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	<title>Pastoral Social archivos -</title>
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	<description>C.E. para la Pastoral Social</description>
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	<title>Pastoral Social archivos -</title>
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		<title>De Rerum novarum a las cosas nuevas: a 135 años de su publicación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2026 07:29:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral del Trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fernando C. Díaz Abajo, director del departamento de la Pastoral Obrera de la CEE entre 2009 y 2015 Introducción El nacimiento de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) se sitúa normalmente en la publicación de la encíclica de León XIII Rerum novarum, en 1891, aunque hay que reconocer que esta encíclica tuvo antecedentes que [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/pastoral-del-trabajo/de-rerum-novarum-a-las-cosas-nuevas-a-135-anos-de-su-publicacion/">De Rerum novarum a las cosas nuevas: a 135 años de su publicación</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>Fernando C. Díaz Abajo</em>, director del departamento de la Pastoral Obrera de la CEE entre 2009 y 2015</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Introducción</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El nacimiento de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) se sitúa normalmente en la publicación de la encíclica de León XIII <em>Rerum novarum, </em>en 1891, aunque hay que reconocer que esta encíclica tuvo antecedentes que posibilitaron su publicación. Desde antes, un amplio movimiento, sobre todo en Europa, de pensamiento social cristiano fue poniendo voz a las situaciones de explotación que vivía el mundo obrero, y ante el que la Iglesia va reconociendo que no debe callar, y que la injusticia que provoca esas situaciones reclama de la iglesia una actitud profética, de denuncia de estas, y de anuncio de caminos y soluciones que aporten, desde la luz del evangelio, otra mirada y otra respuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La DSI, por otra parte —la llamemos doctrina, pensamiento, enseñanza— surge y se va desarrollando al hilo de los acontecimientos históricos en los que se desenvuelve la vida social de la humanidad, en cada momento y en cada contexto socio político y cultural, por lo que hay una conexión también entre los grandes acontecimientos de la historia y el desarrollo del pensamiento social cristiano.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero en la DSI no todo tiene el mismo valor, ni la misma vocación de permanencia. Existen diversos niveles: hay principios fundamentales que son inmutables en el tiempo, aplicables en todo momento histórico, pero que, en conjunción con el tiempo y el espacio, determinan unos concretos criterios de juicio sobre la realidad, y unos más concretos aún caminos de acción y aplicación de esos principios a la realidad. Desde sus orígenes ha habido principios que, de forma estable, han ido configurando su pensamiento y criterios de juicio que han ido evolucionando en función de la realidad social con la que se confrontaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Una panorámica de esta evolución</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El contexto en el que ve la luz la encíclica <em>Rerum novarum </em>es el de la revolución industrial, y el de la aparición de dos grandes sistemas económicos y de pensamiento que generarán también realidades políticas diversas: el capitalismo y el socialismo, y respuestas eclesiales de diferente calado. Antes de su aparición han visto la luz pronunciamientos de Pío IX. Hay cuestiones políticas y económicas que están relacionadas y que requieren clarificar conceptos y situaciones políticas antes de abordar otras cuestiones sociales.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cuestión social es objeto de atención antes de León XIII, quien recoge mucho de este pensamiento social que se va generando: Ketteler, obispo de Maguncia, (1811-1877), la Unión de Friburgo (1884-91) y la acción social de millares de católicos que de manera callada fueron realizando en la práctica, una doctrina y una praxis social, como los Círculos Obreros Católicos en Francia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Rerum novarum,</em> tras un largo proceso de elaboración, surge en un contexto de discrepancias entre católicos acerca de cuestiones como la conveniencia de una democracia cristiana en relación con la participación de los católicos en las cuestiones políticas, o la confesionalidad de los sindicatos o las distintas posturas existentes la cuestión del salario familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una primera fase de la DSI es la que podemos llamar <strong>de la ideología católica (1891 a 1931).</strong> Es la etapa de los primeros planteamientos. La cuestión social se presenta como un conflicto entre socialismo y liberalismo. Antes de abordar directamente la cuestión social, León XIII entiende que es necesario tener un cuerpo doctrinal solido en materia política y adopta una postura más matizada ante el liberalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">RN condena las filosofías del liberalismo y del socialismo, afirma la primacía de los valores morales. Aparece una nueva forma de plantearse la cuestión social tras la revolución industrial con expresiones muy cercanas a las de Marx. Desacredita la abolición de la propiedad privada. Llama a superar la lucha de clases, y recuerda el carácter funcional de la abundancia de bienes, a la vez que formula una crítica del estado clasista. Defiende la propiedad privada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rechaza la oferta y la demanda como criterio para establecer la cuantía del salario. Se decanta por el salario familiar, aunque deja abierta esta cuestión. Defiende el derecho de asociación de los obreros. Invoca el principio de subsidiariedad, y delimita la competencia de la Iglesia en la cuestión social. Aparentemente antisocialista es claramente anticapitalista pues:</p>



<p class="wp-block-paragraph">La oferta y la demanda no es válida como ley moral. El estado debe intervenir en la economía, y el obrero no es inferior, pero en cambio, lo es el explotador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su clave de lectura es la dignidad del trabajador y del trabajo. Defiende los derechos de los trabajadores: a sindicatos, al descanso, al salario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más tarde la DSI se encontrará en la primera mitad del siglo XX con la trágica experiencia de la I Guerra Mundial y la crisis de los sistemas económicos, especialmente la conocida crisis financiera de 1929, junto con la aparición de los totalitarismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto aparece <em>Quadragesimo anno</em> (1931), de Pío XI. Las circunstancias han cambiado, el capitalismo ha experimentado sus primeras crisis y el socialismo ha experimentado cambios, manifestados en la II y la III Internacional. El objetivo de QA es triple: recordar los frutos producidos por RN, aclarar las dudas que han surgido en su interpretación, y restaurar el orden social evaluando las tres ideologías y sistemas señalados, aunque su finalidad primordial se centra en este tercer aspecto. QA es una encíclica muy crítica con los tres sistemas políticos (fascismo, nacionalsocialismo y comunismo), frente a los que específicamente se posicionará en otros documentos: <em>Non abbiamo bisogno</em> (1931) <em>Divini Redemptoris</em> (1937) y <em>Mit brennender Sorge</em> (1937), y aborda otras cuestiones relativas a la propiedad, al salario, y a la confesionalidad de los sindicatos. Se trata de actualizar la DSI concibiendo la cuestión social como una confrontación de ideologías y sistemas sobre los que el cristiano debía actuar.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta segunda fase de la DSI es la que podemos llamar <strong>de la nueva cristiandad (1931-1958)</strong> Es la fase de Pío XI y Pío XII. La cuestión social se transforma en una confrontación entre dos modos de entender la democracia, entre dos sistemas económicos contrapuestos: capitalismo y comunismo. Pío XI en QA condena ambas ideologías y propone una tercera vía: la civilización cristiana, que suponga la creación de un nuevo orden social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente al capitalismo, defiende la ilicitud moral de la ley de la oferta y la demanda. Frente a los colectivismos marxistas propone una colaboración que supere la lucha de clases, y frente al naciente totalitarismo, expone el principio de subsidiariedad. Se decide claramente por el salario familiar, por la función social de la propiedad, y deja vía libre a la afiliación a sindicatos no confesionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda Guerra Mundial y la posterior guerra fría entre bloques determina otra etapa de la evolución de la DSI. Pío XII no fue un pontífice de encíclicas, pero su magisterio social quedó plasmado en radiomensajes y discursos que, en el contexto bélico, señalará los principios básicos para la instauración de un nuevo orden después de la guerra, llegando a afirmar en el discurso <em>La solennitá </em>(1-6-1941) el derecho fundamental de todos los seres humanos al uso de los bienes materiales. Los bienes creados por Dios para todos han de llegar a todos con equidad, según los principios de la justicia y la caridad. Se trata del concepto del destino universal de los bienes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los años 50 del siglo pasado las reconstrucciones postbélicas y el desarrollo de la tecnología y la técnica, hacen acuñar a Pio XII la expresión “espíritu técnico” que, como una forma de materialismo, proporciona una equivocada visión del mundo y ciega al ser humano ante la realidad de Dios. Se plantea igualmente el sentido de la paz, y aparecen los primeros pronunciamientos sobre la movilidad humana, las migraciones, y el concepto de bien común.&nbsp;</p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fase del diálogo (1958-1978)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es la fase de Juan XXIII, del Concilio Vaticano II y de Pablo VI. La cuestión social cambia y asume dimensiones planetarias. Se trata del equilibrio entre Norte rico y Sur empobrecido, por lo que se impone la construcción de un nuevo orden mundial. Empiezan a entrar en crisis las ideologías, y se inician procesos de globalización mundial. El magisterio pasa a pensar en la necesidad del diálogo (MM 1961, PT 1963, LG 1964, GS 1965, PP 1967, OA 1971).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con Pablo VI cambia además el método de elaboración de la DSI: del método deductivo se pasa al método inductivo; no se parte de los grandes principios de la revelación y del derecho natural para deducir un modelo de sociedad válido para todos los tiempos, sino que se parte de la lectura creyente de los signos de los tiempos, para interpretarlos a la luz del evangelio. Ver-juzgar-actuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay quien sitúa esta fase hasta el año 1969, el optimismo ambiental de la década de los 60, abriendo (1971 a 1989) otra fase de crisis en la Iglesia y la sociedad, y desde 1989 una fase de posicionamiento ante un nuevo orden internacional</p>



<p class="wp-block-paragraph">La década de los años 60 es la llamada etapa del optimismo ambiental. Es la época de la distensión, de los cambios sociales, del Concilio Vaticano II, del desarrollo. Es la época del pontificado de Juan XXIII y de Pablo VI, y de la aparición de grandes documentos del magisterio: <em>Mater et Magistra</em> (1961) de <strong>Juan XXIII, </strong><em>Pacen in Terris</em> (1963), <em>Gaudium et Spes</em> (1965), o <em>Populorum progressio</em> (1967) de <strong>Pablo VI. </strong>Son años de cambios científicos, técnicos, económicos y sociales, y de cambios políticos. Son años en los que se produce, además de la abundancia de documentos de la DSI, un cambio en su talante, inspirándose más en la Revelación, con expresiones menos condenatorias, con un eco más positivo en su recepción por la sociedad. Su estilo es más cercano, se dirigen a toda la humanidad, no solo a la Iglesia, son más fácilmente comprensibles, y cada uno de ellos aporta novedades respecto a las enseñanzas anteriores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras el concilio vino el postconcilio y la crisis (1971-1989) en la sociedad y en la Iglesia, cuyo punto de inflexión en lo eclesial puede situarse en la publicación de <em>Humanae vitae. </em>En la sociedad viene el paso de la opulencia occidental a la crisis, con la llamada crisis del petróleo (1973), que genera el paro, el desencanto, la caída de valores tradicionales. El final de esta crisis será también el derrumbamiento del marxismo en Europa.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se ha vivido también la crisis postconciliar de la Acción Católica en España (1967), la desarticulación de la Acción Católica especializada. Ha comenzado a ver la luz la teología de la liberación en América Latina (1971) y se realiza la Conferencia del episcopado de Medellín (1968) y la de Puebla (1979). El mundo ya no se organiza en bloques Este-Oeste, sino Norte-Sur. La ecología comienza a tomar carta de naturaleza como preocupación humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto, ve la luz <em>Octogésima adveniens</em> (1971), y el mismo año tiene lugar el Sínodo sobre la justicia en el mundo. Cuatro años después, Pablo VI publicará <em>Evangelii nuntiandi</em> (1975).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fase del humanismo global (1978-2013)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La fase de Juan Pablo II y Benedicto XVI. La cuestión social trasciende las dimensiones cuantitativas, para plantearse como un problema de calidad humana de la vida y acabar transformándose en una cuestión antropológica. El bien común abarca también los bienes relacionales e inmateriales. Los tres modelos históricos implosionan: el de cristiandad, el socialismo real, con la caída del muro de Berlín, y el capitalismo económico liberal, con la explosión de las burbujas y las sucesivas crisis. CV planteará el desafío del siglo XXI: un nuevo modelo de desarrollo mundial fundamentado en un humanismo nuevo. El desafío reside sobre todo en la concepción de la vida humana, una concepción superadora del individualismo, y capaz de posibilitar la unidad en la diversidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al inicio de su pontificado, Juan Pablo II publicará <em>Redemptor hominis</em>, y <em>Laborem exercens</em> tres años después, en 1981. <em>Sollicitudo rei socialis</em> verá la luz en 1987</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la caída del muro de berlín (1989) llegan los cambios en el este de Europa y aparecen nuevas controversias entre los católicos. ¿Equidistancia entre colectivismo y capitalismo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Guerra del Golfo (1990-1991), el golpe de estado en Rusia o la IV Conferencia del CELAM son otros acontecimientos que están en el caldo de cultivo en el que verá la luz Centesimus Annus (1991)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Posteriormente, se publicará el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia (CDSI) en 2004 y Deus Caritas est, en 2006, de Benedicto XVI, quien definirá la cuestión social como cuestión antropológica en Caritas in Veritate.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La revolución del papa Francisco y las cosas nuevas de León XIV</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de aquí nos resulta más conocido, por cercano, el contexto social y político, que podemos definir como un cambio de época: Nuevo orden internacional. Un mundo en crisis: Crisis de las democracias, Crisis ecosocial, Crisis del capitalismo (2007) Crisis de la COVID (2020) y la aparición de nuevos totalitarismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es la época del pontificado de Francisco que vivimos con una III Guerra mundial fragmentada, con el fenómeno de las migraciones, con la preocupación por el cuidado de la creación y el cambio climático, que empezaremos a contemplar como una sola crisis ecosocial. La DSI se enriquecerá con los textos de Evangelii Gaudium, Laudato Si-Laudate Deo, Fratelli Tutti, Dilexit Nos, o los discursos y mensajes a los movimientos populares, y, en su estela, León XIV, nos ha ofrecido hasta ahora Dilexi Te y discursos a los movimientos populares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El testimonio vivo del Evangelio es más eficaz que cualquier tratado teológico. Francisco retoma el espíritu del concilio inacabado, para resituar la evangelización ante el siglo XXI. ¿Qué Iglesia necesita este tiempo para ser evangelizado?</p>



<p class="wp-block-paragraph">EG planteará el contenido social de la evangelización. LS nos mostrará que todo está conectado, que vivimos una sola crisis ecosocial, un cambio de época y de paradigma. Y nos llamará a situarnos desde las periferias y los pobres, para ser una Iglesia pobre y de los pobres. FT nos ofrecerá todo un proyecto sociopolítico para afrontar el cambio de época, desde la fraternidad y el bien común, desde la vida buena y la amistad social. Críticará el paradigma tecnocrático, y formulará la crítica más clara hasta ahora del sistema capitalista: esta economía mata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">León XIV, de momento, ha explicitado dos acentos: una paz desarmada y desarmante, necesitada de un nuevo orden global, y la importancia central del trabajo en la DSI y en la evangelización. Lean su discurso al V encuentro de Movimientos Populares en Roma, en 2025, y el discurso al cuerpo diplomático de enero de 2026.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este recorrido de la DSI que arranca con las <em>res novae</em> de León XIII, llega hasta las cosas nuevas de León XIV, en un camino marcado por la continuidad y la novedad. La DSI incorpora los planteamientos precedentes para actualizar su discurso y hacerlo legible en las circunstancias histórico sociales de cada momento, respondiendo a las circunstancias y situaciones que toca vivir en cada época. Aparece en el horizonte todo el desafío de la inteligencia artificial, del mismo modo que apareció la crisis ecosocial y la necesidad de un cuidado de la creación y de los otros, de la casa común y de quienes la habitamos. Y siempre desde las mismas claves que son sus principios:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>La dignidad de la persona</li>



<li>El bien común</li>



<li>El destino universal de los bienes</li>



<li>La solidaridad</li>



<li>La participación y la subsidiariedad</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Y desde los valores que los sustentan: la verdad, la libertad, la justicia, por la vía de la caridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos establecer ciertos paralelismos entre el momento histórico en que ve la luz RN y nuestra época actual. Hemos hecho alusión a ello. Lo más significativo es la llamada revolución industrial, y la situación a la que habían llegado los obreros a causa del nuevo régimen económico. El papa León XIII puntualiza la importancia de la cuestión: «el cambio operado en las relaciones mutuas entre patronos y obreros; la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría; la mayor confianza de los obreros en sí mismos y la más estrecha cohesión entre ellos, juntamente con la relajación de la moral, han determinado el planteamiento de la contienda.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las descripción de la situación es altamente preocupante: «es urgente proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de condición humilde, pues es mayoría la que se debate indecorosamente en una situación miserable y calamitosa, ya que, disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores. Hizo aumentar el mal la voraz usura, que, reiteradamente condenada por la autoridad de la Iglesia, es practicada, no obstante, por hombres codiciosos y avaros bajo una apariencia distinta. Añádase a esto que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Critica la solución socialista (RN 2) que es acabar con la propiedad privada de los bienes. Desde el punto de vista del obrero la propiedad privada es útil, es buena para los trabajadores. (RN 3) Critica la excesiva intromisión del estado, y salvaguarda la familia frente a la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Tengan presente los ricos y los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y a los desvalidos y buscar su ganancia en la pobreza ajena no lo permiten ni las leyes divinas ni las humanas. Y defraudar a alguien en el salario debido es un gran crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo. «He aquí que el salario de los obreros&#8230; que fue defraudado por vosotras, clama; y el clamor de ellos ha llegado a los oídos del Dios de los ejércitos» (RN 15)</p>



<p class="wp-block-paragraph">A nadie le está permitido violar impunemente la dignidad humana, de la que Dios mismo dispone con gran reverencia (RN 30)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo primero que se ha de hacer es librar a los pobres obreros de la crueldad de los ambiciosos, que abusan de las personas sin moderación, como si fueran cosas para su medro personal. O sea, que ni la justicia ni la humanidad toleran la exigencia de un rendimiento tal, que el espíritu se embote por el exceso de trabajo y al mismo tiempo el cuerpo se rinda a la fatiga. (RN 31)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el obrero, obligado por la necesidad o acosado por el miedo de un mal mayor, acepta, aun no queriéndola, una condición más dura, porque la imponen el patrono o el empresario, esto es ciertamente soportar una violencia, contra la cual reclama la justicia. (RN 32)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Salario familiar: Si el obrero percibe un salario lo suficientemente amplio para sustentarse a sí mismo, a su mujer y a sus hijos,&nbsp;(RN 33)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Plantea la necesidad de asociaciones de obreros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">RN plantea todavía la cuestión social como un tema exclusivo entre obreros y patronos pero, aún con sus limitaciones supone un avance importante respecto a las ideas entonces vigentes en la Iglesia y en la sociedad. Fue un estímulo para el pensamiento y la acción social en la Iglesia y la sociedad. Desconcertó a muchos (fue criticada por obreros, por patronos, por la sociedad, y por la Iglesia) pero estimuló muchas iniciativas. Al cumplirse sus cien años, Juan Pablo II, en CA, ha destacado:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Que su clave de lectura es la dignidad del trabajador y del trabajo</li>



<li>Además del derecho a la propiedad privada —siempre supeditado al destino universal de los bienes y al bien común— defiende otros derechos del trabajador: asociarse en sindicatos, el descanso, la adecuación d el trabajo a las condiciones del trabajador, el salario justo —salario familiar—, y que el trabajo permita cumplir los deberes religiosos.</li>



<li>Otra clave de lectura es la relación entre el estado, que se supone democrático, y los ciudadanos.</li>



<li>De fondo está la concepción de la persona humana y su libertad.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Más de ciento treinta años después, la DSI ha avanzado de modo importante, en la comprensión de los problemas, en la metodología inductiva, en la inclusión de cuestiones que no aparecían en sus comienzos, en la amplitud de los destinatarios, y en la cosmovisión que ofrece. Sobre todo con el papa Francisco, se ha dado un paso de gigante, no en incorporar temas nuevos, sino en los acentos.&nbsp;</p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Francisco y León. Dilexi te</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Más de 130 años después, las “cosas nuevas” siguen apareciendo. Se destacan: nuevas tecnologías que transforman la vida, economías que descartan a las personas, trabajos precarizados, —es decir, que son inestables, inseguros, frágiles, o temporales—, migraciones masivas, y crisis climática que golpea, sobre todo, a los pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Francisco nos ha dejado textos fundamentales para la DSI. Desde EG, cuyo capítulo IV, sobre el contenido social de la evangelización es una guía de reflexión y acción, hasta Laudato si, Laudato Deo, Fratelli Tutti, Dilexit nos. Y los discursos y mensajes a los encuentros de movimientos populares, además de los mensajes de las Jornadas de las Migraciones y de las Jornadas de la Paz, o los discursos al Cuerpo Diplomático de cada año de su pontificado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Francisco no hace aportaciones especialmente novedosas a la DSI, pero nombra de modo nuevo las realidades sociales que estamos llamados a contemplar, reconocer, y transformar mediante nuestro compromiso, y nos ofrece una renovada perspectiva eclesial desde la que mirar esa realidad; esa realidad poliédrica: como Iglesia en salida, como Iglesia, pueblo de Dios en marcha a la que la constituye la misión, desde las periferias, pobre y de los pobres. Francisco nos enseña a leer la realidad de manera global: todo está conectado, nadie se salva solo, existe una única crisis ecosocial. Se trata de abrir procesos de cuidado de la vida y la creación. Y, en todo ello, el gran tema es el trabajo, y los derechos básicos: tierra, techo, trabajo. Y nos recuerda que nuestra tarea es evangelizar, que nuestra razón de ser es esa: la tarea del Reino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como León XIV indica en <em>Dilexi te</em>, la base de esta exhortación la puso Francisco, en continuidad con <em>Dilexit</em> <em>nos.</em> Se aprecia esta continuidad en la misma estructura del texto, y en la profusión de citas del magisterio de Francisco, al que el texto remite continuamente. Hay insistencias que nos resultan conocidas, pero que León XIV destaca de manera personal en una exhortación de carácter doctrinal, social y pastoral, imbuida de una reflexión teológica que ha persistido en la Iglesia a través de los siglos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una insistencia de fondo:&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús se identifica «con los más pequeños de la sociedad» y con su amor, entregado hasta el final, muestra la dignidad de cada ser humano, sobre todo cuando es «más débil, miserable y sufriente». Contemplar el amor de Cristo «nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás, nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor (DT 2). Nuestra contemplación del amor de Dios no se reduce a un acto íntimo, sin trascendencia, sino que nos sitúa en la misma dinámica de su amor, nos lleva a hacer operante ese amor. Y, al identificarse con los últimos, nos permite reconocerle en ellos, y servirle en ellos (DT 5) y nos permite acercarnos a ellos diciéndoles también “Yo te he amado”. Es nuestro camino de santificación (DT 3)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Parte el Papa de una constatación previa: Aunque el dolor de los pobres nos interpela continuamente (DT 9) el compromiso en favor de los pobres y con el fin de remover las causas sociales y estructurales de la pobreza, sigue siendo insuficiente (DT 10), y es necesario asociar a este compromiso un cambio de mentalidad que pueda incidir en la transformación cultural (DT 11), porque, entretanto, sigue creciendo la desigualdad, el descarte y la indiferencia. Quizá constatamos que han crecido obras de beneficencia, de asistencia a los pobres, pero van siendo cada vez menos las que se plantean, además, un compromiso transformador de esas realidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestro mundo nos vamos acostumbrando y haciendo irrelevante la pobreza, cuyo rostro se va haciendo más multiforme cada vez. Los pobres no existen por casualidad (DT 14) y hemos de enfrentar los prejuicios ideológicos con que es observada esta realidad. Especialmente los cristianos -nos advierte el Papa- llegamos por contagio de esas actitudes a conclusiones engañosas. (DT 15). No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico (DT 15)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Papa señala diversas manifestaciones de la pobreza que son especialmente llamativas en el primer mundo, en Europa. Son empobrecimientos económicos y sociales que reflejan las crecientes desigualdades (DT 12): las familias que no llegan a final de mes (los trabajadores pobres); la “doble pobreza” de las mujeres pobres. Y señala que hay reglas económicas que están en la base de la inequidad. (DT 13). Y, por tanto, la pobreza no es fruto de la casualidad (DT 14), o de meras decisiones personales. Hay un sistema que empobrece, que expulsa y descarta a millones de personas de la vida digna. Por eso no es admisible la culpabilización y criminalización de la pobreza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios es amor misericordioso (DT 16). La primera consecuencia nos hace conscientes de que solo podemos ser la Iglesia de Jesucristo y fieles a su evangelio si somos la Iglesia de los pobres, si vamos caminando por la estela que la Iglesia ha recorrido desde los primeros tiempos, para descubrir que nuestra identidad se asienta en el anuncio del evangelio a quienes son sus destinatarios privilegiados, con quienes hemos de ir aprendiendo a ser Iglesia pobre y de los pobres. La clave de la encarnación sustenta toda la propuesta. No podemos rezar ni celebrar la fe si se oprime a los más débiles (DT 17)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recorrido bíblico (DT 24-34) y patrístico (DT 39-48) de la exhortación nos ayuda a reconocer estas huellas que nos preceden y desde la que seguir encontrando orientación para actualizar hoy la experiencia de sabernos y sentirnos amados por Dios, y la experiencia de vivir desde ese amor que se hace ofrenda personal y comunitaria para acercar el reino de Dios a esta historia concreta, enfatizando que solo el evangelio vivido así, nos hace Iglesia de Jesucristo. Aunque muchas veces nos parezca que la Iglesia sigue estando muy alejada de los pobres, el recorrido por la historia nos muestra que nunca ha dejado de estar cerca a través de personas, congregaciones, obras, presencias… en las periferias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra clave de lectura es recordar que la opción fundamental por los pobres no es una mera categoría sociológica, sino fundamentalmente cristológica y eclesiológica (DT 99), lo que hace que no sea algo accesorio a la fe y la vida eclesial, sino algo esencial que constituye nuestra vida y misión. Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres (DT 35).&nbsp; Es -citando a San Juan Pablo II- una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana (DT 87). La opción preferencial por los pobres genera una renovación extraordinaria tanto en la Iglesia como en la sociedad, cuando somos capaces de liberarnos de la autorreferencialidad y conseguimos escuchar su grito. (DT 7) Teológicamente podemos hablar de una opción preferencial de Dios por los pobres. (DT 16)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es Dios mismo quien opta por los pobres porque es amor misericordioso y se hace cargo de nuestra condición humana y, por tanto, de nuestra pobreza. (DT 16) Él mismo se hizo pobre. Jesús de Nazaret realizó plenamente la predilección de Dios por los pobres (DT 18) Es Mesías de los pobres y para los pobres (DT 19). Los pobres son la misma carne de Cristo (DT 110). Por eso no cabe reducir la fe a una relación intimista y desencarnada de la historia que nos desvincula de los pobres, o de la tarea del Reino de Dios. (DT 21). El camino de nuestra redención está signado por los pobres. (DT 17) En efecto, Dios muestra predilección hacia los pobres, a ellos se dirige la palabra de esperanza y de liberación del Señor y, por eso, aun en la condición de pobreza o debilidad, ya ninguno debe sentirse abandonado. Y la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado (cf. St 2,2-4). (DT 21)</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay vivencia de la fe sin concretar el amor en el compromiso cotidiano por denunciar las injustas estructuras de pecado, y por construir, compartiendo la vida de los pobres, una comunidad humana acogedora de los últimos, que sea comunidad social, más allá de los límites eclesiales, porque la salvación no es una idea abstracta, sino una acción concreta (DT 52). No se puede rezar ni ofrecer sacrificios mientras se oprime a los más débiles y a los más pobres. (DT 17)</p>



<p class="wp-block-paragraph">«De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el <strong>desarrollo integral</strong> de los más abandonados de la sociedad». (DT 21).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Basta que hagamos un recorrido por la Biblia, desde el AT hasta el Apocalipsis aparece nítida esa preferencia de Dios por los pobres, que nos pone, como Iglesia, en la necesidad de mostrar esa misma preferencia. El amor al prójimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios. (DT 26) Y, apunta el papa León que lo que dice la Palabra revelada «es un mensaje tan claro, tan directo, tan simple y elocuente, que ninguna hermenéutica eclesial tiene derecho a relativizarlo. (DT 31) Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres (DT 36)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los santos Padres eran de una claridad meridiana: la caridad no es una vía opcional, sino el criterio del verdadero culto. (Crisóstomo) (DT 42) Para san Agustín (DT 43) la limosna es justicia restaurada. La teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordando que el Evangelio sólo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los últimos, y advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía. (DT 48). Alumbró el cuidado de los pobres, de los enfermos, de los encarcelados, de los migrantes, el cuidado de la educación de los niños y jóvenes de las periferias… como una respuesta a la exclusión y a la indiferencia. (DT 67)&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del mismo modo que a lo largo de la historia ha sido y sigue siendo referente la vida monástica, y otros testigos de la pobreza evangélica (DT 53-72), hoy son un referente los movimientos populares para que en nuestra realidad podamos sintonizar con el lamento de los pobres, de manera especial con las mujeres y los migrantes, y los habitantes de las periferias existenciales (DT 75), y con ellos generar alternativas de dignidad humana en la lucha por la justicia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de “llevarles a Dios”, sino de encontrarlo entre ellos. Servir a los pobres no es un gesto de arriba hacia abajo, sino un encuentro entre iguales, donde Cristo se revela y es adorado. San Juan Pablo II nos recordaba que «en la persona de los pobres hay una presencia especial [de Cristo], que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos». Por lo tanto, cuando la Iglesia se inclina hasta el suelo para cuidar de los pobres, asume su postura más elevada. (DT 79)</p>



<p class="wp-block-paragraph">La experiencia de los movimientos populares nos recuerda la necesidad de luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. (DT 81). Tendríamos que pensar de qué modo orientar nuestra acción evangelizadora en el mundo obrero a los movimientos populares, tal como hemos comenzado a hacer (asociación de víctimas de accidentes de trabajo, asociación de barrios ignorados, sindicatos de inquilinos, plataformas anti desahucios, colectivos de trabajadores inmigrantes, sobre todo trabajadoras del hogar…)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Papa reconoce que los movimientos de trabajadores, de mujeres y de jóvenes, así como la lucha contra la discriminación racial, han dado lugar a una nueva conciencia de la dignidad de los marginados. También el aporte de la DSI. (DT 82)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Concilio abordó este como uno de los temas fundamentales: «siempre, pero sobre todo hoy, el misterio de Cristo en los pobres», y «no se trata de un tema más, sino que en cierto sentido es el único tema de todo el Vaticano II» (DT 84)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde aquí, hemos de acoger el testimonio de la Iglesia latinoamericana y la teología de la liberación, que abrieron camino como un referente inexcusable en la opción por los pobres. (DT 90) con una actitud profética que denuncia el pecado social, el pecado estructural -junto al pecado personal- que están en la raíz de la injusticia y la pobreza.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la encíclica <em>Dilexit nos</em>, el papa Francisco ha recordado cómo el pecado social toma la forma de “estructura de pecado” en la sociedad, que «muchas veces […] se inserta en una mentalidad dominante que considera normal o racional lo que no es más que egoísmo e indiferencia. Este fenómeno se puede definir “alienación social”» (DT 93) y tiene que ver con la clave que, por ejemplo, planteamos en la HOAC del cambio de mentalidad. Hemos de hacer germinar otra manera de pensar en nuestra sociedad. Quizá hemos de hacer germinar el simple pensamiento. Que seamos capaces de pensar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esto es necesario un compromiso por resolver las causas estructurales de la pobreza. (DT 94) Es responsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios hacer oír, de diferentes maneras, una voz que despierte, que denuncie y que se exponga, aun a costa de parecer diferentes; aun a costa de parecer “estúpidos”. Las estructuras de injusticia deben ser reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a través de un <strong>cambio de mentalidad</strong>, pero también con la ayuda de las ciencias y la técnica, mediante el desarrollo de políticas eficaces en la transformación de la sociedad. (DT 97)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo humano decente -clave esencial de toda la cuestión social- sigue siendo un elemento esencial en el camino de recuperación y sanación de la dignidad herida de toda persona empobrecida. (DT 115) Necesitamos contemplar las situaciones de los trabajadores. (DT 89)</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de llevarles a Dios, sino de encontrarlo entre ellos (DT 79), considerando a los pobres como sujetos (DT 99-102) y no como meros objetos de una acción asistencial y benéfica. Siempre debe recordarse que la propuesta del Evangelio no es sólo la de una relación individual e íntima con el Señor. La propuesta es más amplia: «es el Reino de Dios (cf. Lc 4,43); se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales. Buscamos su Reino». (DT 97)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pobres no son un problema social; son de los nuestros. (DT 104) Esto exige acompañar la vida de las personas encarnándonos con ellas. En este sentido, el Papa recuerda que los movimientos de trabajadores han dado lugar a una nueva conciencia de la dignidad de los marginados (DT 82) y reclama el aporte de la DSI, así como el trabajo por el bien común que posibilita amar al prójimo más eficazmente (DT 88).&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Replantea el Papa la eficaz aportación de la limosna, entendida, como encuentro, contacto e identificación con la situación de los demás (DT 115) que nos permite tocar la carne sufriente de los pobres. (DT 119) la limosna no exime de sus responsabilidades a las autoridades competentes, ni elimina el compromiso organizado de las instituciones, y mucho menos sustituye la lucha legítima por la justicia. Sin embargo, invita al menos a detenerse y a mirar al pobre a la cara, a tocarle y compartir con él algo de lo suyo. (DT 116)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para esto resulta imprescindible seguir vinculando fe y vida y, sobre todo, el culto y la vida, la celebración y el compromiso, la acogida de la vida en la oración, y la espiritualidad que ha de sustentar la presencia de los cristianos en la vida pública (DT 114). Es la espiritualidad del Buen Samaritano, que nos impide reducir la fe al ámbito privado, como si los creyentes no tuviéramos que preocuparnos de todo lo que afecta a la sociedad y a los ciudadanos. (DT 112)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hecho es que muchas formas de indiferencia que hoy encontramos «son signos de un estilo de vida generalizado, que se manifiesta de diversas maneras, quizás más sutiles. (DT 107)</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pobreza sigue clamando justicia, solidaridad, frente a las estructuras de pecado (DT 90) y es preciso seguir denunciando la dictadura de una economía que mata (DT 90-94) reconquistando nuestra dignidad moral y espiritual. Y ante ello tenemos que tener la creatividad y la audacia necesaria para encontrar y concretar caminos para el amor. Por su naturaleza, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites: es para lo imposible. El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. Pues bien, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy. (DT 120)</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Llamadas y desafíos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No andamos escasos de doctrina social en la Iglesia. Quizá lo más perentorio y necesario sea, como propone el Papa en esta exhortación, hacerla vida, una vida en que podamos escuchar también cada uno de nosotros: “Te he amado”. Por eso concluyo simplemente enunciando las llamadas que percibo para nuestra Iglesia; para nuestros movimientos apostólicos y nuestras comunidades parroquiales.</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Hacer una lectura creyente de la realidad, situándonos desde las periferias.</li>



<li>Mirar la realidad como Dios la mira, uniendo los sentimientos de indignación y compasión. Activar los criterios de la DSI.</li>



<li>Para reconocer la presencia de Cristo en los pobres y servirles.</li>



<li>Desde la vinculación de caridad y justicia. En actitud profética.</li>



<li>Atentos a las tentaciones:
<ol class="wp-block-list">
<li>No dejarnos atrapar por el discurso neoliberal (culpar a los pobres)</li>



<li>Reducir la compasión al asistencialismo</li>
</ol>
</li>



<li>Para provocar
<ol class="wp-block-list">
<li>Un camino de encarnación y acompañamiento</li>



<li>Con los pobres</li>



<li>Propiciando un cambio de mentalidad y la conversión de las estructuras, lo que requiere luchar contra las causas estructurales de la pobreza</li>



<li>Que visibilice nuestro ser Iglesia y nos convierta en la iglesia de los pobres. Acompañar a los Movimientos populares</li>



<li>Vinculando fe y vida, culto y vida.</li>
</ol>
</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ello porque la opción por los pobres es la misma opción de Dios. Dios es parcial. Y para nosotros esa opción es una opción profundamente espiritual porque nace de la experiencia del amor de Dios en nuestra vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/pastoral-del-trabajo/de-rerum-novarum-a-las-cosas-nuevas-a-135-anos-de-su-publicacion/">De Rerum novarum a las cosas nuevas: a 135 años de su publicación</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2026)</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/mensaje-del-santo-padre-leon-xiv-para-la-59-a-jornada-mundial-de-la-paz-1-de-enero-de-2026-18-12-2025/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-del-santo-padre-leon-xiv-para-la-59-a-jornada-mundial-de-la-paz-1-de-enero-de-2026-18-12-2025</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Dec 2025 08:04:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicamos a continuación el texto del Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2026 con el tema: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”». La paz esté con todos ustedes:hacia una paz “desarmada y desarmante” [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/mensaje-del-santo-padre-leon-xiv-para-la-59-a-jornada-mundial-de-la-paz-1-de-enero-de-2026-18-12-2025/">Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2026)</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Publicamos a continuación el texto del Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2026 con el tema: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”».</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading"><em><strong>La paz esté con todos ustedes:<br>hacia una paz “desarmada y desarmante”</strong></em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“¡La paz esté contigo!”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este antiquísimo saludo, que sigue siendo habitual en muchas culturas, en la tarde de Pascua se llenó de nuevo vigor en labios de Jesús resucitado. «¡La paz esté con ustedes!» (&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;20,19.21) es su palabra, que no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad. Por eso, los sucesores de los Apóstoles dan voz cada día y en todo el mundo a la más silenciosa revolución: “¡La paz esté con ustedes!”. Desde la tarde de mi elección como Obispo de Roma he querido incorporar mi saludo en este anuncio coral. Y deseo reafirmarlo: «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente».&nbsp;<a></a>[1]</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La paz de Cristo resucitado</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf.&nbsp;<em>Ef</em>&nbsp;2,14) es el Buen Pastor, que da la vida por el rebaño y que tiene muchas ovejas que no son del redil (cf.&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;10,11.16): Cristo, nuestra paz. Su presencia, su don, su victoria resplandecen en la perseverancia de muchos testigos, por medio de los cuales la obra de Dios continúa en el mundo, volviéndose incluso más perceptible y luminosa en la oscuridad de los tiempos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El contraste entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es sólo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado. Con este presentimiento viven los que trabajan por la paz que, en el drama de lo que el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>&nbsp;ha definido como “tercera guerra mundial a pedazos”, siguen resistiendo a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás».&nbsp;<a></a>[2]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Una paz desarmada</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco antes de ser arrestado, en un momento de gran intimidad, Jesús dijo a los que estaban con Él: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo». E inmediatamente agrega: «¡No se inquieten ni teman!» (<em>Jn</em>&nbsp;14,27). La turbación y el temor podían referirse, ciertamente, a la violencia que pronto se abatiría sobre Él. Más profundamente, los Evangelios no esconden que lo que desconcertó a los discípulos fue su respuesta no violenta; un camino al que todos, empezando por Pedro, se opusieron, pero en el cual el Maestro pidió que lo siguieran hasta el final. El camino de Jesús sigue siendo motivo de turbación y de temor. Y Él repite con firmeza a quien quisiera defenderlo: «Envaina tu espada» (<em>Jn</em>&nbsp;18,11; cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;26,52). La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. La gran parábola del juicio universal invita a todos los cristianos a actuar con misericordia, siendo conscientes de ello (cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;25,31-46). Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque hoy no son pocas las personas de corazón dispuesto a la paz, un gran sentimiento de impotencia las invade ante el curso de los acontecimientos, cada vez más incierto. Ya san Agustín, en efecto, señalaba una paradoja particular: «Es más difícil alabar la paz que poseerla. En efecto, si queremos alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pesamos las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin trabajo alguno».&nbsp;<a></a>[3]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de decir que la paz está cerca. Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública. En la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones. Mucho más allá del principio de legítima defensa, en el plano político dicha lógica de oposición es el dato más actual en una desestabilización planetaria que va asumiendo cada día mayor dramatismo e imprevisibilidad. No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza. «La consecuencia —como ya escribía&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es.html">san Juan XXIII</a>&nbsp;acerca de su tiempo— es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico».&nbsp;<a></a>[4]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues bien, en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial.&nbsp;<a></a>[5]&nbsp;Por si fuera poco, hoy parece que se quiera responder a los nuevos desafíos, no sólo con el enorme esfuerzo económico para el rearme, sino también con un reajuste de las políticas educativas; en vez de una cultura de la memoria, que preserve la conciencia madurada en el siglo XX y no olvide a sus millones de víctimas, se promueven campañas de comunicación y programas educativos, en escuelas y universidades, así como en los medios de comunicación, que difunden la percepción de amenazas y transmiten una noción meramente armada de defensa y de seguridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, «el verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella».&nbsp;<a></a>[6]&nbsp;Así recomendaba san Agustín que no se destruyeran los puentes ni se insistiera en el registro del reproche, prefiriendo el camino de la escucha y, en cuanto sea posible, el encuentro con las razones de los demás. Hace sesenta años, el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>&nbsp;se concluía con la conciencia de un diálogo urgente entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. En particular, la Constitución&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html">Gaudium et spes</a></em>&nbsp;centraba la atención en la evolución de la práctica bélica: «El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad».&nbsp;<a></a>[7]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al reiterar el llamamiento de los Padres conciliares y estimando la vía del diálogo como la más eficaz a todos los niveles, constatamos cómo el ulterior avance tecnológico y la aplicación en ámbito militar de las inteligencias artificiales hayan radicalizado la tragedia de los conflictos armados. Incluso se va delineando un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares, con motivo del creciente “delegar” a las máquinas decisiones que afectan la vida y la muerte de personas humanas. Es una espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico sobre el cual se apoya y desde el que se protege cualquier civilización. Es necesario denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección; pero esto no basta, si al mismo tiempo no se fomenta el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico. La Encíclica&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html">Fratelli tutti</a>&nbsp;</em>presenta a san Francisco de Asís como ejemplo de este despertar: «En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos».&nbsp;<a></a>[8]&nbsp;Es una historia que quiere continuar en nosotros, y que requiere que unamos esfuerzos para contribuir recíprocamente a una paz desarmante, una paz que nace de la apertura y de la humildad evangélica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Una paz desarmante</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. El misterio de la Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos, comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén. «Paz en la tierra» cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;2,13-14). Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente (cf.&nbsp;<em>Hch</em>&nbsp;2,37). A este respecto, mi venerado Predecesor escribía que «la fragilidad humana tiene el poder de hacernos más lúcidos respecto a lo que permanece o a lo que pasa, a lo que da vida y a lo que provoca muerte. Quizás por eso tendemos con frecuencia a negar los límites y a evadir a las personas frágiles y heridas, que tienen el poder de cuestionar la dirección que hemos tomado, como individuos y como comunidad».&nbsp;<a></a>[9]</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es.html">San Juan XXIII</a>&nbsp;introdujo por primera vez la perspectiva de un desarme integral, que sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia. Así escribía en&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html">Pacem in terris</a></em>: «Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. Nos confiamos que es éste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no sólo está dictada por las normas de la recta razón, sino que además es en sí misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes».&nbsp;<a></a>[10]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente. Hoy vemos cómo esto no se da por supuesto. Lamentablemente, forma cada vez más parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político, bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Los creyentes deben desmentir activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios. Por eso, junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas. En todo el mundo es deseable «que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón».&nbsp;<a></a>[11]&nbsp;Hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, esto no debe distraer la atención de todos sobre la importancia que tiene la dimensión política. Quienes están llamados a responsabilidades públicas en las sedes más altas y cualificadas, procuren que «se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Examínese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque sólido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos».&nbsp;<a></a>[12]&nbsp;Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, la justicia y la dignidad humana están más expuestas que nunca a los desequilibrios de poder entre los más fuertes. ¿Cómo habitar un tiempo de desestabilización y de conflictos liberándose del mal? Es necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas «como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana».&nbsp;<a></a>[13]&nbsp;Porque, de hecho, «la mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores»,&nbsp;<a></a>[14]&nbsp;a esta estrategia hay que oponer el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala. Ya lo señalaba con claridad&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es.html">León XIII</a>&nbsp;en la Encíclica&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html">Rerum novarum</a></em>: «La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscarse el apoyo de los demás. De las Sagradas Escrituras es esta sentencia: “Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo, pues, si cae, no tendrá quien lo levante!” (&nbsp;<em>Qo</em>&nbsp;4,9-10). Y también esta otra: “El hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad fortificada” (&nbsp;<em>Pr</em>&nbsp;18,19)».&nbsp;<a></a>[15]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que este sea un fruto del&nbsp;<a href="https://www.iubilaeum2025.va/es.html">Jubileo de la Esperanza</a>, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas: «Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (<em>Is</em>&nbsp;2,4-5).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2025</em></p>
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		<title>Los obispos del País Vasco y Navarra: «No necesitamos ser populares sino fieles»</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/los-obispos-del-pais-vasco-y-navarra-la-iglesia-del-futuro-no-necesita-adaptarse-a-las-modas-sino-mantener-su-identidad-evangelica/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=los-obispos-del-pais-vasco-y-navarra-la-iglesia-del-futuro-no-necesita-adaptarse-a-las-modas-sino-mantener-su-identidad-evangelica</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Mar 2025 11:17:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Carta Pastoral]]></category>
		<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<category><![CDATA[Obispos]]></category>
		<category><![CDATA[Pascua del Enfermo]]></category>
		<category><![CDATA[Semana Santa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>REVISTA ECCLESIA: Cinco años después, los obispos del País Vasco y Navarra publican una nueva carta pastoral conjunta para la Cuaresma y la Pascua. Un texto sugerente con el título El contraste paciente. Repensando la relación Iglesia-Mundo, en el que invitan a una presencia cristiana renovada en la sociedad de hoy. Una presencia que es [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">REVISTA ECCLESIA: Cinco años después, los obispos del País Vasco y Navarra publican una nueva carta pastoral conjunta para la Cuaresma y la Pascua. Un texto sugerente con el título <em>El contraste paciente. Repensando la relación Iglesia-Mundo</em>, en el que invitan a una presencia cristiana renovada en la sociedad de hoy. Una presencia que es más pequeña, pero que debe ser coherente. Con raíces profundas y alejada de las modas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La carta, que está enriquecida con numerosas citas de los papas Francisco y Benedicto XVI, pone como ejemplo a los primeros cristianos sobre su modo de estar en el mundo, caracterizado fundamentalmente por la paciencia. «No era simple resignación o pasividad, sino una actitud vital que reflejaba su comprensión de un Dios que actúa con mansedumbre y respeta los ritmos de la historia humana. Se manifestaba en múltiples aspectos: en su modo de crecer como comunidad sin forzar conversiones, en su manera de responsar a la persecución sin buscar represalias, en la formación pausada de nuevos creyentes a través de catecumenado, en sus prácticas de culto que forjaban identidad renovadas, y en su disposición a testimoniar la fe más con el ejemplo que con las palabras».</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, desde el inicio del documento, aparece una tónica general, ya recogida por Lactancio —«la religión debe ser defendida, no matando, sino muriendo; no con sevicia, sino con paciencia; no con maldad, sino con fe»— y que Benedicto XVI tradujo con su: «La Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por atracción».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con todo, y ante una sociedad que se ha secularizado, los obispos señalan algunas claves para la renovación de la presencia de los cristianos. Por ejemplo, es importante reforzar la comunidad y su identidad, pero no para defenderse, sino para hacer una aportación a la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recogiendo palabras del cardenal Ratzinger, apuestan por una Iglesia más pequeña, pero más auténtica, sin privilegios del pasado. «La Iglesia del futuro no necesita adaptarse superficialmente a las modas culturales, sino mantener su identidad evangélica con fidelidad creativa, confiando en que precisamente esta autenticidad la convertirá en faro de esperanza para un mundo necesitado de trascendencia», añaden.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También subrayan la necesidad de acoger a todos o de que la cruz sea realmente una fuerza transformadora, que abraza la vulnerabilidad y ofrece el perdón, pero también hace que se evite la identificación con el mundo y se priorice la fidelidad al Evangelio. La unidad y la alegría son las otras claves que proponen para la Iglesia del futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hecha esta reflexión, los obispos ofrecen unas notas para una conversión pastoral y misionera, que no dejan de ser una propuesta de Iglesia para el mundo de hoy.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que vive en confianza</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«Tenemos motivos para confiar. No en nuestras fuerzas o planes, sino en la fidelidad de Dios que no abandona a su pueblo. El mismo Señor que transformó el fracaso aparente del Calvario en la victoria de la Pascua sigue actuando hoy».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que cultiva al experiencia de fe</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«En una cultura marcada por el activismo y la búsqueda de entretenimiento superficial, el testimonio de una fe profundamente vivida resulta especialmente significativo. No se trata solo de hacer cosas, sino de dejar que Dios se vaya haciendo».</p>



<h2 class="wp-block-heading">Iglesia que genera confianza</h2>



<p class="wp-block-paragraph">«La confianza no se exige ni se impone: se gana día a día con un testimonio coherente y una vida comunitaria que refleje genuinamente el amor de Cristo».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que camina en humildad</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«La humildad es, ante todo, libertad: libertad para poder caminar en la verdad; libertad para reconocer errores sin sentirnos amenazados; libertad para admitir que el camino de conversión es largo y que no avanzaremos sin pedir con insistencia la ayuda de la gracia; libertad para no aparentar una perfección que no poseemos; libertad para el diálogo con el mundo, con mayor capacidad de escuchar y aprender».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que busca su orientación en la Palabra</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«Las comunidades cristianas contrastan constantemente su vida con la Palabra, encontrando en ella luz para el discernimiento y guía en sus decisiones. No es una referencia más entre otras, sino la orientación primaria que ilumina todo nuestro caminar como Iglesia».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que ese alimenta de la Eucaristía</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«La espiritualidad no es un añadido opcional: es el núcleo vital de nuestra fe. En un mundo marcado por el activismo y la dispersión necesitamos anclar nuestra vida en lo esencial. La oración diaria, aunque sea breve, nos mantiene conectados con nuestra identidad cristiana. Pero es en la Eucaristía dominical donde nuestra vida espiritual alcanza su expresión más plena y transformadora».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que se resiste a la mundanidad</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«El antídoto es siempre volver a lo esencial: la centralidad de Cristo crucificado y resucitado. Una Iglesia arraigada en esta verdad puede resistir la tentación de diluirse en la cultura dominante. No necesitamos ser populares, sino fieles. Y es esa fidelidad, vivida con autenticidad y amor, la que hace nuestro testimonio significativo en un mundo que necesita oír hablar de Dios».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que supera el acomplejamiento</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«Es hora de superar los complejos y asumir con naturalidad nuestra identidad cristiana. No para imponerla a nadie, sino para compartirla como lo que es: un don que hemos recibido y que queremos ofrecer a quienes buscan un sentido más profundo para sus vidas»</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que asume y desarrolla su dimensión sinodal</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«Una Iglesia sinodal escucha antes de hablar, dialoga en vez de imponer y, sin renunciar a su identidad y credo específicos, discierne en comunidad los caminos del Espíritu».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que construye fraternidad desde lo márgenes</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«Más allá de las acciones puntuales necesitamos cultivar una sensibilidad permanente que nos permita ver en cada persona necesitada el rostro mismo de Cristo que nos interpela y nos llama a la conversión. Solo así podremos crear alternativas, pequeñas pero significativas, que den esperanza a quienes se sienten solos y abandonados».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia con un laicado que evangeliza</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«El futuro de la evangelización pasa por redescubrir esta vocación misionera del laicado. No como una tarea más, sino como una dimensión natural de la identidad cristiana vivi-da en medio del mundo».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que prioriza el primer anuncio</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«Esta prioridad debe reflejarse en la distribución de recursos humanos y materiales. Nuestras Iglesias diocesanas necesitan impulsar iniciativas específicas que faciliten el encuentro con Cristo. El catecumenado y la formación sistemática vendrán después para desarrollar un estilo de vida cristiano arraigado y coherente. La experiencia muestra que los grupos y comunidades que priorizan comunicar su fe recuperan la alegría del Evangelio y atraen naturalmente a otros».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que anima a vivir y a transmitir la fe en la familia</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«Los padres y madres cristianos necesitan redescubrir su papel como primeros evangelizadores. No están solos: la comunidad eclesial debe acompañarlos, proporcionando el contexto donde las prácticas y valores familiares cristianos cobran su sentido, pueden sostenerse y desarrollarse».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que acoge a fuertes y débiles en la fe</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«La parroquia católica nunca se ha basado en la fuerte afinidad de un grupo selecto, sino en un umbral de adhesión no excluyente. Esta apertura genera una comunidad de sujetos diferentes, con distintos niveles de compromiso. Aunque el núcleo de la comunidad creyente se construya sobre un catecumenado exigente, la Iglesia ha de estar abierta a diversos grados de identificación».</p>



<h3 class="wp-block-heading">Iglesia que promueve la paz social y entre los pueblos</h3>



<p class="wp-block-paragraph">«La Iglesia demuestra con su testimonio que es posible mantener convicciones firmes sin caer en el fundamentalismo, defender la verdad sin menospreciar al diferente y buscar la justicia sin alimentar el conflicto. En un mundo donde las fracturas sociales se profundizan este testimonio de reconciliación y paz resulta más necesario que nunca».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puedes descargar la carta completa aquí</p>



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<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://diocesisvitoria.org/wp-content/uploads/2025/02/EL-CONTRASTE-PACIENTE-CAST.pdf">El contraste paciente</a></div>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Mensaje el Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2024</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/mensaje-el-santo-padre-francisco-para-la-cuaresma-2024/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-el-santo-padre-francisco-para-la-cuaresma-2024</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Feb 2024 12:09:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este año la difusión del Mensaje de Cuaresma del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral incorpora dibujos del artista callejero Maupal A través del desierto Dios nos guía a la libertad Queridos hermanos y hermanas: Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Este año la difusión del Mensaje de Cuaresma del <a href="https://www.humandevelopment.va/es.html">Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral</a>  incorpora dibujos del artista callejero <a href="http://@maupal2014">Maupal</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>A través del desierto Dios nos guía a la libertad</em></strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (<em>Ex</em>&nbsp;20,2). Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, también hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf.&nbsp;<em>Os</em>&nbsp;2,16-17).&nbsp;<em>Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes</em>&nbsp;y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="724" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Imagen-Cuaresma24-724x1024.png" alt="" class="wp-image-408669" style="width:490px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Imagen-Cuaresma24-724x1024.png 724w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Imagen-Cuaresma24-212x300.png 212w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Imagen-Cuaresma24-768x1086.png 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Imagen-Cuaresma24-1086x1536.png 1086w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Imagen-Cuaresma24-1448x2048.png 1448w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Imagen-Cuaresma24-1320x1867.png 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Imagen-Cuaresma24.png 1587w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer&nbsp;<em>ver la realidad</em>. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (<em>Ex</em>&nbsp;3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?»&nbsp;(<em>Gn</em>&nbsp;3,9) y «¿Dónde está tu hermano?»&nbsp;(<em>Gn</em>&nbsp;4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.</p>


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<figure class="alignright size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="481" height="680" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Cuaresma-24-Maupal.jpg" alt="" class="wp-image-408670" style="width:507px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Cuaresma-24-Maupal.jpg 481w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Cuaresma-24-Maupal-212x300.jpg 212w" sizes="(max-width: 481px) 100vw, 481px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (<em>Ex</em>&nbsp;20,2).&nbsp;<em>Es tiempo de conversión, tiempo de libertad</em>. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto implica <em>una lucha</em>, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (<em>Mc</em> 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (<em>Ex</em> 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. <em>Sal</em> 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo.</p>


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<figure class="alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="724" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Mensaje-Cuaresma-Maupal-3-724x1024.jpg" alt="" class="wp-image-408729" style="width:462px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Mensaje-Cuaresma-Maupal-3-724x1024.jpg 724w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Mensaje-Cuaresma-Maupal-3-212x300.jpg 212w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Mensaje-Cuaresma-Maupal-3-768x1086.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Mensaje-Cuaresma-Maupal-3-1086x1536.jpg 1086w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Mensaje-Cuaresma-Maupal-3-1448x2048.jpg 1448w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Mensaje-Cuaresma-Maupal-3-1320x1867.jpg 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2024/02/Mensaje-Cuaresma-Maupal-3.jpg 1587w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Es tiempo de actuar, y en Cuaresma&nbsp;<em>actuar es también detenerse</em>. Detenerse en&nbsp;<em>oración</em>, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano,&nbsp;<em>ante el hermano herido</em>. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.</p>



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<div class="oceanwp-oembed-wrap clr"><blockquote class="twitter-tweet" data-width="550" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">Nueva imagen de <a href="https://twitter.com/maupal2014?ref_src=twsrc%5Etfw">@maupal2014</a> para difundir el Mensaje de <a href="https://twitter.com/hashtag/Cuaresma24?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#Cuaresma24</a> de <a href="https://twitter.com/Pontifex_es?ref_src=twsrc%5Etfw">@Pontifex_es</a> <br><br>Los tienes todos aquí👇<a href="https://twitter.com/vaticanIHD_ES?ref_src=twsrc%5Etfw">@vaticanIHD_ES</a> <a href="https://t.co/hERLbYVTh0">https://t.co/hERLbYVTh0</a> <a href="https://t.co/itKR34EXVq">pic.twitter.com/itKR34EXVq</a></p>&mdash; Pastoral Social (@PastoralSocial9) <a href="https://twitter.com/PastoralSocial9/status/1759909597844816086?ref_src=twsrc%5Etfw">February 20, 2024</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script></div>
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<p class="wp-block-paragraph">La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también&nbsp;<em>un tiempo de decisiones comunitarias</em>, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Ay de nosotros si la penitencia cristiana fuera como la que entristecía a Jesús. También a nosotros Él nos dice: «No pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan» (<em>Mt</em>&nbsp;6,16). Más bien, que se vea la alegría en los rostros, que se sienta la fragancia de la libertad, que se libere ese amor que hace nuevas todas las cosas, empezando por las más pequeñas y cercanas. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una&nbsp;<em>nueva esperanza</em>. Quisiera decirles, como a los jóvenes que encontré en Lisboa el verano pasado: «Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto» (&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/august/documents/20230803-portogallo-universitari.html">Discurso a los universitarios</a></em>, 3 agosto 2023). Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud. La fe y la caridad llevan de la mano a esta pequeña esperanza. Le enseñan a caminar y, al mismo tiempo, es ella la que las arrastra hacia adelante.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20231203-messaggio-quaresima2024.html#_ftn1">[1]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los bendigo a todos y a vuestro camino cuaresmal.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Roma, San Juan de Letrán, 3 de diciembre de 2023, I Domingo de Adviento.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">FRANCISCO</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20231203-messaggio-quaresima2024.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Cf. Ch. Péguy,&nbsp;<em>El pórtico del misterio de la segunda virtud</em>, Madrid 1991, 21-23.</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/mensaje-el-santo-padre-francisco-para-la-cuaresma-2024/">Mensaje el Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2024</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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		<title>Actualizar y renovar la Doctrina Social de la Iglesia</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Jun 2023 09:33:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Doctrina Social de la Iglesia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cardenal Michael Czerny En el siglo IV, Gregorio de Nisa hablaba de «ir de comienzo en comienzo, mediante comienzos que no tienen fin». Con este nuevo comienzo en el corazón, pretendo ofrecer una síntesis de lo que el Papa Francisco, tras diez años de pontificado, nos enseña y anima a poner en práctica en nuestro [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading">Cardenal Michael Czerny</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En el siglo IV, Gregorio de Nisa hablaba de «ir de comienzo en comienzo, mediante comienzos que no tienen fin». Con este nuevo comienzo en el corazón, pretendo ofrecer una síntesis de lo que el Papa Francisco, tras diez años de pontificado, nos enseña y anima a poner en práctica en nuestro camino sinodal. Explicaré la importancia de Aparecida para toda la Iglesia católica, cómo la sinodalidad va adquiriendo un rostro desde lo particular a lo universal, y los retos y los nuevos impulsos para que este camino se haga realidad: superando el escollo del clericalismo, caminando hacia la inculturación, valorando las diferencias y construyendo unidad. Todo ello en clave misionera, abriendo los ojos al descuidado de la casa común y haciendo una relectura de nuestra realidad social. Espero que el Espíritu Santo nos ilumine para que cada uno de nuestros pasos nos conduzca a «poner el vino nuevo en odres nuevos» (<em>Mt</em>&nbsp;9,17).</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>De lo particular a lo universal: la importancia de Aparecida para toda la Iglesia católica</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Durante las cinco Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992), Aparecida (2007), se puso de manifiesto el deseo de la Iglesia latinoamericana y caribeña de crecer y confirmarse en la fe en Cristo Jesús, de ser luz que resplandece en medio de las numerosas sombras de un mundo cerrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gregorio de Nisa afirmaba que en la vida cristiana se va «de comienzo en comienzo, mediante comienzos que no tienen fin». La Iglesia necesita siempre emprender nuevos caminos, porque necesita considerar su adhesión a Cristo y renovar con humildad su ser «sierva» del Señor. En esta lógica de conversión, cada una de las cinco Conferencias marcó una etapa de reanudación, un comienzo que abrió el camino a nuevos comienzos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En particular, la V Conferencia General de Aparecida, estuvo motivada por la voluntad de ratificar la puesta en práctica de la eclesiología conciliar, pero al mismo tiempo estuvo iluminada por un propósito justo, el de dar un nuevo impulso a la evangelización y asumir el compromiso de emprender «una gran misión en todo el Continente» (DAp 362). La Iglesia latinoamericana quiso así reafirmar la alegría de ser Pueblo de Dios en misión, «comunidad de discípulos misioneros» (DAp 364).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como es sabido, el&nbsp;<em>Documento Final&nbsp;</em>de Aparecida constituye una fuente y una referencia fundamental para la Exhortación Apostólica&nbsp;<em>Evangelii Gaudium&nbsp;</em>del Papa Francisco. Merece la pena destacar este punto, porque nos muestra cómo la reflexión madurada en el seno de una Iglesia regional puede convertirse en un paradigma de comprensión y clave hermenéutica a la hora de repensar la presencia de la Iglesia universal en el mundo. Francisco sintetiza y saca a la luz el fruto del debate eclesial que se llevó a cabo en Aparecida, cuando imagina el futuro de la Iglesia y afirma: «Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo» (EG 27).</p>



<p class="wp-block-paragraph">América Latina fue la primera región del mundo que dio origen – en 1955 – a un cuerpo episcopal de naturaleza colegial. El trabajo realizado por el Consejo Episcopal Latinoamericano supuso una gran riqueza para toda la Iglesia. Todos le estamos agradecidos y le somos deudores por habernos donado una expresión viva y auténtica de recepción contextual del «método inductivo» propuesto por&nbsp;<em>Gaudium et Spes</em><sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-1">[1]</a></sup>: escuchar, discernir, interpretar, actuar<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-2">[2]</a></sup>.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>Sinodalidad y el pueblo de Dios: superar el escollo del clericalismo</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En la&nbsp;<em>Constitución pastoral&nbsp;</em>del Vaticano II, los Padres conciliares quisieron indicar como deber permanente de la Iglesia, la actitud de discernir «a fondo, los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» (GS 4). Es a partir del diálogo y de la confrontación con la historia, que la necesidad de la Iglesia actual de volver a ponerse en camino, como Pueblo de Dios, junto con la familia humana, se declina como conversión en cuatro direcciones diferentes: pastoral, sinodal, social y ecológica. El Concilio delineó también un&nbsp;<em>estilo&nbsp;</em>teológico y eclesial que da «forma» a la&nbsp;<em>semper renovanda<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-3">[3]</a></sup></em>&nbsp;conversión integral de la Iglesia, porque la orienta a la con-formación a Cristo: a la comunión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde 2007, se ha hecho mucho. Los retos trazados en el&nbsp;<em>Documento Final&nbsp;</em>de Aparecida siguen siendo vigentes. Los problemas planteados por la globalización, las migraciones, el recrudecimiento del racismo, la intensificación de la violencia social, la precariedad de la vivienda, el aumento de la pobreza y el descuidado de la creación, siguen constituyendo a día de hoy el banco de pruebas en el que la Iglesia latinoamericana y caribeña está llamada a confrontarse con el mensaje evangélico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, la pandemia, como una lente de aumento, ha evidenciado estas criticidades con mayor claridad, revelando otros aspectos concomitantes, como la emergencia sanitaria, la educativa, pero también la necesidad de un liderazgo político capaz de orientar las opciones comunes hacia el bien de todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el punto de vista intraeclesial, hacer de la misión la expresión directa e intrínseca de nuestra identidad bautismal, significa devolver a todo el Pueblo de Dios la plena dignidad de sujeto activo de la evangelización (EG 114). Desde el texto final de Aparecida hasta la Constitución apostólica&nbsp;<em>Predicate Evangelium</em>, pasando por el Sínodo sobre la sinodalidad, se nos plantea un nuevo desafío: reformar las estructuras eclesiales de modo que se incorpore el testimonio y la acción de los laicos en la vida y en la misión de la Iglesia, a todos los niveles, hasta el punto de no considerar como un hecho anómalo y extraordinario la posibilidad de que éstos ejerzan funciones y responsabilidades de gobierno en las Iglesias locales y en la Curia romana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sinodalidad no debe confundirse con una estructura particular, como un sínodo o una asamblea, ni reducirse a un instrumento al servicio de la colegialidad episcopal; es más bien aquello que cualifica el&nbsp;<em>modus essendi et vivendi de la Iglesia</em>, en la expresión de sinergias y carismas diferentes que convergen en la comunión y la unidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, para que se instaure un modelo circular de Iglesia, no basta con «abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe» (DAp 365), para así adquirir formas de participación más amplias, estrategias de toma de decisiones más proclives a la escucha y al diálogo. En otras palabras, para «invertir la pirámide», debemos ante todo empezar por la conversión de los corazones y de un cambio de ritmo en la forma en que nos consideramos miembros vivos del Cuerpo eclesial. Para ello, es urgente superar el escollo del clericalismo, es decir, dejar atrás esa mentalidad autorreferencial, que desde siempre impide a la fuerza transformadora del Evangelio expresarse en una actualización concreta de estilos de vida cristiana, inspirados por el Evangelio y animados por el amor fraterno y recíproco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me detendré brevemente en el clericalismo, dado que considero útil hacer hincapié en algunos de sus rasgos distintivos, para discernir la dirección a seguir y el trabajo que aún nos queda por hacer, por el bien de la Iglesia. Es ante todo una&nbsp;<em>praxis&nbsp;</em>que genera un&nbsp;<em>estilo&nbsp;</em>relacional. Esto significa que se aprende por imitación, siguiendo modelos que se convierten en ejemplares y que, posteriormente, generan un horizonte en el que situar la propia forma de pensar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el ejemplarismo clerical ejerce tal poder de sugestión sobre las nuevas generaciones de sacerdotes y sobre su imaginario, es porque transmite una sensación de eficiencia alentadora y una apariencia de control y de seguridad. La prioridad no se encuentra en la determinación de iluminar, mediante la Palabra de Dios, los problemas de la sociedad, sino en imponer una disciplina que pueda regular los aspectos prácticos de la experiencia creyente. Debemos reconocer, con dolor y contrición ante Dios y ante las víctimas, que las relaciones verticalizadas y discriminatorias que se crean en ciertos ambientes eclesiales clericalizados, han generado y siguen dando lugar a numerosos casos de abuso de autoridad, de poder, de conciencia y de desorden con connotaciones sexuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La resistencia a la hora de acoger los documentos conciliares, como también el magisterio de Francisco, incluso el documento de Aparecida en el contexto latinoamericano, se debe en gran medida a la dificultad de convertir el corazón de obispos, presbíteros y religiosos a la idea de una Iglesia de «puertas abiertas», casa de todos, en la que la afirmación de la diversidad de ministerios y de carismas, no implica la subordinación de un laicado&nbsp;<em>discente&nbsp;</em>a una jerarquía&nbsp;<em>docente.&nbsp;</em>Incluso la reticencia de numerosos exponentes del clero hacia la conversión sinodal, nace a menudo del temor, comprensible y a veces no del todo injustificado, de que abrir la participación en el gobierno eclesial a los laicos pueda causar un debilitamiento de la estructura de la Iglesia, permitiendo la entrada de ideas y la implantación de dinámicas, del todo ajenas a la fe y a los valores de la moral católica. Se escucha a menudo que el clericalismo y el arribismo de los laicos es más nocivo y deletéreo que el de los clérigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque esto fuera cierto, la solución no pasa por perpetuar un modelo de gobierno vertical y autoritario, sino por promover y formar a los laicos en un auténtico y genuino espíritu de pertenencia y participación eclesial. Hablo de laicos, que no sólo sean competentes en aquellos ámbitos en los que lo pueden hacer mejor que los sacerdotes, sino que ante todo sean hombres y mujeres de fe, discípulos en camino, enamorados de Cristo y de la Iglesia. No se puede contrarrestar el clericalismo si, al mismo tiempo, no se permite que surja un laicado responsable y fiable. En este sentido, está en juego el futuro del anuncio evangélico: la crisis de autoridad en la Iglesia, de hecho, se refleja en la inmediata y consiguiente desconfianza de las nuevas generaciones hacia una institución que se presenta esclerótica e inflexible, fuertemente clerical y anclada en un formalismo obsoleto.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>Redescubrir el fundamento teológico de la sinodalidad: la Iglesia «plebs adunata de Trinitate»</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La sinodalidad, lejos de debilitar o minorar el ministerio jerárquico de la Iglesia, «nos ofrece el marco interpretativo más adecuado para comprenderlo»<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-4">[4]</a></sup>, permitiéndole expresar, de modo más auténtico, su dedicación al servicio de la Esposa de Cristo. La sinodalidad no debe entenderse nunca en términos de una «estrategia eclesial», cuyo objetivo es frenar la deriva clerical de los dos últimos siglos, sino que se trata más bien de un retorno a la realidad originaria de la Iglesia. Nace, en efecto, de la iniciativa de Dios Padre que, como se desprende claramente de la narración joánica, mediante el don de la vida del Hijo hecho hombre (<em>Jn</em>&nbsp;10,17) derrama el Espíritu Santo y «reúne en uno» (<em>Jn</em>&nbsp;11,52).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verbo&nbsp;<em>synágein</em>, reunir juntos, con-reunir, contiene ese precioso prefijo&nbsp;<em>sýn&nbsp;</em>que encontramos en el término&nbsp;<em>sínodo</em>: al acto fundacional de Dios que con-reúne la asamblea, el resto fiel, le corresponde el&nbsp;<em>syn-odéuein&nbsp;</em>de los discípulos que con-caminan juntos. El documento de la Comisión Teológica Internacional parece subrayar esta correlación cuando afirma que la sinodalidad designa el estilo peculiar que caracteriza la vida y la misión de la Iglesia, expresando su naturaleza como el reunirse en asamblea del Pueblo de Dios convocado por Cristo y el caminar juntos bajo la guía del Espíritu Santo para anunciar el Evangelio a todos los pueblos<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-5">[5]</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al afirmar que el principio de la sinodalidad se atribuye a la acción del Espíritu, se hace hincapié en el hecho de que la Iglesia es&nbsp;<em>plebs adunata de Trinitate</em>, es decir, participa en la vida de comunión de la Trinidad y se convierte en el instrumento con el que toda la humanidad está llamada a participar. Sin embargo, no basta con aprehender en el don de la comunión trinitaria «la fuente, la forma y el objetivo de la sinodalidad»<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-6">[6]</a></sup>, porque también es necesario destacar que ésta se sitúa en la vertiente de la respuesta libre, consecuente y lógica, de la realidad humana, de la&nbsp;<em>forma ecclesiae,&nbsp;</em>a la gracia de la elección del Dios trinitario que convoca a su Pueblo<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-7">[7]</a></sup>. La sinodalidad, por tanto, expresa en la vida de la Iglesia, la identidad misma del Dios que ella anuncia al mundo, testimoniando así la correspondencia entre lo que es y lo que obra a partir de la revelación de Dios en Cristo, es decir: mostrar globalmente, como comunidad creyente, el estilo de aquel que «no ha venido a ser servido sino a servir» (<em>Mt</em>&nbsp;20,28) y hacia el que ella se dirige en su devenir histórico<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-8">[8]</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Papa Francisco ha reiterado en diferentes ocasiones que el Pueblo de Dios, por la acción del Espíritu Santo en los bautizados (LG 12), es infalible&nbsp;<em>in credendo</em>, es decir, está intuitivamente dispuesto a percibir lo que verdaderamente viene de Dios. Sin embargo, sería una operación ideológica, de retórica vacía, interpretar la llamada al&nbsp;<em>sensus fidei&nbsp;</em>de tal manera que se perpetúe la convicción de que los fieles laicos necesitan una guía firme para explicitar su fe ingenua. Si bien es cierto que algunas expresiones de la fe popular necesitan ser orientadas, también es cierto que existe un laicado consciente, todavía minoritario, cuya voz sigue siendo en gran parte ignorada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Obstaculizar y frustrar el proceso sinodal, tal vez domesticándolo en una versión&nbsp;<em>light</em>, es decir, reiterando la idea de que los laicos están llamados a ser «colaboradores» y no «corresponsables», sería como trasvasar vino nuevo en odres viejos (cf.&nbsp;<em>Mc</em>&nbsp;2,22).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una óptica de perspectiva, ralentizar las reformas, con la esperanza de que disminuya el fervor o que cambien los vientos que soplan desde Roma, sería como poner la mano en el arado y mirar hacia atrás (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;9,62). Por el contrario, para «promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas» (AP 368) es necesario favorecer y alentar el establecimiento de relaciones que se caracterizan por el amor fraterno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De fundamental importancia es el papel que desempeñan las Conferencias Episcopales a la hora de integrar mejor el ejercicio del&nbsp;<em>sensus fidei&nbsp;</em>de todo el Pueblo de Dios y ayudar a las Iglesias locales a superar los particularismos, acompañando aquellas realidades en las que resulta más difícil adquirir un estilo sinodal, y ayudarles a entender nuevamente la misión de la Iglesia como un deber de todos.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>Sinodalidad e inculturación: valorar las diferencias, construir la unidad</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En la visión de Francisco, la sinodalidad es un instrumento de participación cuyo objetivo es involucrar a todos, contra todo reduccionismo jerárquico y como medida para prevenir una acción conciliadora, que no deje emerger las identidades peculiares. En otras palabras, la sinodalidad constituye el conjunto de aquellos «procesos que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias» (FT 217). Nadie ha afirmado con mayor contundencia que este Papa, que el cristianismo vive y prospera en las diferencias. Este énfasis se deriva de una opción teológica, es decir, el énfasis puesto en el misterio de la Encarnación como centro propulsor de la acción cristiana: el misterio de Cristo nos habla de una diferencia asumida, aquella diferencia radical entre Dios y la Criatura. Una diferencia nunca anulada, sino siempre en tensión, como enseña el Concilio de Calcedonia (451 d.C.) sobre las dos naturalezas «unidas y no confundidas» de Jesús. Escribe Francisco, «no haría justicia a la lógica de la encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde» (QAm 69).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evangelización, por tanto, siguiendo el movimiento del Verbo hecho carne, no anula las diferencias humanas, ni conlleva para sí misma una&nbsp;<em>implantatio ecclesie&nbsp;</em>que dé lugar a una forma cultural unívoca. Al contrario, el Evangelio informa las culturas desde dentro, porque siempre entra en diálogo con la humanidad en sus expresiones socioculturales, iluminándolas con la luz de la Revelación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reconocer las semillas de la Palabra, ya de por sí presentes en las diferentes culturas, significa confesar con fe que la evangelización se despliega como un llevar la Verdad de Cristo, con respeto y estima, hacia la identidad del otro. Cuando se comprende que el anuncio del Evangelio está animado por el dinamismo intrínseco de la inculturación y de la interculturalidad, se madura también en la conciencia de que en el «dar» está siempre incluido un «recibir», en el «hablar» un «escuchar»: la comunidad eclesial que se hace misionera, que se acerca con delicadeza a la historia y a la vivencia del otro, experimenta que el contacto entre Evangelio y culturas genera un enriquecimiento recíproco. La inculturación de la fe es un proceso bidireccional: si la Iglesia, al ofrecer la Palabra de Dios, brinda la posibilidad a todas las culturas de descubrir un sentido y una finalidad al ser del hombre, al mismo tiempo, descubre cómo en el encuentro con las visiones antropológicas que emergen de otras culturas, se revelan y profundizan nuevos aspectos del misterio. Como puso de manifiesto el Sínodo sobre la Amazonia, la inculturación debe pensarse desde la perspectiva de una correspondencia recíproca: existe una sabiduría que emana de las culturas de los pueblos indígenas que, al enriquecerse con el misterio cristológico, aporta a la comprensión del mismo, en este caso a la teología de la creación, una profundidad única e irrepetible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En muchas partes del mundo, las Iglesias locales siguen enfrentándose a los efectos y a las consecuencias de una evangelización concebida y aplicada en términos de una colonización cultural. Debemos trabajar más intensamente para que el proceso de descolonización no sea sólo un superar y curar las heridas del pasado, sino también un promover y apoyar la recuperación y la clarificación de una identidad que a menudo ha seguido resistiendo en la sombra, clandestinamente, hibridando costumbres y tradiciones. Descolonizar significará en este caso también discernir la paja del trigo, purificar y salvar, a fin de permitir una autentificación de la fe según las peculiaridades de la cultura misma, es decir, sin hacer mella en la Palabra de Dios y en la Tradición de la Iglesia, pero tampoco sin mortificar el&nbsp;<em>proprium&nbsp;</em>de la identidad de un pueblo. El Papa Francisco nos advierte que «la colonización no se detiene, sino que en muchos lugares se transforma, se disfraza y se disimula, pero no pierde la prepotencia contra la vida de los pobres y la fragilidad del ambiente» (QAm 16). Debemos vigilar las nuevas formas de colonización ideológica, porque sería un grave error y un empobrecimiento para todos, permitir que la globalización de los mercados impusiera una uniformidad de pensamiento y de estilos de vida. La sinodalidad es aliada de la inculturación de la fe, porque realza precisamente las diferencias y armoniza las identidades. Una Iglesia sinodal es, con la imagen del poliedro, una unidad plural.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>Sinodalidad y compromiso pastoral: poner todo en clave misionera</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Como afirmaba el&nbsp;<em>Documento Final&nbsp;</em>de Aparecida: «La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera» (DAp 370). Superar un modelo de Iglesia, centrado únicamente en la acción sacramental, exige el esfuerzo de promover una acción pastoral capaz de asumir los retos planteados por la historia, especialmente el que representa el clamor de los pobres. Esto significa una integración de la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en la actividad de formación espiritual y humana de las comunidades creyentes, no sólo de los agentes de pastoral, sino de cuantos están llamados a «dar razón de la esperanza» en los contextos ordinarios de su vida, principalmente la familia, el trabajo, la sociedad, la cultura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el Papa Francisco afirma con valentía «Quiero una Iglesia pobre para los pobres» (EG 198), no está diciendo que debamos asumir ciertas perspectivas ideológico-clasistas, sino que nos está llamando a la responsabilidad, como Iglesia, de conformarnos a Cristo que «siendo rico, se hizo pobre» (<em>2 Cor</em>&nbsp;8,9). Si en el pasado, la sospecha de una infiltración ideológico-marxista ha pesado en la praxis de las Iglesias latinoamericanas, esto no debe disuadirnos a la hora de dar lugar, en la acción pastoral, a una atención preferencial por los pobres y de confesar que «está implícita en la fe cristológica» (EG 198).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si es intrínseca a la fe en Jesucristo, ¡la opción por los pobres está lejos de ser algo opcional! Debe impregnar y llevar a repensar el modo de planificar y gestionar todas las actividades de la pastoral ordinaria de las comunidades (EG 186-216). No hay que olvidar que, cuando Francisco afirma categóricamente «Quiero una Iglesia pobre para los pobres», alega inmediatamente una razón precisa: «ellos tienen mucho que enseñarnos». Como en el caso de la inculturación, la opción de convertirse en una Iglesia pobre con los pobres, tiene que ver más con lo que se recibe que con lo que se ofrece: los pobres nos evangelizan (EG 198).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Francisco no oculta su predilección por un pasaje de la Exhortación Apostólica&nbsp;<em>Evangelii nuntiandi&nbsp;</em>(1975), en el que Pablo VI hablaba de la «dulce y confortadora alegría de evangelizar» (EN 80). Para Francisco, se trata de una intuición capaz de condensar el sentido de la Iglesia misionera hoy: evangelizar es la razón de ser de la Iglesia, de la que recibe la alegría de experimentar la presencia de Cristo, viva y operante en medio de los suyos. Exige la&nbsp;<em>parresía&nbsp;</em>de salir de sí misma, de abandonar la autorreferencialidad, el narcisismo teológico, para abrirse al mundo, a la historia, no con una actitud de juicio, sino con la mirada llena de misericordia del Padre que «tanto amó al mundo, que entregó a su Unigénito» (<em>Jn</em>&nbsp;3,16).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la Iglesia es autorreferencial, desarrolla esa patología que es la mundanidad espiritual, que el P. de Lubac no tuvo reparos en estigmatizar como el peor mal del que puede estar aquejada la Esposa de Cristo. Si la Iglesia deja de entenderse a sí misma como&nbsp;<em>mysterium lunae&nbsp;</em>en relación con Cristo&nbsp;<em>sol justítiæ</em>, comienza a vivir para darse gloria a sí misma. La opción por los pobres es la cura para la Iglesia autorreferencial, porque al encontrarse con los descartados y los desamparados, los últimos y los que sufren, entra en contacto con las llagas de Cristo de las que emana la curación: «con sus heridas ustedes fueron curados» (<em>1 Pe</em>&nbsp;2,24).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La palabra que más se repite en el&nbsp;<em>Documento de Aparecida</em>&nbsp;es&nbsp;<em>vida</em>. Aparece más de 600 veces. Esto debe hacernos reflexionar: si la evangelización es una oferta de vida digna y plena para las personas, la actividad pastoral debe llevar un mensaje de esperanza a quienes sufren debido a las numerosas carencias, dolores y obstáculos. La nuestra, debe ser una pastoral&nbsp;<em>samaritana&nbsp;</em>que se hace más cercana, se inclina sobre el herido, que se encuentra aturdido y yace tendido al borde de la Modernidad, le unge con el óleo de la alegría, lo carga sobre sus hombros, le proporciona todo lo necesario para que pueda ponerse en pie y recuperar su dignidad de hijo amado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es suficiente declarar la urgencia de la conversión misionera de la Iglesia universal, de las Iglesias particulares, de las Conferencias episcopales, de las parroquias, de los movimientos eclesiales. Se trata de considerar con atención aquellas «estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador» (EG 26), estructuras obsoletas en las que se atrinchera una Iglesia poco acostumbrada a la comunión fraterna y no comprometida con la misión. También en este caso, la sinodalidad puede constituir un recurso decisivo para discernir el modo de encarnar la misión de la Iglesia: no se trata de inventar algo nuevo, sino de reformar las estructuras ya existentes, para que estén verdaderamente al servicio de la fuerza misionera de cada sector de la pastoral ordinaria.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>Sinodalidad y crisis ecológica: la tutela conjunta de la «casa común»</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En Aparecida, los obispos latinoamericanos y caribeños sintieron el deber de educar a la población a una mayor sensibilidad y atención hacia la cuestión ambiental, partiendo, en primer lugar, del dato objetivo de una naturaleza que en el continente se manifiesta y se muestra como una «herencia gratuita» (DAp 471). América Latina presenta «una de las mayores biodiversidades del planeta» (Dap 83), recoge el&nbsp;<em>Documento Final</em>, y dicha prosperidad, que se ofrece a todos, constituye un bien común que debe ser custodiado y preservado, con gratitud y responsabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el cumplimiento de este deber, debemos ser prudentes y estar atentos a las nuevas formas de amenaza que hoy provienen de un uso desconsiderado e inicuo de los recursos ambientales. En particular, quisiera mencionar el específico y deplorable fenómeno global que recibe el nombre de&nbsp;<em>extractivismo&nbsp;</em>y que en el continente latinoamericano está adquiriendo proporciones alarmantes. El término se refiere a la costumbre de extraer recursos de una región de origen, a menudo llevándolos al agotamiento extremo, para trasladarlos en beneficio de lugares y personas diferentes, distantes por geografía y nivel de vida, causando daños al medio ambiente y a las poblaciones locales. El extractivismo declina, bajo una nueva forma, una práctica colonial ya experimentada, combinándola con una tendencia desenfrenada del sistema económico a convertir los bienes de la naturaleza en utilidad. Una de las zonas más afectadas por el extractivismo es la Amazonia, cuya deforestación agresiva y sistemática es la principal causa de la reducción de la biodiversidad y del deterioro de los ecosistemas delicados. También el empobrecimiento del suelo, cuyos recursos mineros y yacimientos fósiles se convierten rápidamente en dinero, alimentando además la corrupción y la inestabilidad política, es una expresión feroz del extractivismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, el clamor de la tierra se suma al clamor de los más vulnerables, de los pueblos indígenas, de los pobres que resultan ser los que están más «amenazados por el desarrollo depredatorio» (DAp 474). La crisis climática y la explotación sistemática y coercitiva de la naturaleza son responsables del aumento del número de refugiados y desplazados. El aumento de las temperaturas, los periodos prolongados de sequía seguidos de inundaciones, los temporales violentos y huracanes devastadores, tienen como consecuencia directa el agravamiento de la falta de alimentos y agua, de vivienda y de bienes de primera necesidad. Como una reacción en cadena, el creciente número de desplazados incide en el recrudecimiento de diversas expresiones de violencia, episodios de tensión social y racismo. La Iglesia está llamada a actuar unida, sinodalmente, escuchando&nbsp;<em>tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres&nbsp;</em>(LS 48), difundiendo una cultura de respeto de la «casa común», pero sobre todo haciéndose portavoz de la necesidad de reformular la idea misma de progreso y de crecimiento económico, interpelando al mundo político para que se oriente hacia opciones que garanticen una mayor protección del bien común representado por la naturaleza.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>Sinodalidad y realidad social</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si la evangelización debe promover una ya ineludible «conversión pastoral», de igual modo debe estimular la búsqueda de una sociedad más justa y equitativa, más fraterna. La secularización galopante, que incluso en América Latina y el Caribe muestra su rostro nihilista y ateo, a menudo bajo la apariencia de una cínica promesa de crecimiento económico, exige a los católicos la audacia de llevar la tradición sabia de la enseñanza social de la Iglesia al ámbito de las realidades temporales. A día de hoy, las palabras pronunciadas por el Concilio en el decreto&nbsp;<em>Apostolicam actuositatem&nbsp;</em>siguen siendo un faro que ilumina e indica la dirección: «Los laicos tomen como obligación suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por el pensamiento de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta en dicho orden; que cooperen unos ciudadanos con otros, con sus conocimientos especiales y su responsabilidad propia; y que busquen en todas partes y en todo la justicia del reino de Dios» (AA 7).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La referencia a la&nbsp;<em>ciudadanía&nbsp;</em>me parece particularmente importante, porque es en este contexto en el que los valores evangélicos deben entrar en diálogo con los diversos aspectos y actores del tejido social, político, cultural y religioso. Pero si la ciudadanía, como contexto específico en el que el fiel laico está llamado a actuar en el ámbito de las realidades temporales, es una responsabilidad que corresponde al laicado en nombre de toda la Iglesia, esto significa que deben poder expresarse con creatividad, ejerciendo en conciencia recta una libertad que, de entrada, no debe ser ni coaccionada ni preceptuada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de&nbsp;<em>Doctrina Social de la Iglesia</em>, pues, deberíamos referirla a esta perspectiva pedagógica, en una línea de sucesión con la&nbsp;<em>paideia/politeia&nbsp;</em>cristiana: su enseñanza está dirigida a restablecer y reforzar la relación entre Dios y la persona, entre la persona y la comunidad. Como afirma el Apóstol, toda la Escritura es útil «para enseñar, para argüir, para corregir», pero su función educativa tiene como finalidad principal la de «educar en la justicia».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Enseñar y difundir la Doctrina Social pertenece de modo esencial al mensaje cristiano: no se trata de una acción marginal, que se añade en segundo lugar, como ámbito de las aplicaciones prácticas que sigue a un&nbsp;<em>corpus</em>&nbsp;de verdades dogmáticas, sino que se sitúa en el corazón mismo del anuncio evangélico. Forma parte del ministerio de la Iglesia, como servicio a la Palabra y al hombre, porque «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (GS 22).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto se comprende bien en un denso pasaje de la&nbsp;<em>Evangelii Gaudium</em>, en el que se afirma que la comprensión de la dimensión social ya no debe entenderse como un añadido al Evangelio, un momento posterior a él según el adagio «operari sequitur esse», sino como su realidad interior, propiamente intrínseca:</p>



<p class="wp-block-paragraph">El&nbsp;<em>kerygma</em>&nbsp;tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad (EG 177)<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-9">[9]</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La falta de atención hacia el pobre, la reticencia a expresar una solidaridad tangible con el prójimo, tienen que ver con la dificultad de construir una relación auténtica de escucha de la Palabra de Dios y de diálogo con Dios (EG 187). Es este principio de correspondencia, el que determina la autenticidad de la relación con Dios en la entrega que se es capaz de expresar hacia el hermano, que guía al creyente en su compromiso activo y le sugiere el criterio con el que debe escrutar sus opciones en el ámbito de la realidad social, de la economía, de la política, del medio ambiente, de la cultura, de la tecnología, de la salud y de la seguridad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>Conclusión</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Deseo concluir remitiéndome de nuevo al caso peculiar del Sínodo sobre la Amazonia, cuyos trabajos finalizaron el 26 de octubre de 2019 con la presentación del&nbsp;<em>Documento final&nbsp;</em>al Santo Padre. El Papa Francisco dio lustre a estos trabajos profundizando e iluminando otros aspectos de los mismos en&nbsp;<em>Querida Amazonia</em>. Sin embargo, ninguno de estos documentos tenía como objetivo poner fin a los trabajos en curso, ni pretendía tener la última palabra sobre los argumentos tratados. Mientras que la región amazónica y sus habitantes sigan viviendo en peligro y mientras que los sueños sociales, culturales, ecológicos y pastorales imaginados por el Papa Francisco sigan sin cumplirse, deberá continuar el compromiso en la reflexión y en la búsqueda de una dirección común en las estrategias de acción a adoptar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto puede aplicarse también a los trabajos del CELAM, porque reunirse como Pueblo de Dios, como Iglesia «con los ojos abiertos», en camino en la historia, incluso antes de preocuparse por «hacer» algo y elegir «qué» hacer, tiene valor en sí mismo por el hecho de que en la confrontación y el contagio de las ideas, se pone en marcha un cambio de las mentalidades. La&nbsp;<em>metanoia&nbsp;</em>eclesial, como dice Francisco, «es animarse a entrar en un proceso». «Los procesos eclesiales – precisa el Pontífice – tienen una necesidad. Necesitan ser custodiados, cuidados como el bebé, acompañados al inicio. Cuidados con delicadeza. Necesitan calor de comunidad, necesitan calor de madre Iglesia. Un proceso eclesial crece así»<sup><a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-10">[10]</a></sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como hermano suyo en la fe, sintiéndome también yo mismo un poco latinoamericano por motivo de mi camino de vida religiosa que me llevó, como jesuita, a trabajar con ustedes en años complejos y difíciles, los animo a continuar con esperanza en esta obra de renovación de la Iglesia. Que la Iglesia latinoamericana y caribeña siga siendo la fragua de ideas y experiencias a la que la Iglesia universal pueda recurrir para acercarse cada vez más al Cristo que ha venido, que viene, que vendrá, «para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (<em>Jn</em>&nbsp;10.10).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Cardenal Michael Czerny es el Prefecto del <a href="https://www.humandevelopment.va/es.html">Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral</a> de la Santa Sede</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Por ejemplo, «El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la menta hacia soluciones plenamente humanas. El Concilio se propone, ante todo, juzgar bajo esta luz los valores que hoy disfrutan la máxima consideración y enlazarlos de nuevo con su fuente divina» (GS 11).&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-1">↑</a></li>



<li>«Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada» (GS 44).&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-2">↑</a></li>



<li>El Concilio enseña que «Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad» (UR 6; cf. LG 8).&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-3">↑</a></li>



<li>Papa Francisco,&nbsp;<em>Discurso con ocasión de la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos</em>, 17 de octubre de 2015: AAS 107 (2015), 1139.&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-4">↑</a></li>



<li>Cf. Comisión Teológica Internacional,&nbsp;<em>La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia</em>, 70.&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-5">↑</a></li>



<li><em>Ibid</em>, 43.&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-6">↑</a></li>



<li>Cf. A. Martin, «Appunti per un’ecclesiologia biblica a carattere sinodale. L’utilizzo della Sacra Scrittura ne&nbsp;<em>La sinodalità nella vita e nella missione della Chiesa</em>», en&nbsp;<em>La sinodalità nella vita e nella missione della Chiesa. Commento a più voci al Documento della Commissione teologica internazionale</em>, P. Coda – R. Repole, Curr., EDB, Bologna 2019, 21.&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-7">↑</a></li>



<li>Cf. R. Repole, «Verso una teologia della sinodalità. Alcune considerazioni di fondo in relazione al secondo capitolo del documento», en&nbsp;<em>La sinodalità nella vita e nella missione della Chiesa,&nbsp;</em>cit., 56.&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-8">↑</a></li>



<li>«Esta dimensión social es la realidad interior del Evangelio y es plenamente intrínseca». Cf. Czerny &amp; Barone,&nbsp;<em>Fraternidad,&nbsp;</em>«Signo de los tiempos» El magisterio social del Papa Francesco, PPC, 2022.&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-9">↑</a></li>



<li>Papa Francisco: Discurso en la apertura del Sínodo para la Amazonía, 7 de octubre de 2019.&nbsp;<a href="https://www.laciviltacattolica.es/2023/05/19/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/#post-3304-footnote-ref-10">↑</a></li>
</ol>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/actualizar-y-renovar-la-doctrina-social-de-la-iglesia/">Actualizar y renovar la Doctrina Social de la Iglesia</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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		<title>Documentos de Doctrina Social de la Iglesia</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/documentos-de-doctrina-social-de-la-iglesia/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=documentos-de-doctrina-social-de-la-iglesia</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Apr 2023 08:01:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://social.conferenciaepiscopal.es/?p=403805</guid>

					<description><![CDATA[<p>A continuación presentamos los documentos más importantes de la Doctrina Social de la Iglesia</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">A continuación presentamos los documentos más importantes de la Doctrina Social de la Iglesia</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><a href="https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html"><img loading="lazy" decoding="async" width="871" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/04/compendio-doctrina-social-iglesia-portada-871x1024.jpg" alt="" class="wp-image-403859" style="width:223px;height:261px" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/04/compendio-doctrina-social-iglesia-portada-871x1024.jpg 871w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/04/compendio-doctrina-social-iglesia-portada-255x300.jpg 255w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/04/compendio-doctrina-social-iglesia-portada-768x903.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/04/compendio-doctrina-social-iglesia-portada.jpg 1095w" sizes="(max-width: 871px) 100vw, 871px" /></a></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"></p>



<figure class="wp-block-table"><table><thead><tr><th>Nombre</th><th>Autor</th><th>Enlace</th></tr></thead><tbody><tr><td>Libertas Praestantissi mum</td><td>León XIII</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_20061888_libertas.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_20061888_libertas.html</a></td></tr><tr><td>Rerum Novarum</td><td>León XIII</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html</a></td></tr><tr><td>Quadragesimo Anno</td><td>Pío XI</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html</a></td></tr><tr><td>Divini Redemptoris</td><td>Pío XI</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19370319_divini-redemptoris.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19370319_divini-redemptoris.html</a></td></tr><tr><td>La Solennità</td><td>Pío XII</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/pius-xii/es/speeches/1941/documents/hf_p-xii_spe_19410601_radiomessage-pentecost.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/pius-xii/es/speeches/1941/documents/hf_p-xii_spe_19410601_radiomessage-pentecost.html</a></td></tr><tr><td>Benignitas Et Humanitas</td><td>Pío XII</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/pius-xii/es/speeches/1944/documents/hf_p-xii_spe_19441224_natale.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/pius-xii/es/speeches/1944/documents/hf_p-xii_spe_19441224_natale.html</a></td></tr><tr><td>Mater Et Magistra</td><td>Juan XXIII</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html</a></td></tr><tr><td>Pacem in Terris</td><td>Juan XXIII</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html</a></td></tr><tr><td>Gaudium et Spes</td><td>Vaticano II</td><td><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html</a></td></tr><tr><td>Populorum Progressio</td><td>Pablo VI</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html</a></td></tr><tr><td>Octogesima Adveniens</td><td>Pablo VI</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_letters/documents/hf_p-vi_apl_19710514_octogesima-adveniens.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_letters/documents/hf_p-vi_apl_19710514_octogesima-adveniens.html</a></td></tr><tr><td>Evangelii Nuntiandi</td><td>Pablo VI</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html</a></td></tr><tr><td>Laborem Exercens</td><td>Juan Pablo II</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html</a></td></tr><tr><td>Sollicitudo Rei Socialis</td><td>Juan Pablo II</td><td><a href="https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19860322_freedom-liberation_sp.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html</a></td></tr><tr><td>Fides et Ratio</td><td>Juan Pablo II</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html</a></td></tr><tr><td>Centesimus Annus</td><td>Juan Pablo II</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html</a></td></tr><tr><td>Deus Caritas Est</td><td>Benedicto XVI</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html</a></td></tr><tr><td>Caritas In Veritate</td><td>Benedicto XVI</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html</a></td></tr><tr><td>Evangelii Gaudium</td><td>Francisco</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html</a></td></tr><tr><td>Laudato Si’</td><td>Francisco</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html</a></td></tr><tr><td>Fratelli Tutti</td><td>Francisco</td><td><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html</a></td></tr></tbody></table></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h2 class="wp-block-heading">Otros documentos y aportaciones</h2>



<div class="wp-block-buttons is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-fe48e5de wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/DSI-JR-Pelaez.pdf">Doctrina Social de la Iglesia: Tesoro olvidado</a></div>
</div>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<p class="responsive-video-wrap clr"><iframe title="Aportación de la Doctrina Social de la Iglesia _ Luis Argüello" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/zp0ID3T-1tw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/documentos-de-doctrina-social-de-la-iglesia/">Documentos de Doctrina Social de la Iglesia</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Maternidad subrogada: Una forma de explotación de la mujer</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/maternidad-subrogada/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=maternidad-subrogada</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Apr 2023 06:57:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Maternidad subrogada]]></category>
		<category><![CDATA[Mujer]]></category>
		<category><![CDATA[Vídeo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nota de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida La Iglesia no cesa de proclamar el “Evangelio de la Vida”, iluminando la obligación de todo Estado de respetar la dignidad de toda vida humana y la defensa de la misma desde el inicio hasta el final. Hoy, como siempre, la Iglesia quiere llevar [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading">Nota de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La Iglesia no cesa de proclamar el “Evangelio de la Vida”, iluminando la obligación de todo Estado de respetar la dignidad de toda vida humana y la defensa de la misma desde el inicio hasta el final. Hoy, como siempre, la Iglesia quiere llevar el amor y la esperanza a la sociedad, a menudo oscurecida por el individualismo y la cosificación de la persona humana. Por eso, ante tanta tiniebla originada por las leyes injustas promulgadas contra la vida y la dignidad de todo ser humano, a la luz de la razón e iluminados por la fe, cumplimos el deber pastoral de recordar al pueblo de Dios, sacerdotes, consagrados y laicos, y a cuantos quieran escuchar con la mejor voluntad la enseñanza de la Iglesia, siempre en favor del hombre y de su dignidad.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>I.- A favor de la dignidad</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">La importancia y el significado de la vida humana exigen una fundada reflexión, que busque su dignidad en el marco de un humanismo que sea fiel a la verdad del ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Papa Benedicto XVI afirmaba que “<em>sin el principio fundador de la dignidad humana sería arduo hallar una fuente para los derechos de la persona e imposible alcanzar un juicio ético respecto a las conquistas de la ciencia que intervienen directamente en la vida humana”<strong>[1]</strong></em>. Hay que recordar que la dignidad humana es un valor fundamental que debe ser respetado y protegido, independientemente de las creencias religiosas o de la falta de ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cristo, a la luz de su Encarnación, revela el sentido y el misterio del ser humano y su dignidad, y confirma a la razón su vocación trascendente y su anhelo de alcanzar la vida sin fin y la felicidad plena, por eso, la relación de la persona con Dios es esencial para comprender su dignidad. Todo hombre representa una novedad, es único e irrepetible. La vida es un bien fundamental del hombre, que vale por sí misma y que no está a disposición de nadie.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>II.- Aspectos éticos de la maternidad sustitutiva</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Son varios los documentos en los que la Iglesia se ha pronunciado sobre la maternidad sustitutiva o gestación subrogada (especialmente la Instrucción&nbsp;<em>Donum Vitae&nbsp;</em>y la Instrucción&nbsp;<em>Dignitas Personae</em>).&nbsp; De hecho, la instrucción&nbsp;<em>Donum Vitae</em>&nbsp;del Dicasterio para la Doctrina de la Fe define la maternidad sustitutiva del siguiente modo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">a)&nbsp;<em>la mujer que lleva la gestación de un embrión implantado en su útero, que le es genéticamente ajeno, obtenido mediante la unión de gametos de «donadores», con el compromiso de entregar el niño, inmediatamente después del nacimiento, a quien ha encargado o contratado la gestación;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">b)&nbsp;<em>la mujer que lleva la gestación de un embrión a cuya procreación ha colaborado con la donación de un óvulo propio, fecundado mediante la inseminación con el esperma de un hombre diverso de su marido, con el compromiso de entregar el hijo, después de nacer, a quien ha encargado o contratado la gestación.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A la luz de dichos documentos, queremos destacar los siguientes aspectos éticos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">1.- La maternidad por subrogación es, inequívocamente, una nueva forma de explotación de la mujer,&nbsp;contraria a la dignidad de la persona humana, pues usa el cuerpo femenino, y toda su persona, reduciéndola a ser una incubadora humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2.- En toda maternidad subrogada hay una fecundación artificial heteróloga que “<em>es contraria a la unidad del matrimonio, a la dignidad de los esposos, a la vocación propia de los padres y al derecho de los hijos a ser concebidos y traídos al mundo en el matrimonio y por el matrimonio”<strong>[2]</strong>.</em>&nbsp;Recordemos que el fin nunca justifica los medios y que toda persona humana es fin en sí mismo. Negar estas verdades nos llevaría a afirmar que todo lo técnicamente posible se puede realizar y a legitimar la cosificación y el uso de unas personas por otras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3.- A todo lo anterior se añade, que con el llamado “útero de alquiler” se convierte la maternidad en objeto de comercio, que se compra y se vende.&nbsp;La mujer queda reducida&nbsp;a un simple instrumento, un “útero” a disposición del contratante, abriendo el camino a la explotación y a la comercialización de la persona humana.&nbsp;El contrato se culmina con la entrega del niño. Como afirma el Papa Francisco:&nbsp;<em>“la dignidad del hombre y de la mujer también se ve amenazada por la práctica inhumana y cada vez más extendida del “vientre de alquiler”, en la que las mujeres, casi siempre pobres, son explotadas, y se trata a los niños como mercancías”<strong>[3]</strong>.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<p class="responsive-video-wrap clr"><iframe title="Papa Francisco: Vientre de alquiler es una práctica inhumana" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/KXE11KkUTTY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></p>
</div></figure>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>III.- La vida como don y el interés superior del menor</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">1.-&nbsp;<strong>Una vida humana es un don y no un derecho.&nbsp;“</strong><em>La Iglesia reconoce la legitimidad del deseo de un hijo, y comprende los sufrimientos de los cónyuges afligidos por el problema de la infertilidad. Sin embargo, ese deseo no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana hasta el punto de someterla a un dominio absoluto. El deseo de un hijo no puede justificar la “producción” del mismo, así como el deseo de no tener un hijo ya concebido no puede justificar su abandono o destrucción</em>”[4].</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>No existe un “derecho a la procreación”&nbsp;</strong>y por tanto un “derecho al hijo”. La voluntad reproductiva no puede anular la gestación ni la maternidad. Recordemos lo que afirma la Conferencia Episcopal Española al decir que “<em>La separación entre procreación y sexualidad representa una herida profunda a la naturaleza humana y a la familia. A la naturaleza, porque transforma al hijo en un producto, insinuando la idea de que la vida pueda ser una producción humana. A la sociedad, porque la nueva vida presupone solo una capacidad técnica y no un contexto de amor de esposos que quieren ser padres… La familia natural es así deconstruida y reconstruida artificialmente de muchas formas, siguiendo los deseos de cada individuo</em>”<sup>[5]</sup>. Esto implica que hay que favorecer “<em>los derechos del niño a una familia compuesta por un hombre y una mujer unidos por un pacto duradero de amor recíproco</em>”[6].</p>



<p class="wp-block-paragraph">2.-&nbsp;<strong>El bien del niño</strong>. Ninguna vida humana debe ser considerada como un producto o un bien de consumo. La vida de ningún niño nunca debe ser tratada como algo sometido al tráfico y al comercio. Debería buscarse en primer lugar el bien del menor, y no que éste quede supeditado al deseo de los comitentes y a su decisión. Por otro lado, la posibilidad de abandono de niños (real, sucedida en algunos países por partos gemelares, por patología o por preferencia de sexo),&nbsp;<strong>supone una grave marginación que atenta contra el principio de no discriminación del menor o de toda persona discapacitada.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">También debemos tener presente que<strong>&nbsp;c</strong>ada vez aparecen más datos científicos destacando la importancia que para la salud física y psicológica tiene la relación materno filial en la gestación. Esto, por el bien del niño, nos obliga a ser aún más precavidos a la hora de aprobar los úteros del alquiler.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que priorizar el bien de los niños gestados por la maternidad subrogada, buscando la mejor solución acerca de su estatus jurídico, siendo conscientes que tienen toda la dignidad y merecen ser acogidos y respetados. Un niño, independientemente de cómo haya sido concebido, ha de ser amado y respetado en sus derechos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Teniendo presente que en la actualidad “e<em>l derecho a decidir y el deseo-sentimiento adquieren categoría jurídica al servicio de la construcción de un nuevo modelo social, para lo que es preciso «deconstruir» lo esencial del sistema vigente</em>”[7], es necesario recordar la afirmación de S. Juan Pablo II: “<em>para el futuro de la sociedad y el desarrollo de una sana democracia, urge pues descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de la persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover</em>”[8]. Por eso, creemos que es necesaria una legislación que impida esta práctica de la maternidad subrogada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que Santa María, Madre de la Vida, nos ayude a acoger y defender el don de la vida, promoviendo la dignidad de cada persona humana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph">[1] BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en la Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida, 13 de febrero de 2010.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[2] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción<em>&nbsp;Donum Vitae.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">[3] PAPA FRANCISCO, Discurso a los miembros de la Federación de Asociaciones de Familias Católicas de Europa, 10 de junio de 2022.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[4] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción&nbsp;<em>Dignitas Personae</em>&nbsp;nº 16.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[5] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, “El Dios fiel mantiene su alianza” nº 61</p>



<p class="wp-block-paragraph">[6] Idem.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[7] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, “El Dios fiel mantiene su alianza” nº 39</p>



<p class="wp-block-paragraph">[8] SAN JUAN PABLO II, Encíclica&nbsp;<em>Evangelium Vitae</em>&nbsp;nº 71.</p>



<p class="wp-block-paragraph">21/04/2023</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Jornada Mundial de la Paz 2023: Nadie puede salvarse solo</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/jornada-mundial-de-la-paz-2023-nadie-puede-salvarse-solo/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=jornada-mundial-de-la-paz-2023-nadie-puede-salvarse-solo</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Dec 2022 11:27:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://social.conferenciaepiscopal.es/?p=401844</guid>

					<description><![CDATA[<p>Mensaje del papa Francisco para la jornada Mundial de la Paz 1 de enero de 2023 Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz «Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Mensaje del papa Francisco para la jornada Mundial de la Paz</h2>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">1 de enero de 2023</h2>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde</strong> <strong>el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche»</em>&nbsp;(<em>Primera carta de san Pablo a los Tesalonicenses</em>&nbsp;5,1-2).&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. Con estas palabras, el apóstol Pablo invitaba a la comunidad de Tesalónica, que esperaba el encuentro con el Señor, a permanecer firme, con los pies y el corazón bien plantados en la tierra, capaz de una mirada atenta a la realidad y a las vicisitudes de la historia. Por eso,&nbsp;<strong>aunque los acontecimientos de nuestra existencia parezcan tan trágicos y nos sintamos empujados al túnel oscuro y difícil de la injusticia y el sufrimiento, estamos llamados a mantener el corazón abierto a la esperanza, confiando en Dios que se hace presente, nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, guía nuestro camino</strong>. Con este ánimo san Pablo exhorta constantemente a la comunidad a estar vigilante, buscando el bien, la justicia y la verdad: «No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios» (5,6). Es una invitación a mantenerse alerta, a no encerrarnos en el miedo, el dolor o la resignación, a no ceder a la distracción, a no desanimarnos, sino a ser como centinelas capaces de velar y distinguir las primeras luces del alba, especialmente en las horas más oscuras.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">2.&nbsp;&nbsp;<strong>El COVID-19 nos sumió en medio de la noche</strong>, desestabilizando nuestra vida ordinaria, trastornando nuestros planes y costumbres, perturbando la aparente tranquilidad incluso de las sociedades más privilegiadas, generando desorientación y sufrimiento, y causando la muerte de tantos hermanos y hermanas nuestros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empujado dentro de una vorágine de desafíos inesperados y en una situación que no estaba del todo clara ni siquiera desde el punto de vista científico, el mundo sanitario se movilizó para aliviar el dolor de tantos y tratar de ponerle remedio; del mismo modo, las autoridades políticas tuvieron que tomar medidas drásticas en materia de organización y gestión de la emergencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="725" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-725x1024.jpg" alt="" class="wp-image-401861" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-725x1024.jpg 725w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-212x300.jpg 212w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-768x1085.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023-1087x1536.jpg 1087w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Infohrafia-Jornada-Mundial-de-la-Paz-2023.jpg 1241w" sizes="(max-width: 725px) 100vw, 725px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Junto con las manifestaciones físicas,&nbsp;<strong>el COVID-19 provocó</strong>&nbsp;—también con efectos a largo plazo—&nbsp;<strong>un malestar generalizado que caló en los corazones de muchas personas y familias</strong>, con secuelas a tener en cuenta, alimentadas por largos períodos de aislamiento y diversas restricciones de la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, no podemos olvidar cómo&nbsp;<strong>la pandemia tocó la fibra sensible del tejido social y económico, sacando a relucir contradicciones y desigualdades</strong>. Amenazó la seguridad laboral de muchos y agravó la soledad cada vez más extendida en nuestras sociedades, sobre todo la de los más débiles y la de los pobres. Pensemos, por ejemplo, en los millones de trabajadores informales de muchas partes del mundo, a los que se dejó sin empleo y sin ningún apoyo durante todo el confinamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Rara vez los individuos y la sociedad avanzan en situaciones que generan tal sentimiento de derrota y amargura</strong>; pues esto debilita los esfuerzos dedicados a la paz y provoca conflictos sociales, frustración y violencia de todo tipo. En este sentido,&nbsp;<strong>la pandemia parece haber sacudido incluso las zonas más pacíficas de nuestro mundo, haciendo aflorar innumerables carencias.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">3.&nbsp;<strong>Transcurridos tres años, ha llegado el momento de tomarnos un tiempo para cuestionarnos, aprender, crecer y dejarnos transformar</strong>&nbsp;—de forma personal y comunitaria—;&nbsp;<strong>un tiempo privilegiado para prepararnos al “día del Señor”.</strong>&nbsp;Ya he dicho varias veces que de los momentos de crisis nunca se sale igual: de ellos salimos mejores o peores. Hoy estamos llamados a preguntarnos: ¿qué hemos aprendido de esta situación pandémica? ¿Qué nuevos caminos debemos emprender para liberarnos de las cadenas de nuestros viejos hábitos, para estar mejor preparados, para atrevernos con lo nuevo? ¿Qué señales de vida y esperanza podemos aprovechar para seguir adelante e intentar hacer de nuestro mundo un lugar mejor? &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la.png" alt="" class="wp-image-401876" width="387" height="387" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la.png 680w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la-300x300.png 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la-150x150.png 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/12/Jornada-Mundiald-e-la-600x600.png 600w" sizes="(max-width: 387px) 100vw, 387px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Seguramente, después de haber palpado la fragilidad que caracteriza la realidad humana y nuestra existencia personal,&nbsp;<strong>podemos decir que la mayor lección que nos deja en herencia el COVID-19 es la conciencia de que todos nos necesitamos; de que nuestro mayor tesoro, aunque también el más frágil, es la fraternidad humana, fundada en nuestra filiación divina común, y de que nadie puede salvarse solo.</strong>&nbsp;Por tanto,&nbsp;<strong>es urgente que busquemos y promovamos juntos los valores universales que trazan el camino de esta fraternidad humana.</strong>&nbsp;También hemos aprendido que&nbsp;<strong>la fe depositada en el progreso, la tecnología y los efectos de la globalización no sólo ha sido excesiva, sino que se ha convertido en una intoxicación individualista e idolátrica, comprometiendo la deseada garantía de justicia, armonía y paz.</strong>&nbsp;En nuestro acelerado mundo, muy a menudo los problemas generalizados de desequilibrio, injusticia, pobreza y marginación alimentan el malestar y los conflictos, y generan violencia e incluso guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si, por un lado, la pandemia sacó a relucir todo esto, por otro,&nbsp;<strong>hemos logrado hacer descubrimientos positivos:</strong>&nbsp;un beneficioso&nbsp;<strong>retorno a la humildad</strong>; una r<strong>educción de ciertas pretensiones consumistas</strong>; un&nbsp;<strong>renovado sentido de la solidaridad&nbsp;</strong>que nos anima a salir de nuestro egoísmo para abrirnos al sufrimiento de los demás y a sus necesidades; así como&nbsp;<strong>un compromiso, en algunos casos verdaderamente heroico, de tantas personas que no escatimaron esfuerzos para que todos pudieran superar mejor el drama de la emergencia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De esta experiencia&nbsp;<strong>ha surgido una conciencia más fuerte que invita a todos, pueblos y naciones, a volver a poner la palabra “juntos” en el centro</strong>. En efecto, es juntos, en la fraternidad y la&nbsp; solidaridad, que podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos. De hecho, las respuestas más eficaces a la pandemia han sido aquellas en las que grupos sociales, instituciones públicas y privadas y organizaciones internacionales se unieron para hacer frente al desafío, dejando de lado intereses particulares.&nbsp;<strong>Sólo la paz que nace del amor fraterno y desinteresado puede ayudarnos a superar las crisis personales, sociales y mundiales.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">4. Al mismo tiempo,&nbsp;<strong>en el momento en que nos atrevimos a esperar que lo peor de la noche de la pandemia del COVID-19 había pasado, un nuevo y terrible desastre se abatió sobre la humanidad.</strong>&nbsp;Fuimos testigos del inicio de otro azote: una nueva guerra, en parte comparable a la del COVID-19, pero impulsada por decisiones humanas reprobables.&nbsp;<strong>La guerra en Ucrania se cobra víctimas inocentes y propaga la inseguridad</strong>, no sólo entre los directamente afectados, sino de forma generalizada e indiscriminada en todo el mundo; también afecta a quienes, incluso a miles de kilómetros de distancia, sufren sus efectos colaterales —basta pensar en la escasez de trigo y los precios del combustible—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertamente,&nbsp;<strong>esta no es la era post-COVID que esperábamos o preveíamos</strong>. De hecho,&nbsp;<strong>esta guerra</strong>,&nbsp;<strong>junto con los demás conflictos en todo el planeta, representa una derrota para la humanidad en su conjunto y no sólo para las partes directamente implicadas.</strong>&nbsp;<strong>Aunque se ha encontrado una vacuna contra el COVID-19, aún no se han hallado soluciones eficaces para poner fin a la guerra</strong>. En efecto,&nbsp;<strong>el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por el pecado</strong>&nbsp;(cf.&nbsp;<em>Evangelio según san Marcos</em>&nbsp;7,17-23).</p>



<p class="wp-block-paragraph">5.&nbsp;<strong>¿Qué se nos pide, entonces, que hagamos?&nbsp;</strong>En primer lugar,&nbsp;<strong>dejarnos cambiar el corazón</strong>&nbsp;por la emergencia que hemos vivido, es decir,&nbsp;<strong>permitir que Dios transforme nuestros criterios habituales de interpretación del mundo y de la realidad a través de este momento histórico.&nbsp;</strong>Ya no podemos pensar sólo en preservar el espacio de nuestros intereses personales o nacionales, sino que debemos concebirnos a la luz del bien común, con un sentido comunitario, es decir, como un “nosotros” abierto a la fraternidad universal. No podemos buscar sólo protegernos a nosotros mismos;&nbsp;<strong>es hora de que todos nos comprometamos con la sanación de nuestra sociedad y nuestro planeta, creando las bases para un mundo más justo y pacífico, que se involucre con seriedad en la búsqueda de un bien que sea verdaderamente común.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para lograr esto y vivir mejor después de la emergencia del COVID-19, no podemos ignorar un hecho fundamental: las diversas crisis morales, sociales, políticas y económicas que padecemos están todas interconectadas, y lo que consideramos como problemas autónomos son en realidad uno la causa o consecuencia de los otros. Así pues,<strong>&nbsp;estamos llamados a afrontar los retos de nuestro mundo con responsabilidad y compasión.</strong>&nbsp;Debemos retomar la cuestión de&nbsp;<strong>garantizar la sanidad pública para todos</strong>; promover&nbsp;<strong>acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras&nbsp;</strong>que siguen generando víctimas y pobreza;&nbsp;<strong>cuidar</strong>&nbsp;de forma conjunta&nbsp;<strong>nuestra casa común</strong>&nbsp;y aplicar medidas claras y eficaces para&nbsp;<strong>hacer frente al cambio climático</strong>;&nbsp;<strong>luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos</strong>, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades. El escándalo de los pueblos hambrientos nos duele. Hemos de&nbsp;<strong>desarrollar, con políticas adecuadas, la acogida y la integración</strong>, especialmente de los migrantes y de los que viven como descartados en nuestras sociedades.&nbsp;<strong>Sólo invirtiendo en estas situaciones, con un deseo altruista inspirado por el amor infinito y misericordioso de Dios, podremos construir un mundo nuevo y ayudar a edificar el Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al compartir estas reflexiones,&nbsp;<strong>espero que en el nuevo año podamos caminar juntos, aprovechando lo que la historia puede enseñarnos</strong>. Expreso mis mejores votos a los jefes de Estado y de gobierno, a los directores de las organizaciones internacionales y a los líderes de las diferentes religiones.<strong>&nbsp;</strong>A todos los hombres y mujeres de buena voluntad,<strong>&nbsp;les deseo un feliz año, en el que puedan construir, día a día, como artesanos, la paz</strong>. Que María Inmaculada, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2022&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Mensaje de fraternidad en la conclusión del Ramadán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Apr 2022 08:59:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Francisco Conesa Ferrer]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Ramadán]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A las comunidades musulmanas en España Queridos hermanos y hermanas musulmanes: &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; Tras este mes de Ramadán, que habéis vivido con profundo espíritu de oración, ayuno y limosna, y, al acercarse su final con la celebración del ‘Id al-Fitr, queremos manifestaros nuestro agradecimiento por ser testigos, junto a nosotros y a todos los creyentes, de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>A las comunidades musulmanas en España</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Queridos hermanos y hermanas musulmanes:</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras este mes de Ramadán, que habéis vivido con profundo espíritu de oración, ayuno y limosna, y, al acercarse su final con la celebración del <em>‘Id al-Fitr, </em>queremos manifestaros nuestro agradecimiento por ser testigos, junto a nosotros y a todos los creyentes, de la Providencia de Dios en medio de nuestro mundo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate-octubre-2021-boblia-coran-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-396737" width="400" height="267" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate-octubre-2021-boblia-coran-1024x683.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate-octubre-2021-boblia-coran-300x200.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate-octubre-2021-boblia-coran-768x512.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate-octubre-2021-boblia-coran-391x260.jpg 391w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate-octubre-2021-boblia-coran.jpg 1039w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /><figcaption class="wp-element-caption"><span style="color: #ff6900;" class="stk-highlight">La Biblia y el Corán en la Vigilia de Barbate, donde cristianos y musulmanes rezaron juntos.</span></figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este año han coincidido en el tiempo las fechas de las fiestas principales de las religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam. Siguiendo nuestra propia tradición religiosa, hemos podido elevar simultáneamente nuestro espíritu al Creador e invitar a nuestros fieles a acoger el mensaje universal del amor de Dios.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate_octubre-2021-zornoza-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-396731" width="471" height="314" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate_octubre-2021-zornoza-1024x683.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate_octubre-2021-zornoza-300x200.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate_octubre-2021-zornoza-768x512.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate_octubre-2021-zornoza-391x260.jpg 391w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/10/vigilia_migrantes_barbate_octubre-2021-zornoza.jpg 1039w" sizes="(max-width: 471px) 100vw, 471px" /><figcaption class="wp-element-caption"><span style="color: #ff6900;" class="stk-highlight">Vigilia en Barbate por el naufragio de una patera en Octubre de 2021. El obispo de Cádizy Ceuta y el imán de Barbate rezan por las víctimas. </span></figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestras celebraciones se han visto ensombrecidas por el drama de la guerra que azota Europa y tantos otros lugares del planeta, especialmente en Próximo Oriente. Con el Papa Francisco declaramos que “la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal” (<em>Fratelli tutti, </em>261). Y elevamos nuestra oración a Dios Todopoderoso para que ponga fin a todo tipo de violencia, acoja en su misericordia a las víctimas y consuele el dolor de sus familiares y amigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Dios liberador, el Dios de la Vida, el Dios Clemente y Misericordioso, nos sigue animando a caminar por senderos de fraternidad, que nos permitan edificar sobre sólidos cimientos una “cultura del encuentro” que renueve nuestra esperanza y nos aleje de la violencia, la guerra, la injusticia y todo aquello que atente contra la dignidad del ser humano y la sacralidad de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Sim%C3%B3n_Conesa_Ferrer" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;Francisco Conesa Ferrer</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Presidente de la <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/comisiones/doctrina-de-la-fe/relaciones-interconfesionales-y-dialogo-intereligioso/">Subcomisión Episcopal para Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso</a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Paz  para el año 2022</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Jan 2022 09:33:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:instrumentos para construir una paz duradera(texto íntegro) 1.&#160;«¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7). Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center">Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:<br>instrumentos para construir una paz duradera<br>(texto íntegro)</h3>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1.&nbsp;<em>«¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7).</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad y la muerte. El profeta Baruc se preguntaba al respecto: «¿Por qué, Israel, estás en una tierra de enemigos y envejeciste en un país extranjero? ¿Por qué te manchaste con cadáveres y te cuentas entre los que bajan a la fosa?» (3,10-11). Para este pueblo, la llegada del&nbsp;<em>mensajero de la paz</em>&nbsp;significaba la esperanza de un renacimiento de los escombros de la historia, el comienzo de un futuro prometedor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía hoy, el&nbsp;<em>camino de la paz</em>, que&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">san Pablo VI</a>&nbsp;denominó con el nuevo nombre de&nbsp;<em>desarrollo</em>&nbsp;<em>integral</em>&nbsp;[1],permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada. A pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medioambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario. Como en el tiempo de los antiguos profetas,&nbsp;<em>el clamor de los pobres y de la tierra</em>&nbsp;[2]&nbsp;sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente.&nbsp;[3]&nbsp;Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí me gustaría proponer&nbsp;<em>tres caminos</em>&nbsp;para construir una paz duradera. En primer lugar,&nbsp;<em>el diálogo entre las generaciones</em>, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar,&nbsp;<em>la educación</em>, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último,&nbsp;<em>el trabajo</em>&nbsp;para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales para «la gestación de un pacto social»&nbsp;[4], sin el cual todo proyecto de paz es insustancial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2.&nbsp;<em>Diálogo entre generaciones para construir la paz</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, que ha causado demasiados problemas, «algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones»&nbsp;[5].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque el desarrollo tecnológico y económico haya dividido a menudo a las generaciones, las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro. La crisis global que vivimos nos muestra que el encuentro y el diálogo entre generaciones es la fuerza propulsora de una política sana, que no se contenta con administrar la situación existente «con parches o soluciones rápidas»&nbsp;[6], sino que se ofrece como forma eminente de amor al otro&nbsp;[7], en la búsqueda de proyectos compartidos y sostenibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si sabemos practicar este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas. De ese modo, unidos, podremos aprender unos de otros»&nbsp;[8]. Sin raíces, ¿cómo podrían los árboles crecer y dar fruto?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sólo hay que pensar en la cuestión del cuidado de nuestra casa común. De hecho, el propio medioambiente «es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente»&nbsp;[9]. Por ello, tenemos que apreciar y alentar a los numerosos jóvenes que se esfuerzan por un mundo más justo y atento a la salvaguarda de la creación, confiada a nuestro cuidado. Lo hacen con preocupación y entusiasmo y, sobre todo, con sentido de responsabilidad ante el urgente cambio de rumbo&nbsp;[10]&nbsp;que nos imponen las dificultades derivadas de la crisis ética y socio-ambiental actual&nbsp;[11].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, la oportunidad de construir juntos caminos hacia la paz no puede prescindir de la educación y el trabajo, lugares y contextos privilegiados para el diálogo intergeneracional. Es la educación la que proporciona la gramática para el diálogo entre las generaciones, y es en la experiencia del trabajo donde hombres y mujeres de diferentes generaciones se encuentran ayudándose mutuamente, intercambiando conocimientos, experiencias y habilidades para el bien común.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3.&nbsp;&nbsp;<em>La instrucción y la educación como motores de la paz</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El presupuesto para la instrucción y la educación, consideradas como un gasto más que como una inversión, ha disminuido significativamente a nivel mundial en los últimos años. Sin embargo, estas constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz. En otras palabras, la instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los gastos militares, en cambio, han aumentado, superando el nivel registrado al final de la “guerra fría”, y parecen destinados a crecer de modo exorbitante&nbsp;[12].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por tanto, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos. Por otra parte, la búsqueda de un proceso real de desarme internacional no puede sino causar grandes beneficios al desarrollo de pueblos y naciones, liberando recursos financieros que se empleen de manera más apropiada para la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me gustaría que la inversión en la educación estuviera acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado&nbsp;[13]. Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes. «Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación»&nbsp;[14]. Por consiguiente, es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad»&nbsp;[15]. Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno&nbsp;[16].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo&nbsp;[17].</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4.&nbsp;<em>Promover y asegurar el trabajo construye la paz</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La situación del mundo del trabajo, que ya estaba afrontando múltiples desafíos, se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El impacto de la crisis sobre la economía informal, que a menudo afecta a los trabajadores migrantes, ha sido particularmente devastador. A muchos de ellos las leyes nacionales no los reconocen, es como si no existieran. Tanto ellos como sus familias viven en condiciones muy precarias, expuestos a diversas formas de esclavitud y privados de un sistema de asistencia social que los proteja. A eso se agrega que actualmente sólo un tercio de la población mundial en edad laboral goza de un sistema de seguridad social, o puede beneficiarse de él sólo de manera restringida. La violencia y la criminalidad organizada aumentan en muchos países, sofocando la libertad y la dignidad de las personas, envenenando la economía e impidiendo que se fomente el bien común. La respuesta a esta situación sólo puede venir a través de una mayor oferta de las oportunidades de trabajo digno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo, en efecto, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal»&nbsp;[18]. Tenemos que unir las ideas y los esfuerzos para crear las condiciones e inventar soluciones, para que todo ser humano en edad de trabajar tenga la oportunidad de contribuir con su propio trabajo a la vida de la familia y de la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación. Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta perspectiva hay que estimular, acoger y sostener las iniciativas que instan a las empresas al respeto de los derechos humanos fundamentales de las trabajadoras y los trabajadores, sensibilizando en ese sentido no sólo a las instituciones, sino también a los consumidores, a la sociedad civil y a las realidades empresariales. Estas últimas, cuanto más conscientes son de su función social, más se convierten en lugares en los que se ejercita la dignidad humana, participando así a su vez en la construcción de la paz. En este aspecto la política está llamada a desempeñar un rol activo, promoviendo un justo equilibrio entre la libertad económica y la justicia social. Y todos aquellos que actúan en este campo, comenzando por los trabajadores y los empresarios católicos, pueden encontrar orientaciones seguras en la&nbsp;<em>doctrina social de la Iglesia</em>. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queridos hermanos y hermanas: Mientras intentamos unir los esfuerzos para salir de la pandemia, quisiera renovar mi agradecimiento a cuantos se han comprometido y continúan dedicándose con generosidad y responsabilidad a garantizar la instrucción, la seguridad y la tutela de los derechos, para ofrecer la atención médica, para facilitar el encuentro entre familiares y enfermos, para brindar ayuda económica a las personas indigentes o que han perdido el trabajo. Aseguro mi recuerdo en la oración por todas las víctimas y sus familias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago un llamamiento para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2021</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Francisco</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">____________________________________</p>



<p class="wp-block-paragraph">[1]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Populorum progressio</a></em>&nbsp;(26 marzo 1967), 76ss.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[2]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#49" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 49&nbsp;<em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">[3]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#231" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fratelli tutti</a></em>&nbsp;(3 octubre 2020), 231.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[4]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#218" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ibíd</a>.</em>, 218.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[5]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#199" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ibíd</a>.</em>, 199.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[6]&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#179" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ibíd</a>.</em>, 179.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[7]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#180" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ibíd</a>.</em>, 180.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[8]&nbsp;Exhort. ap. postsin.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.html#199" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Christus vivit</a></em>&nbsp;(25 marzo 2019), 199.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[9]&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#159" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 159.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[10]&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ibíd.</em>,&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#163" target="_blank" rel="noreferrer noopener">163</a>;&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#202" target="_blank" rel="noreferrer noopener">202</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[11]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#139" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ibíd</a>.</em>, 139.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[12]&nbsp;Cf.&nbsp;<em>Mensaje a los participantes en el 4º Foro de París sobre la paz</em>, 11-13 noviembre 2021.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[13]&nbsp;Cf. Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#231" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 231;&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/papa-francesco_20201208_messaggio-54giornatamondiale-pace2021.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Mensaje para la LIV Jornada Mundial de la Paz.</em>&nbsp;<em>La cultura del cuidado como camino de paz</em></a>&nbsp;(8 diciembre 2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph">[14]&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#199" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fratelli tutti</a></em>&nbsp;(3 octubre 2020), 199.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[15]&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2020/documents/papa-francesco_20201015_videomessaggio-global-compact.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Videomensaje con ocasión del Encuentro “</em>Global Compact on Education. Together to Look Beyond”</a>&nbsp;(15 octubre 2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph">[16]&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2020/documents/papa-francesco_20201212_videomessaggio-climate-ambition-summit.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Videomensaje con ocasión de la Cumbre virtual de alto nivel sobre retos climáticos</a>&nbsp;</em>(12 diciembre 2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph">[17]&nbsp;Cf. S. Juan Pablo II, Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laborem exercens</a></em>&nbsp;(14 septiembre 1981), 18.</p>



<p class="wp-block-paragraph">[18]&nbsp;Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#128" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Laudato si’</a></em>&nbsp;(24 mayo 2015), 128.</p>



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<hr class="wp-block-separator has-css-opacity"/>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/pastoral-social-documentos/mensaje-del-papa-francisco-para-la-jornada-mundial-de-la-paz/">Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Paz  para el año 2022</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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