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	<title>Acción caritativa archivos -</title>
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	<description>C.E. para la Pastoral Social</description>
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		<title>Mensaje de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 12:46:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>1 de septiembre de 2026«Forjar la paz y cultivar la vida en nuestra casa común» Queridos hermanos y hermanas en Cristo: En este primer cuarto del siglo XXI, atravesamos un verdadero kairós socioambiental, un tiempo de gracia y de urgencia ineludible para el anuncio del Evangelio a los hombres y mujeres de hoy. Al acercarse [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/mensaje-de-los-obispos-de-la-subcomision-episcopal-para-la-accion-caritativa-y-social-de-la-conferencia-episcopal-espanola-con-motivo-de-la-jornada-mundial-de-oracion-por-el-cuidado-de-la-creacion/">Mensaje de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">1 de septiembre de 2026<br>«Forjar la paz y cultivar la vida en nuestra casa común»</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Queridos hermanos y hermanas en Cristo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este primer cuarto del siglo XXI, atravesamos un verdadero <em>kairós</em> socioambiental, un tiempo de gracia y de urgencia ineludible para el anuncio del Evangelio a los hombres y mujeres de hoy. Al acercarse la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que celebramos cada 1 de septiembre marcando el inicio del Tiempo de la Creación hasta el 4 de octubre, nos preparamos con esperanza para acoger el mensaje que el Santo Padre, el papa León XIV, nos ofrece. El lema inspirador para la jornada de oración de este año, tomado del profeta Isaías, es: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas» (Is 2,4).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta imagen bíblica subraya el vínculo profundo entre la resolución de los conflictos armados, la paz fraterna y el cuidado de nuestro entorno natural. El deterioro del medio ambiente constituye una grave violación de nuestro deber de custodiar la creación y una amenaza a largo plazo para la vida de cientos de millones de personas[1]. El profeta nos invita a una transformación radical: privilegiar el desarrollo, la sostenibilidad y el cultivo de la vida, en lugar de la violencia y la destrucción. A la luz de esta llamada, y recogiendo el fecundo magisterio de la Iglesia y del papa León XIV, los obispos queremos ofrecer unas palabras de reflexión, discernimiento y compromiso, encarnadas en la realidad de nuestra amada España.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1. La realidad herida de nuestra casa común en España</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La teología y la acción pastoral de la Iglesia no pueden desarrollarse en una burbuja, de espaldas a los avances del conocimiento y al sufrimiento de nuestro pueblo. La crisis socioambiental contemporánea es un fenómeno complejo provocado por un modelo de desarrollo obsesionado con el crecimiento ilimitado[2]. A nivel planetario, la ciencia nos advierte que hemos traspasado peligrosamente los límites para mantener la vida en la Tierra, y en España esto se traduce en una realidad innegable: sufrimos una intensificación alarmante de las olas de calor, de sequías prolongadas y cronificadas, de incendios forestales, de lluvias torrenciales inéditas y una preocupante tendencia a la desertificación que amenaza a más de la mitad del territorio nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vemos con dolor la degradación de nuestros ecosistemas, el agotamiento de nuestras cuencas hidrográficas y la eutrofización de masas de agua emblemáticas por sobreexplotación de las áreas agrícolas circundantes, fruto de la sobreexplotación. A esto se suma la paradoja de un «crecimiento vacío», en el que el progreso económico de algunos no se traduce en bienestar para todos. Nuestra «España vaciada» no es un accidente, sino el resultado de décadas de decisiones que han concentrado la inversión y han dejado amplias zonas rurales en un proceso continuo de despoblación y desarraigo espiritual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como nos recuerda repetidamente el magisterio de la Iglesia, no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una única y compleja crisis socioambiental[3]. Las consecuencias de esta degradación golpean primero y con mayor crueldad a los más vulnerables, manifestándose en la exclusión residencial y en la pobreza energética de muchas familias españolas que no pueden proteger a sus hijos del frío ni del calor extremo. Proteger el ambiente natural, como don de Dios, es un imperativo moral[4].</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2. La cultura del poder y la normalización de la guerra</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El lema de esta Jornada nos exige mirar de frente la violencia. En su reciente y luminosa primera carta encíclica, <em>Magnifica Humanitas</em>, el papa León XIV nos advierte sobre la expansión de una «cultura del poder» que se alimenta de polarizaciones y violencias, y denuncia la preocupante normalización y rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional[5]. Las armas pueden imponer un <em>silencio temporal</em>, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera.[6]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, el Santo Padre nos llama a abrazar una paz que sea «desarmada y desarmante»[7]. Una paz que no se funde en el miedo ni en el equilibrio armado, sino en el diálogo paciente, la justicia y la diplomacia[8]. En este sentido, es imperativo superar definitivamente la teoría de la «guerra justa», sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, y reconocer que todo conflicto armado constituye una derrota de la capacidad de negociar y de la conciencia común de la humanidad.[9]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la llamada a «forjar arados con las espadas» va más allá del armamento bélico tradicional. El papa nos alerta sobre la nueva carrera armamentística en el ámbito digital y económico, pidiendo explícitamente «desarmar la inteligencia artificial» para sustraerla de la lógica del monopolio y del dominio cognitivo[10]. Detrás de la ilusión de un mundo digital inmaterial, se esconde una industria que exige zonas de sacrificios, enormes cantidades de agua y energía e impulsa un neoextractivismo despiadado de «tierras raras» que deja cuerpos marcados y explotados, especialmente los de niños y adolescentes[11]. <em>No podemos creer en Jesús y promover la guerra; no podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre o a quien huye de la miseria</em>.[12] &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. El «camino de Nehemías»: reconstruir desde la comunión y la justicia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a la deshumanización del síndrome de «la Torre de Babel», que busca levantar torres de dominación tecnocrática y uniformidad, la Iglesia nos propone el «camino de Nehemías»: la reconstrucción paciente y compartida de las murallas de nuestra convivencia[13]. La civilización del amor no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente que consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia[14].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para la Iglesia que peregrina<strong> </strong>en España, forjar «arados y podaderas» significa comprometerse activamente con una transición ecológica y energética que sea verdaderamente justa e inclusiva. Esta transición no debe agravar las desigualdades territoriales ni dejar a nadie atrás.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debemos defender celosamente nuestros recursos naturales, especialmente la «hermana agua». Recordamos, iluminados por el documento <em>Aqua fons vitae</em>, que el agua es un bien común y su acceso es un derecho humano básico, fundamental y universal[15]. Es un don de Dios destinado a toda la humanidad, y no una simple mercancía sometida a las leyes del mercado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4. Desarmar las palabras y reconocer el límite como dones</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para construir la paz desarmada en nuestra sociedad, a la que nos invita el Santo Padre, debemos empezar por nuestras propias actitudes y expresiones. El papa nos exhorta a «desarmar las palabras» para contribuir a desarmar la tierra[16]. En un clima político y social frecuentemente marcado por la crispación, debemos recordar que la pluralidad no debería degenerar en la descalificación permanente del adversario; la firmeza no exige desprecio y la discrepancia no conlleva humillación[17]. Renunciemos a las palabras hirientes, al juicio inmediato y a las calumnias, y cultivemos el amor en nuestras familias, en el trabajo y en las redes sociales[18].</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, la verdadera paz ecológica y social exige resistir las tentaciones engañosas del paradigma tecnocrático y del transhumanismo, que ven nuestra finitud y fragilidad humana como un defecto a corregir[19]. Como cristianos, sabemos que el ser humano no florece <em>a pesar</em> del límite[20], sino a menudo <em>a través</em> del límite. El verdadero florecimiento humano reside en la aceptación gozosa de nuestra fragilidad creatural, donde acontecen la dependencia mutua, la compasión y el amor[21]. La aceptación del cuerpo como don es la base ineludible para aceptar el mundo como casa común[22].</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>5. Conclusión: alzar la mirada con esperanza</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Queridos hermanos, el cuidado de la casa común no se debe confundir con un simple activismo ecológico ni con un voluntarismo secular que prescinde de Dios. Nuestro esfuerzo humano es el humilde pan y vino que ponemos sobre el altar, confiando en la primacía de la gracia para que el Espíritu Santo los transforme en vida nueva. El Resucitado envuelve misteriosamente a todas las criaturas y las orienta hacia un destino de plenitud[23].</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lema del reciente viaje del Santo Padre a España ha sido «¡Alzad la mirada!» (Jn. 4, 35). Alzad la mirada hacia Cristo y alzadla para ver los campos que esperan la cosecha de la caridad. En esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, os invitamos a hacer de la conversión ecológica una experiencia profunda y comunitaria. Hagamos que cada gesto de sobriedad, cada esfuerzo por la justicia energética, cada acto de acogida al migrante y cada palabra de paz sean instrumentos con los que forjamos arados para cultivar una humanidad nueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Encomendamos este Tiempo de la Creación a la Bienaventurada Virgen María, <em>Stella maris</em> y Madre de la Caridad, para que ella, que sostiene el mundo en su corazón maternal, nos oriente en nuestra travesía, despierte en nosotros la valentía de la misericordia y nos enseñe a mirar a cada criatura con los ojos de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que la bendición del Creador descienda sobre vosotros, sobre nuestra tierra española y sobre toda la familia humana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph">[1] Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (2 de junio de 2026). Publicación del tema del Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación 2026. https://www.humandevelopment.va/es/news/2026/messaggio-papa-leone-xiv-giornata-preghiera-creato-2026.html <br>[2]  cf. Francisco, <em>Laudato Si’,</em> 109.3<br>[3] cf. Francisco, <em>Laudato Si’</em>, 139.<br>[4]  cf. Concilio Vaticano II, <em>Gaudium et Spes</em>, 26. <br>[5] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 182 y 189.<br>[6] cf. León XIV, Discurso del Santo Padre con motivo del Encuentro con los Miembros del Parlamento español (8 de junio de 2026).<br>[7] cf. León XIV, Mensaje del Santo Padre para la 59ª Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026.<br>[8] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 192.<br>[9] Íbidem.<br>[10] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 109-111.<br>[11]  cf. León XIV, <em>Magnifica Humanitas,</em> 65, 101 y 173.<br>[12] León XIV, Homilía del Santo Padre en la Santa Misa celebrada en la Basílica de la Sagrada Familia, de Barcelona (10 de junio de 2026).<br>[13] cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 1, 7, 182 y ss.<br>[14] cf. Ib., 186.<br>[15] Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Aqua fons vitae: orientaciones sobre el agua: símbolo del grito de los pobres y el grito de la Tierra. https://www.humandevelopment.va/es/risorse/documenti/aqua-fons-vitae-the-new-document-of-the-dicastery-now-available.html <br>[16] Cf. León XIV, Magnifica Humanitas, 214.<br>[17] Cf. o.c., Discurso del Santo Padre en el Encuentro con los Miembros del Parlamento español (8 de junio de 2026).<br>[18] León XIV, Discurso del Santo Padre con ocasión de la Oración del Santo Rosario, en la Abadía de Nuestra Señora de Monserrat (10 de junio de 2026).<br>[19]  Cf. León XIV, <em>Magnifica Humanitas</em>, 92-93, 113-114, 117-118.<br>[20] Cf. ib., 118.<br>[21] Cf. ib. 8, 118.<br>[22] Cf. Francisco, Laudato Si’, 155.<br>[23] Cf. Francisco, Laudato Si’, 99-100.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><br><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2026 13:29:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción caritativa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mensaje de los obispos de la Subcomisión Acción Caritativa y Social con motivo de la Fiesta del Corpus Christi Un acontecimiento histórico, para alzar la mirada La festividad del Corpus Christi está marcada este año por la visita del papa León XIV a nuestro país. El Santo Padre ha querido que uno de los actos [&#8230;]</p>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Mensaje de los obispos de la Subcomisión Acción Caritativa y Social con motivo de la Fiesta del Corpus Christi</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Un acontecimiento histórico, para alzar la mirada</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La festividad del Corpus Christi está marcada este año por la visita del papa León XIV a nuestro país. El Santo Padre ha querido que uno de los actos centrales de su estancia sea la celebración de la Eucaristía y la posterior procesión del Corpus por las calles de Madrid. El Papa nos anima, durante estos días, a alzar la mirada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta mirada a lo alto solo es posible en Cristo resucitado. Él es quien abre las puertas y ventanas de la casa donde estaban los discípulos encerrados por miedo, para salir al mundo con una mirada renovada. «Paz a vosotros» fueron las primeras palabras del resucitado, al igual que han sido las primeras con las que el papa León saludaba a la humanidad entera en el comienzo de su pontificado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace más de 20 años, San Juan Pablo II, con la carta apostólica <em>Mane nobiscum Domine </em>presentó al mundo «la Eucaristía como <em>una gran escuela de paz</em>»<sup>1</sup>. La celebración del Corpus es una invitación para el mundo entero a profundizar en esta escuela.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Mirar desde las víctimas</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si hablamos de una escuela de paz hemos de reconocer que estamos aún en los cursos más elementales, que no hemos sido alumnos muy aplicados, que la humanidad parece haber dado la espalda a la paz. Las numerosas guerras en diversas partes del mundo son una clara muestra, guerras que ocupan las portadas de los medios de comunicación, pero también aquellas guerras olvidadas de las que nadie habla, como si no existieran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es en esos lugares, donde se sufre la violencia, donde la fraternidad se ha resquebrajado, donde la pobreza es una carga insoportable&#8230;, es en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad «donde Cristo sigue sufriendo y resucitando. Es en ellos donde la Iglesia redescubre la llamada a mostrar su realidad más auténtica»<sup>2</sup>. «En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos»<sup>3</sup>, porque aquí es donde se aprende la gran lección de esta escuela de paz: «la santidad cristiana»<sup>4</sup>.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Poner la mirada en Cristo</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos llamados a mirar a Cristo desde esta escuela de la santidad que son las víctimas de este sistema injusto. Al igual que el grano triturado forma el pan que se transformará en el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía, así la vida quebrada de tantas personas víctimas de violencia nos facilita poner la mirada en el Dios que reconocemos en los pobres y sufrientes<sup>5</sup>. En la celebración del Corpus, el papa León</p>



<p class="wp-block-paragraph">invita a toda la Iglesia a dirigir la mirada continuamente al Señor, presente en el Sacramento del Altar y en el cual se descubre la plena manifestación de amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al alzar nuestra mirada a Cristo Eucaristía descubrimos que se cumple su promesa: «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos»<sup>6</sup>. Esta mirada da lugar a un encuentro transformador con Cristo de corazón a corazón, un movimiento «del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva»<sup>7</sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El encuentro con Cristo transforma la vida, «para que toda ella llegue a ser en cierto modo “eucarística”» <sup>8</sup>. Transformar la existencia personal y comprometernos con la transformación del mundo según el Evangelio. Es necesario ver la luz del Señor y creer en Él para no hundirse en la oscuridad. Esta luz se abre paso en el corazón de cada ser humano a pesar de las resistencias, guerras y egoísmos. «La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. Como dijo el papa León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, «la paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”».</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Dejarse iluminar por quien camina entre nosotros</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la procesión del Corpus se manifiesta el caminar de Dios en medio de su pueblo. Como un faro luminoso que ilumina nuestra vida social y personal, Cristo va calando en nuestras vidas. En la medida que reine entre nosotros, «la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz y de dignidad para todos»<sup>9</sup>. De este modo, la experiencia cristiana provoca consecuencias sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la escuela de la Eucaristía, el cristiano aprende a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida. Aprende a vivir el discipulado en Cristo, que ilumina un nuevo nacimiento<sup>10 </sup>capaz de regenerar la fraternidad como base de la vida social. La presencia de Cristo entre nosotros nos ilumina para reconocer las estructuras de injusticia que deben ser destruidas con la fuerza del bien, mediante un cambio de mentalidad, pero también con políticas que buscan el bien común y que promueva una solidaridad capaz de transitar caminos «<em>hacia la paz y hacia el desarrollo</em>»<sup>11</sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal y como nos recordaba el papa León XIV, queremos «invitar a cada uno, según su puesto y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento»<sup>12</sup>. Gestos que hagan presente el Reino de Dios, como anunció Jesús en la sinagoga de Nazaret<sup>13</sup>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Vivir en relación con los demás, salir del aislamiento y hacer que la comunidad sea espacio para tejer relaciones fraternales y amistosas.</li>



<li>Realizar signos de entrega y servicio verdadero. El amor no es un sentimiento, el amor o es real o es una fantasía novelada. Decir que uno se hace pan significa que trabaja por saciar el hambre en todos los aspectos y dimensiones.</li>



<li>Abrir espacios nuevos acogedores y hospitalarios, en los que podamos activar la caridad para servir y atender mejor, para cuidarnos mutuamente, para celebrar y dar gracias por la vida.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Un deseo desde el corazón</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro deseo, desde lo más hondo del corazón, es que la celebración del Corpus sea un encuentro con Cristo que camina en medio de nosotros, que nos pide alzar la mirada desde nuestras heridas, que nos urge a dejarnos iluminar y transformar por Él, y que nos exige demostrar todo eso siendo agentes convencidos de transformación y cambio de las estructuras injustas de este mundo. El papa León XIV lo dice con mucha claridad: «En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos»<sup>14</sup>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>1</sup> JUAN PABLO II, Carta apostólica <em>Mane nobiscum Domine</em>, 27.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>2</sup> LEÓN XIV, Exhortación Apostólica <em>Dilexi te</em>, 76</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>3 </sup><em>Ibid</em>, 5.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>4 </sup><em>Ibid</em>, 76.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>5 </sup>Cf. FRANCISCO, Exhortación apostólica <em>Gaudete et exsultate</em>, 96.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>6 </sup>Mt 28, 20.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>7</sup> COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Cor ad cor loquitur</em>, 1.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>8</sup> JUAN PABLO II, Encíclica <em>Ecclesia de Eucharistia</em>, 20.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>9</sup> FRANCISCO, Exhortación Apostólica <em>Evangelii Gaudium</em>, 180.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>10 </sup>Cf. 2 Co 5,17; 1 Pe 1,3.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>11</sup> JUAN PABLO II, Encíclica <em>Sollicitudo Rei Socialis</em>, 39.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>12</sup> LEÓN XIV, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026, 6</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>13 </sup>Lc 4, 16-20.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>14</sup> LEÓN XIV, Exhortación Apostólica <em>Dilexi te</em>, 97.</p>
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			</item>
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		<title>Mensaje de los obispos para la Pascua del Enfermo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2026 15:18:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pastoral de la Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mensaje de los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social con motivo de la Pascua del Enfermo10 de mayo de 2026 “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro” “Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 35) En el Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Mensaje de los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social con motivo de la Pascua del Enfermo<br>10 de mayo de 2026</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading">“La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”</h2>



<h6 class="wp-block-heading">“Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 35)</h6>



<p class="wp-block-paragraph">En el Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo León XIV, subraya cómo el amor al prójimo necesita gestos concretos de cercanía, con los que se asume el sufrimiento ajeno, sobre todo el de aquellas personas que viven en situación de enfermedad, a menudo en un contexto de fragilidad debido a la pobreza, al aislamiento y a la soledad. Y nos propone centrarnos en la figura evangélica del samaritano que manifiesta su amor cuidando al hombre herido que ha caído en manos de los ladrones: “He deseado proponer la reflexión de este pasaje bíblico con la clave hermenéutica de la Encíclica Fratelli tutti, de mi querido predecesor el Papa Francisco, donde la compasión y la misericordia hacia el necesitado no se reducen a un mero esfuerzo individual, sino que se realizan en la relación: con el hermano necesitado, con quienes lo cuidan y, fundamentalmente, con Dios que nos da su amor”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta Campaña del Enfermo ponemos en el centro el cuidado a los enfermos. La Iglesia es la posada a donde el Buen Samaritano lleva al hombre herido y necesitamos aprender a acoger y cuidar. De ahí el lema elegido: “Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 34). Jesús se presenta públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha venido para curar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. “Le llevaron a todos los enfermos y endemoniados” (Mc 1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados. Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca volvió la cara hacia otro lado y hoy nos envía a cumplir su propia obra y nos dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a los enfermos y cuidarlos hasta el fondo ¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; ésta es la tarea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La presencia cristiana junto a los enfermos manifiesta que la caridad no es una idea abstracta, sino una acción concreta. El samaritano “al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó”. Al ponerle sobre la propia cabalgadura, lleva el peso del herido. “En efecto, aceptar al otro que sufre significa asumir de alguna manera su sufrimiento, de modo que éste llegue a ser también mío. Pero precisamente porque ahora se ha convertido en sufrimiento compartido, en el cual se da la presencia de un otro, este sufrimiento queda traspasado por la luz del amor. La palabra latina consolatio, consolación, lo expresa de manera muy bella, sugiriendo un «ser-con» en la soledad, que entonces ya no es soledad”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al finalizar este mensaje, queremos recordar a los enfermos y a los hermanos y hermanas que los asisten las palabras del papa Francisco: “ustedes tienen más que nunca un rol especial. Su caminar juntos, en efecto, es un signo para todos, un himno a la dignidad humana, un canto de esperanza (…) Toda la Iglesia les está agradecida”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pedimos a Santa María, Salud de los enfermos, por los enfermos y que sepamos ser onsuelo para cuantos sufren por la enfermedad.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Cardenal D. Juan José Omella Omella</li>



<li>D. Abilio Martínez Varea</li>



<li>D. Vicente Ribas Prats</li>



<li>D. Javier Vilanova Pellisa</li>



<li>D. Florencio Roselló Avellanas</li>
</ul>



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		<title>Las familias: corazón y protagonistas de la ecología integral</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2026 07:31:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eduardo Agosta Scarel, O. Carm. Recientemente, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida han presentado un documento conjunto fundamental: «La Ecología Integral en la vida de la Familia». Este manual no es solo una guía teórica; es un llamado vibrante a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Por Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Recientemente, el <em>Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida</em> han presentado un documento conjunto fundamental: <em>«</em><a href="https://www.humandevelopment.va/es/news/2026/ecologia-integrale-nella-vita-della-famiglia-documento-congiunto-dicasteri.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong><em>La Ecología Integral en la vida de la Familia</em></strong></a><em>»</em>. Este manual no es solo una guía teórica; es un llamado vibrante a que cada hogar asuma su papel como el actor principal en la transformación que nuestro planeta y nuestra sociedad necesitan con urgencia.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La familia, protagonista del cambio</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje central del documento es claro: la familia es el sujeto protagonista de una ecología integral. Al ser el grupo social más básico y el lugar donde se dan las relaciones primarias, constituye el espacio privilegiado para aprender virtudes como la paciencia, la protección de la vida y la solidaridad intergeneracional. Como nos recuerda el manual, «todo está conectado»: el ambiente, la vida familiar, la sexualidad y las relaciones sociales no pueden analizarse de forma aislada.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Un mapa práctico para el hogar</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El subsidio se estructura en torno a siete temas clave que aterrizan las enseñanzas de la encíclica <em>Laudato Si’, </em>junto a otras encíclicas como <em>Fratelli Tutti </em>y <em>Amoris Laetitia,</em> a la realidad cotidiana de los cónyuges e hijos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Escuchar el clamor de la tierra:</strong> reconocer que la creación es un don confiado a la familia, no una propiedad absoluta.</li>



<li><strong>El clamor de los pobres: </strong>fomentar la ternura y la compasión hacia los más vulnerables y combatir la «cultura del descarte»<strong>.</strong></li>



<li><strong>Economía ecológica: </strong>aprender a gestionar los recursos domésticos mediante la reducción, la reutilización y el reciclaje.</li>



<li><strong>Estilos de vida ecológicos:</strong> Adoptar la sobriedad y la simplicidad como caminos hacia una mejor calidad de vida.</li>



<li><strong>Educación integral:</strong> Los padres tienen el derecho-deber esencial de transmitir una cultura de la vida y el respeto al ecosistema.</li>



<li><strong>Espiritualidad ecológica:</strong> Cultivar una «pasión por el cuidado del mundo» (LS 216) que nazca de un encuentro profundo con Jesucristo.</li>



<li><strong>Participación comunitaria:</strong> Las familias deben trabajar en red y participar activamente en la vida pública para influir en políticas más justas.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Más que acciones, una conversión del corazón</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El manual no solo ofrece propuestas de actuación, como el compostaje, el ahorro de agua o el voluntariado, sino que también invita a una reflexión profunda mediante preguntas diseñadas para el diálogo familiar. Se trata de gestar grandes procesos de transformación que operen desde las profundidades de la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje de este subsidio puede expresarse con esta imagen:</p>



<p class="wp-block-paragraph">La familia es el «jardín doméstico» (el Carmelo doméstico) donde se cultivan las semillas de un mundo nuevo. Así como un jardín necesita raíces sólidas (la fe y la educación) para que sus plantas crezcan y den fruto, la familia es el suelo fértil donde el amor se transforma en gestos cotidianos de cuidado. Cada hogar es un ecosistema de vida que, al florecer en armonía, tiene el poder de transformar el desierto de la indiferencia global en un vergel de esperanza y fraternidad para toda la familia humana.</p>



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		<title>Nota de prensa con motivo del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 05:21:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral de la Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral del Trabajo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Madrid, 28 de abril de 2026José Luis Méndez, director del Departamento de Pastoral de la SaludAntonio Javier Aranda, director del Departamento de Pastoral del Trabajo Vivimos un tiempo de desgaste profundo. El cansancio se ha vuelto el paisaje cotidiano de nuestros barrios y transportes públicos; un agotamiento que no es fruto del esfuerzo sano, sino [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Madrid, 28 de abril de 2026<br>José Luis Méndez, director del Departamento de Pastoral de la Salud<br>Antonio Javier Aranda, director del Departamento de Pastoral del Trabajo</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos un tiempo de desgaste profundo. El cansancio se ha vuelto el paisaje cotidiano de nuestros barrios y transportes públicos; un agotamiento que no es fruto del esfuerzo sano, sino de una economía que exige demasiado y devuelve demasiado poco. Desde los departamentos de la <strong>Pastoral del Trabajo y la Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española</strong>, alzamos nuestra voz para denunciar que hemos normalizado la precariedad y que es urgente transitar hacia una <strong>ética del cuidado</strong> que ponga la vida en el centro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La precariedad ya no es una excepción, sino un sistema que corroe la vida común. Según el reciente <strong>Informe PRESME</strong> 2025, el <strong>47,5% de los trabajadores</strong> en nuestro país vive bajo algún tipo de precariedad. Esta inseguridad estructural impide planificar el futuro, rompe los vínculos familiares y debilita el tejido social. Como sociedad, no podemos permitir que el trabajo, que debería ser fuente de dignidad, se convierta en una herramienta de erosión humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un escándalo ético que el <strong>90% de las mujeres jóvenes migrantes</strong> en trabajos manuales sufran precariedad severa. Ellas sostienen nuestros hogares, cuidan a nuestros mayores y limpian nuestras ciudades, a menudo sin derechos básicos ni protección. Una sociedad que descansa sobre el sacrificio invisible de las más vulnerables ha perdido su brújula moral. La verdadera justicia exige que quienes más cuidan sean, precisamente, las más protegidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La precariedad enferma y, en demasiadas ocasiones, mata:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Salud Mental:</strong> El riesgo de sufrir problemas psicológicos <strong>se multiplica por 2,5 bajo condiciones precarias</strong>. En el último año, las bajas por causas psicológicas han rozado las 600.000. El estrés crónico y la ansiedad no son debilidades personales, son consecuencias de ritmos inhumanos.</li>



<li><strong>Siniestralidad Laboral:</strong> En 2025, <strong>735</strong><strong> personas perdieron la vida</strong> en accidentes de trabajo. En los últimos 30 años (1996-2025) han sido 30.129 las muertes registradas en el trabajo. No son cifras; son familias truncadas por una cultura que antepone la rentabilidad a la prevención.</li>



<li><strong>Pobreza Laboral:</strong> El <strong>Informe FOESSA 2025</strong> nos alerta de una realidad dolorosa: tres de cada cuatro hogares en exclusión severa cuentan con personas trabajadoras. Trabajar ya no garantiza salir de la pobreza.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie puede decir que no lo sabía: La precariedad es un hecho público con datos indiscutibles.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Gobernar es, en su esencia, cuidar</strong>. Exigimos políticas valientes: estabilidad real, salarios suficientes, una inspección de trabajo robusta y la integración de la salud mental en el cuidado de la vida de las personas trabajadoras.</li>



<li><strong>La dignidad del trabajador debe estar por encima de la lógica del beneficio</strong>. Las empresas que cuidan no solo son más éticas, sino más sostenibles y humanas.</li>



<li><strong>No podemos ser indiferentes</strong>. El cuidado no es una opción secundaria; es la base de una comunidad sana y la mayor forma de justicia.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El cuidado empieza hoy</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Inspirados en el Evangelio y en una ética humana universal, decimos: ¡Basta de una economía que mata!, de ritmos que enferman y de muertes que pudieron evitarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es tiempo de un país que cuide, donde el trabajo sostenga la vida en lugar de desgastarla. Hacemos un llamamiento a las instituciones, sindicatos, organizaciones empresariales y ciudadanos para despertar a esta urgencia. La dignidad humana no es negociable: <strong>Es tiempo de justicia, ¡es tiempo de un país que cuide!</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Donde la Pastoral Social y la Ciencia se encuentran</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/ecologiaintegral/donde-la-pastoral-social-y-la-ciencia-se-encuentran/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=donde-la-pastoral-social-y-la-ciencia-se-encuentran</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Apr 2026 10:19:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pbro. Dr. Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.Conferencia basada en el artículo preparado para el Congreso Internacional sobre Ecología Humana de la UPSA: Agosta Scarel, E.A. (2026). Ecología integral: donde la pastoral y la ciencia se encuentran. En: Ecología Humana. Habitar como cuidado del medio ambiente y de las relaciones. Ed. Sindéresis, Salamanca (en prensa). INTRODUCCIÓN&#160; [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Pbro. Dr. Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.</strong><br>Conferencia basada en el artículo preparado para el <a href="https://eventos.upsa.es/141335/detail/conferencia-internacional-ecologia-humana-habitar-como-cuidado-del-medio-ambiente-y-de-las-relacion.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Congreso Internacional sobre Ecología Humana de la UPSA</a>: Agosta Scarel, E.A. (2026). Ecología integral: donde la pastoral y la ciencia se encuentran. En: <em>Ecología Humana. Habitar como cuidado del medio ambiente y de las relaciones</em>. Ed. Sindéresis, Salamanca (en prensa).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>INTRODUCCIÓN&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>De la «Rerum Novarum» industrial a la digital</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Muy buenas tardes a todos los presentes. Es para mí un motivo de profunda alegría y, a la vez, de una enorme responsabilidad, compartir esta reflexión con ustedes en un momento de la historia que solo puedo calificar como un <em>kairós</em>: un tiempo de gracia, una oportunidad única, pero también un tiempo de máxima urgencia. Estamos celebrando el décimo aniversario de la encíclica <em>Laudato Si’</em>. En esta primera década de la encíclica, hemos aprendido en la Iglesia que este documento no fue una «encíclica verde” sobre el cuidado de los paisajes o las especies en peligro de extinción, sino que se ha revelado como una brújula social imprescindible para un mundo que, a menudo, parece haber perdido el rumbo ético.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Permítanme comenzar con una definición que es el cimiento de todo lo que diré hoy: <strong>¿Qué entendemos hoy por pastoral social?</strong> No es un apéndice de la estructura eclesial, no es una “gestoría de ayuda” ni una ONG interna con sello religioso. La pastoral social es, en su esencia, el anuncio del Reino de Dios traducido en la promoción efectiva de la justicia, la paz y la caridad en las estructuras mismas de la convivencia humana. Durante más de un siglo, desde León XIII, la pastoral social se centró con gran acierto en las relaciones interpersonales y en las estructuras visibles: por ejemplo, el trabajo —para conseguir un salario justo—, la participación democrática, la paz entre las naciones enfrentadas, la educación y la familia. Pero hoy, en el corazón del siglo XXI, el concepto de «prójimo» ha dado un salto cualitativo. Ya no es posible cuidar al pobre sin cuidar el agua que este bebe; no podemos defender los derechos del trabajador sin defender la estabilidad del clima que permite que su tierra sea fértil y su salud sea preservada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recientemente, la Pontificia Academia de Ciencias Sociales (PASS 2025) ha publicado un manifiesto en un significativo congreso internacional que debe resonar en nosotros con fuerza: <strong>«</strong><em>Digital Rerum Novarum</em>» (de las cosas nuevas digitales): a 10 años de <em>Laudato Si’</em> estamos viviendo una era de dominio digital.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detengámonos un segundo en la profundidad de esta analogía. En 1891, el papa León XIII escuchó el grito de los obreros que estaban siendo aplastados por los engranajes de la primera revolución industrial. Hoy, la Iglesia, guiada por la visión del papa León XIV —que va trazando camino en las huellas dejadas por el papa Francisco, Benedicto XVI y san Juan Pablo II, y secundada por la reflexión académica y científica—, debe responder al grito de una humanidad que se siente, de nuevo, desbordada: esta vez por la crisis ecológica, climática, y por la irrupción vertiginosa de la inteligencia artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El título de mi intervención plantea una tesis que quiero demostrar: el lugar de encuentro entre la pastoral social y la ciencia es la ecología integral tal como la describe la Doctrina Social. La ciencia nos proporciona el «límite” físico, nos dice hasta dónde puede estirarse la cuerda antes de romperse; por su parte, la fe nos otorga el «sentido», el «porqué” de detenernos y cuidar. Sin la precisión de la ciencia, nuestra pastoral corre el riesgo de ser ingenua o puramente sentimental; pero sin el horizonte de la fe, la ciencia puede volverse fría, tecnocrática y, en última instancia, cruel. Les propongo, pues, recorrer este camino de encuentro a través del método que el Concilio Vaticano II nos legó para dialogar con el mundo: ver, juzgar y ctuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Parte I: el «ver» – las gafas de la ciencia y los signos del lugar&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer paso de cualquier discernimiento cristiano es la honestidad radical. Para actuar en el mundo, primero debemos «verlo» tal cual es, sin anestesia y sin las anteojeras de las ideologías. Y para ver la realidad del siglo XXI, la Iglesia está llamada a ponerse las <strong>«gafas de la ciencia»</strong>. Solo así podemos comprender la magnitud del desafío que Dios pone ante nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1.1. De los signos de los tiempos a los signos del lugar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Históricamente, la teología nos ha enseñado a escrutar los «signos de los tiempos», es decir, a buscar la voluntad de Dios en los acontecimientos históricos. Sin embargo, la ciencia contemporánea del Sistema Tierra nos ha enseñado algo que cambia nuestra percepción de la historia: el tiempo y el espacio no son dimensiones separadas. Vivimos en una unidad física llamada el espaciotiempo. Por esta razón, la pastoral social debe incorporar hoy, con urgencia, el análisis de los «signos del lugar».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vuelvan conmigo a la imagen que el papa Francisco nos presenta en <em>Laudate Deum</em>: la casa común se está desmoronando. Imaginemos la casa donde crecimos, esa que guarda nuestros recuerdos más sagrados. De pronto, vemos que los muros empiezan a agrietarse. Al principio intentamos ignorarlo; pensamos que era solo una mancha de humedad o de pintura vieja. Pero llega un arquitecto, un experto, y nos da un diagnóstico que nos hiela la sangre: «No es la pintura, son los cimientos los que están cediendo». Eso es, exactamente, lo que la ciencia le dice hoy a la Iglesia y a la humanidad entera. El ambiente natural ya no es un escenario pasivo, un «decorado» estático donde el ser humano escribe su historia. Es un actor vulnerado, herido, que hoy condiciona nuestra propia supervivencia. La estabilidad del Holoceno -esos 10.000 años de equilibrio que permitieron el nacimiento de la agricultura, de las ciudades y de la civilización misma— ha terminado. Hemos entrado en el Antropoceno: una era en la que la actividad humana ha alterado la geofísica misma del planeta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1.2. Los límites planetarios: El techo de la vida</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo sabemos, con certeza científica, que los cimientos están cediendo? Aquí es donde el diálogo con la ciencia se vuelve dramático pero necesario. Numerosos científicos, entre ellos investigadores como Richardson y Rockström (2023), han identificado los procesos biofísicos que son los reguladores maestros de la vida en la Tierra. Ellos los llaman límites planetarios. Son nueve líneas rojas que garantizan que el planeta siga siendo habitable para nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A día de hoy, los datos son contundentes: la humanidad ya ha transgredido siete de esos nueve límites. Hemos roto el equilibrio del clima; hemos fracturado la integridad de la biosfera con la pérdida masiva de especies; hemos alterado el sistema de tierras mediante la deforestación; hemos saturado los ciclos del nitrógeno y el fósforo; hemos agotado el agua dulce y hemos contaminado el mundo con una masa ingente de químicos sintéticos y plásticos. No estamos ante una crisis que pueda «maquillarse» con pequeñas reformas cosméticas. Estamos operando fuera del espacio de seguridad que Dios creó para la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay avances científicos recientes que conectan este “ver” con el corazón de nuestra pastoral social. La investigación de la <em>Earth Commission</em>, liderada por Gupta y otros (2025), ha introducido una distinción vital: no basta con que un límite sea «seguro» desde el punto de vista físico; también debe ser «justo». Un límite biofísico puede ser seguro para la estabilidad global del planeta pero permitir un nivel de degradación que genere un daño significativo (<em>harm</em>) a las personas más vulnerables. Por ejemplo, un aumento de temperatura que el sistema planetario pueda soportar sin colapsar de inmediato puede ser el mismo aumento que destruya las cosechas de millones de campesinos en el Sahel o que inunde definitivamente las viviendas de los pobres en las periferias costeras del sudeste asiático. Por lo tanto, el «ver» científico nos revela hoy que cada vez que transgredimos un límite planetario, estamos cometiendo una injusticia social masiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1.3. Eslabón: La materialidad de la Inteligencia Artificial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí es donde debemos insertar el primer eslabón que une la ecología con la nueva era tecnológica. A menudo se nos presenta la inteligencia artificial como algo «inmaterial», algo que vive en «la nube», casi como una entidad espiritual y pura que no toca la tierra. Pero las «gafas de la ciencia» (Galaz et al. 2025) nos devuelven a la realidad: la IA es profundamente material y tiene una sed insaciable de recursos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El entrenamiento de un solo modelo de lenguaje a gran escala consume tanta energía y emite tanto carbono como cinco automóviles a lo largo de toda su vida útil. Pero hay más: los centros de datos que alimentan esta tecnología consumen cantidades astronómicas de agua dulce para enfriar sus servidores, y a menudo lo hacen en regiones que ya sufren estrés hídrico, compitiendo directamente con el agua que las comunidades necesitan para beber o para sus cultivos. Además, el hardware que sostiene este progreso —los chips, las baterías, los procesadores— exige un extractivismo feroz de minerales críticos en el sur global. La IA, en su configuración actual, no está ayudando a mitigar la presión sobre el planeta; al contrario, actúa como un <strong>acelerador del Antropoceno</strong>, empujando esos límites planetarios hacia el punto de quiebre.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Parte II: el «juzgar» – hacia un antropocentrismo situado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante este panorama de cimientos que ceden y tecnologías que aceleran el desgaste de la Tierra, ¿cómo debemos juzgar la realidad desde nuestra fe y desde la Doctrina Social? El diagnóstico de la ciencia es tan grave que nos obliga a una profunda reforma de nuestra propia teología. No podemos seguir enseñando -y mucho menos practicando- una fe que vea al ser humano como el dueño absoluto y despótico de un almacén llamado “naturaleza”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2.1. La bondad de la creación: «apta para su propósito»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para juzgar con sabiduría, debemos recuperar el sentido bíblico de la creación. En el libro del Génesis, Dios declara siete veces que lo que ha hecho es «bueno» y, al final, afirma que el conjunto es «muy bueno». Durante siglos, hemos leído esa bondad como una categoría puramente estética o moral. Pero biblistas del presente siglo, que han releído la Biblia en clave ecológica, como David Horrell, nos ofrecen una clave exegética fundamental: en el contexto hebreo original, que algo sea bueno significa que es «adecuado para su propósito».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La creación es buena porque su armonía funcional —la red de biodiversidad, el ciclo del agua, la composición del aire— es lo que posibilita y sostiene la vida. Por lo tanto, cuando nuestra economía o nuestra técnica destruye un ecosistema o provoca la extinción de una especie, no solo estamos cometiendo un error ecológico; también estamos destruyendo la bondad funcional que Dios pensó. Estamos rompiendo el mecanismo sagrado que permite que la vida florezca. Al juzgar la crisis, debemos afirmar que cada criatura posee un valor intrínseco, no porque nos resulte útil para el mercado, sino porque es querida por Dios en su ser propio, tal como es.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2.2. El descentramiento de Job y el pedestal moral</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para entrar en este juicio de ecología integral, el papa Francisco nos ha pedido un gesto de humildad radical: debemos «bajar del pedestal moral». Esta expresión no es solo una invitación a la modestia; es una exigencia de la realidad. En este aspecto, el biblista David Horrell nos pone frente al libro de Job, específicamente ante esos capítulos finales en los que Dios finalmente habla. ¿Y qué le dice Dios a Job? No le da una explicación sobre el sufrimiento humano; lo que hace es «descentrar» a Job.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios le muestra a Job la inmensidad de las criaturas salvajes: el Leviatán, el Behemot, el águila que anida en las rocas (Job 40,15-41) … criaturas que no le sirven para nada al ser humano, que no tienen utilidad económica, pero que Dios ama, alimenta y cuida con una pasión que no toma al hombre como medida única. Este juicio teológico nos enseña que somos parte de una <strong>comunidad de la creación</strong>, no sus directores generales. Nuestra dignidad única como seres humanos no nos pone «fuera» de la red de la vida, sino que nos otorga la responsabilidad de ser sus custodios. Somos el “instrumento” de Dios para el cuidado, no el «fin» al que todo lo demás deba ser sacrificado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2.3. Eslabón: la misma lógica que descarta la tierra, descarta al trabajador</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta misma arrogancia tecnocrática que ignora los límites de la biodiversidad y la bondad de las especies es la que debemos juzgar ahora en el ámbito social de la inteligencia artificial. No son dos problemas distintos; es la misma lógica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciencia social más reciente (Hosseini Maasoum, 2025) advierte sobre un fenómeno preocupante en el mercado laboral: el «sesgo de antigüedad» inducido por la IA generativa. Las empresas están empezando a eliminar los puestos de trabajo de entrada, que tradicionalmente ocupaban los jóvenes recién graduados, porque un algoritmo puede realizar esas tareas iniciales de forma más barata. ¿Cuál es la consecuencia? Que estamos rompiendo el ciclo generacional de la experiencia y el aprendizaje. Estamos creando una barrera insalvable para las nuevas generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí es donde la Doctrina Social de la Iglesia debe elevar su voz con toda su fuerza. Un progreso tecnológico que genera excedentes financieros a costa de crear «sobrantes humanos” no es progreso, es pecado estructural. El seminario de la PASS (2025) sobre la <em>Digital Rerum Novarum</em> fue tajante: la tecnología debe ser concebida como un medio para ampliar nuestra capacidad creativa, no para suprimirla; debe servir para mejorar la calidad del trabajo humano, no para degradarlo. La misma lógica de la «cultura del descarte», que dice «este bosque no sirve, tálenlo», es la que hoy dice «este joven sin experiencia o este trabajador de 55 años ya no me sirven, que los reemplace un código». El juicio de la ecología integral nos dice que la dignidad del trabajo es inseparable de la integridad del planeta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Parte III: la transición energética justa (tej)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si nuestro diagnóstico nos dice que los cimientos de la casa están cedidos (ver) y nuestro juicio nos revela que hemos caído en un antropocentrismo despótico y excluyente (juzgar), el paso lógico para actuar es cambiar el motor que mueve nuestra civilización. No podemos pretender construir una civilización del cuidado y de la comunión con el combustible de la extracción y el despojo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3.1. Del carbono a la comunión</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los combustibles fósiles —el petróleo, el carbón y el gas— son mucho más que fuentes de energía. Es la cadena física que nos ata al paradigma tecnocrático. Durante un siglo, nos permitieron creer en la fantasía del crecimiento infinito en un planeta finito. Pero hoy, esa energía es la que está rompiendo los límites planetarios. Por eso, el papa Francisco, en una frase que debemos tomar como mandato pastoral, exige su reemplazo «sin demora» (LS 165).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fíjense bien en el matiz: no es una sugerencia técnica para que los ingenieros la resuelvan en el próximo siglo. Es un imperativo moral para hoy. ¿Por qué? Porque cada décima de grado de temperatura que sube debido a las emisiones de carbono es un golpe directo al rostro de los más pobres. La fe no puede ser indiferente ante el tipo de energía que mueve el mundo, porque si esa energía provoca muerte y desplazamiento, es una energía injusta. La Iglesia, por tanto, se une al clamor de la ciencia y apoya iniciativas proféticas como el <strong>Tratado de Combustibles Fósiles, y llama a los gobiernos de los países a participar de la Primera Conferencia Internacional, que se realiza este mes en Santa Marta, Colombia</strong>. Es el paso necesario para transitar del dominio del carbono a la experiencia de la comunión.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3.2. Eslabón: el peligro del neoextractivismo verde</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el actuar de la Iglesia debe ser lúcido para no caer en las trampas del “maquillaje verde”. Aquí insertamos el tercer eslabón de nuestra cadena: la transición energética puede ser tan injusta como el modelo fósil si no cambiamos la lógica del consumo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy se nos dice que la solución es llenar el mundo de paneles solares, molinos de viento y coches eléctricos. Y es cierto que necesitamos esas tecnologías. Pero la ciencia nos advierte: fabricar esas tecnologías limpias requiere una cantidad masiva de minerales —litio, cobalto, cobre, tierras raras— que se encuentran mayoritariamente en el sur global. Si para salvar el clima de las naciones ricas del Norte tenemos que convertir el Congo, las tierras indígenas de los Andes o las selvas de Filipinas en «zonas de sacrificio», no estamos haciendo ecología integral. Estamos haciendo neocolonización bajo el disfraz de la sostenibilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La transición energética justa exige que el acceso a la energía limpia sea reconocido como un derecho universal, derivado del principio del destino universal de los bienes. Exige que las comunidades locales participen democráticamente en las decisiones y que los beneficios de la transición lleguen primero a quienes hoy sufren pobreza energética. Como dijo Francisco, para que la transición sea justa, debemos estar dispuestos a «aminorar la marcha» (LS 193). Debemos aprender a consumir menos para que todos, y la Tierra misma, podamos vivir con dignidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Parte IV: el «actuar» – conversión y misión sinodal</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, llegamos a la pregunta práctica: ¿Cómo aterrizamos todo esto en la vida cotidiana de nuestras diócesis, parroquias y comunidades? El actuar de la ecología integral no es una lista de tareas externas; es el despliegue de una nueva forma de estar en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4.1. Conversión ecológica y sanación interior</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo cambio externo es frágil si no nace de una transformación interior. San Juan Pablo II ya hablaba de la «conversión ecológica», y el papa Francisco la ha puesto en el centro del seguimiento de Jesús. No se trata solo de clasificar la basura o ahorrar luz (que son gestos necesarios y nobles), sino de una <strong>metanoia</strong>: un cambio de mente y de corazón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eduardo Agosta (2021) nos recuerda que la espiritualidad es el motor que sostiene la acción a largo plazo. Necesitamos una sanación interior que nos libere de la ansiedad consumista y de la voracidad que nos lleva a tratar a las personas y a la naturaleza como objetos. Necesitamos recuperar la capacidad de contemplación, esa que nos permite ver en una hoja, en un bosque o en el rostro de un migrante, un sacramento de la presencia de Dios. Solo un corazón agradecido por el don de la vida puede ser un corazón dispuesto a sacrificarse para protegerla.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4.2. Educación, incidencia y coherencia Institucional</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El actuar eclesial tiene tres pilares concretos:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Educación:</strong> Debemos responder al llamado del Pacto Educativo Global<strong> </strong>(2019, Francisco). Necesitamos una formación que no fragmente el saber y supere el divorcio entre economía y ética. Nuestros colegios y seminarios deben enseñar que el clima, la biodiversidad y la dignidad del trabajador forman parte de la misma trama de la justicia.</li>



<li><strong>Incidencia política:</strong> La Iglesia no puede ser espectadora en el areópago social. Debemos estar presentes en las cumbres climáticas y en los foros tecnológicos para exigir marcos legales vinculantes. Como propone la PASS (2025), debemos impulsar una gobernanza ética de la técnica, asegurando que la IA refleje justicia, solidaridad y una reverencia absoluta por la vida.</li>



<li><strong>Coherencia:</strong> Nuestras instituciones deben ser modelos de lo que predicamos. Esto implica auditar nuestra huella energética, promover comunidades locales de energía renovable y, de manera valiente, liderar procesos de desinversión ética en empresas que lucran con la destrucción de la casa común.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4.3. La liturgia como celebración de la eucaristía cósmica</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, nuestro actuar se eleva y se convierte en oración. La liturgia es el espacio donde la ecología integral se hace sacramento. Cuando celebramos la Eucaristía, ofrecemos al Padre el pan y el vino, que son «frutos de la tierra y del trabajo del hombre”». Es lo que el jesuita Teilhard de Chardin llamó la «eucaristía cósmica».</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cada altar, el universo entero entra en contacto con el Creador. Celebrar la liturgia con conciencia ecológica significa reconocer que, cuando elevamos los dones, lo hacemos en nombre de todos los ecosistemas, de todas las criaturas y de todos los seres humanos. Consolidar el «Tiempo de la Creación» (del 1 de septiembre al 4 de octubre) en nuestro calendario no es un adorno folclórico; es un acto de justicia y de alabanza que nos recuerda que la Tierra es un sacramento de la presencia amorosa de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Conclusión: una esperanza activa para la casa común</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para terminar esta reflexión. A lo largo de estos minutos, hemos visto que la ecología integral no es una «opción verde» para los cristianos a quienes les gusta la naturaleza; es una exigencia constitutiva de nuestra fe en el Dios de la Vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciencia nos marca los límites físicos, nos pone ante el espejo de nuestra propia vulnerabilidad y nos advierte del peligro inminente de los «puntos de no retorno». La pastoral social, iluminada por la fe, nos da el sentido, la pasión y el porqué de que necesitamos cuidar esa vulnerabilidad. Juntas, la ciencia y la pastoral pueden guiar a la humanidad hacia una nueva alianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No nos dejemos robar la esperanza. Como dijo el papa Francisco, «sabemos que las cosas pueden cambiar» (LS 13). El lugar donde la pastoral social y la ciencia se encuentran es, precisamente, el «cuidado de la vulnerabilidad». Somos vulnerables porque compartimos el mismo compuesto biológico con las demás criaturas; somos vulnerables porque nuestra economía depende de un clima estable que hemos alterado nosotros mismos; somos vulnerables ante el poder descontrolado de la técnica. Pero en esa vulnerabilidad es donde Dios se revela y nos llama a la fraternidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tiempo de la parsimonia ha pasado. Pasemos de depredadores a custodios. Pasemos de ser dominadores a ser hermanos. Pasemos, en definitiva, del dominio del carbono a la experiencia de la comunión. Que nuestra casa común vuelva a estar, como dice la mística carmelita, por fin «vestida de hermosura» para gloria del Creador y dignidad de todos sus hijos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchísimas gracias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS&nbsp;</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Agosta Scarel, Eduardo Andrés.</strong> (2025). <em>“Ecología integral: avances y estancamientos”</em>. Pliego Vida Nueva.</li>



<li><strong>Dicasterio para la Doctrina de la Fe.</strong> (2024). <em>Declaración Dignitas Infinita sobre la dignidad humana</em>.</li>



<li><strong>Francisco.</strong> (2015). <em>Laudato Si’</em> y (2023) <em>Laudate Deum</em>.</li>



<li><strong>Galaz, V. and M. Schewenius (eds).</strong> (2025). <em>AI for a Planet Under Pressure</em>. Stockholm Resilience Centre.</li>



<li><strong>Gupta, J. et al.</strong> (2025). <em>“Thresholds of significant harm at global level”</em>. Earth System Governance.</li>



<li><strong>Horrell, David G.</strong> (2010). <em>The Bible and the Environment</em>. Londres: Equinox.</li>



<li><strong>PASS.</strong> (2025). <em>“Digital Rerum Novarum: Artificial Intelligence for Peace and Social Justice”</em>. Pontifical Academy of Social Sciences.</li>



<li><strong>Richardson, K. et al.</strong> (2023). <em>“Earth beyond six of nine planetary boundaries”</em>. Science Advances.</li>
</ul>
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		<title>San Oscar Romero: Un hombre que sigue siendo mártir</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 11:40:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral Social]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Como un hermano herido por tanta muerte hermana, tú sabías llorar, solo, en el Huerto. “Mucho me temo, mis queridos hermanos y amigos, que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán entrar por nuestras fronteras. Nos llegarán las pastas nada más, porque todas sus páginas son subversivas. ¡Subversivas contra el pecado, naturalmente!.. Yo [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading"><strong>Como un hermano herido por tanta muerte hermana, tú sabías llorar, solo, en el Huerto.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">“Mucho me temo, mis queridos hermanos y amigos, que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán entrar por nuestras fronteras. Nos llegarán las pastas nada más, porque todas sus páginas son subversivas. ¡Subversivas contra el pecado, naturalmente!.. Yo me temo que si Jesús entrara por la frontera, allá por Chalatenango, no lo dejarían pasar.. Al hombre-Dios, al prototipo de hombre, lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, de enredador con ideas exóticas y extrañas… Lo volverían a crucificar” (Beato Rutilio Grande S.I., Sermón de Apopa, 13 de febrero 1977)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Veinte días después de pronunciar esta homilía, el 12 de marzo de 1977, el padre Grande moría acribillado a balazos junto a dos campesinos cuando volvía de celebrar Misa. Fundador de las Comunidades de Base (CEB), el jesuita salvadoreño había denunciado la persecución y la represión que vivían en aquellos años su pueblo y su Iglesia. Era un gran amigo del arzobispo Romero, quien tras velar toda la noche su cuerpo confesó: “Esa noche recibí desde el Cielo una fortaleza particular”. Fue la que le impulsó a tomar, aun a costa de morir, el lugar que dejaba Grande: el del buen pastor del Evangelio que defiende su rebaño.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Y supiste beber el doble cáliz del altar y del pueblo</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Oscar Arnulfo Romero nació en 1917 en Ciudad Barrios (El Salvador). De familia humilde y segundo de ocho hermanos, después de la escuela estudia para carpintero; pero más que carpintero quiere ser sacerdote, así que a los trece años ingresa al Seminario menor claretiano de San Miguel y en 1937 pasa al Seminario de San José de la Montaña de San Salvador, dirigido por jesuitas. Ese mismo año, se traslada a Roma para estudiar teología en la Pontificia Universidad Gregoriana; allí conocerá a monseñor Giovanni Battista Montini, el futuro papa Pablo VI. El día de su ordenación sacerdotal, 4 de abril de 1942, escribe en su diario: “Deseo ser una hostia para mi diócesis”. Casi una profecía de cuál iba a ser su destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Regresa a El Salvador, a causa de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, siendo nombrado párroco de Anamorós y, sucesivamente, de San Miguel. En 1968 es elegido secretario de la Conferencia Episcopal; dos años después, Pablo VI lo designa obispo auxiliar de San Salvador y, en 1974, obispo de Santiago de María. En 1977 lo llama para suceder al arzobispo metropolitano de San Salvador, Luis Chavez González, portavoz de una pastoral social muy intensa. Su nombramiento suscita perplejidad, pues la índole contemplativa de Romero no parecía la más adecuada para enfrentar la dramática situación de un país que en aquella década vive una guerra civil entre las fuerzas armadas y diversos grupos insurgentes a causa de la falta de libertades, la gigantesca brecha entre ricos y pobres y la posesión de la tierra en manos de pocas familias. Se teme que el compromiso de la archidiócesis con los pobres se atenúe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada más lejos de lo que pasaría. Tras el asesinato de Rutilio Grande, ese hombre pacífico pero no sumiso que es el nuevo arzobispo siente una responsabilidad pública. Su anuncio del Evangelio es también denuncia de la situación de su grey: crea inmediatamente una comisión para la defensa de los derechos humanos y se hace voz de los que no la tienen. Llama a la reconciliación acompañada de la justicia, pero no justifica la violencia revolucionaria como respuesta a la institucional, y apela con fuerza a soluciones negociadas. Las madres de los desaparecidos, los campesinos, los expropiados, son su rebaño. “Con este pueblo no cuesta ser un buen pastor”, dice, y sus homilías son cada vez más multitudinarias. A los que le reprochan que está haciendo política responde: “Lo que busco no es política. Si por necesidad del momento estoy iluminando la política de mi patria es porque soy pastor, y es a partir del Evangelio, que es una luz que tiene que iluminar las calles del país”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los tres años de la vida de Romero como arzobispo de la capital salvadoreña son su calvario y el culmen de su misión. Los asesinatos de campesinos, sacerdotes y catequistas arrecian, la opción preferencial del arzobispo por los pobres pasa por ser una forma de agitación social, se boicotea la transmisión de sus homilías por la radio diocesana, que en un solo año sufre diez atentados con bombas. Mientras se estrecha el cerco en torno a su persona, algunos sectores de la jerarquía eclesiástica lo marginan o lo abandonan a su suerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, su labor comienza a ser reconocida en el ámbito internacional, tanto que en 1979 es candidato al Premio Nobel de la Paz, y en febrero de 1980 la Universidad Católica de Lovaina le otorga el doctorado honoris causa por su defensa de los derechos humanos. Allí Romero pronuncia el discurso que será considerado como su testamento: “Entre nosotros -dice- siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país [&#8230;] Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 23 de marzo de 1980, Domingo de Ramos, pronuncia en la catedral de San Salvador el sermón que ha pasado a la historia como “La homilía de fuego”. Después de una nueva oleada de asesinatos que deja en una semana 43 cadáveres, lanza desde el altar un llamamiento a los hombres del ejército. “Ante una orden de matar que dé un hombre -afirma- debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: No matar… Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios… Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado….En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al día siguiente, un descapotable rojo se para enfrente de la capilla del Hospital de la Divina Providencia donde el arzobispo está celebrando Misa. De la ventanilla trasera asoma un rifle, pero los fieles, que miran al altar, no pueden verlo. “Que este Cuerpo inmolado y esta Sangre sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo”, dice terminando su última homilía. El disparo, cuentan los presentes, sonó como una bomba. Romero cayó a tierra con el corazón atravesado, mientras el automóvil se daba a la fuga. Tres décadas después de su muerte se supo que los Escuadrones de la Muerte habían pagado a su asesino 114 dólares.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>San Romero de América, pastor y mártir nuestro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En los años terribles que siguieron a su muerte, la memoria de su sacrificio dio un sentido al dolor de las familias que perdían a sus hijos en el conflicto. Su pueblo lo proclamó inmediatamente mártir, acudiendo en masa a rezar sobre su tumba en la catedral.<br>“Sobre dos pilares apoyaba Monseñor Romero su esperanza: un pilar histórico que era su conocimiento del pueblo al que atribuía una capacidad de encontrar salidas a las dificultades más graves, y un pilar trascendente que era su persuasión de que últimamente Dios era un Dios de vida y no de muerte, que lo último de la realidad es el bien y no el mal&#8230; Con Romero, Dios pasó por El Salvador”, afirmaba el jesuita Ignacio Ellacuría, víctima a su vez en 1989, de la violencia que se cebó contra una Iglesia comprometida con los últimos.<br>El Papa Francisco, declarándolo mártir por odio a la fe, lo proclama beato en febrero de 2015 tras un largo proceso que, como recordaba el postulador de su causa, el arzobispo Vincenzo Paglia, “conoció no pocas dificultades tanto por la oposición al pensamiento y acción pastoral del arzobispo como por la situación conflictiva que se había creado en torno a su figura”. Romero se convirtió en el primero de la larga lista de nuevos mártires contemporáneos, venerado también por la Iglesia Anglicana.<br>Su canonización tuvo lugar el 14 de octubre de 2018 en la Plaza de San Pedro. Dirigiéndose a un grupo de peregrinos salvadoreños llegados a Roma para la ceremonia, el Papa Francisco dijo: “Quisiera añadir algo que quizás pasamos de largo. El martirio de Mons. Romero no fue puntual en el momento de su muerte, fue un martirio-testimonio, sufrimiento anterior, persecución anterior, hasta su muerte. Pero también posterior, porque una vez muerto –yo era sacerdote joven y fui testigo de eso– fue difamado, calumniado, ensuciado, o sea que su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado. No hablo de oídas, he escuchado esas cosas. O sea que es lindo verlo también así: un hombre que sigue siendo mártir. Bueno, ahora creo que ya casi nadie se atreve pero después de haber dado su vida siguió dándola dejándose azotar por todas esas incomprensiones y calumnias”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">FUENTE: <a href="https://www.vaticannews.va/es/santos/03/24/san-oscar-romero.html">Vatican News</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Campaña del Enfermo 2026</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/pastoral-de-la-salud/campana-del-enfermo-2026/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=campana-del-enfermo-2026</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Jan 2026 12:20:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Pastoral de la Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial del Enfermo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://social.conferenciaepiscopal.es/?p=412909</guid>

					<description><![CDATA[<p>“La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”&#160;“Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 35)&#160; Este año 2026 el Papa León XIV nos prone volver nuestra mirada y reflexionar sobre el&#160; Buen Samaritano. Y ha elegido el tema para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se&#160; celebrará el 11 [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”&nbsp;</strong><br><em>“Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 35)&nbsp;</em></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Este año 2026 el Papa León XIV nos prone volver nuestra mirada y reflexionar sobre el&nbsp; Buen Samaritano. Y ha elegido el tema para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se&nbsp; celebrará el 11 de febrero de 2026: <strong>“La compasión del samaritano: amar llevando el dolor&nbsp; del otro”.&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema, centrado en la figura evangélica del samaritano que manifiesta su amor al&nbsp;cuidar al hombre herido que ha caído en manos de los ladrones, quiere subrayar este aspecto&nbsp; del amor al prójimo: el amor necesita gestos concretos de cercanía, con los que se asume el&nbsp;sufrimiento ajeno, sobre todo el de aquellas personas que viven en situación de enfermedad,&nbsp; a menudo en un contexto de fragilidad debido a la pobreza, al aislamiento y a la soledad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Jornada Mundial del Enfermo, instituida por San Juan Pablo II en 1992, busca ser un&nbsp; momento privilegiado de oración, de cercanía y de reflexión para toda la comunidad eclesial&nbsp; y para la sociedad civil, llamada a reconocer el rostro de Cristo en los hermanos y hermanas&nbsp; marcados por la enfermedad y la fragilidad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al igual que el buen samaritano que se detiene y se inclina ante el herido en el camino,&nbsp; la comunidad cristiana está llamada a detenerse ante quien sufre, y a dar testimonio&nbsp; evangélico de cercanía y servicio hacia los enfermos y los más vulnerables.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta Campaña ponemos en el centro el cuidado a los enfermos. La Iglesia es la posada&nbsp; a donde el Buen Samaritano lleva al hombre herido y necesitamos aprender a acoger y cuidar. De ahí el lema elegido: “Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 34). Jesús se presenta&nbsp; públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha venido para curar al hombre&nbsp; de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. “Le llevaron a todos los enfermos y&nbsp; endemoniados” (Mc 1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto&nbsp; dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados.&nbsp; Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca volvió la cara hacia otro lado y&nbsp; hoy nos envía a cumplir su propia obra y nos dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a&nbsp; los enfermos y cuidarlos hasta el fondo ¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la Iglesia!&nbsp;Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar&nbsp; cerca de los enfermos; ésta es la tarea (cf. Papa Francisco, Audiencia 10-VI- 2015).&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuidar a los enfermos y sus cuidadores lejos de suponer un problema son una&nbsp; oportunidad evangelizadora de primer orden. Los enfermos son, con palabras de Benedicto&nbsp; XVI, “un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para&nbsp; vuestras familias (…) sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al&nbsp; mundo”.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading">Materiales para la campaña</h2>



<ul class="wp-block-list">
<li><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/sick/documents/20260113-messaggio-giornata-malato.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial del Enfermo 2026</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/Orientaciones-Campana-Enfermo-2026.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Orientaciones de la campaña</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/1-El-cuidado-en-la-accion-pastoral-de-la-salud.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">1- El cuidado en la acción pastoral de la salud</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/2-Algunas-claves-para-ser-buen-samaritano.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">2- Algunas claves para ser buen samaritano</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/3-El-bueno-del-Samaritano.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">3- El bueno del Samaritano</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/4-El-bueno-del-Samaritano-B.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">4- El bueno del Samaritano B</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/5-El-camino-de-Jerusalen.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">5- El camino de Jerusalen</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/6-El-sacerdote-y-la-Ley.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">6- El sacerdote y la Ley</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/7-Anda-y-haz-tu-lo-mismo.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">7- Anda y haz tú lo mismo</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/7-Quien-es-mi-projimo.pdf">8- Quién es mi prójimo</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/9-La-posada-y-el-posadero.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">9- La posada y el posadero</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/10-Maria-la-Samaritana.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">10- María, la Samaritana</a></li>
</ul>



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<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/Cartel-Enfermo-2026.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Cartel de la campaña</a></div>
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<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/pastoral-de-la-salud/campana-del-enfermo-2026/">Campaña del Enfermo 2026</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Jornada Mundial de la Paz: Mensaje de Justicia y Paz</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/jornada-mundial-de-la-paz-mensaje-de-justicia-y-paz/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=jornada-mundial-de-la-paz-mensaje-de-justicia-y-paz</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Jan 2026 10:52:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia y Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://social.conferenciaepiscopal.es/?p=412757</guid>

					<description><![CDATA[<p>A la luz del mensaje del Papa León XIV por la Jornada Mundial de la Paz 2026, compartimos el mensaje publicado por la Comisión General de Justicia y Paz de España MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV PARA LA LIX JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ (1  de  enero de 2026): “La paz esté con todos ustedes: [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/jornada-mundial-de-la-paz-mensaje-de-justicia-y-paz/">Jornada Mundial de la Paz: Mensaje de Justicia y Paz</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">A la luz del <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/jornada-mundial-de-la-paz-2026/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">mensaje del Papa León XIV</a> por la Jornada Mundial de la Paz 2026, compartimos el mensaje publicado por la <a href="https://www.juspax-es.org/l/jornada-mundial-de-la-paz/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Comisión General de Justicia y Paz de España</a></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV PARA LA LIX JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ (1  de  enero de 2026): </strong><br><strong><em>“La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante“</em>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los&nbsp; mensajes&nbsp; que&nbsp; proclaman&nbsp; los Papas con&nbsp; motivo&nbsp; de la&nbsp; Jornada Mundial&nbsp; de la&nbsp; Paz, que&nbsp; se&nbsp; celebra &nbsp; anualmente&nbsp; el&nbsp; día 1 de&nbsp; enero, constituyen&nbsp; ya&nbsp; una&nbsp; larga&nbsp; tradición&nbsp; que&nbsp; cumple 59 años, desde su&nbsp; instauración&nbsp; por San Pablo VI ,&nbsp; y&nbsp; suelen&nbsp; constituir una&nbsp; referencia ineludible, ya&nbsp; que&nbsp; se&nbsp; dirigen&nbsp; no&nbsp; sólo a&nbsp; la comunidad &nbsp; católica,&nbsp; sino&nbsp; también a personas&nbsp; no creyentes ,&nbsp; a&nbsp; todos&nbsp; los pueblos,&nbsp; incluyendo a personas&nbsp; dirigentes&nbsp; y con responsabilidad política&nbsp; y&nbsp; social&nbsp; y&nbsp; a todas&nbsp; las &nbsp; personas &nbsp; de buena&nbsp; voluntad&nbsp; y&nbsp; ciudadanas de todo&nbsp; el&nbsp; mundo: la&nbsp; humanidad&nbsp; entera,&nbsp; destinataria&nbsp; del mensaje&nbsp; salvador&nbsp; de Jesucristo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta&nbsp; tradición &nbsp; ejemplariza la&nbsp; voluntad &nbsp; de&nbsp; mantener vivo el&nbsp; clamor y&nbsp; el&nbsp; compromiso&nbsp; de la&nbsp; Iglesia&nbsp; por la&nbsp; paz,&nbsp; desde&nbsp; aquel&nbsp; histórico&nbsp; discurso&nbsp; del propio&nbsp; Pontífice ante la Asamblea General&nbsp; de las&nbsp; Naciones&nbsp; Unidas&nbsp; en&nbsp; el&nbsp; año&nbsp; 1967,&nbsp; que&nbsp; culminó&nbsp; con&nbsp; un emocionado&nbsp; y contundente grito de&nbsp; “NUNCA MÁS LA GUERRA”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El &nbsp; texto&nbsp; integro&nbsp; del Mensaje&nbsp; de este año &nbsp; se ha&nbsp; hecho público&nbsp; el pasado&nbsp; día 18&nbsp; de&nbsp; diciembre, &nbsp; ya&nbsp; que normalmente &nbsp; acaece&nbsp; en torno&nbsp; de la&nbsp; festividad&nbsp; de la Inmaculada Concepción de la&nbsp; Virgen,&nbsp; &#8211; lo&nbsp; que&nbsp; constituye una clara&nbsp; coincidencia&nbsp; con&nbsp; el&nbsp; apelativo de María&nbsp; como Reina&nbsp; de la&nbsp; Paz, que&nbsp; de&nbsp; este&nbsp; modo&nbsp; suele&nbsp; ser&nbsp; invocada &nbsp; en &nbsp; &nbsp; los sucesivos Mensajes -.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, se inicia con la&nbsp; conocida y&nbsp; repetida llamada&nbsp; del papa León &nbsp; desde los primeros momentos&nbsp; de su pontificado a “<em>una&nbsp; paz&nbsp; desarmada y&nbsp; desarmante…&nbsp; la paz&nbsp; de Cristo resucitado, humilde y&nbsp; perseverante “</em>&nbsp; e&nbsp; invita a “rechazar la lógica&nbsp; de la&nbsp; violencia&nbsp; y&nbsp; de la&nbsp; guerra y a promover una reconciliación fundada en&nbsp; el&nbsp; amor&nbsp; y la justicia”. De&nbsp; este&nbsp; modo,&nbsp; se actualiza &nbsp; el&nbsp; plan &nbsp; para la&nbsp; humanidad&nbsp; que expresa Yahvé en&nbsp; boca&nbsp; del&nbsp; profeta&nbsp; <em>(Isaías, 2, 4-5)</em>, con el&nbsp; que&nbsp; cierra&nbsp; el&nbsp; Mensaje,&nbsp; enlazándolo, &nbsp; con los&nbsp; ideales &nbsp; &nbsp; de&nbsp; misericordia&nbsp; y &nbsp; fraternidad, tan reiterados&nbsp; por los últimos&nbsp; Papas,&nbsp; especialmente &nbsp; en&nbsp; las&nbsp; encíclicas y exhortaciones “<em>Fratelli tutti”, “Dilexit nos” y “Dilexi te</em> “.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La idea&nbsp; de paz&nbsp; que&nbsp; desarrolla&nbsp; el Mensaje &nbsp; es&nbsp; aquella&nbsp; que&nbsp; no&nbsp; es&nbsp; simplemente la&nbsp; ausencia de&nbsp; conflicto, sino “<em>una opción&nbsp; de desarme </em>, no&nbsp; fundada&nbsp; en&nbsp; el&nbsp; miedo ni en&nbsp; la imposición de los poderosos y&nbsp; cuya finalidad última es “<em>construir el Reino&nbsp; de&nbsp; Dios y&nbsp; edificar&nbsp; juntos&nbsp; un futuro&nbsp; humano y político</em>”: <em>si la&nbsp; paz no es una&nbsp; realidad&nbsp; experimentada,&nbsp; para&nbsp; custodiar y cultivar, la&nbsp; agresividad&nbsp; se&nbsp; difunde&nbsp; en&nbsp; La&nbsp; vida&nbsp; doméstica y en la&nbsp; vida pública</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a esta paz&nbsp; de Jesús&nbsp; resucitado,&nbsp; que Él&nbsp; &nbsp; pronunció&nbsp; con&nbsp; firmeza (<em>“Envaina&nbsp; tu&nbsp; espada”, Jn.18-11), </em>el&nbsp; Papa&nbsp; denuncia&nbsp; el&nbsp; engaño&nbsp; de la&nbsp; violencia, la&nbsp; agresividad&nbsp; que&nbsp; se&nbsp; difunde en&nbsp; la&nbsp; vida&nbsp; doméstica y&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; vida&nbsp; pública,&nbsp; los&nbsp; repetidos llamamientos a incrementar&nbsp; el&nbsp; gasto militar, la&nbsp; aplicación en ámbito&nbsp; militar&nbsp; de las inteligencias&nbsp; artificiales… todo ello <em>&nbsp;es una&nbsp; espiral&nbsp; destructiva, sin&nbsp; precedentes, del humanismo jurídico y &nbsp; filosófico&nbsp; sobre&nbsp; el&nbsp; cual&nbsp; se&nbsp; apoya&nbsp; y desde&nbsp; el&nbsp; que&nbsp; se&nbsp; protege&nbsp; cualquier&nbsp; civilización</em>. El silencio&nbsp; de las&nbsp; armas&nbsp; debe&nbsp; convertirse en&nbsp; desarme ético,&nbsp; personal&nbsp; y&nbsp; colectivo, capaz&nbsp; de&nbsp; disolver los conflictos, abrir&nbsp; los&nbsp; corazones&nbsp; y&nbsp; generar &nbsp; confianza, empatía y&nbsp; esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerda&nbsp; el Mensaje&nbsp; que&nbsp; no&nbsp; es&nbsp; suficiente “invocar” estos&nbsp; valores, sino&nbsp; que&nbsp; necesariamente&nbsp; deben&nbsp; encarnarse&nbsp; en&nbsp; un estilo&nbsp; de&nbsp; vida&nbsp; y&nbsp; en&nbsp; unas prácticas políticas que&nbsp; rechacen&nbsp; toda&nbsp; violencia,&nbsp; visible o&nbsp; estructural, y&nbsp; para ello señala tres líneas de&nbsp; pensamiento&nbsp; y acción: “<em>reconocer, asumir, superar las diferencias</em>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta&nbsp; línea, el Papa&nbsp; ya&nbsp; ha&nbsp; recordado&nbsp; recientemente que&nbsp; el&nbsp; tema&nbsp; de la&nbsp; paz no se&nbsp; separa del&nbsp; contexto&nbsp; actual, ya&nbsp; que&nbsp; “<em>nuestro mundo lleva abiertas las&nbsp; profundas&nbsp; cicatrices del&nbsp; conflicto, la&nbsp; desigualdad, la&nbsp; degradación&nbsp; medioambiental y un&nbsp; creciente&nbsp; sentimiento de orfandad&nbsp; espiritual”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como&nbsp; hemos&nbsp; dicho, no&nbsp; podía&nbsp; faltar&nbsp; en&nbsp; el&nbsp; Mensaje la denuncia de la carrera&nbsp; armamentista: “<em>No es&nbsp; casual&nbsp; que&nbsp; los&nbsp; repetidos llamamientos a incrementar&nbsp; el&nbsp; gasto militar y&nbsp; las&nbsp; decisiones&nbsp; que&nbsp; esto&nbsp; conlleva, sean&nbsp; presentados por&nbsp; muchos&nbsp; gobernantes con la justificación&nbsp; del&nbsp; peligro frente a los otros… la&nbsp; apelación&nbsp; a la&nbsp; &nbsp; disuasión&nbsp; nuclear encarna la irracionalidad&nbsp; de una&nbsp; relación&nbsp; entre pueblos basada no&nbsp; en&nbsp; el&nbsp; derecho, la&nbsp; justicia y la&nbsp; confianza , sino&nbsp; en&nbsp; el&nbsp; miedo&nbsp; y&nbsp; en&nbsp; el&nbsp; dominio&nbsp; de la&nbsp; fuerza”. </em>Este&nbsp; apartado&nbsp; del&nbsp; Mensaje&nbsp; se cierra&nbsp; con&nbsp; una&nbsp; extensa cita&nbsp; de San&nbsp; Juan XXIII (<em>Pacem&nbsp; in Terris, 60</em>)&nbsp; y&nbsp; con&nbsp; datos terriblemente incontestables: los gastos&nbsp; militares se incrementaron&nbsp; en 2024 un 9,4 %&nbsp; respecto&nbsp; del&nbsp; año anterior… alcanzando&nbsp; la&nbsp; cifra de 2.718 billones&nbsp; de&nbsp; dólares, es&nbsp; decir,&nbsp; el 2,5 % del PIB mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ello se&nbsp; sitúa&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; constante preocupación&nbsp; del Papa ante&nbsp; &nbsp; las matanzas de menores, &nbsp; mujeres, personas ancianas y&nbsp; enfermas&nbsp; (la población&nbsp; civil ) en&nbsp; combates&nbsp; , bombardeos y otros&nbsp; métodos&nbsp; de&nbsp; masacre,&nbsp; &nbsp; reclamando&nbsp; un alto&nbsp; el&nbsp; fuego &nbsp; para&nbsp; &nbsp; todos&nbsp; los&nbsp; conflictos vivos,&nbsp; como&nbsp; ya dijo&nbsp; el pasado 9&nbsp; de&nbsp; noviembre&nbsp; en&nbsp; su homilía&nbsp; con&nbsp; motivo&nbsp; de la&nbsp; conmemoración&nbsp; de la&nbsp; Basílica&nbsp; de San Juan de Letrán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Mensaje&nbsp; concluye&nbsp; con&nbsp; el&nbsp; deseo de&nbsp; que &nbsp; la paz se&nbsp; convierta&nbsp; en luz&nbsp; del&nbsp; mundo, y que &nbsp; éste&nbsp; sea un&nbsp; fruto&nbsp; del <em>Jubileo&nbsp; de la&nbsp; Esperanza</em>&nbsp; que&nbsp; <em>“ha&nbsp; impulsado a millones de&nbsp; seres humanos&nbsp; a&nbsp; descubrirse peregrinos&nbsp; y a&nbsp; comenzar&nbsp; en&nbsp; si mismos&nbsp; este&nbsp; desarme&nbsp; del&nbsp; corazón, de la&nbsp; mente&nbsp; y de la&nbsp; vida , &nbsp; al&nbsp; que Dios&nbsp; no&nbsp; tardará&nbsp; en&nbsp; responder, cumpliendo&nbsp; sus&nbsp; promesas anunciadas por los Profetas</em>“.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<p class="responsive-video-wrap clr"><iframe title="Hacia una paz &quot;desarmada y desarmante&quot;." width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/lffD3L30-BY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
</div></figure>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/jornada-mundial-de-la-paz-mensaje-de-justicia-y-paz/">Jornada Mundial de la Paz: Mensaje de Justicia y Paz</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mensaje a los gobiernos y a la ciudadanía ante la cumbre del clima de la ONU en Belém, Brasil (COP 30)</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/ecologiaintegral/mensaje-a-los-gobiernos-y-a-la-ciudadania-ante-la-cumbre-del-clima-de-la-onu-en-belem-brasil-cop-30/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-a-los-gobiernos-y-a-la-ciudadania-ante-la-cumbre-del-clima-de-la-onu-en-belem-brasil-cop-30</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Nov 2025 14:52:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://social.conferenciaepiscopal.es/?p=412572</guid>

					<description><![CDATA[<p>A quienes lideran el mundo reunidos en Belém: La justicia climática es una urgencia moral, no una opción En el año en que el Acuerdo de París cumple 10 años y en el que también se conmemoran los 10 años de la encíclica Laudato Si&#8217;, la realidad nos golpea: no hemos hecho lo suficiente. El [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/ecologiaintegral/mensaje-a-los-gobiernos-y-a-la-ciudadania-ante-la-cumbre-del-clima-de-la-onu-en-belem-brasil-cop-30/">Mensaje a los gobiernos y a la ciudadanía ante la cumbre del clima de la ONU en Belém, Brasil (COP 30)</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>A quienes lideran el mundo reunidos en Belém: La justicia climática es una urgencia moral, no una opción</em></strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En el año en que el Acuerdo de París cumple 10 años y en el que también se conmemoran los 10 años de la encíclica Laudato Si&#8217;, la realidad nos golpea: no hemos hecho lo suficiente. El cambio climático ya no es una amenaza futura; es una crisis presente que castiga con mayor fuerza a las personas más pobres y vulnerabilizadas y que, si no se actúa con mayor contundencia, lo hará aún más en el futuro, profundizando la desigualdad que decidimos combatir e hipotecando el futuro de las siguientes generaciones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para las organizaciones católicas, la «ecología integral» contenida en la enseñanza social de la encíclica Laudato Si’ enseña que el «clamor de la tierra y el clamor de los pobres» constituyen un solo grito (cf. n.º 49). Para otros actores de la sociedad civil, que también encuentran en Laudato Si’ una fuente de inspiración y para los actores católicos, el Acuerdo de París es el gran marco de consenso global y es desde donde compartimos con la ciudadanía la urgencia de actuar y la experiencia de ser testigos de esta injusticia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta mirada compartida, exigimos a los gobiernos en la COP 30 que pasen de las promesas vacías a la acción concreta. Nuestro mensaje se basa en tres pilares jurídicamente vinculantes para avanzar en la justicia:</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>1. Justicia en la acción: Abandonar lo que nos destruye</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">Los planes climáticos actuales (NDCs) de cada país o de grupos de países (como la UE) resultan insuficientes. Nos llevan directamente a un calentamiento global que causará un sufrimiento inmenso, especialmente en el Sur Global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra demanda es clara:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Compromisos reales, no metas vacías: los países ricos y los mayores emisores deben presentar planes drásticamente más ambiciosos. Esto no es negociable; es una obligación moral y legal.</li>



<li>Poner fin a la era fósil: Necesitamos un calendario claro, vinculante y justo para eliminar gradualmente todos los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). Seguir invirtiendo en ellos es financiar nuestra propia destrucción.</li>



<li>Proteger nuestros pulmones: Debemos detener la deforestación global antes de 2030 y proteger a las comunidades indígenas, sus mejores guardianes.</li>
</ul>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>2. Justicia en la transición: Proteger a las personas, no solo al planeta</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">La transición ecológica no puede ser una excusa para crear nuevas pobrezas. El fin de los combustibles fósiles debe planificarse cuidadosamente para proteger a las personas trabajadoras, a las comunidades que dependen de esas industrias y a las personas más vulnerables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra demanda es clara:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>No dejar a nadie atrás: la «Transición Justa» debe garantizar la protección social, los empleos dignos y el apoyo directo a las comunidades locales e indígenas.</li>



<li>Fomentar e invertir en la agroecología: debemos transformar nuestros sistemas alimentarios, que hoy contaminan y provocan hambre. Esto significa dejar de subsidiar la agricultura industrial contaminante y apoyar a las mujeres y hombres  que cultivan la tierra y alimentan al mundo de forma sostenible.</li>



<li>La necesaria y urgente transición energética debe democratizarse y no puede convertirse en una nueva forma de colonialismo. La demanda de minerales debe gestionarse con debida diligencia,  equidad, y protegiendo a las comunidades locales y sus ecosistemas de cualquier forma de expoliación, tal como vienen haciendo sobre el terreno diferentes organizaciones de la sociedad civil, así como la Iglesia Católica y sus diócesis.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Justicia en las finanzas: apoyo financiero y</strong><strong> </strong><strong>pagar la deuda ecológica&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las naciones ricas construyeron su prosperidad sobre un modelo de desarrollo basado en combustibles fósiles, generando una «deuda ecológica» masiva con el Sur Global, que es quien más sufre sus consecuencias sin haber causado el problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra demanda es clara:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Dinero real, no más deuda: los países del Sur Global necesitan billones, no millones, para adaptarse y desarrollarse de manera limpia. Esta financiación debe ser nueva, adicional y entregada en forma de subvenciones (donaciones), no como préstamos que ahoguen aún más a los países pobres.</li>



<li>Reparar el daño: el Fondo para Pérdidas y Daños (creado en la COP 27 de 2022 en Egipto) debe llenarse con urgencia con cientos de miles de millones de dólares. No es caridad, es reparación. Este dinero debe llegar directamente a las comunidades afectadas, sin burocracia.</li>



<li>Justicia en las finanzas y la fiscalidad: hacemos un llamado a la búsqueda de una solución urgente al problema de la deuda de las naciones en situaciones más vulnerables (un “Jubileo por el Clima” en palabras de las organizaciones eclesiales), liberándolas para que puedan invertir en la acción climática en lugar de destruir sus ecosistemas y empobrecer sus poblaciones para pagar el servicio de la deuda. Sostenemos así el llamado formulado en la reciente IV Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo, celebrada en Sevilla en junio de 2025. Asimismo, sin una fiscalidad justa ordenada al bien común y la solidaridad global no habrá finanzas justas para encontrar los recursos necesarios en todo el mundo para la acción climática necesaria. </li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Un llamamiento final</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">A la ciudadanía global, le pedimos que no sea espectadora. Eleven sus voces, exijan responsabilidad a sus líderes y vivan en solidaridad con los más afectados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A los gobiernos reunidos en la ciudad de Belém en esta COP 30, les recordamos que la historia los juzgará. Tienen en sus manos la oportunidad de ser recordados como quienes eligieron la vida, la dignidad humana y el bien común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tiempo de las excusas se acabó. Es la hora de la justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Organizaciones firmantes</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Departamento de Ecología Integral, Conferencia Episcopal Española</li>



<li>ECODES</li>



<li>Enlázate por la Justicia
<ul class="wp-block-list">
<li>Cáritas Española</li>



<li>CONFER</li>



<li>Justicia y Paz</li>



<li>Manos Unidas</li>



<li>REDES</li>
</ul>
</li>



<li>Greenpeace España</li>



<li>Movimiento Laudato Si’, Capítulo de España</li>



<li>Movimiento Rural Cristiano</li>



<li>Grupo de Ecología Integral-Justicia y Paz, Sevilla.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Áreas de ecología integral de la pastoral social de:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Archidiócesis de Madrid</li>



<li>Diócesis de León</li>



<li>Diócesis de Mérida-Badajoz</li>



<li>Archidiócesis de Pamplona y Tudela</li>



<li>Diócesis de Córdoba</li>



<li>Archidiócesis de Zaragoza</li>



<li>Archidiócesis de Toledo</li>



<li>Diócesis de Vitoria</li>



<li>Archidiócesis de Santiago de Compostela</li>



<li>Diócesis de Albacete</li>



<li>Archidiócesis de Barcelona</li>



<li>Diócesis de Bilbao</li>



<li>Diócesis de Ourense</li>



<li>Archidiócesis de Valencia</li>



<li>Diócesis de Málaga</li>



<li>Diócesis de Mallorca</li>



<li>Diócesis de Vic</li>



<li>Archidiócesis de Burgos</li>



<li>Diócesis de Sant Feliù de Llobregat</li>



<li>Red Laudato Si’ de la Diócesis de Jeréz</li>



<li>Diócesis de Alicante</li>



<li>Diócesis de Santander</li>



<li>Diócesis de Salamanca</li>



<li>Diócesis de Gran Canaria</li>



<li>Diócesis de Coria-Cáceres</li>



<li>Diócesis de Alcalá de Henares</li>
</ul>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/ecologiaintegral/mensaje-a-los-gobiernos-y-a-la-ciudadania-ante-la-cumbre-del-clima-de-la-onu-en-belem-brasil-cop-30/">Mensaje a los gobiernos y a la ciudadanía ante la cumbre del clima de la ONU en Belém, Brasil (COP 30)</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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	</channel>
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