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	<title>Papa León XIV archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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	<description>C.E. para la Pastoral Social</description>
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	<title>Papa León XIV archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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		<title>Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2025</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2025 08:54:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo de la Creación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>1 de septiembre de 2025 Semillas de paz y esperanza Queridos hermanos y hermanas: El tema de esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, elegido por nuestro querido Papa Francisco, es “Semillas de paz y esperanza”. En el décimo aniversario de la institución de la Jornada, que coincidió con la publicación [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">1 de septiembre de 2025</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>Semillas de paz y esperanz</em></strong>a</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema de esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, elegido por nuestro querido <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>, es “Semillas de paz y esperanza”. En el décimo aniversario de la institución de la Jornada, que coincidió con la publicación de la encíclica <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html">Laudato si’</a></em>, nos encontramos en pleno Jubileo, como “<em>peregrinos de esperanza</em>”. Y es precisamente en este contexto donde el tema adquiere todo su significado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas veces, Jesús, en su predicación, utiliza la imagen de la semilla para hablar del Reino de Dios, y en la víspera de la Pasión la aplica a sí mismo, comparándose con el grano de trigo, que debe morir para dar fruto (cf. <em>Jn</em> 12,24). La semilla se entrega por completo a la tierra y allí, con la fuerza impetuosa de su don, brota la vida, incluso en los lugares más insospechados, con una sorprendente capacidad de generar futuro. Pensemos, por ejemplo, en las flores que crecen al borde de las carreteras: nadie las ha plantado, y sin embargo crecen gracias a semillas que han llegado allí casi por casualidad y logran adornar el gris del asfalto e incluso romper su dura superficie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, en Cristo somos semillas. No sólo eso, sino “semillas de paz y esperanza”. Como dice el profeta Isaías, el Espíritu de Dios es capaz de transformar el desierto, árido y reseco, en un jardín, lugar de descanso y serenidad: «hasta que sea infundido en nosotros un espíritu desde lo alto. Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque. En el desierto habitará el derecho y la justicia morará en el vergel. La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre. Mi pueblo habitará en un lugar de paz, en moradas seguras, en descansos tranquilos» (<em>Is</em> 32,15-18).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas palabras proféticas, que del 1 de septiembre al 4 de octubre acompañarán la iniciativa ecuménica del “Tiempo de la Creación”, afirman con fuerza que, junto con la oración, son necesarias la voluntad y las acciones concretas que hacen perceptible esta “caricia de Dios” sobre el mundo (cf<em>. <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#84.">Laudato si’</a></em>, 84). La justicia y el derecho, en efecto, parecen arreglar la inhóspita naturaleza del desierto. Se trata de un anuncio de extraordinaria actualidad. En diversas partes del mundo es ya evidente que nuestra tierra se está deteriorando. En todas partes, la injusticia, la violación del derecho internacional y de los derechos de los pueblos, las desigualdades y la codicia que de ellas se derivan producen deforestación, contaminación y pérdida de biodiversidad. Aumentan en intensidad y frecuencia los fenómenos naturales extremos causados por el cambio climático inducido por las actividades antrópicas (cf. Exhort. ap. <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/20231004-laudate-deum.html">Laudate Deum</a></em>, 5), sin tener en cuenta los efectos a medio y largo plazo de la devastación humana y ecológica provocada por los conflictos armados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Parece que aún no se tiene conciencia de que destruir la naturaleza no perjudica a todos del mismo modo: pisotear la justicia y la paz significa afectar sobre todo a los más pobres, a los marginados, a los excluidos. En este contexto, es emblemático el sufrimiento de las comunidades indígenas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso no es todo: la propia naturaleza se convierte a veces en un instrumento de intercambio, en un bien que se negocia para obtener ventajas económicas o políticas. En estas dinámicas, la creación se transforma en un campo de batalla por el control de los recursos vitales, como lo demuestran las zonas agrícolas y los bosques que se han vuelto peligrosos debido a las minas, la política de la “tierra arrasada” <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/creation/documents/20250630-messaggio-giornata-curacreato.html#_ftn1">[1]</a>, los conflictos que se desatan en torno a las fuentes de agua, la distribución desigual de las materias primas, que penaliza a las poblaciones más débiles y socava su propia estabilidad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas diversas heridas son consecuencia del pecado. Sin duda, esto no es lo que Dios tenía en mente cuando confió la Tierra al hombre creado a su imagen (cf. <em>Gn</em> 1,24-29). La Biblia no promueve «el dominio despótico del ser humano sobre lo creado» (<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#200">Laudato si’</a></em>, 200). Al contrario, es «importante leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo (cf. <em>Gn </em>2,15). Mientras “labrar” significa cultivar, arar o trabajar, “cuidar” significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza» (<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#67">ibíd</a></em>., 67).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La justicia ambiental —anunciada implícitamente por los profetas— ya no puede considerarse un concepto abstracto o un objetivo lejano. Representa una necesidad urgente que va más allá de la simple protección del medio ambiente. En realidad, se trata de una cuestión de justicia social, económica y antropológica. Para los creyentes, además, es una exigencia teológica que, para los cristianos, tiene el rostro de Jesucristo, en quien todo ha sido creado y redimido. En un mundo en el que los más frágiles son los primeros en sufrir los efectos devastadores del cambio climático, la deforestación y la contaminación, el cuidado de la creación se convierte en una cuestión de fe y de humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es hora de pasar de las palabras a los hechos. «Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana» (<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#217">ibíd</a></em>., 217). Trabajando con dedicación y ternura se pueden hacer germinar muchas semillas de justicia, contribuyendo así a la paz y a la esperanza. A veces se necesitan años para que el árbol dé sus primeros frutos, años que involucran a todo un ecosistema en la continuidad, la fidelidad, la colaboración y el amor, sobre todo si este amor se convierte en espejo del Amor oblativo de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las iniciativas de la Iglesia que son como semillas esparcidas en este campo, deseo recordar el proyecto “<em>Borgo Laudato si’</em>”, que el <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a> nos ha dejado como herencia en Castel Gandolfo, como semilla que puede dar frutos de justicia y paz. Se trata de un proyecto de educación en ecología integral que quiere ser un ejemplo de cómo se puede vivir, trabajar y formar comunidad aplicando los principios de la encíclica <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html">Laudato si’</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ruego al Todopoderoso que nos envíe en abundancia su «espíritu desde lo alto» (<em>Is</em>&nbsp;32,15), para que estas semillas y otras parecidas den frutos abundantes de paz y esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La encíclica <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html">Laudato si’</a></em> ha acompañado a la Iglesia católica y a muchas personas de buena voluntad durante diez años. Que siga inspirándonos y que la ecología integral sea cada vez más elegida y compartida como camino a seguir. Así se multiplicarán las semillas de esperanza, que debemos “cuidar y cultivar” con la gracia de nuestra gran e inquebrantable Esperanza, Cristo Resucitado. En su nombre, les envío mi bendición a todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 30 de junio de 2025, Memoria de los Santos Protomártires de la santa Iglesia Romana.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">LEÓN PP. XIV</p>



<p class="wp-block-paragraph">________________________________________________</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/creation/documents/20250630-messaggio-giornata-curacreato.html#_ftnref1">[1]</a> Cf. Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, <em>Tierra y alimento</em>, LEV 2016, 51-53.</p>
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		<title>Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de los Pobres 2025</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Jun 2025 08:08:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tú, Señor, eres mi esperanza (cfr Sal 71,5) 16 de noviembre de 2025, XXXIII Domingo del T.O. 1. «Tú, Señor, eres mi esperanza» (Sal&#160;71,5). Estas palabras brotan de un corazón oprimido por graves dificultades: «Me hiciste pasar por muchas angustias» (v. 20), dice el salmista. A pesar de ello, su alma está abierta y confiada, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>Tú, Señor, eres mi esperanza (cfr Sal 71,5)</em></strong></h2>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">16 de noviembre de 2025, XXXIII Domingo del T.O.</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. «Tú, Señor, eres mi esperanza» (<em>Sal</em>&nbsp;71,5). Estas palabras brotan de un corazón oprimido por graves dificultades: «Me hiciste pasar por muchas angustias» (v. 20), dice el salmista. A pesar de ello, su alma está abierta y confiada, porque permanece firme en la fe, que reconoce el apoyo de Dios y lo proclama: «Tú eres mi Roca y mi fortaleza» (v. 3). De ahí nace la confianza indefectible de que la esperanza en Él no defrauda: «Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca tenga que avergonzarme!» (v. 1).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de las pruebas de la vida, la esperanza se anima con la certeza firme y alentadora del amor de Dios, derramado en los corazones por el Espíritu Santo. Por eso no defrauda (cf.&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;5,5), y san Pablo puede escribir a Timoteo: «Nosotros nos fatigamos y luchamos porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios viviente» (<em>1Tm</em>&nbsp;4,10). El Dios viviente es, de hecho, el «Dios de la esperanza» (<em>Rm</em>&nbsp;15,13), que, en Cristo, mediante su muerte y resurrección, se ha convertido en «nuestra esperanza» (<em>1Tm</em>&nbsp;1,1). No podemos olvidar que hemos sido salvados en esta esperanza, en la que necesitamos permanecer enraizados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. El pobre puede convertirse en testigo de una esperanza fuerte y fiable, precisamente porque la profesa en una condición de vida precaria, marcada por privaciones, fragilidad y marginación. No confía en las seguridades del poder o del tener; al contrario, las sufre y con frecuencia es víctima de ellas. Su esperanza sólo puede reposar en otro lugar. Reconociendo que Dios es nuestra primera y única esperanza, nosotros también realizamos el paso de las&nbsp;<em>esperanzas</em>&nbsp;efímeras a la&nbsp;<em>esperanza</em>&nbsp;duradera. Frente al deseo de tener a Dios como compañero de camino, las riquezas se relativizan, porque se descubre el verdadero tesoro del que realmente tenemos necesidad. Resuenan claras y fuertes las palabras con las que el Señor Jesús exhortaba a sus discípulos: «No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben» (<em>Mt</em>&nbsp;6,19-20).</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. La pobreza más grave es no conocer a Dios. Así nos lo recordaba el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>&nbsp;cuando en&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html">Evangelii gaudium</a></em>&nbsp;escribía: «La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe» (<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios">n. 200</a>). Aquí se manifiesta una conciencia fundamental y totalmente original sobre cómo encontrar en Dios el propio tesoro. Insiste, en efecto, el apóstol Juan: «El que dice: “Amo a Dios”, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?» (<em>1&nbsp;Jn&nbsp;</em>4,20).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una regla de la fe y un secreto de la esperanza que todos los bienes de esta tierra, las realidades materiales, los placeres del mundo, el bienestar económico, aunque importantes, no bastan para hacer feliz al corazón. Las riquezas muchas veces engañan y conducen a situaciones dramáticas de pobreza, la más grave de todas es pensar que no necesitamos a Dios y que podemos llevar adelante la propia vida independientemente de Él. Vuelven a la mente las palabras de san Agustín: «Sea Dios toda tu presunción: siéntete indigente de Él, y así serás de Él colmado. Todo lo que poseas sin Él, te causará un mayor vacío.» (<em>Enarr. in Ps.</em>&nbsp;85,3).</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. La esperanza cristiana, a la que remite la Palabra de Dios, es certeza en el camino de la vida, porque no depende de la fuerza humana sino de la promesa de Dios, que es siempre fiel. Por eso, los cristianos desde los orígenes quisieron identificar la esperanza con el símbolo del ancla, que da estabilidad y seguridad. La esperanza cristiana es como un ancla que fija nuestro corazón en la promesa del Señor Jesús, quien nos ha salvado con su muerte y resurrección y que volverá de nuevo en medio de nosotros. Esta esperanza sigue señalando como verdadero horizonte de vida el «cielo nuevo» y la «tierra nueva» (<em>2&nbsp;P</em>&nbsp;3,13) donde la existencia de todas las criaturas encontrará su sentido auténtico, pues nuestra verdadera patria está en el cielo (cf.&nbsp;<em>Flp</em>&nbsp;3,20).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciudad de Dios, en consecuencia, nos compromete con las ciudades de los hombres. Estas deben, desde ahora, comenzar a parecerse a ella. La esperanza, sostenida por el amor de Dios derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (cf.&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;5,5 transforma el corazón humano en tierra fértil, donde puede brotar la caridad para la vida del mundo. La Tradición de la Iglesia reafirma constantemente esta circularidad entre las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. La esperanza nace de la fe, que la alimenta y sostiene, sobre el fundamento de la caridad, que es madre de todas las virtudes. Y de la caridad tenemos necesidad hoy, ahora. No es una promesa, sino una realidad a la que miramos con alegría y responsabilidad: nos compromete, orientando nuestras decisiones al bien común. Quien carece de caridad no solo carece de fe y esperanza, sino que quita esperanza a su prójimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. La invitación bíblica a la esperanza conlleva, por tanto, el deber de asumir responsabilidades coherentes en la historia, sin dilaciones. La caridad, en efecto, «representa el mayor mandamiento social» (<em><a href="https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c2a1_sp.html#II%20La%20conversi%C3%B3n%20y%20la%20sociedad">Catecismo de la Iglesia Católica</a></em>, 1889). La pobreza tiene causas estructurales que deben ser afrontadas y eliminadas. Mientras esto sucede, todos estamos llamados a crear nuevos signos de esperanza que testimonien la caridad cristiana, como lo hicieron muchos santos y santas de todas las épocas. Los hospitales y las escuelas, por ejemplo, son instituciones creadas para expresar la acogida hacia los más débiles y marginados. Hoy deberían formar parte ya de las políticas públicas de todo país, pero las guerras y desigualdades con frecuencia lo impiden. Cada vez más, los signos de esperanza son hoy las casas-familia, las comunidades para menores, los centros de escucha y acogida, los comedores para los pobres, los albergues, las escuelas populares: cuántos signos, a menudo escondidos, a los que quizás no prestamos atención y, sin embargo, tan importantes para sacudirnos de la indiferencia y motivar el compromiso en las distintas formas de voluntariado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pobres no son una distracción para la Iglesia, sino los hermanos y hermanas más amados, porque cada uno de ellos, con su existencia, e incluso con sus palabras y la sabiduría que poseen, nos provoca a tocar con las manos la verdad del Evangelio. Por eso, la Jornada Mundial de los Pobres quiere recordar a nuestras comunidades que los pobres están en el centro de toda la acción pastoral. No solo de su dimensión caritativa, sino también de lo que la Iglesia celebra y anuncia. Dios ha asumido su pobreza para enriquecernos a través de sus voces, sus historias, sus rostros. Toda forma de pobreza, sin excluir ninguna, es un llamado a vivir concretamente el Evangelio y a ofrecer signos eficaces de esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Esta es la invitación que nos llega de la celebración del Jubileo. No es casualidad que&nbsp;<em>la Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;se celebre hacia el final de este año de gracia. Cuando se cierre la Puerta Santa, tendremos que custodiar y transmitir los dones divinos que han sido derramados en nuestras manos a lo largo de todo un año de oración, conversión y testimonio. Los pobres no son objetos de nuestra pastoral, sino sujetos creativos que nos estimulan a encontrar siempre formas nuevas de vivir el Evangelio hoy. Ante la sucesión de nuevas oleadas de empobrecimiento, existe el riesgo de acostumbrarse y resignarse. Todos los días nos encontramos con personas pobres o empobrecidas y, a veces, puede suceder que seamos nosotros mismos los que tengamos menos, los que perdamos lo que antes nos parecía seguro: una vivienda, comida adecuada para el día, acceso a la atención médica, un buen nivel de educación e información, libertad religiosa y de expresión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al promover el bien común, nuestra responsabilidad social se basa en el gesto creador de Dios, que a todos da los bienes de la tierra; y al igual que estos, también los frutos del trabajo del hombre deben ser accesibles de manera equitativa. Ayudar al pobre es, en efecto, una cuestión de justicia, antes que de caridad. Como observa San Agustín: «Das pan al hambriento, pero sería mejor que nadie sintiese hambre y no tuvieses a nadie a quien dar. Vistes al desnudo, pero ¡ojalá todos estuviesen vestidos y no hubiese necesidad de vestir a nadie!» (<em>Homilías sobre la primera carta de san Juan a los partos</em>, VIII, 5).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Espero, por tanto, que este Año Jubilar pueda impulsar el desarrollo de políticas para combatir antiguas y nuevas formas de pobreza, además de nuevas iniciativas de apoyo y ayuda a los más pobres entre los pobres. El trabajo, la educación, la vivienda y la salud son las condiciones para una seguridad que nunca se logrará con las armas. Estoy contento por las iniciativas ya existentes y por el compromiso que cada día asumen a nivel internacional un gran número de hombres y mujeres de buena voluntad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confiemos en María Santísima, Consuelo de los afligidos, y con ella entonemos un canto de esperanza haciendo nuestras las palabras del&nbsp;<em>Te Deum</em>: «<em>In Te, Domine, speravi, non confundar in aeternum</em>&nbsp;—En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 13 de junio de 2025, memoria de San Antonio de Padua, Patrono de los Pobres</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>LEÓN PP. XIV</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Papa León XIV: Hay una creciente demanda de la Doctrina Social de la Iglesia a la que tenemos que dar respuesta.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 May 2025 11:47:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Doctrina Social de la Iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>VATICAN NEWS: En un contexto de fuertes polarizaciones, en el que “hay poco diálogo a nuestro alrededor y prevalecen las palabras gritadas, a menudo las fake news y las tesis irracionales de algunos agresores”, es fundamental el papel de la Doctrina Social de la Iglesia, “instrumento de paz y de diálogo para construir puentes de fraternidad universal”. [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">VATICAN NEWS: En un contexto de fuertes polarizaciones, en el que “hay poco diálogo a nuestro alrededor y prevalecen las palabras gritadas, a menudo las <em>fake news</em> y las tesis irracionales de algunos agresores”, es fundamental el papel de la Doctrina Social de la Iglesia, “instrumento de paz y de diálogo para construir puentes de fraternidad universal”. Lo subrayó el Papa León XIV en el discurso a los miembros de la Fundación <em>Centesimus Annus Pro Pontifice</em>, recibidos en la Sala Clementina del Palacio Apostólico con ocasión de su congreso internacional anual. Y explica que hay que redescubrir y cultivar “el mandato de educar al pensamiento crítico” y “el encuentro y la escucha de los pobres, tesoro de la Iglesia y de la humanidad, portadores de puntos de vista descartados, pero indispensables para ver el mundo con los ojos de Dios”. Nacidos y desarrollados lejos de los centros de poder, son los continuadores y realizadores de la Doctrina Social, «expresión de las periferias existenciales donde la esperanza resiste y siempre brota. Les recomiendo que lleven la palabra a los pobres».</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La exigencia de justicia, paternidad y espiritualidad</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El Papa aborda el tema elegido para la conferencia “Superar las polarizaciones y reconstruir la gobernanza global: los fundamentos éticos”, e invita a la Fundación, en este tiempo de “grandes convulsiones sociales”, a contribuir a desarrollar la Doctrina Social de la Iglesia “junto con el pueblo de Dios”, escuchando y dialogando con todos, realizando el discernimiento pedido por el Concilio, interpretando “los signos de los tiempos” a la luz del Evangelio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Hoy existe una amplia necesidad de justicia, una exigencia de paternidad y maternidad, un profundo deseo de espiritualidad, especialmente entre los jóvenes y los marginados, que no siempre encuentran canales eficaces para expresarse. Existe una demanda creciente de la Doctrina Social de la Iglesia a la que debemos responder”.</em></p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading"><a href="https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-05/rerum-digitalium-relectura-papas-enciclica-leon-xiii.html"></a><strong>La “policrisis” que hay que afrontar construyendo puentes</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Es esencial, reitera León XIV citando sus primeras palabras la noche de su elección, ayudarnos unos a otros, «para construir puentes, con el diálogo, con los encuentros, uniéndonos a todos para ser un solo pueblo siempre en paz». Estamos en un tiempo de “policrisis”, como lo definió el Papa Francisco, “en el que confluyen guerras, cambios climáticos, crecientes desigualdades, migraciones forzadas y contrapuestas, pobreza estigmatizada, innovaciones tecnológicas disruptivas, precariedad del trabajo y de los derechos”.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La Doctrina como camino común hacia la verdad</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En materia social, subraya el Pontífice, la Doctrina Social de la Iglesia “no quiere levantar la bandera de la posesión de la verdad, ni en relación al análisis de los problemas, ni en su resolución”. Es urgente entonces mostrar que hay otro sentido de la expresión “doctrina”, “sin la cual incluso el diálogo es vacío”: sus sinónimos pueden ser “ciencia”, “disciplina” o “conocimiento”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Así entendida, toda doctrina se reconoce como fruto de investigaciones y por tanto de hipótesis, de rumores, de avances y de fracasos, a través de los cuales se busca transmitir un conocimiento fiable, ordenado y sistemático sobre una cuestión específica. De este modo, una doctrina no equivale a una opinión, sino a un camino común, coral e incluso multidisciplinar hacia la verdad”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">VATICAN NEWS</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-05/leon-xiv-discurso-a-la-fundacion-centesimus-annus-pro-pontifice.html">Lee el artículo en su fuente original</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2025-05/rodrigo-guerra-la-actualidad-de-la-rerum-novarum-en-el-pontifice.html"></a></p>



<div class="wp-block-buttons is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-fe48e5de wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/may/documents/20250517-centesimus-annus-pro-pontifice.html">Discurso completo</a></div>
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<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/migracionesymovilidadhumana/papa-leon-xiv-hay-una-creciente-demanda-de-la-doctrina-social-de-la-iglesia-a-la-que-tenemos-que-dar-respuesta/">Papa León XIV: Hay una creciente demanda de la Doctrina Social de la Iglesia a la que tenemos que dar respuesta.</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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