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	<title>Mensajes archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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	<title>Mensajes archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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		<title>Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2025</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2025 08:54:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación]]></category>
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		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo de la Creación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>1 de septiembre de 2025 Semillas de paz y esperanza Queridos hermanos y hermanas: El tema de esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, elegido por nuestro querido Papa Francisco, es “Semillas de paz y esperanza”. En el décimo aniversario de la institución de la Jornada, que coincidió con la publicación [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/ecologiaintegral/mensaje-del-papa-leon-xiv-para-la-jornada-mundial-de-oracion-por-el-cuidado-de-la-creacion-2025/">Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2025</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">1 de septiembre de 2025</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>Semillas de paz y esperanz</em></strong>a</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema de esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, elegido por nuestro querido <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>, es “Semillas de paz y esperanza”. En el décimo aniversario de la institución de la Jornada, que coincidió con la publicación de la encíclica <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html">Laudato si’</a></em>, nos encontramos en pleno Jubileo, como “<em>peregrinos de esperanza</em>”. Y es precisamente en este contexto donde el tema adquiere todo su significado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas veces, Jesús, en su predicación, utiliza la imagen de la semilla para hablar del Reino de Dios, y en la víspera de la Pasión la aplica a sí mismo, comparándose con el grano de trigo, que debe morir para dar fruto (cf. <em>Jn</em> 12,24). La semilla se entrega por completo a la tierra y allí, con la fuerza impetuosa de su don, brota la vida, incluso en los lugares más insospechados, con una sorprendente capacidad de generar futuro. Pensemos, por ejemplo, en las flores que crecen al borde de las carreteras: nadie las ha plantado, y sin embargo crecen gracias a semillas que han llegado allí casi por casualidad y logran adornar el gris del asfalto e incluso romper su dura superficie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, en Cristo somos semillas. No sólo eso, sino “semillas de paz y esperanza”. Como dice el profeta Isaías, el Espíritu de Dios es capaz de transformar el desierto, árido y reseco, en un jardín, lugar de descanso y serenidad: «hasta que sea infundido en nosotros un espíritu desde lo alto. Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque. En el desierto habitará el derecho y la justicia morará en el vergel. La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre. Mi pueblo habitará en un lugar de paz, en moradas seguras, en descansos tranquilos» (<em>Is</em> 32,15-18).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas palabras proféticas, que del 1 de septiembre al 4 de octubre acompañarán la iniciativa ecuménica del “Tiempo de la Creación”, afirman con fuerza que, junto con la oración, son necesarias la voluntad y las acciones concretas que hacen perceptible esta “caricia de Dios” sobre el mundo (cf<em>. <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#84.">Laudato si’</a></em>, 84). La justicia y el derecho, en efecto, parecen arreglar la inhóspita naturaleza del desierto. Se trata de un anuncio de extraordinaria actualidad. En diversas partes del mundo es ya evidente que nuestra tierra se está deteriorando. En todas partes, la injusticia, la violación del derecho internacional y de los derechos de los pueblos, las desigualdades y la codicia que de ellas se derivan producen deforestación, contaminación y pérdida de biodiversidad. Aumentan en intensidad y frecuencia los fenómenos naturales extremos causados por el cambio climático inducido por las actividades antrópicas (cf. Exhort. ap. <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/20231004-laudate-deum.html">Laudate Deum</a></em>, 5), sin tener en cuenta los efectos a medio y largo plazo de la devastación humana y ecológica provocada por los conflictos armados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Parece que aún no se tiene conciencia de que destruir la naturaleza no perjudica a todos del mismo modo: pisotear la justicia y la paz significa afectar sobre todo a los más pobres, a los marginados, a los excluidos. En este contexto, es emblemático el sufrimiento de las comunidades indígenas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso no es todo: la propia naturaleza se convierte a veces en un instrumento de intercambio, en un bien que se negocia para obtener ventajas económicas o políticas. En estas dinámicas, la creación se transforma en un campo de batalla por el control de los recursos vitales, como lo demuestran las zonas agrícolas y los bosques que se han vuelto peligrosos debido a las minas, la política de la “tierra arrasada” <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/creation/documents/20250630-messaggio-giornata-curacreato.html#_ftn1">[1]</a>, los conflictos que se desatan en torno a las fuentes de agua, la distribución desigual de las materias primas, que penaliza a las poblaciones más débiles y socava su propia estabilidad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas diversas heridas son consecuencia del pecado. Sin duda, esto no es lo que Dios tenía en mente cuando confió la Tierra al hombre creado a su imagen (cf. <em>Gn</em> 1,24-29). La Biblia no promueve «el dominio despótico del ser humano sobre lo creado» (<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#200">Laudato si’</a></em>, 200). Al contrario, es «importante leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo (cf. <em>Gn </em>2,15). Mientras “labrar” significa cultivar, arar o trabajar, “cuidar” significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza» (<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#67">ibíd</a></em>., 67).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La justicia ambiental —anunciada implícitamente por los profetas— ya no puede considerarse un concepto abstracto o un objetivo lejano. Representa una necesidad urgente que va más allá de la simple protección del medio ambiente. En realidad, se trata de una cuestión de justicia social, económica y antropológica. Para los creyentes, además, es una exigencia teológica que, para los cristianos, tiene el rostro de Jesucristo, en quien todo ha sido creado y redimido. En un mundo en el que los más frágiles son los primeros en sufrir los efectos devastadores del cambio climático, la deforestación y la contaminación, el cuidado de la creación se convierte en una cuestión de fe y de humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es hora de pasar de las palabras a los hechos. «Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana» (<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#217">ibíd</a></em>., 217). Trabajando con dedicación y ternura se pueden hacer germinar muchas semillas de justicia, contribuyendo así a la paz y a la esperanza. A veces se necesitan años para que el árbol dé sus primeros frutos, años que involucran a todo un ecosistema en la continuidad, la fidelidad, la colaboración y el amor, sobre todo si este amor se convierte en espejo del Amor oblativo de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las iniciativas de la Iglesia que son como semillas esparcidas en este campo, deseo recordar el proyecto “<em>Borgo Laudato si’</em>”, que el <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a> nos ha dejado como herencia en Castel Gandolfo, como semilla que puede dar frutos de justicia y paz. Se trata de un proyecto de educación en ecología integral que quiere ser un ejemplo de cómo se puede vivir, trabajar y formar comunidad aplicando los principios de la encíclica <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html">Laudato si’</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ruego al Todopoderoso que nos envíe en abundancia su «espíritu desde lo alto» (<em>Is</em>&nbsp;32,15), para que estas semillas y otras parecidas den frutos abundantes de paz y esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La encíclica <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html">Laudato si’</a></em> ha acompañado a la Iglesia católica y a muchas personas de buena voluntad durante diez años. Que siga inspirándonos y que la ecología integral sea cada vez más elegida y compartida como camino a seguir. Así se multiplicarán las semillas de esperanza, que debemos “cuidar y cultivar” con la gracia de nuestra gran e inquebrantable Esperanza, Cristo Resucitado. En su nombre, les envío mi bendición a todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 30 de junio de 2025, Memoria de los Santos Protomártires de la santa Iglesia Romana.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">LEÓN PP. XIV</p>



<p class="wp-block-paragraph">________________________________________________</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/creation/documents/20250630-messaggio-giornata-curacreato.html#_ftnref1">[1]</a> Cf. Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, <em>Tierra y alimento</em>, LEV 2016, 51-53.</p>
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		<title>Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2025</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Mar 2025 10:39:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Doctrina Social de la Iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Caminemos juntos en la esperanza Queridos hermanos y hermanas: Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><em>Caminemos juntos en la esperanza</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» (&nbsp;<em>1 Co</em>&nbsp;15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf.&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;10,28; 17,3)&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn1">[1]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa&nbsp;<em>caminar juntos en la esperanza</em>&nbsp;y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes que nada,&nbsp;<em>caminar</em>. El lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En segundo lugar, hagamos este viaje&nbsp;<em>juntos</em>. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn2">[2]</a>. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn3">[3]</a>. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf.&nbsp;<em>Ga</em>&nbsp;3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn4">[4]</a>. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tercer lugar, recorramos este camino juntos&nbsp;<em>en la esperanza</em>&nbsp;de una promesa. La&nbsp;<em>esperanza que no defrauda</em>&nbsp;(cf.&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;5,5), mensaje central del Jubileo&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn5">[5]</a>, sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica&nbsp;<em>Spe salvi</em>, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;8,38-39)»&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn6">[6]</a>. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn7">[7]</a>, y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf.&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn8">[8]</a>. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» (&nbsp;<em>1</em>&nbsp;<em>Tm</em>&nbsp;2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» (&nbsp;<em>Exclamaciones del alma a Dios</em>, 15, 3)&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftn9">[9]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Roma, San Juan de Letrán, 6 de febrero de 2025, memoria de los santos Pablo Miki y compañeros, mártires.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">FRANCISCO</p>



<p class="wp-block-paragraph">___________________</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/20241024-enciclica-dilexit-nos.html">Carta enc.&nbsp;<em>Dilexit nos</em></a>&nbsp;(24 octubre 2024), 220.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2022/documents/20221009-omelia-canonizzazione.html">Homilía en la Santa Misa por la canonización de los beatos Juan Bautista Scalabrini y Artémides Zatti</a>&nbsp;</em>(9 octubre 2022).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2022/documents/20221009-omelia-canonizzazione.html">ibíd</a>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2022/documents/20221009-omelia-canonizzazione.html">ibíd</a>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html">Bula&nbsp;<em>Spes non confundit</em></a>, 1.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html">Carta enc.&nbsp;<em>Spe salvi</em></a>&nbsp;(30 noviembre 2007), 26.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;Cf. Secuencia del Domingo de Pascua.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html">Catecismo de la Iglesia Católica</a></em>, 1820.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/20250206-messaggio-quaresima2025.html#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html">Ibíd.</a></em>,&nbsp;1821.</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2025/">Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2025</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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		<title>Jornada mundial de los pobres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Nov 2023 07:05:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El papa nos invita a compartir nuestra mesa con los pobres La&#160;Jornada Mundial de los Pobres, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por séptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading">El papa nos invita a compartir nuestra mesa con los pobres</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por séptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido central del Evangelio</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em><strong>VII JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES</strong></em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario<br>19 de noviembre de 2023</em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong><em>«No apartes tu rostro del pobre» </em>(<em>Tb</em> 4,7)</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="512" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23-1024x512.png" alt="" class="wp-image-407616" style="width:490px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23-1024x512.png 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23-300x150.png 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23-768x384.png 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23.png 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">1. La&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por séptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido central del Evangelio. Cada día nos comprometemos a acoger a los pobres, pero esto no basta. Un río de pobreza atraviesa nuestras ciudades y se hace cada vez más grande hasta desbordarse; ese río parece arrastrarnos, tanto que el grito de nuestros hermanos y hermanas que piden ayuda, apoyo y solidaridad se hace cada vez más fuerte. Por eso, el domingo anterior a la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, nos reunimos en torno a su Mesa para recibir de Él, una vez más, el don y el compromiso de vivir la pobreza y de servir a los pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«<em>No apartes tu rostro del pobre</em>»(<em>Tb</em>&nbsp;4,7). Esta Palabra nos ayuda a captar la esencia de nuestro testimonio. Detenernos en el&nbsp;<em>Libro de Tobías</em>, un texto poco conocido del Antiguo Testamento, fascinante y rico en sabiduría, nos permitirá adentrarnos mejor en lo que el autor sagrado desea transmitir. Ante nosotros se despliega una escena de la vida familiar: un padre, Tobit, despide a su hijo Tobías, que está a punto de emprender un largo viaje. El anciano teme no volver a ver a su hijo y por ello le deja su “testamento espiritual”. Tobit había sido deportado a Nínive y se había quedado ciego, por lo que era doblemente pobre, pero siempre había tenido una certeza, expresada en el nombre que lleva: “El Señor ha sido mi bien”. Este hombre, que siempre confió en el Señor, como buen padre no desea tanto dejarle a su hijo algún bien material, cuanto el testimonio del camino a seguir en la vida, por eso le dice: «Acuérdate del Señor todos los días de tu vida, hijo mío, y no peques deliberadamente ni quebrantes sus mandamientos. Realiza obras de justicia todos los días de tu vida y no sigas los caminos de la injusticia» (4,5).</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. Como se puede apreciar inmediatamente, lo que el anciano Tobit pide a su hijo que recuerde no se limita a un simple acto de memoria o a una oración dirigida a Dios. Se refiere a gestos concretos que consisten en hacer buenas obras y vivir con justicia. La exhortación se hace aún más específica: a todos los que practican la justicia, «da limosna de tus bienes y no lo hagas de mala gana» (4,7).</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="525" height="680" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-1.jpg" alt="" class="wp-image-407611" style="width:363px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-1.jpg 525w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-1-232x300.jpg 232w" sizes="(max-width: 525px) 100vw, 525px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Las palabras de este sabio anciano no dejan de sorprendernos. En efecto, no olvidemos que Tobit había perdido la vista precisamente después de realizar un acto de misericordia. Como él mismo cuenta, su vida desde joven estuvo dedicada a hacer obras de caridad: «Hice muchas limosnas a mis hermanos y a mis compatriotas deportados conmigo a Nínive, en el país de los Asirios. [&#8230;] Daba mi pan a los hambrientos, vestía a los que estaban desnudos y enterraba a mis compatriotas, cuando veía que sus cadáveres eran arrojados por encima de las murallas de Nínive» (1,3.17).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su testimonio de caridad, el rey lo había privado de todos sus bienes, dejándolo completamente pobre. Pero el Señor aún lo necesitaba; habiendo recuperado su puesto como administrador, no tuvo miedo de continuar con su estilo de vida. Escuchemos su relato, que también nos habla hoy a nosotros: «En nuestra fiesta de Pentecostés, que es la santa fiesta de las siete Semanas, me prepararon una buena comida y yo me dispuse a comer. Cuando me encontré con la mesa llena de manjares, le dije a mi hijo Tobías: “Hijo mío, ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún pobre que se acuerde de todo corazón del Señor, y tráelo para que comparta mi comida. Yo esperaré hasta que tú vuelvas”» (2,1-2). Sería muy significativo si, en la Jornada de los Pobres, esta preocupación de Tobit fuera también la nuestra. Invitar a compartir el almuerzo dominical, después de haber compartido la Mesa eucarística. La Eucaristía celebrada sería realmente criterio de comunión. Por otra parte, si en torno al altar somos conscientes de que todos somos hermanos y hermanas, ¡cuánto más visible sería esta fraternidad compartiendo la comida festiva con quien carece de lo necesario!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tobías hizo como le había dicho su padre, pero regresó con la noticia de que habían asesinado a un pobre y lo habían abandonado en medio de la plaza. Sin vacilar, el anciano Tobit se levantó de la mesa y fue a enterrar a aquel hombre. Al volver a su casa, cansado, se durmió en el patio; sobre los ojos le cayó estiércol de unos pájaros y se quedó ciego (cf. 2,1-10). Ironía de la suerte: haces un gesto de caridad y te sucede una desgracia. El hecho nos lleva a pensar así; pero la fe nos enseña a ir más en profundidad. La ceguera de Tobit será su fuerza para reconocer aún mejor las numerosas formas de pobreza que le rodeaban. Y el Señor se encargará a su tiempo de restituir al anciano padre la vista y la alegría de volver a ver a su hijo Tobías. Cuando llegó ese día, Tobit «lo abrazó llorando y le dijo: “¡Te veo, hijo mío, luz de mis ojos!”. Y añadió: “¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea su gran Nombre! ¡Benditos sean todos sus santos ángeles! ¡Que su gran Nombre esté sobre nosotros! Benditos sean los ángeles por todos los siglos! Porque él me había herido, pero […] ahora veo a mi hijo Tobías”» (11,13-15).</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. Podemos preguntarnos: ¿de dónde le vienen a Tobit la valentía y la fuerza interior que le permiten servir a Dios en medio de un pueblo pagano y de amar al prójimo hasta el punto de poner en peligro su propia vida? Estamos frente a un ejemplo extraordinario: Tobit era un esposo fiel y un padre atento; fue deportado lejos de su tierra y sufría injustamente; fue perseguido por el rey y por sus vecinos. A pesar de tener un alma tan buena, fue puesto a prueba. Como a menudo nos enseña la Sagrada Escritura, Dios no les evita las pruebas a los que hacen el bien. ¿Cómo es posible? No lo hace para humillarnos, sino para afianzar nuestra fe en Él.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full is-resized"><img decoding="async" width="720" height="1017" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-2.jpg" alt="" class="wp-image-407613" style="width:394px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-2.jpg 720w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-2-212x300.jpg 212w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Tobit, en el momento de la prueba, descubre su propia pobreza, que lo hace capaz de reconocer a los pobres. Es fiel a la Ley de Dios y observa los mandamientos, pero esto no le es suficiente. La atención efectiva hacia los pobres le era posible porque había experimentado la pobreza en su propia carne. Por lo tanto, las palabras que dirige a su hijo Tobías son su auténtica herencia: «No apartes tu rostro de&nbsp;<em>ningún</em>&nbsp;pobre» (4,7). En definitiva, cuando estamos ante un pobre no podemos volver la mirada hacia otra parte, porque eso nos impedirá encontrarnos con el rostro del Señor Jesús. Y fijémonos bien en esa expresión «de&nbsp;<em>ningún</em>&nbsp;pobre». Cada uno de ellos es nuestro prójimo. No importa el color de la piel, la condición social, la procedencia. Si soy pobre, puedo reconocer quién es el hermano que realmente me necesita. Estamos llamados a encontrar a cada pobre y a cada tipo de pobreza, sacudiendo de nosotros la indiferencia y la banalidad con las que escudamos un bienestar ilusorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. Vivimos un momento histórico que no favorece la atención hacia los más pobres. La llamada al bienestar sube cada vez más de volumen, mientras las voces del que vive en la pobreza se silencian. Se tiende a descuidar todo aquello que no forma parte de los modelos de vida destinados sobre todo a las generaciones más jóvenes, que son las más frágiles frente al cambio cultural en curso. Lo que es desagradable y provoca sufrimiento se pone entre paréntesis, mientras que las cualidades físicas se exaltan, como si fueran la principal meta a alcanzar. La realidad virtual se apodera de la vida real y los dos mundos se confunden cada vez más fácilmente. Los pobres se vuelven imágenes que pueden conmover por algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces intervienen el fastidio y la marginación. La prisa, cotidiana compañera de la vida, impide detenerse, socorrer y hacerse cargo de los demás. La parábola del buen samaritano (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;10,25-37) no es un relato del pasado, interpela el presente de cada uno de nosotros. Delegar en otros es fácil; ofrecer dinero para que otros hagan caridad es un gesto generoso; la vocación de todo cristiano es implicarse en primera persona.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. Agradecemos al Señor porque son muchos los hombres y mujeres que viven entregados a los pobres y a los excluidos y que comparten con ellos; personas de todas las edades y condiciones sociales que practican la acogida y se comprometen junto a aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y sufrimiento. No son súper-hombres, sino “vecinos de casa” que encontramos cada día y que en el silencio se hacen pobres y con los pobres. No se limitan a dar algo; escuchan, dialogan, intentan comprender la situación y sus causas, para dar consejos adecuados y referencias justas. Están atentos a las necesidades materiales y también espirituales, a la promoción integral de la persona. El Reino de Dios se hace presente y visible en este servicio generoso y gratuito; es realmente como la semilla caída en la tierra buena de estas personas que da fruto (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;8,4-15). La gratitud hacia tantos voluntarios pide hacerse oración para que su testimonio pueda ser fecundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. En el 60 aniversario de la Encíclica&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html">Pacem in terris</a></em>, es urgente retomar las palabras del santo Papa&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es.html">Juan XXIII</a>&nbsp;cuando escribía: «Observamos que [el hombre] tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento» (n. 11).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuánto trabajo tenemos todavía por delante para que estas palabras se hagan realidad, también por medio de un serio y eficaz compromiso político y legislativo. Que pueda desarrollarse la solidaridad y la subsidiariedad de tantos ciudadanos que creen en el valor del compromiso voluntario de entrega a los pobres, no obstante los límites y en ocasiones las deficiencias de la política en ver y servir al bien común. Se trata ciertamente de estimular y hacer presión para que las instituciones públicas cumplan bien su deber; pero no sirve permanecer pasivos en espera de recibir todo “desde lo alto”; quienes viven en condiciones de pobreza también han de ser implicados y acompañados en un proceso de cambio y de responsabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">7. Lamentablemente, debemos constatar una vez más nuevas formas de pobreza que se suman a las que se han descrito anteriormente. Pienso de modo particular en las poblaciones que viven en zonas de guerra, especialmente en los niños privados de un presente sereno y de un futuro digno. Nadie podrá acostumbrarse jamás a esta situación; mantengamos vivo cada intento para que la paz se afirme como don del Señor Resucitado y fruto del compromiso por la justicia y el diálogo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco puedo olvidar las especulaciones que, en diversos sectores, llevan a un dramático aumento de los costes que vuelven a muchísimas familias aún más indigentes. Los salarios se acaban rápidamente, obligando a privaciones que atentan contra la dignidad de las personas. Si en una familia se debe elegir entre la comida para subsistir y las medicinas para recuperar la salud, entonces debe hacerse escuchar la voz del que reclama el derecho de ambos bienes, en nombre de la dignidad de la persona humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo no llamar la atención, además, sobre el desorden ético que marca el mundo del trabajo? El trato deshumano que se reserva a tantos trabajadores y trabajadoras; la retribución que no corresponde al trabajo realizado; el flagelo de la precariedad; las excesivas víctimas de accidentes, provocadas a menudo por una mentalidad que prefiere el beneficio inmediato en detrimento de la seguridad. Vuelven a la mente las palabras de san&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es.html">Juan Pablo II</a>: «El primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo. […] El hombre está destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo está “en función del hombre” y no el hombre “en función del trabajo”» (Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html">Laborem exercens</a></em>, 6).</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. Esta enumeración, ya de por sí dramática, describe sólo parcialmente las situaciones de pobreza que forman parte de nuestra cotidianidad. No puedo pasar por alto, en particular, un modo de sufrimiento que cada día es más evidente y que afecta al mundo juvenil. Cuántas vidas frustradas e incluso suicidios de jóvenes, engañados por una cultura que los lleva a sentirse “incompletos” y “fracasados”. Ayudémosles a reaccionar ante estas instigaciones nefastas, para que cada uno pueda encontrar el camino a seguir para adquirir una identidad fuerte y generosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es fácil, hablando de los pobres, caer en la retórica. También es una tentación insidiosa la de quedarse en las estadísticas y en los números. Los pobres son personas, tienen rostros, historias, corazones y almas. Son hermanos y hermanas con sus cualidades y defectos, como todos, y es importante entrar en una relación personal con cada uno de ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Libro de Tobías nos enseña cómo actuar de forma concreta con y por los pobres. Es una cuestión de justicia que nos compromete a todos a buscarnos y encontrarnos recíprocamente, para favorecer la armonía necesaria, de modo que una comunidad pueda identificarse como tal. Por tanto, el interés por los pobres no se agota en limosnas apresuradas; exige restablecer las justas relaciones interpersonales que han sido afectadas por la pobreza. De ese modo, “no apartar el rostro del pobre” conduce a obtener los beneficios de la misericordia, de la caridad que da sentido y valor a toda la vida cristiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">9. Nuestra atención hacia los pobres siempre está marcada por el realismo evangélico. Lo que se comparte debe responder a las necesidades concretas de los demás, no se trata de liberarse de lo superfluo. También en esto es necesario el discernimiento, bajo la guía del Espíritu Santo, para reconocer las verdaderas exigencias de los hermanos y no nuestras propias aspiraciones. Lo que de seguro necesitan con mayor urgencia es nuestra humanidad, nuestro corazón abierto al amor. No lo olvidemos: «Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios">Evangelii gaudium</a></em>, 198). La fe nos enseña que cada uno de los pobres es hijo de Dios y que en él o en ella está presente Cristo: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (<em>Mt</em>&nbsp;25,40).</p>



<p class="wp-block-paragraph">10. Este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de santa Teresa del Niño Jesús. En una página de su&nbsp;<em>Historia de un alma</em>&nbsp;escribió: «Sí, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprendí que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón: Nadie, dijo Jesús, enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a&nbsp;<em>todos</em>&nbsp;los de la casa. Yo pienso que esa lámpara representa a la caridad, que debe alumbrar y alegrar, no sólo a los que me son más queridos, sino a&nbsp;<em>todos</em>&nbsp;los que están en la casa, sin exceptuar a nadie» (Ms C, 12r°:&nbsp;<em>Obras completas</em>, Burgos 2006, 287-288).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta casa que es el mundo, todos tienen derecho a ser iluminados por la caridad, nadie puede ser privado de ella. Que la perseverancia del amor de santa Teresita pueda inspirar nuestros corazones en esta Jornada Mundial, que nos ayude a “no apartar el rostro del pobre” y a mantener nuestra mirada siempre fija en la faz humana y divina de nuestro Señor Jesucristo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2023, Memoria de san Antonio de Padua, patrono de los pobres.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Francisco</strong></p>
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		<title>Congreso Mundial de Stella Maris en Glasgow</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Oct 2022 10:54:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Stella Maris]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bajo el lema “Después de la tormenta…avanzando en el servicio a la gente de mar”, se ha celebrado del 2 al 5 de octubre el XXV Congreso Mundial de Stella Maris, en el puerto de Glasgow, lugar donde hace 102 años esta institución fue fundada. Han asistieron 175 personas de 22 países de los 5 [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Bajo el lema “Después de la tormenta…avanzando en el servicio a la gente de mar”, se ha celebrado del 2 al 5 de octubre el XXV Congreso Mundial de Stella Maris, en el puerto de Glasgow, lugar donde hace 102 años esta institución fue fundada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Han asistieron 175 personas de 22 países de los 5 contenientes para celebrar el centenario, que quedó aplazado en 2020 por causa de la pandemia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En representación de España asistieron Jerónimo Dadin, responsable de cruceros de Stella Maris Barcelona y Ricardo Rodríguez-Martos, director del <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/stella-maris/">Departamento de Stella Maris</a> de la Conferencia Episcopal Española</p>



<p class="wp-block-paragraph">El congreso se inició con un breve repaso de la historia de Stella Maris desde su fundación y seguidamente se entró a analizar dos situaciones que recientemente han marcado a la gente de mar y a la actividad de Stella Maris:</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primer lugar, la pandemia que planteó una situación en la que muchos marinos quedaron retenidos en sus barco durante meses y, sin poder bajar a tierra, llevando a Stella Maris a fortalecer su presencia en las redes y ser imaginativos a la hora de atender a las necesidades de las tripulaciones.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="407" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Imagen-de-grupo-Congreso-Mundial-Stella-Maris-2022-recortada-1024x407.jpg" alt="" class="wp-image-400822" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Imagen-de-grupo-Congreso-Mundial-Stella-Maris-2022-recortada-1024x407.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Imagen-de-grupo-Congreso-Mundial-Stella-Maris-2022-recortada-300x119.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Imagen-de-grupo-Congreso-Mundial-Stella-Maris-2022-recortada-768x305.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Imagen-de-grupo-Congreso-Mundial-Stella-Maris-2022-recortada-1536x610.jpg 1536w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Imagen-de-grupo-Congreso-Mundial-Stella-Maris-2022-recortada-1320x524.jpg 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Imagen-de-grupo-Congreso-Mundial-Stella-Maris-2022-recortada.jpg 2044w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Em segundo lugar, la guerra en Ucrania que ocasionó situaciones dramáticas para muchos marinos y sus familias. Hubo testimonios impactantes del centro Stella Maris de Kashubi&nbsp; (Polonia) que acogió &nbsp;y sigue acogiendo a muchas familias de marinos, facilutádnoles alojamiento, comida y ropa y del puerto de Odessa, en donde Stella Maris se ha volcado en asistir a marinos y sus familias, todo ello con aportaciones de distintas organizaciones internacionales y de muchos Stella Maris de otros países.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se presentó una encuesta realizada a nivel mundial sobre las condiciones laborales de inmigrantes en barcos de pesca, poniendo de relieve las circunstancias de auténtica explotación que se dan especialmente en zonas de Asia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se dedicó también tiempo a reflexionar sobre la propia identidad de Stella Maris en un mundo que tiene que hacer frente a diversas situaciones de crisis, así como a aspectos sociológicos y pastorales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El día 4 de octubre, fecha en que fue fundado Stella Maris en 1920 se celebró una misa solemne en la catedral de Glasgow, presidida por Mons. Alexander Antony Vadakkumthala, Obispo de Kannur y promotor de Stella Maris en India.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Stella Maris está presente hoy día en 328 puertos de 54 países de todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También puedes leer: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><span style="color: #ff6900;" class="stk-highlight"><strong>Yo siempre digo que Stella Maris es un «Atrio de los Gentiles», lugares donde las personas se reúnen por una necesidad común de afecto, de sentirse acogidos, y allí las religiones no son ningún obstáculo, al contrario</strong>.&nbsp;</span></p>
<cite><a href="https://www.cope.es/religion/hoy-en-dia/iglesia-espanola/noticias/ricardo-rodriguez-director-stella-maris-espana-lugar-donde-los-marinos-sienten-acogidos-20221004_2323941">COPE: Entrevista a Ricardo Rodríguez, Director del Departamento de de Stella Maris de la CEE</a></cite></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/migraciones-y-movilidad-humana/stella-maris/congreso-mundial-de-stella-maris-en-glasgow/">Congreso Mundial de Stella Maris en Glasgow</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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