, es la medida que revela nuestra humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una mirada humana y el deseo de un futuro mejor para nuestro mundo llevan a la necesidad de un diálogo interdisciplinar destinado a un desarrollo ético de los algoritmos —&nbsp;<em>la algorética</em>—, en el que los valores orienten los itinerarios de las nuevas tecnologías.&nbsp;<a></a>[12]Las cuestiones éticas deberían ser tenidas en cuenta desde el inicio de la investigación, así como en las fases de experimentación, planificación, distribución y comercialización. Este es el enfoque de la ética de la planificación, en el que las instituciones educativas y los responsables del proceso decisional tienen un rol esencial que desempeñar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">7.&nbsp;<em>Desafíos para la educación</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El desarrollo de una tecnología que respete y esté al servicio de la dignidad humana tiene claras implicaciones para las instituciones educativas y para el mundo de la cultura. Al multiplicar las posibilidades de comunicación, las tecnologías digitales nos han permitido nuevas formas de encuentro. Sin embargo, continúa siendo necesaria una reflexión permanente sobre el tipo de relaciones al que nos está llevando. Los jóvenes están creciendo en ambientes culturales impregnados de la tecnología y esto no puede dejar de cuestionar los métodos de enseñanza y formación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La educación en el uso de formas de inteligencia artificial debería centrarse sobre todo en promover el pensamiento crítico. Es necesario que los usuarios de todas las edades, pero sobre todo los jóvenes, desarrollen una capacidad de discernimiento en el uso de datos y de contenidos obtenidos en la web o producidos por sistemas de inteligencia artificial. Las escuelas, las universidades y las sociedades científicas están llamadas a ayudar a los estudiantes y a los profesionales a hacer propios los aspectos sociales y éticos del desarrollo y el uso de la tecnología.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La formación en el uso de nuevos instrumentos de comunicación debería considerar no sólo la desinformación, las falsas noticias, sino también el inquietante aumento de «miedos ancestrales que [&#8230;] han sabido esconderse y potenciarse detrás de nuevas tecnologías».&nbsp;<a></a>[13]Lamentablemente, una vez más nos encontramos teniendo que combatir “la tentación de hacer una cultura de muros, de levantar muros para impedir el encuentro con otras culturas, con otra gente”&nbsp;<a></a>[14]y el desarrollo de una coexistencia pacífica y fraterna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">8.&nbsp;<em>Desafíos para el desarrollo del derecho internacional</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El alcance global de la inteligencia artificial hace evidente que, junto a la responsabilidad de los estados soberanos de disciplinar internamente su uso, las organizaciones internacionales pueden desempeñar un rol decisivo en la consecución de acuerdos multilaterales y en la coordinación de su aplicación y actuación.&nbsp;<a></a>[15]A este propósito, exhorto a la comunidad de las naciones a trabajar unida para adoptar un tratado internacional vinculante, que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas. Naturalmente, el objetivo de la reglamentación no debería ser sólo la prevención de las malas prácticas, sino también alentar las mejores prácticas, estimulando planteamientos nuevos y creativos y facilitando iniciativas personales y colectivas.&nbsp;<a></a>[16]</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, en la búsqueda de modelos normativos que puedan proporcionar una guía ética a quienes desarrollan tecnologías digitales, es indispensable identificar los valores humanos que deberían estar en la base del compromiso de las sociedades para formular, adoptar y aplicar los marcos legislativos necesarios. El trabajo de redacción de las orientaciones éticas para la producción de formas de inteligencia artificial no puede prescindir de la consideración de cuestiones más profundas, relacionadas con el significado de la existencia humana, la tutela de los derechos humanos fundamentales y la búsqueda de la justicia y de la paz. Este proceso de discernimiento ético y jurídico puede revelarse como una valiosa ocasión para una reflexión compartida sobre el rol que la tecnología debería tener en nuestra vida personal y comunitaria y sobre cómo su uso podría contribuir a la creación de un mundo más justo y humano. Por este motivo, en los debates sobre la reglamentación de la inteligencia artificial, se debería tener en cuenta la voz de todas las partes interesadas, incluidos los pobres, los marginados y otros más que a menudo quedan sin ser escuchados en los procesos decisionales globales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">* * * * *</p>



<p class="wp-block-paragraph">Espero que esta reflexión anime a hacer que los progresos en el desarrollo de formas de inteligencia artificial contribuyan, en última instancia, a la causa de la fraternidad humana y de la paz. No es responsabilidad de unos pocos, sino de toda la familia humana. La paz, en efecto, es el fruto de relaciones que reconocen y acogen al otro en su dignidad inalienable, y de cooperación y esfuerzo en la búsqueda del desarrollo integral de todas las personas y de todos los pueblos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi oración al comienzo del nuevo año es que el rápido desarrollo de formas de inteligencia artificial no aumente las ya numerosas desigualdades e injusticias presentes en el mundo, sino que ayude a poner fin a las guerras y los conflictos, y a aliviar tantas formas de sufrimiento que afectan a la familia humana. Que los fieles cristianos, los creyentes de distintas religiones y los hombres y mujeres de buena voluntad puedan colaborar en armonía para aprovechar las oportunidades y afrontar los desafíos que plantea la revolución digital, y dejar a las generaciones futuras un mundo más solidario, justo y pacífico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2023</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">FRANCISCO</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="725" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-3-IA-y-paz_-desafios-y-riesgos-1_page-0001-1024x725.jpg" alt="" class="wp-image-408113" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-3-IA-y-paz_-desafios-y-riesgos-1_page-0001-1024x725.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-3-IA-y-paz_-desafios-y-riesgos-1_page-0001-300x212.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-3-IA-y-paz_-desafios-y-riesgos-1_page-0001-768x543.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-3-IA-y-paz_-desafios-y-riesgos-1_page-0001-1536x1087.jpg 1536w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-3-IA-y-paz_-desafios-y-riesgos-1_page-0001-1320x934.jpg 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-3-IA-y-paz_-desafios-y-riesgos-1_page-0001.jpg 1754w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="724" height="1024" data-id="408110" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-1-JMP24-1-724x1024.jpg" alt="" class="wp-image-408110" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-1-JMP24-1-724x1024.jpg 724w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-1-JMP24-1-212x300.jpg 212w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-1-JMP24-1-768x1086.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-1-JMP24-1-1086x1536.jpg 1086w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-1-JMP24-1-1448x2048.jpg 1448w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-1-JMP24-1-1320x1867.jpg 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-1-JMP24-1-scaled.jpg 1810w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="725" height="1024" data-id="408111" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-2-JMP24-725x1024.jpg" alt="" class="wp-image-408111" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-2-JMP24-725x1024.jpg 725w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-2-JMP24-212x300.jpg 212w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-2-JMP24-768x1085.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-2-JMP24-1087x1536.jpg 1087w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/12/Infografia-2-JMP24.jpg 1241w" sizes="(max-width: 725px) 100vw, 725px" /></figure>
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<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[1] N. 33.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[2]&nbsp;<em>Ibíd.</em>, n. 57.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[3] Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#104">Laudato si’</a>&nbsp;</em>(24 mayo 2015), 104.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[4] Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#114">ibíd.</a></em>, 114.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[5]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/march/documents/20230327-minerva-dialogues.html">Discurso a los participantes en el encuentro “Minerva Dialogues”</a>&nbsp;</em>(27 marzo 2023).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[6] Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/march/documents/20230327-minerva-dialogues.html">ibíd.</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[7] Cf.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2018/documents/papa-francesco_20180112_messaggio-davos2018.html"><em>Mensaje al Presidente Ejecutivo del “World Economic Forum” en Davos-Klosters</em></a>&nbsp;(12 enero 2018).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[8] Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#194">Laudato si’</a></em>, 194;&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/september/documents/papa-francesco_20190927_eradigitale.html">Discurso a los participantes en un Seminario sobre “El bien común en la era digital”</a></em>&nbsp;(27 septiembre 2019).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[9] Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#La_realidad_es_m%C3%A1s_importante_que_la_idea">Evangelii gaudium</a></em>&nbsp;(24 noviembre 2013), 233.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[10] Cf. Carta. enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#54">Laudato si’</a></em>, 54.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[11] Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2020/february/documents/papa-francesco_20200228_accademia-perlavita.html">Discurso a los participantes en la Plenaria de la Pontificia Academia para la Vida</a>&nbsp;</em>(28 febrero 2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[12] Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2020/february/documents/papa-francesco_20200228_accademia-perlavita.html">ibíd.</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[13] Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#27">Fratelli tutti</a>&nbsp;</em>(3 octubre 2020), 27.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[14] Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#27">ibíd.</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>[15] Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#170">ibíd.</a></em>, 170-175.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[16] Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#177">Laudato si’</a></em>, 177.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Presentación del Mensaje</h2>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<p class="responsive-video-wrap clr"><iframe title="Presentazione del Messaggio del Santo Padre Francesco per la 57.ma Giornata Mondiale della Pace" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/tUyrbg7I8RA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></p>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.humandevelopment.va/es/news/2023/message-pope-francis-for-world-day-of-peace-2024.html">Descarga toda la información y las infografías </a></p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Jornada Mundial de la Paz 2023: Nadie puede salvarse solo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Dec 2022 11:27:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mensaje del papa Francisco para la jornada Mundial de la Paz 1 de enero de 2023 Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz «Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Mensaje del papa Francisco para la jornada Mundial de la Paz</h2>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">1 de enero de 2023</h2>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde</strong> <strong>el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche»</em>&nbsp;(<em>Primera carta de san Pablo a los Tesalonicenses</em>&nbsp;5,1-2).&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. Con estas palabras, el apóstol Pablo invitaba a la comunidad de Tesalónica, que esperaba el encuentro con el Señor, a permanecer firme, con los pies y el corazón bien plantados en la tierra, capaz de una mirada atenta a la realidad y a las vicisitudes de la historia. Por eso,&nbsp;<strong>aunque los acontecimientos de nuestra existencia parezcan tan trágicos y nos sintamos empujados al túnel oscuro y difícil de la injusticia y el sufrimiento, estamos llamados a mantener el corazón abierto a la esperanza, confiando en Dios que se hace presente, nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, guía nuestro camino</strong>. Con este ánimo san Pablo exhorta constantemente a la comunidad a estar vigilante, buscando el bien, la justicia y la verdad: «No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios» (5,6). Es una invitación a mantenerse alerta, a no encerrarnos en el miedo, el dolor o la resignación, a no ceder a la distracción, a no desanimarnos, sino a ser como centinelas capaces de velar y distinguir las primeras luces del alba, especialmente en las horas más oscuras.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">2.&nbsp;&nbsp;<strong>El COVID-19 nos sumió en medio de la noche</strong>, desestabilizando nuestra vida ordinaria, trastornando nuestros planes y costumbres, perturbando la aparente tranquilidad incluso de las sociedades más privilegiadas, generando desorientación y sufrimiento, y causando la muerte de tantos hermanos y hermanas nuestros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empujado dentro de una vorágine de desafíos inesperados y en una situación que no estaba del todo clara ni siquiera desde el punto de vista científico, el mundo sanitario se movilizó para aliviar el dolor de tantos y tratar de ponerle remedio; del mismo modo, las autoridades políticas tuvieron que tomar medidas drásticas en materia de organización y gestión de la emergencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="725" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-725x1024.jpg" alt="" class="wp-image-401861" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-725x1024.jpg 725w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-212x300.jpg 212w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-768x1085.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-1087x1536.jpg 1087w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023.jpg 1241w" sizes="(max-width: 725px) 100vw, 725px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Junto con las manifestaciones físicas,&nbsp;<strong>el COVID-19 provocó</strong>&nbsp;—también con efectos a largo plazo—&nbsp;<strong>un malestar generalizado que caló en los corazones de muchas personas y familias</strong>, con secuelas a tener en cuenta, alimentadas por largos períodos de aislamiento y diversas restricciones de la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, no podemos olvidar cómo&nbsp;<strong>la pandemia tocó la fibra sensible del tejido social y económico, sacando a relucir contradicciones y desigualdades</strong>. Amenazó la seguridad laboral de muchos y agravó la soledad cada vez más extendida en nuestras sociedades, sobre todo la de los más débiles y la de los pobres. Pensemos, por ejemplo, en los millones de trabajadores informales de muchas partes del mundo, a los que se dejó sin empleo y sin ningún apoyo durante todo el confinamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Rara vez los individuos y la sociedad avanzan en situaciones que generan tal sentimiento de derrota y amargura</strong>; pues esto debilita los esfuerzos dedicados a la paz y provoca conflictos sociales, frustración y violencia de todo tipo. En este sentido,&nbsp;<strong>la pandemia parece haber sacudido incluso las zonas más pacíficas de nuestro mundo, haciendo aflorar innumerables carencias.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">3.&nbsp;<strong>Transcurridos tres años, ha llegado el momento de tomarnos un tiempo para cuestionarnos, aprender, crecer y dejarnos transformar</strong>&nbsp;—de forma personal y comunitaria—;&nbsp;<strong>un tiempo privilegiado para prepararnos al “día del Señor”.</strong>&nbsp;Ya he dicho varias veces que de los momentos de crisis nunca se sale igual: de ellos salimos mejores o peores. Hoy estamos llamados a preguntarnos: ¿qué hemos aprendido de esta situación pandémica? ¿Qué nuevos caminos debemos emprender para liberarnos de las cadenas de nuestros viejos hábitos, para estar mejor preparados, para atrevernos con lo nuevo? ¿Qué señales de vida y esperanza podemos aprovechar para seguir adelante e intentar hacer de nuestro mundo un lugar mejor? &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la.png" alt="" class="wp-image-401876" width="387" height="387" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la.png 680w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la-300x300.png 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la-150x150.png 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la-600x600.png 600w" sizes="(max-width: 387px) 100vw, 387px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Seguramente, después de haber palpado la fragilidad que caracteriza la realidad humana y nuestra existencia personal,&nbsp;<strong>podemos decir que la mayor lección que nos deja en herencia el COVID-19 es la conciencia de que todos nos necesitamos; de que nuestro mayor tesoro, aunque también el más frágil, es la fraternidad humana, fundada en nuestra filiación divina común, y de que nadie puede salvarse solo.</strong>&nbsp;Por tanto,&nbsp;<strong>es urgente que busquemos y promovamos juntos los valores universales que trazan el camino de esta fraternidad humana.</strong>&nbsp;También hemos aprendido que&nbsp;<strong>la fe depositada en el progreso, la tecnología y los efectos de la globalización no sólo ha sido excesiva, sino que se ha convertido en una intoxicación individualista e idolátrica, comprometiendo la deseada garantía de justicia, armonía y paz.</strong>&nbsp;En nuestro acelerado mundo, muy a menudo los problemas generalizados de desequilibrio, injusticia, pobreza y marginación alimentan el malestar y los conflictos, y generan violencia e incluso guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si, por un lado, la pandemia sacó a relucir todo esto, por otro,&nbsp;<strong>hemos logrado hacer descubrimientos positivos:</strong>&nbsp;un beneficioso&nbsp;<strong>retorno a la humildad</strong>; una r<strong>educción de ciertas pretensiones consumistas</strong>; un&nbsp;<strong>renovado sentido de la solidaridad&nbsp;</strong>que nos anima a salir de nuestro egoísmo para abrirnos al sufrimiento de los demás y a sus necesidades; así como&nbsp;<strong>un compromiso, en algunos casos verdaderamente heroico, de tantas personas que no escatimaron esfuerzos para que todos pudieran superar mejor el drama de la emergencia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De esta experiencia&nbsp;<strong>ha surgido una conciencia más fuerte que invita a todos, pueblos y naciones, a volver a poner la palabra “juntos” en el centro</strong>. En efecto, es juntos, en la fraternidad y la&nbsp; solidaridad, que podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos. De hecho, las respuestas más eficaces a la pandemia han sido aquellas en las que grupos sociales, instituciones públicas y privadas y organizaciones internacionales se unieron para hacer frente al desafío, dejando de lado intereses particulares.&nbsp;<strong>Sólo la paz que nace del amor fraterno y desinteresado puede ayudarnos a superar las crisis personales, sociales y mundiales.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">4. Al mismo tiempo,&nbsp;<strong>en el momento en que nos atrevimos a esperar que lo peor de la noche de la pandemia del COVID-19 había pasado, un nuevo y terrible desastre se abatió sobre la humanidad.</strong>&nbsp;Fuimos testigos del inicio de otro azote: una nueva guerra, en parte comparable a la del COVID-19, pero impulsada por decisiones humanas reprobables.&nbsp;<strong>La guerra en Ucrania se cobra víctimas inocentes y propaga la inseguridad</strong>, no sólo entre los directamente afectados, sino de forma generalizada e indiscriminada en todo el mundo; también afecta a quienes, incluso a miles de kilómetros de distancia, sufren sus efectos colaterales —basta pensar en la escasez de trigo y los precios del combustible—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertamente,&nbsp;<strong>esta no es la era post-COVID que esperábamos o preveíamos</strong>. De hecho,&nbsp;<strong>esta guerra</strong>,&nbsp;<strong>junto con los demás conflictos en todo el planeta, representa una derrota para la humanidad en su conjunto y no sólo para las partes directamente implicadas.</strong>&nbsp;<strong>Aunque se ha encontrado una vacuna contra el COVID-19, aún no se han hallado soluciones eficaces para poner fin a la guerra</strong>. En efecto,&nbsp;<strong>el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por el pecado</strong>&nbsp;(cf.&nbsp;<em>Evangelio según san Marcos</em>&nbsp;7,17-23).</p>



<p class="wp-block-paragraph">5.&nbsp;<strong>¿Qué se nos pide, entonces, que hagamos?&nbsp;</strong>En primer lugar,&nbsp;<strong>dejarnos cambiar el corazón</strong>&nbsp;por la emergencia que hemos vivido, es decir,&nbsp;<strong>permitir que Dios transforme nuestros criterios habituales de interpretación del mundo y de la realidad a través de este momento histórico.&nbsp;</strong>Ya no podemos pensar sólo en preservar el espacio de nuestros intereses personales o nacionales, sino que debemos concebirnos a la luz del bien común, con un sentido comunitario, es decir, como un “nosotros” abierto a la fraternidad universal. No podemos buscar sólo protegernos a nosotros mismos;&nbsp;<strong>es hora de que todos nos comprometamos con la sanación de nuestra sociedad y nuestro planeta, creando las bases para un mundo más justo y pacífico, que se involucre con seriedad en la búsqueda de un bien que sea verdaderamente común.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para lograr esto y vivir mejor después de la emergencia del COVID-19, no podemos ignorar un hecho fundamental: las diversas crisis morales, sociales, políticas y económicas que padecemos están todas interconectadas, y lo que consideramos como problemas autónomos son en realidad uno la causa o consecuencia de los otros. Así pues,<strong>&nbsp;estamos llamados a afrontar los retos de nuestro mundo con responsabilidad y compasión.</strong>&nbsp;Debemos retomar la cuestión de&nbsp;<strong>garantizar la sanidad pública para todos</strong>; promover&nbsp;<strong>acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras&nbsp;</strong>que siguen generando víctimas y pobreza;&nbsp;<strong>cuidar</strong>&nbsp;de forma conjunta&nbsp;<strong>nuestra casa común</strong>&nbsp;y aplicar medidas claras y eficaces para&nbsp;<strong>hacer frente al cambio climático</strong>;&nbsp;<strong>luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos</strong>, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades. El escándalo de los pueblos hambrientos nos duele. Hemos de&nbsp;<strong>desarrollar, con políticas adecuadas, la acogida y la integración</strong>, especialmente de los migrantes y de los que viven como descartados en nuestras sociedades.&nbsp;<strong>Sólo invirtiendo en estas situaciones, con un deseo altruista inspirado por el amor infinito y misericordioso de Dios, podremos construir un mundo nuevo y ayudar a edificar el Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al compartir estas reflexiones,&nbsp;<strong>espero que en el nuevo año podamos caminar juntos, aprovechando lo que la historia puede enseñarnos</strong>. Expreso mis mejores votos a los jefes de Estado y de gobierno, a los directores de las organizaciones internacionales y a los líderes de las diferentes religiones.<strong>&nbsp;</strong>A todos los hombres y mujeres de buena voluntad,<strong>&nbsp;les deseo un feliz año, en el que puedan construir, día a día, como artesanos, la paz</strong>. Que María Inmaculada, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2022&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<item>
		<title>Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Paz  para el año 2022</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/mensaje-del-papa-francisco-para-la-jornada-mundial-de-la-paz/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-del-papa-francisco-para-la-jornada-mundial-de-la-paz</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Jan 2022 09:33:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:instrumentos para construir una paz duradera(texto íntegro) 1.&#160;«¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7). Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center">Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:<br>instrumentos para construir una paz duradera<br>(texto íntegro)</h3>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1.&nbsp;<em>«¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7).</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad y la muerte. El profeta Baruc se preguntaba al respecto: «¿Por qué, Israel, estás en una tierra de enemigos y envejeciste en un país extranjero? ¿Por qué te manchaste con cadáveres y te cuentas entre los que bajan a la fosa?» (3,10-11). Para este pueblo, la llegada del&nbsp;<em>mensajero de la paz</em>&nbsp;significaba la esperanza de un renacimiento de los escombros de la historia, el comienzo de un futuro prometedor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía hoy, el&nbsp;<em>camino de la paz</em>, que&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">san Pablo VI</a>&nbsp;denominó con el nuevo nombre de&nbsp;<em>desarrollo</em>&nbsp;<em>integral</em>&nbsp;[1],permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada. A pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medioambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario. Como en el tiempo de los antiguos profetas,&nbsp;<em>el clamor de los pobres y de la tierra</em>&nbsp;[2]&nbsp;sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente.&nbsp;[3]&nbsp;Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí me gustaría proponer&nbsp;<em>tres caminos</em>&nbsp;para construir una paz duradera. En primer lugar,&nbsp;<em>el diálogo entre las generaciones</em>, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar,&nbsp;<em>la educación</em>, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último,&nbsp;<em>el trabajo</em>&nbsp;para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales para «la gestación de un pacto social»&nbsp;[4], sin el cual todo proyecto de paz es insustancial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2.&nbsp;<em>Diálogo entre generaciones para construir la paz</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, que ha causado demasiados problemas, «algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones»&nbsp;[5].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque el desarrollo tecnológico y económico haya dividido a menudo a las generaciones, las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro. La crisis global que vivimos nos muestra que el encuentro y el diálogo entre generaciones es la fuerza propulsora de una política sana, que no se contenta con administrar la situación existente «con parches o soluciones rápidas»&nbsp;[6], sino que se ofrece como forma eminente de amor al otro&nbsp;[7], en la búsqueda de proyectos compartidos y sostenibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si sabemos practicar este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas. De ese modo, unidos, podremos aprender unos de otros»&nbsp;[8]. Sin raíces, ¿cómo podrían los árboles crecer y dar fruto?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sólo hay que pensar en la cuestión del cuidado de nuestra casa común. De hecho, el propio medioambiente «es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente»&nbsp;[9]. Por ello, tenemos que apreciar y alentar a los numerosos jóvenes que se esfuerzan por un mundo más justo y atento a la salvaguarda de la creación, confiada a nuestro cuidado. Lo hacen con preocupación y entusiasmo y, sobre todo, con sentido de responsabilidad ante el urgente cambio de rumbo&nbsp;[10]&nbsp;que nos imponen las dificultades derivadas de la crisis ética y socio-ambiental actual&nbsp;[11].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, la oportunidad de construir juntos caminos hacia la paz no puede prescindir de la educación y el trabajo, lugares y contextos privilegiados para el diálogo intergeneracional. Es la educación la que proporciona la gramática para el diálogo entre las generaciones, y es en la experiencia del trabajo donde hombres y mujeres de diferentes generaciones se encuentran ayudándose mutuamente, intercambiando conocimientos, experiencias y habilidades para el bien común.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3.&nbsp;&nbsp;<em>La instrucción y la educación como motores de la paz</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El presupuesto para la instrucción y la educación, consideradas como un gasto más que como una inversión, ha disminuido significativamente a nivel mundial en los últimos años. Sin embargo, estas constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz. En otras palabras, la instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los gastos militares, en cambio, han aumentado, superando el nivel registrado al final de la “guerra fría”, y parecen destinados a crecer de modo exorbitante&nbsp;[12].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por tanto, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos. Por otra parte, la búsqueda de un proceso real de desarme internacional no puede sino causar grandes beneficios al desarrollo de pueblos y naciones, liberando recursos financieros que se empleen de manera más apropiada para la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me gustaría que la inversión en la educación estuviera acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado&nbsp;[13]. Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes. «Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación»&nbsp;[14]. Por consiguiente, es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad»&nbsp;[15]. Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno&nbsp;[16].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo&nbsp;[17].</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4.&nbsp;<em>Promover y asegurar el trabajo construye la paz</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La situación del mundo del trabajo, que ya estaba afrontando múltiples desafíos, se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El impacto de la crisis sobre la economía informal, que a menudo afecta a los trabajadores migrantes, ha sido particularmente devastador. A muchos de ellos las leyes nacionales no los reconocen, es como si no existieran. Tanto ellos como sus familias viven en condiciones muy precarias, expuestos a diversas formas de esclavitud y privados de un sistema de asistencia social que los proteja. A eso se agrega que actualmente sólo un tercio de la población mundial en edad laboral goza de un sistema de seguridad social, o puede beneficiarse de él sólo de manera restringida. La violencia y la criminalidad organizada aumentan en muchos países, sofocando la libertad y la dignidad de las personas, envenenando la economía e impidiendo que se fomente el bien común. La respuesta a esta situación sólo puede venir a través de una mayor oferta de las oportunidades de trabajo digno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo, en efecto, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal»&nbsp;[18]. Tenemos que unir las ideas y los esfuerzos para crear las condiciones e inventar soluciones, para que todo ser humano en edad de trabajar tenga la oportunidad de contribuir con su propio trabajo a la vida de la familia y de la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación. Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta perspectiva hay que estimular, acoger y sostener las iniciativas que instan a las empresas al respeto de los derechos humanos fundamentales de las trabajadoras y los trabajadores, sensibilizando en ese sentido no sólo a las instituciones, sino también a los consumidores, a la sociedad civil y a las realidades empresariales. Estas últimas, cuanto más conscientes son de su función social, más se convierten en lugares en los que se ejercita la dignidad humana, participando así a su vez en la construcción de la paz. En este aspecto la política está llamada a desempeñar un rol activo, promoviendo un justo equilibrio entre la libertad económica y la justicia social. Y todos aquellos que actúan en este campo, comenzando por los trabajadores y los empresarios católicos, pueden encontrar orientaciones seguras en la&nbsp;<em>doctrina social de la Iglesia</em>. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queridos hermanos y hermanas: Mientras intentamos unir los esfuerzos para salir de la pandemia, quisiera renovar mi agradecimiento a cuantos se han comprometido y continúan dedicándose con generosidad y responsabilidad a garantizar la instrucción, la seguridad y la tutela de los derechos, para ofrecer la atención médica, para facilitar el encuentro entre familiares y enfermos, para brindar ayuda económica a las personas indigentes o que han perdido el trabajo. Aseguro mi recuerdo en la oración por todas las víctimas y sus familias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago un llamamiento para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2021</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Francisco</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">____________________________________</p>



<p class="wp-block-paragraph">[1]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Populorum progressio</a></em>&nbsp;(26 marzo 1967), 76ss.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[2]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#49" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 49&nbsp;<em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">[3]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#231" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fratelli tutti</a></em>&nbsp;(3 octubre 2020), 231.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[4]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#218" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ibíd</a>.</em>, 218.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[5]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#199" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ibíd</a>.</em>, 199.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[6]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#179" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ibíd</a>.</em>, 179.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[7]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#180" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ibíd</a>.</em>, 180.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[8]&nbsp;Exhort. ap. postsin.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.html#199" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Christus vivit</a></em>&nbsp;(25 marzo 2019), 199.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[9]&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#159" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 159.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[10]&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ibíd.</em>,&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#163" target="_blank" rel="noreferrer noopener">163</a>;&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#202" target="_blank" rel="noreferrer noopener">202</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[11]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#139" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ibíd</a>.</em>, 139.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[12]&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Mensaje a los participantes en el 4º Foro de París sobre la paz</em>, 11-13 noviembre 2021.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[13]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#231" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 231;&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/papa-francesco_20201208_messaggio-54giornatamondiale-pace2021.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Mensaje para la LIV Jornada Mundial de la Paz.</em>&nbsp;<em>La cultura del cuidado como camino de paz</em></a>&nbsp;(8 diciembre 2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph">[14]&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#199" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fratelli tutti</a></em>&nbsp;(3 octubre 2020), 199.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[15]&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2020/documents/papa-francesco_20201015_videomessaggio-global-compact.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Videomensaje con ocasión del Encuentro “</em>Global Compact on Education. Together to Look Beyond”</a>&nbsp;(15 octubre 2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph">[16]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2020/documents/papa-francesco_20201212_videomessaggio-climate-ambition-summit.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Videomensaje con ocasión de la Cumbre virtual de alto nivel sobre retos climáticos</a>&nbsp;</em>(12 diciembre 2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph">[17]&nbsp;Cf. S. Juan Pablo II, Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laborem exercens</a></em>&nbsp;(14 septiembre 1981), 18.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[18]&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#128" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 128.</p>



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<hr class="wp-block-separator has-css-opacity"/>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/mensaje-del-papa-francisco-para-la-jornada-mundial-de-la-paz/">Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Paz  para el año 2022</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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