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	<title>Jornada Mundial de los Pobres archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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	<title>Jornada Mundial de los Pobres archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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		<title>X Jornada Mundial de los Pobres: «El Señor es el refugio del pobre»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Nov 2026 11:26:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El próximo domingo 15 de noviembre, la Iglesia universal celebra la X Jornada Mundial de los Pobres, una fecha que nos invita a detener el paso, abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor con la compasión del Evangelio. Este año, el Santo Padre, el Papa León XIV, nos propone reflexionar bajo el lema: «El [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">El próximo domingo <strong>15 de noviembre</strong>, la Iglesia universal celebra la <strong>X Jornada Mundial de los Pobres</strong>, una fecha que nos invita a detener el paso, abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor con la compasión del Evangelio. Este año, el Santo Padre, el Papa León XIV, nos propone reflexionar bajo el lema: <strong>«El Señor es el refugio del pobre» (cf. Sal 14,6)</strong>. En un contexto marcado por crecientes desigualdades, donde la indiferencia parece haberse convertido en el ruido de fondo de nuestras sociedades cada vez más digitalizadas, esta jornada resuena como una llamada urgente a la conversión del corazón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/mensaje-del-santo-padre-leon-xivpara-la-x-jornada-mundial-de-los-pobres/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">mensaje para esta X Jornada</a>, el Papa León XIV nos recuerda que Dios se hace refugio seguro para quienes sufren la miseria material y moral, para los marginados y para aquellos que han sido silenciados y despojados de su dignidad. Sin embargo, el Santo Padre nos lanza una interpelación directa que no nos permite mirar hacia otro lado: <em>«¿Somos nosotros signo de un Dios que es refugio para los pobres?</em>«. No basta con saber que Cristo se hizo pobre por nosotros; la comunidad cristiana no puede permanecer insensible frente a quienes siguen invisibles al otro lado de nuestras puertas. Estamos llamados a ser, en Él, un refugio real para los demás, superando la fría barrera entre «el que asiste y el que es asistido».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este año, además, la jornada coincide de manera providencial con el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís. El Papa rememora cómo el santo, al peregrinar a Roma, se despojó de sus vestiduras para intercambiarlas con las de un mendigo, queriendo así experimentar en su propia piel la realidad de la pobreza y pasar el día entre ellos. Hoy se nos pide esa misma valentía profética: llegar allí donde están las personas vulnerables, escuchar sus pensamientos, compartir sus esperanzas y pronunciar sus nombres con ternura divina, en lugar de conformarnos con hablar de ellos desde una cómoda distancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ayudar a nuestras parroquias y comunidades a vivir este domingo no como un evento aislado, sino como un verdadero impulso pastoral, la <strong>Subcomisión de Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal</strong>, en trabajo conjunto con <strong>Cáritas España</strong>, ha preparado, como cada año, una serie de materiales de apoyo. Estos recursos están pensados para facilitar la reflexión, la oración comunitaria y el compromiso activo de todos los fieles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/11/X-Jornada-mundial-de-los-pobres-GUION-PARA-LA-HOMILIA.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">GUION PARA LA HOMILÍA:</a></strong> Orientaciones para ayudar a aterrizar la Palabra de Dios y el mensaje papal en la realidad concreta de cada comunidad, iluminando la vocación de la Iglesia de ser «pobre con los pobres».</li>



<li><strong><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/11/X-Jornada-mundial-de-los-pobres-PAUTAS-PARA-LA-ANIMACION.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">PAUTAS PARA LA ANIMACIÓN</a>:</strong> Sugerencias prácticas y dinámicas para sensibilizar a los distintos grupos parroquiales, invitando a gestos concretos de acercamiento, escucha y solidaridad en el propio entorno.</li>



<li><strong><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/11/X-Jornada-mundial-de-los-pobres-SUBSIDIO-LITURGICO.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">SUBSIDIO LITÚRGICO:</a></strong> Moniciones, preces y propuestas para que la celebración eucarística de este domingo respire el espíritu de la Jornada, poniendo en el centro a los predilectos del Señor.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Hagamos de este 15 de noviembre un momento de encuentro auténtico. Que al mirar el rostro de los crucificados de hoy, sepamos ser para ellos ese techo seguro del que nos habla el salmista, ofreciendo no solo el pan que alimenta el cuerpo, sino la amistad, la escucha y el refugio que dignifican la vida entera.</p>



<div class="wp-block-buttons alignwide is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-af816f15 wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/mensaje-del-santo-padre-leon-xivpara-la-x-jornada-mundial-de-los-pobres/" target="_blank" rel="noopener">Mensaje del Papa </a></div>



<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/11/X-Jornada-mundial-de-los-pobres-GUION-PARA-LA-HOMILIA.pdf" target="_blank" rel="noopener">Guión para la homilía</a></div>



<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/11/X-Jornada-mundial-de-los-pobres-PAUTAS-PARA-LA-ANIMACION.pdf" target="_blank" rel="noopener">Pautas para la animación</a></div>



<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/11/X-Jornada-mundial-de-los-pobres-SUBSIDIO-LITURGICO.pdf" target="_blank" rel="noopener">Subsidio litúrgico</a></div>
</div>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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<p class="responsive-video-wrap clr"><iframe title="X Jornada Mundial de los Pobres 2026: León XIV culpa a la corrupción, las redes y la discriminación" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/sTknDlOpvR4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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		<title>Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de los Pobres 2025</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Jun 2025 08:08:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tú, Señor, eres mi esperanza (cfr Sal 71,5) 16 de noviembre de 2025, XXXIII Domingo del T.O. 1. «Tú, Señor, eres mi esperanza» (Sal&#160;71,5). Estas palabras brotan de un corazón oprimido por graves dificultades: «Me hiciste pasar por muchas angustias» (v. 20), dice el salmista. A pesar de ello, su alma está abierta y confiada, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>Tú, Señor, eres mi esperanza (cfr Sal 71,5)</em></strong></h2>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">16 de noviembre de 2025, XXXIII Domingo del T.O.</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. «Tú, Señor, eres mi esperanza» (<em>Sal</em>&nbsp;71,5). Estas palabras brotan de un corazón oprimido por graves dificultades: «Me hiciste pasar por muchas angustias» (v. 20), dice el salmista. A pesar de ello, su alma está abierta y confiada, porque permanece firme en la fe, que reconoce el apoyo de Dios y lo proclama: «Tú eres mi Roca y mi fortaleza» (v. 3). De ahí nace la confianza indefectible de que la esperanza en Él no defrauda: «Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca tenga que avergonzarme!» (v. 1).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de las pruebas de la vida, la esperanza se anima con la certeza firme y alentadora del amor de Dios, derramado en los corazones por el Espíritu Santo. Por eso no defrauda (cf.&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;5,5), y san Pablo puede escribir a Timoteo: «Nosotros nos fatigamos y luchamos porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios viviente» (<em>1Tm</em>&nbsp;4,10). El Dios viviente es, de hecho, el «Dios de la esperanza» (<em>Rm</em>&nbsp;15,13), que, en Cristo, mediante su muerte y resurrección, se ha convertido en «nuestra esperanza» (<em>1Tm</em>&nbsp;1,1). No podemos olvidar que hemos sido salvados en esta esperanza, en la que necesitamos permanecer enraizados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. El pobre puede convertirse en testigo de una esperanza fuerte y fiable, precisamente porque la profesa en una condición de vida precaria, marcada por privaciones, fragilidad y marginación. No confía en las seguridades del poder o del tener; al contrario, las sufre y con frecuencia es víctima de ellas. Su esperanza sólo puede reposar en otro lugar. Reconociendo que Dios es nuestra primera y única esperanza, nosotros también realizamos el paso de las&nbsp;<em>esperanzas</em>&nbsp;efímeras a la&nbsp;<em>esperanza</em>&nbsp;duradera. Frente al deseo de tener a Dios como compañero de camino, las riquezas se relativizan, porque se descubre el verdadero tesoro del que realmente tenemos necesidad. Resuenan claras y fuertes las palabras con las que el Señor Jesús exhortaba a sus discípulos: «No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben» (<em>Mt</em>&nbsp;6,19-20).</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. La pobreza más grave es no conocer a Dios. Así nos lo recordaba el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>&nbsp;cuando en&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html">Evangelii gaudium</a></em>&nbsp;escribía: «La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe» (<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios">n. 200</a>). Aquí se manifiesta una conciencia fundamental y totalmente original sobre cómo encontrar en Dios el propio tesoro. Insiste, en efecto, el apóstol Juan: «El que dice: “Amo a Dios”, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?» (<em>1&nbsp;Jn&nbsp;</em>4,20).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una regla de la fe y un secreto de la esperanza que todos los bienes de esta tierra, las realidades materiales, los placeres del mundo, el bienestar económico, aunque importantes, no bastan para hacer feliz al corazón. Las riquezas muchas veces engañan y conducen a situaciones dramáticas de pobreza, la más grave de todas es pensar que no necesitamos a Dios y que podemos llevar adelante la propia vida independientemente de Él. Vuelven a la mente las palabras de san Agustín: «Sea Dios toda tu presunción: siéntete indigente de Él, y así serás de Él colmado. Todo lo que poseas sin Él, te causará un mayor vacío.» (<em>Enarr. in Ps.</em>&nbsp;85,3).</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. La esperanza cristiana, a la que remite la Palabra de Dios, es certeza en el camino de la vida, porque no depende de la fuerza humana sino de la promesa de Dios, que es siempre fiel. Por eso, los cristianos desde los orígenes quisieron identificar la esperanza con el símbolo del ancla, que da estabilidad y seguridad. La esperanza cristiana es como un ancla que fija nuestro corazón en la promesa del Señor Jesús, quien nos ha salvado con su muerte y resurrección y que volverá de nuevo en medio de nosotros. Esta esperanza sigue señalando como verdadero horizonte de vida el «cielo nuevo» y la «tierra nueva» (<em>2&nbsp;P</em>&nbsp;3,13) donde la existencia de todas las criaturas encontrará su sentido auténtico, pues nuestra verdadera patria está en el cielo (cf.&nbsp;<em>Flp</em>&nbsp;3,20).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciudad de Dios, en consecuencia, nos compromete con las ciudades de los hombres. Estas deben, desde ahora, comenzar a parecerse a ella. La esperanza, sostenida por el amor de Dios derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (cf.&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;5,5 transforma el corazón humano en tierra fértil, donde puede brotar la caridad para la vida del mundo. La Tradición de la Iglesia reafirma constantemente esta circularidad entre las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. La esperanza nace de la fe, que la alimenta y sostiene, sobre el fundamento de la caridad, que es madre de todas las virtudes. Y de la caridad tenemos necesidad hoy, ahora. No es una promesa, sino una realidad a la que miramos con alegría y responsabilidad: nos compromete, orientando nuestras decisiones al bien común. Quien carece de caridad no solo carece de fe y esperanza, sino que quita esperanza a su prójimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. La invitación bíblica a la esperanza conlleva, por tanto, el deber de asumir responsabilidades coherentes en la historia, sin dilaciones. La caridad, en efecto, «representa el mayor mandamiento social» (<em><a href="https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c2a1_sp.html#II%20La%20conversi%C3%B3n%20y%20la%20sociedad">Catecismo de la Iglesia Católica</a></em>, 1889). La pobreza tiene causas estructurales que deben ser afrontadas y eliminadas. Mientras esto sucede, todos estamos llamados a crear nuevos signos de esperanza que testimonien la caridad cristiana, como lo hicieron muchos santos y santas de todas las épocas. Los hospitales y las escuelas, por ejemplo, son instituciones creadas para expresar la acogida hacia los más débiles y marginados. Hoy deberían formar parte ya de las políticas públicas de todo país, pero las guerras y desigualdades con frecuencia lo impiden. Cada vez más, los signos de esperanza son hoy las casas-familia, las comunidades para menores, los centros de escucha y acogida, los comedores para los pobres, los albergues, las escuelas populares: cuántos signos, a menudo escondidos, a los que quizás no prestamos atención y, sin embargo, tan importantes para sacudirnos de la indiferencia y motivar el compromiso en las distintas formas de voluntariado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pobres no son una distracción para la Iglesia, sino los hermanos y hermanas más amados, porque cada uno de ellos, con su existencia, e incluso con sus palabras y la sabiduría que poseen, nos provoca a tocar con las manos la verdad del Evangelio. Por eso, la Jornada Mundial de los Pobres quiere recordar a nuestras comunidades que los pobres están en el centro de toda la acción pastoral. No solo de su dimensión caritativa, sino también de lo que la Iglesia celebra y anuncia. Dios ha asumido su pobreza para enriquecernos a través de sus voces, sus historias, sus rostros. Toda forma de pobreza, sin excluir ninguna, es un llamado a vivir concretamente el Evangelio y a ofrecer signos eficaces de esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Esta es la invitación que nos llega de la celebración del Jubileo. No es casualidad que&nbsp;<em>la Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;se celebre hacia el final de este año de gracia. Cuando se cierre la Puerta Santa, tendremos que custodiar y transmitir los dones divinos que han sido derramados en nuestras manos a lo largo de todo un año de oración, conversión y testimonio. Los pobres no son objetos de nuestra pastoral, sino sujetos creativos que nos estimulan a encontrar siempre formas nuevas de vivir el Evangelio hoy. Ante la sucesión de nuevas oleadas de empobrecimiento, existe el riesgo de acostumbrarse y resignarse. Todos los días nos encontramos con personas pobres o empobrecidas y, a veces, puede suceder que seamos nosotros mismos los que tengamos menos, los que perdamos lo que antes nos parecía seguro: una vivienda, comida adecuada para el día, acceso a la atención médica, un buen nivel de educación e información, libertad religiosa y de expresión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al promover el bien común, nuestra responsabilidad social se basa en el gesto creador de Dios, que a todos da los bienes de la tierra; y al igual que estos, también los frutos del trabajo del hombre deben ser accesibles de manera equitativa. Ayudar al pobre es, en efecto, una cuestión de justicia, antes que de caridad. Como observa San Agustín: «Das pan al hambriento, pero sería mejor que nadie sintiese hambre y no tuvieses a nadie a quien dar. Vistes al desnudo, pero ¡ojalá todos estuviesen vestidos y no hubiese necesidad de vestir a nadie!» (<em>Homilías sobre la primera carta de san Juan a los partos</em>, VIII, 5).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Espero, por tanto, que este Año Jubilar pueda impulsar el desarrollo de políticas para combatir antiguas y nuevas formas de pobreza, además de nuevas iniciativas de apoyo y ayuda a los más pobres entre los pobres. El trabajo, la educación, la vivienda y la salud son las condiciones para una seguridad que nunca se logrará con las armas. Estoy contento por las iniciativas ya existentes y por el compromiso que cada día asumen a nivel internacional un gran número de hombres y mujeres de buena voluntad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confiemos en María Santísima, Consuelo de los afligidos, y con ella entonemos un canto de esperanza haciendo nuestras las palabras del&nbsp;<em>Te Deum</em>: «<em>In Te, Domine, speravi, non confundar in aeternum</em>&nbsp;—En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 13 de junio de 2025, memoria de San Antonio de Padua, Patrono de los Pobres</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>LEÓN PP. XIV</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>¡Mirar a los pobres desde abajo… nunca desde arriba!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Nov 2024 12:39:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones y Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Carta Pastoral]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Florencio Roselló]]></category>
		<category><![CDATA[Obispos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este domingo 17 de noviembre, el Papa Francisco nos invita a celebrar la VIII Jornada Mundial de los Pobres con el lema “La oración del pobre sube hasta Dios” (Sirácida 21, 5). Me alegra que por lo menos la oración del pobre suba, llegue hasta Dios, porque realmente el pobre está acostumbrado a perder, a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Este domingo 17 de noviembre, el Papa Francisco nos invita a celebrar la VIII Jornada Mundial de los Pobres con el lema “La oración del pobre sube hasta Dios” (Sirácida 21, 5). Me alegra que por lo menos la oración del pobre suba, llegue hasta Dios, porque realmente el pobre está acostumbrado a perder, a fracasar, a que nada le salga como ha pensado o soñado. Que Dios acoja su oración ya es un triunfo para el pobre porque Dios no olvida a nadie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estando de sacerdote en una prisión recuerdo con gozo que muchas veces el preso me decía: “Padre, todo el mundo me ha dejado, solo me queda Dios”, y comenzaba un proceso de acercamiento a Dios a través de oraciones sencillas, imágenes de estampas que le repartía, participación humilde en la eucaristía de la cárcel. Me llenaba de gozo y alegría, porque sentía que el preso era escuchado por Dios, se sentía acogido, aceptado. Estaba convencido de que, como nos ha dicho el Papa, la oración del preso subía hasta Dios. El preso se sentía escuchado cuando todo era silencio a su alrededor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta Jornada de los Pobres me surge siempre una duda: ¿cuándo hablamos de los pobres, en quién pensamos? A veces veo que son gente dependiente de mi “limosna”, gente dependiente de mi actitud, gente que está por debajo de mí, que me mira hacia arriba, y yo le miro hacia abajo. Me siento superior a él, y eso me molesta. Siempre he querido tratar a los pobres de igual a igual, mirarle a los ojos, porque estoy a su misma altura, no de arriba abajo, como si yo fuese el bueno y él…piense usted lo que quiera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Socialmente y eclesialmente estamos acostumbrados a mirar a los pobres desde arriba. Dependientes de uno. El hecho de acercarse a buscar una ayuda que nosotros tenemos y que les podemos conceder nos hace situarnos por encima de ellos, sin haber hecho ningún mérito para ello. El hecho de tener en nuestro poder lo que ellos quieren me hace sentir superior, y esta actitud me sitúa lejos de ellos y lejos del evangelio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si no nos “dejamos afectar”, si “los pobres no me cuestionan”, el amor y la opción por los pobres acaba siendo una fórmula retórica, un tópico, un cliché acuñado en mi mente. Cuando el dolor de los pobres no nos duele, cuando no me rebelo cuando pierden su dignidad, cuando me quedo tranquilo cuando sus derechos son atropellados, entonces soy un elemento más de la destrucción de la esperanza del pobre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si los pobres me afectan me lleva a una revolución interior, a remover mis entrañas, a sentir mal de estómago. Y para esta revolución interior tengo que mirar a los pobres desde abajo, desde su suelo, desde su realidad. Desde arriba, desde una posición de superioridad será difícil que capte sus sentimientos de frustración, de pobreza, de angustia. Es hacerse pobre, pequeño, niño, humilde. Es experimentar que hay gente que desde arriba pisa a los de abajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando miro a los pobres desde abajo, mi intervención, mi ayuda hacia ellos será más práctica, más efectiva y más humana que si lo hago desde arriba, desde posiciones de superioridad. Simplemente me limitaré a cumplir un expediente, y quedará en una acción burocrática. Al final será un dato más en las frías estadísticas de nuestra asociación o grupo. Dejarme afectar es dejar que el pobre entre en nuestra vida. Y cuando los pobres entran en nuestra vida es para revolucionarla. Lo digo por propia experiencia. Los pobres, los presos han entrado en mi vida y la han revolucionado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta revolución que provocan los pobres en nuestra vida puede llevar inclusive a cuestionar hábitos adquiridos de muchos años, gestos consolidados, relaciones de amistades cuestionadas, ritmo de vida cuestionado. Muchas cosas de nuestra vida cambian cuando los pobres han entrado en la esfera íntima de nuestra vida. Incluso miramos a Dios de otra manera, rezamos diferente, ponemos los acentos en otras necesidades. Eso sí, seguimos estando convencidos de que es Dios quien me ha regalado el don de mi compromiso en la acción social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que esta Jornada me lleve a ver a los pobres como mis hermanos, como mis semejantes, y nunca como gente sospechosa, gente dudosa, porque “todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos, por mi lo hicisteis” (Mt. 25, 40). Dejarme afectar por los pobres es dejarme afectar por Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph"> + Mons. Florencio Roselló Avellanas, </p>



<p class="wp-block-paragraph">Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela</p>
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		<title>Jornada mundial de los pobres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Nov 2023 07:05:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El papa nos invita a compartir nuestra mesa con los pobres La&#160;Jornada Mundial de los Pobres, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por séptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading">El papa nos invita a compartir nuestra mesa con los pobres</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por séptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido central del Evangelio</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em><strong>VII JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES</strong></em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario<br>19 de noviembre de 2023</em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong><em>«No apartes tu rostro del pobre» </em>(<em>Tb</em> 4,7)</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="512" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23-1024x512.png" alt="" class="wp-image-407616" style="width:490px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23-1024x512.png 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23-300x150.png 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23-768x384.png 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/10/Logo-JMP23.png 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">1. La&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>, signo fecundo de la misericordia del Padre, llega por séptima vez para apoyar el camino de nuestras comunidades. Es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido central del Evangelio. Cada día nos comprometemos a acoger a los pobres, pero esto no basta. Un río de pobreza atraviesa nuestras ciudades y se hace cada vez más grande hasta desbordarse; ese río parece arrastrarnos, tanto que el grito de nuestros hermanos y hermanas que piden ayuda, apoyo y solidaridad se hace cada vez más fuerte. Por eso, el domingo anterior a la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, nos reunimos en torno a su Mesa para recibir de Él, una vez más, el don y el compromiso de vivir la pobreza y de servir a los pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«<em>No apartes tu rostro del pobre</em>»(<em>Tb</em>&nbsp;4,7). Esta Palabra nos ayuda a captar la esencia de nuestro testimonio. Detenernos en el&nbsp;<em>Libro de Tobías</em>, un texto poco conocido del Antiguo Testamento, fascinante y rico en sabiduría, nos permitirá adentrarnos mejor en lo que el autor sagrado desea transmitir. Ante nosotros se despliega una escena de la vida familiar: un padre, Tobit, despide a su hijo Tobías, que está a punto de emprender un largo viaje. El anciano teme no volver a ver a su hijo y por ello le deja su “testamento espiritual”. Tobit había sido deportado a Nínive y se había quedado ciego, por lo que era doblemente pobre, pero siempre había tenido una certeza, expresada en el nombre que lleva: “El Señor ha sido mi bien”. Este hombre, que siempre confió en el Señor, como buen padre no desea tanto dejarle a su hijo algún bien material, cuanto el testimonio del camino a seguir en la vida, por eso le dice: «Acuérdate del Señor todos los días de tu vida, hijo mío, y no peques deliberadamente ni quebrantes sus mandamientos. Realiza obras de justicia todos los días de tu vida y no sigas los caminos de la injusticia» (4,5).</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. Como se puede apreciar inmediatamente, lo que el anciano Tobit pide a su hijo que recuerde no se limita a un simple acto de memoria o a una oración dirigida a Dios. Se refiere a gestos concretos que consisten en hacer buenas obras y vivir con justicia. La exhortación se hace aún más específica: a todos los que practican la justicia, «da limosna de tus bienes y no lo hagas de mala gana» (4,7).</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="525" height="680" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-1.jpg" alt="" class="wp-image-407611" style="width:363px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-1.jpg 525w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-1-232x300.jpg 232w" sizes="(max-width: 525px) 100vw, 525px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Las palabras de este sabio anciano no dejan de sorprendernos. En efecto, no olvidemos que Tobit había perdido la vista precisamente después de realizar un acto de misericordia. Como él mismo cuenta, su vida desde joven estuvo dedicada a hacer obras de caridad: «Hice muchas limosnas a mis hermanos y a mis compatriotas deportados conmigo a Nínive, en el país de los Asirios. [&#8230;] Daba mi pan a los hambrientos, vestía a los que estaban desnudos y enterraba a mis compatriotas, cuando veía que sus cadáveres eran arrojados por encima de las murallas de Nínive» (1,3.17).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su testimonio de caridad, el rey lo había privado de todos sus bienes, dejándolo completamente pobre. Pero el Señor aún lo necesitaba; habiendo recuperado su puesto como administrador, no tuvo miedo de continuar con su estilo de vida. Escuchemos su relato, que también nos habla hoy a nosotros: «En nuestra fiesta de Pentecostés, que es la santa fiesta de las siete Semanas, me prepararon una buena comida y yo me dispuse a comer. Cuando me encontré con la mesa llena de manjares, le dije a mi hijo Tobías: “Hijo mío, ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún pobre que se acuerde de todo corazón del Señor, y tráelo para que comparta mi comida. Yo esperaré hasta que tú vuelvas”» (2,1-2). Sería muy significativo si, en la Jornada de los Pobres, esta preocupación de Tobit fuera también la nuestra. Invitar a compartir el almuerzo dominical, después de haber compartido la Mesa eucarística. La Eucaristía celebrada sería realmente criterio de comunión. Por otra parte, si en torno al altar somos conscientes de que todos somos hermanos y hermanas, ¡cuánto más visible sería esta fraternidad compartiendo la comida festiva con quien carece de lo necesario!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tobías hizo como le había dicho su padre, pero regresó con la noticia de que habían asesinado a un pobre y lo habían abandonado en medio de la plaza. Sin vacilar, el anciano Tobit se levantó de la mesa y fue a enterrar a aquel hombre. Al volver a su casa, cansado, se durmió en el patio; sobre los ojos le cayó estiércol de unos pájaros y se quedó ciego (cf. 2,1-10). Ironía de la suerte: haces un gesto de caridad y te sucede una desgracia. El hecho nos lleva a pensar así; pero la fe nos enseña a ir más en profundidad. La ceguera de Tobit será su fuerza para reconocer aún mejor las numerosas formas de pobreza que le rodeaban. Y el Señor se encargará a su tiempo de restituir al anciano padre la vista y la alegría de volver a ver a su hijo Tobías. Cuando llegó ese día, Tobit «lo abrazó llorando y le dijo: “¡Te veo, hijo mío, luz de mis ojos!”. Y añadió: “¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea su gran Nombre! ¡Benditos sean todos sus santos ángeles! ¡Que su gran Nombre esté sobre nosotros! Benditos sean los ángeles por todos los siglos! Porque él me había herido, pero […] ahora veo a mi hijo Tobías”» (11,13-15).</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. Podemos preguntarnos: ¿de dónde le vienen a Tobit la valentía y la fuerza interior que le permiten servir a Dios en medio de un pueblo pagano y de amar al prójimo hasta el punto de poner en peligro su propia vida? Estamos frente a un ejemplo extraordinario: Tobit era un esposo fiel y un padre atento; fue deportado lejos de su tierra y sufría injustamente; fue perseguido por el rey y por sus vecinos. A pesar de tener un alma tan buena, fue puesto a prueba. Como a menudo nos enseña la Sagrada Escritura, Dios no les evita las pruebas a los que hacen el bien. ¿Cómo es posible? No lo hace para humillarnos, sino para afianzar nuestra fe en Él.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full is-resized"><img decoding="async" width="720" height="1017" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-2.jpg" alt="" class="wp-image-407613" style="width:394px;height:auto" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-2.jpg 720w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/11/JMP23-2-212x300.jpg 212w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Tobit, en el momento de la prueba, descubre su propia pobreza, que lo hace capaz de reconocer a los pobres. Es fiel a la Ley de Dios y observa los mandamientos, pero esto no le es suficiente. La atención efectiva hacia los pobres le era posible porque había experimentado la pobreza en su propia carne. Por lo tanto, las palabras que dirige a su hijo Tobías son su auténtica herencia: «No apartes tu rostro de&nbsp;<em>ningún</em>&nbsp;pobre» (4,7). En definitiva, cuando estamos ante un pobre no podemos volver la mirada hacia otra parte, porque eso nos impedirá encontrarnos con el rostro del Señor Jesús. Y fijémonos bien en esa expresión «de&nbsp;<em>ningún</em>&nbsp;pobre». Cada uno de ellos es nuestro prójimo. No importa el color de la piel, la condición social, la procedencia. Si soy pobre, puedo reconocer quién es el hermano que realmente me necesita. Estamos llamados a encontrar a cada pobre y a cada tipo de pobreza, sacudiendo de nosotros la indiferencia y la banalidad con las que escudamos un bienestar ilusorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. Vivimos un momento histórico que no favorece la atención hacia los más pobres. La llamada al bienestar sube cada vez más de volumen, mientras las voces del que vive en la pobreza se silencian. Se tiende a descuidar todo aquello que no forma parte de los modelos de vida destinados sobre todo a las generaciones más jóvenes, que son las más frágiles frente al cambio cultural en curso. Lo que es desagradable y provoca sufrimiento se pone entre paréntesis, mientras que las cualidades físicas se exaltan, como si fueran la principal meta a alcanzar. La realidad virtual se apodera de la vida real y los dos mundos se confunden cada vez más fácilmente. Los pobres se vuelven imágenes que pueden conmover por algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces intervienen el fastidio y la marginación. La prisa, cotidiana compañera de la vida, impide detenerse, socorrer y hacerse cargo de los demás. La parábola del buen samaritano (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;10,25-37) no es un relato del pasado, interpela el presente de cada uno de nosotros. Delegar en otros es fácil; ofrecer dinero para que otros hagan caridad es un gesto generoso; la vocación de todo cristiano es implicarse en primera persona.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. Agradecemos al Señor porque son muchos los hombres y mujeres que viven entregados a los pobres y a los excluidos y que comparten con ellos; personas de todas las edades y condiciones sociales que practican la acogida y se comprometen junto a aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y sufrimiento. No son súper-hombres, sino “vecinos de casa” que encontramos cada día y que en el silencio se hacen pobres y con los pobres. No se limitan a dar algo; escuchan, dialogan, intentan comprender la situación y sus causas, para dar consejos adecuados y referencias justas. Están atentos a las necesidades materiales y también espirituales, a la promoción integral de la persona. El Reino de Dios se hace presente y visible en este servicio generoso y gratuito; es realmente como la semilla caída en la tierra buena de estas personas que da fruto (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;8,4-15). La gratitud hacia tantos voluntarios pide hacerse oración para que su testimonio pueda ser fecundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. En el 60 aniversario de la Encíclica&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html">Pacem in terris</a></em>, es urgente retomar las palabras del santo Papa&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es.html">Juan XXIII</a>&nbsp;cuando escribía: «Observamos que [el hombre] tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento» (n. 11).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuánto trabajo tenemos todavía por delante para que estas palabras se hagan realidad, también por medio de un serio y eficaz compromiso político y legislativo. Que pueda desarrollarse la solidaridad y la subsidiariedad de tantos ciudadanos que creen en el valor del compromiso voluntario de entrega a los pobres, no obstante los límites y en ocasiones las deficiencias de la política en ver y servir al bien común. Se trata ciertamente de estimular y hacer presión para que las instituciones públicas cumplan bien su deber; pero no sirve permanecer pasivos en espera de recibir todo “desde lo alto”; quienes viven en condiciones de pobreza también han de ser implicados y acompañados en un proceso de cambio y de responsabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">7. Lamentablemente, debemos constatar una vez más nuevas formas de pobreza que se suman a las que se han descrito anteriormente. Pienso de modo particular en las poblaciones que viven en zonas de guerra, especialmente en los niños privados de un presente sereno y de un futuro digno. Nadie podrá acostumbrarse jamás a esta situación; mantengamos vivo cada intento para que la paz se afirme como don del Señor Resucitado y fruto del compromiso por la justicia y el diálogo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco puedo olvidar las especulaciones que, en diversos sectores, llevan a un dramático aumento de los costes que vuelven a muchísimas familias aún más indigentes. Los salarios se acaban rápidamente, obligando a privaciones que atentan contra la dignidad de las personas. Si en una familia se debe elegir entre la comida para subsistir y las medicinas para recuperar la salud, entonces debe hacerse escuchar la voz del que reclama el derecho de ambos bienes, en nombre de la dignidad de la persona humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo no llamar la atención, además, sobre el desorden ético que marca el mundo del trabajo? El trato deshumano que se reserva a tantos trabajadores y trabajadoras; la retribución que no corresponde al trabajo realizado; el flagelo de la precariedad; las excesivas víctimas de accidentes, provocadas a menudo por una mentalidad que prefiere el beneficio inmediato en detrimento de la seguridad. Vuelven a la mente las palabras de san&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es.html">Juan Pablo II</a>: «El primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo. […] El hombre está destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo está “en función del hombre” y no el hombre “en función del trabajo”» (Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html">Laborem exercens</a></em>, 6).</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. Esta enumeración, ya de por sí dramática, describe sólo parcialmente las situaciones de pobreza que forman parte de nuestra cotidianidad. No puedo pasar por alto, en particular, un modo de sufrimiento que cada día es más evidente y que afecta al mundo juvenil. Cuántas vidas frustradas e incluso suicidios de jóvenes, engañados por una cultura que los lleva a sentirse “incompletos” y “fracasados”. Ayudémosles a reaccionar ante estas instigaciones nefastas, para que cada uno pueda encontrar el camino a seguir para adquirir una identidad fuerte y generosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es fácil, hablando de los pobres, caer en la retórica. También es una tentación insidiosa la de quedarse en las estadísticas y en los números. Los pobres son personas, tienen rostros, historias, corazones y almas. Son hermanos y hermanas con sus cualidades y defectos, como todos, y es importante entrar en una relación personal con cada uno de ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Libro de Tobías nos enseña cómo actuar de forma concreta con y por los pobres. Es una cuestión de justicia que nos compromete a todos a buscarnos y encontrarnos recíprocamente, para favorecer la armonía necesaria, de modo que una comunidad pueda identificarse como tal. Por tanto, el interés por los pobres no se agota en limosnas apresuradas; exige restablecer las justas relaciones interpersonales que han sido afectadas por la pobreza. De ese modo, “no apartar el rostro del pobre” conduce a obtener los beneficios de la misericordia, de la caridad que da sentido y valor a toda la vida cristiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">9. Nuestra atención hacia los pobres siempre está marcada por el realismo evangélico. Lo que se comparte debe responder a las necesidades concretas de los demás, no se trata de liberarse de lo superfluo. También en esto es necesario el discernimiento, bajo la guía del Espíritu Santo, para reconocer las verdaderas exigencias de los hermanos y no nuestras propias aspiraciones. Lo que de seguro necesitan con mayor urgencia es nuestra humanidad, nuestro corazón abierto al amor. No lo olvidemos: «Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios">Evangelii gaudium</a></em>, 198). La fe nos enseña que cada uno de los pobres es hijo de Dios y que en él o en ella está presente Cristo: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (<em>Mt</em>&nbsp;25,40).</p>



<p class="wp-block-paragraph">10. Este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de santa Teresa del Niño Jesús. En una página de su&nbsp;<em>Historia de un alma</em>&nbsp;escribió: «Sí, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprendí que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón: Nadie, dijo Jesús, enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a&nbsp;<em>todos</em>&nbsp;los de la casa. Yo pienso que esa lámpara representa a la caridad, que debe alumbrar y alegrar, no sólo a los que me son más queridos, sino a&nbsp;<em>todos</em>&nbsp;los que están en la casa, sin exceptuar a nadie» (Ms C, 12r°:&nbsp;<em>Obras completas</em>, Burgos 2006, 287-288).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta casa que es el mundo, todos tienen derecho a ser iluminados por la caridad, nadie puede ser privado de ella. Que la perseverancia del amor de santa Teresita pueda inspirar nuestros corazones en esta Jornada Mundial, que nos ayude a “no apartar el rostro del pobre” y a mantener nuestra mirada siempre fija en la faz humana y divina de nuestro Señor Jesucristo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2023, Memoria de san Antonio de Padua, patrono de los pobres.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Francisco</strong></p>
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		<title>VI Jornada Mundial de los Pobres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Nov 2022 13:19:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nota de Cáritas y la Conferencia Episcopal Española: El papa Francisco lanza un llamamiento a la solidaridad en medio de un mundo herido por la violencia y la guerra. MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO VI JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario13 de noviembre de 2022 Jesucristo se hizo pobre por ustedes [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading">Nota de Cáritas y la Conferencia Episcopal Española: El papa Francisco lanza un llamamiento a la solidaridad en medio de un mundo herido por la violencia y la guerra.</h2>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO</strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em><strong>VI JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES</strong></em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario<br>13 de noviembre de 2022</em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong><em>Jesucristo se hizo pobre por ustedes (cf. 2 Co 8,9)</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">1. “Jesucristo se hizo pobre por ustedes” (cf.&nbsp;<em>2 Co</em>&nbsp;8,9). Con estas palabras el apóstol Pablo se dirige a los primeros cristianos de Corinto, para dar fundamento a su compromiso solidario con los hermanos necesitados. La&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;se presenta también este año como una sana provocación para ayudarnos a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre tantas pobrezas del momento presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos meses atrás, el mundo estaba saliendo de la tempestad de la pandemia, mostrando signos de recuperación económica que traerían alivio a millones de personas empobrecidas por la pérdida del empleo. Se vislumbraba un poco de serenidad que, sin olvidar el dolor por la pérdida de los seres queridos, prometía finalmente poder regresar a las relaciones interpersonales directas, a reencontrarnos sin limitaciones o restricciones. Y es entonces que ha aparecido en el horizonte una nueva catástrofe, destinada a imponer al mundo un escenario diferente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guerra en Ucrania vino a agregarse a las guerras regionales que en estos años están trayendo muerte y destrucción. Pero aquí el cuadro se presenta más complejo por la directa intervención de una “superpotencia”, que pretende imponer su voluntad contra el principio de autodeterminación de los pueblos. Se repiten escenas de trágica memoria y una vez más el chantaje recíproco de algunos poderosos acalla la voz de la humanidad que invoca la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-2-1-1024x829.jpg" alt="" class="wp-image-401326" width="-658" height="-532" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-2-1-1024x829.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-2-1-300x243.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-2-1-768x622.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-2-1-1536x1243.jpg 1536w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-2-1-1320x1069.jpg 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-2-1.jpg 1575w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">2. ¡Cuántos pobres genera la insensatez de la guerra! Dondequiera que se mire, se constata cómo la violencia afecta a los indefensos y a los más débiles. Deportación de miles de personas, especialmente niños y niñas, para desarraigarlos e imponerles otra identidad. Se vuelven actuales las palabras del Salmista ante la destrucción de Jerusalén y el exilio de los jóvenes hebreos: «Junto a los ríos de Babilonia / nos sentábamos a llorar, / acordándonos de Sión. / En los sauces de las orillas / teníamos colgadas nuestras cítaras. / Allí nuestros carceleros / nos pedían cantos, / y nuestros opresores, alegría. / [&#8230;] ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor / en tierra extranjera?» (<em>Sal&nbsp;</em>137,1-4).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son millones las mujeres, los niños, los ancianos obligados a desafiar el peligro de las bombas con tal de ponerse a salvo buscando amparo como refugiados en los países vecinos. Los que permanecen en las zonas de conflicto, conviven cada día con el miedo y la falta de alimentos, agua, atención médica y sobre todo de cariño. En estas situaciones, la razón se oscurece y quienes sufren las consecuencias son muchas personas comunes, que se suman al ya gran número de indigentes. ¿Cómo dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a merced de la incertidumbre y la precariedad?</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. En este contexto tan contradictorio se enmarca la VI<em>&nbsp;Jornada Mundial de los Pobres</em>, con la invitación —tomada del apóstol Pablo— a tener la mirada fija en Jesús, el cual «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,9). En su visita a Jerusalén, Pablo se había encontrado con Pedro, Santiago y Juan, quienes le habían pedido que no se olvidara de los pobres. La comunidad de Jerusalén, en efecto, se encontraba en graves dificultades por la carestía que azotaba al país, y el Apóstol se había preocupado inmediatamente de organizar una gran colecta en favor de los pobres. Los cristianos de Corinto se mostraron muy sensibles y disponibles. Por indicación de Pablo, cada primer día de la semana recogían lo que habían logrado ahorrar y todos eran muy generosos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-3-1-1024x829.jpg" alt="" class="wp-image-401327" width="566" height="457" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-3-1-1024x829.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-3-1-300x243.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-3-1-768x622.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-3-1-1536x1243.jpg 1536w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-3-1-1320x1069.jpg 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-3-1.jpg 1575w" sizes="(max-width: 566px) 100vw, 566px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Como si el tiempo no hubiera transcurrido desde aquel momento, también nosotros cada domingo, durante la celebración de la Santa Eucaristía, realizamos el mismo gesto, poniendo en común nuestras ofrendas para que la comunidad pueda proveer a las exigencias de los más pobres. Es un signo que los cristianos siempre han realizado con alegría y sentido de responsabilidad, para que a ninguna hermana o hermano le falte lo necesario. Lo atestigua ya san Justino, que, en el segundo siglo, explicando la celebración dominical de los cristianos al emperador Antonio Pío, escribía así: «En el día llamado “del Sol” se reúnen todos juntos, habitantes de la ciudad o del campo, y se leen las memorias de los Apóstoles o los escritos de los profetas según el tiempo lo permita. […] Luego se hace la fracción y distribución de los elementos consagrados a cada uno y a través de los diáconos se envía a los ausentes. Los adinerados y los que lo desean dan libremente, cada uno lo que quiere y lo que se recoge viene depositado con el sacerdote. Este socorre a los huérfanos, a las viudas, y a quien es indigente por enfermedad o por cualquier otra causa, a los encarcelados, a los extranjeros que se encuentran entre nosotros: en resumen, tiene cuidado de cualquiera que esté en necesidad» (<em>Primera Apología</em>, LXVII, 1-6).</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. Regresando a la comunidad de Corinto, después del entusiasmo inicial, su compromiso comenzó a disminuir y la iniciativa propuesta por el Apóstol perdió fuerza. Es este el motivo que estimula a Pablo a escribir de manera apasionada insistiendo en la colecta, «llévenla ahora a término, para que los hechos respondan, según las posibilidades de cada uno, a la decisión de la voluntad» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,11).</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-4-1-1024x829.jpg" alt="" class="wp-image-401328" width="535" height="432" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-4-1-1024x829.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-4-1-300x243.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-4-1-768x622.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-4-1-1536x1243.jpg 1536w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-4-1-1320x1069.jpg 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-4-1.jpg 1575w" sizes="(max-width: 535px) 100vw, 535px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Pienso en este momento en la disponibilidad que, en los últimos años, ha movido a enteras poblaciones a abrir las puertas para acoger millones de refugiados de las guerras en Oriente Medio, en África central y ahora en Ucrania. Las familias han abierto de par en par sus casas para hacer espacio a otras familias, y las comunidades han recibido con generosidad tantas mujeres y niños para ofrecerles la debida dignidad. Sin embargo, mientras más dura el conflicto, más se agravan sus consecuencias. A los pueblos que acogen les resulta cada vez más difícil dar continuidad a la ayuda; las familias y las comunidades empiezan a sentir el peso de una situación que va más allá de la emergencia. Este es el momento de no ceder y de renovar la motivación inicial. Lo que hemos comenzado necesita ser llevado a cumplimiento con la misma responsabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. La solidaridad, en efecto, es precisamente esto: compartir lo poco que tenemos con quienes no tienen nada, para que ninguno sufra. Mientras más crece el sentido de comunidad y de comunión como estilo de vida, mayormente se desarrolla la solidaridad. Por otra parte, es necesario considerar que hay países donde, en las últimas décadas, se ha producido un importante aumento del bienestar para muchas familias, que han alcanzado un estado de vida seguro. Este es un resultado positivo debido a la iniciativa privada y a leyes que han apoyado el crecimiento económico articulado con un incentivo concreto a las políticas familiares y a la responsabilidad social. El patrimonio de seguridad y estabilidad logrado pueda ahora ser compartido con aquellos que se han visto obligados a abandonar su hogar y su país para salvarse y sobrevivir. Como miembros de la sociedad civil, mantengamos vivo el llamado a los valores de libertad, responsabilidad, fraternidad y solidaridad. Y como cristianos encontremos siempre en la caridad, en la fe y en la esperanza el fundamento de nuestro ser y nuestro actuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Es interesante observar que el Apóstol no quiere obligar a los cristianos forzándolos a una obra de caridad. De hecho, escribe: «Esta no es una orden» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,8); más bien, pretende “manifestar la sinceridad” de su amor en la atención y solicitud por los pobres (cf.&nbsp;<em>ibíd</em>.). Como fundamento de la petición de Pablo está ciertamente la necesidad de una ayuda concreta, pero su intención va más allá. Él invita a realizar la colecta para que sea un signo del amor, tal como lo ha testimoniado el mismo Jesús. En definitiva, la generosidad hacia los pobres encuentra su motivación más fuerte en la elección del Hijo de Dios que quiso hacerse pobre Él mismo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-1024x829.jpg" alt="" class="wp-image-401329" width="536" height="433" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-1024x829.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-300x243.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-768x622.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-1536x1243.jpg 1536w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022-1320x1069.jpg 1320w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-pobres-2022.jpg 1575w" sizes="(max-width: 536px) 100vw, 536px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">El Apóstol, en efecto, no teme afirmar que esta elección de Cristo, este “despojo” suyo, es una «gracia», más aún, «la gracia de nuestro Señor Jesucristo» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,9), y sólo acogiéndola podemos dar expresión concreta y coherente a nuestra fe. La enseñanza de todo el Nuevo Testamento tiene su unidad en torno a este tema, que también se refleja en las palabras del apóstol Santiago: «Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero en seguida se va y se olvida de cómo es. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla» (<em>St</em>&nbsp;1,22-25).</p>



<p class="wp-block-paragraph">7. Frente a los pobres no se hace retórica, sino que se ponen manos a la obra y se practica la fe involucrándose directamente, sin delegar en nadie. A veces, en cambio, puede prevalecer una forma de relajación, lo que conduce a comportamientos incoherentes, como la indiferencia hacia los pobres. Sucede también que algunos cristianos, por un excesivo apego al dinero, se empantanan en el mal uso de los bienes y del patrimonio. Son situaciones que manifiestan una fe débil y una esperanza endeble y miope.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabemos que el problema no es el dinero en sí, porque este forma parte de la vida cotidiana y de las relaciones sociales de las personas. Más bien, lo que debemos reflexionar es sobre el valor que tiene el dinero para nosotros: no puede convertirse en un absoluto, como si fuera el fin principal. Tal apego impide observar con realismo la vida de cada día y nubla la mirada, impidiendo ver las necesidades de los demás. Nada más dañino le puede acontecer a un cristiano y a una comunidad que ser deslumbrados por el ídolo de la riqueza, que termina encadenando a una visión de la vida efímera y fracasada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, no se trata de tener un comportamiento asistencialista hacia los pobres, como suele suceder; es necesario, en cambio, hacer un esfuerzo para que a nadie le falte lo necesario. No es el activismo lo que salva, sino la atención sincera y generosa que permite acercarse a un pobre como a un hermano que tiende la mano para que yo me despierte del letargo en el que he caído. Por eso, «nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales. […] Nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social» (Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios">Evangelii gaudium</a></em>, 201). Es urgente encontrar nuevos caminos que puedan ir más allá del marco de aquellas políticas sociales «concebidas como una política&nbsp;<em>hacia</em>&nbsp;los pobres pero nunca&nbsp;<em>con</em>&nbsp;los pobres, nunca&nbsp;<em>de</em>&nbsp;los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos» (Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#169">Fratelli tutti</a></em>, 169). En cambio, es necesario tender a asumir la actitud del Apóstol que podía escribir a los corintios: «No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,13).</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. Hay una paradoja que hoy como en el pasado es difícil de aceptar, porque contrasta con la lógica humana: hay una pobreza que enriquece. Haciendo referencia a la “gracia” de Jesucristo, Pablo quiere confirmar lo que Él mismo predicó, es decir, que la verdadera riqueza no consiste en acumular «tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban» (<em>Mt</em>&nbsp;6,19), sino en el amor recíproco que nos hace llevar las cargas los unos de los otros para que nadie quede abandonado o excluido. La experiencia de debilidad y limitación que hemos vivido en los últimos años, y ahora la tragedia de una guerra con repercusiones globales, nos debe enseñar algo decisivo: no estamos en el mundo para sobrevivir, sino para que a todos se les permita tener una vida digna y feliz. El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos. Es una pobreza desesperada, sin futuro, porque la impone la cultura del descarte que no ofrece perspectivas ni salidas. Es la miseria que, mientras constriñe a la condición de extrema pobreza, también afecta la dimensión espiritual que, aunque a menudo sea descuidada, no por esto no existe o no cuenta. Cuando la única ley es la del cálculo de las ganancias al final del día, entonces ya no hay freno para pasar a la lógica de la explotación de las personas: los demás son sólo medios. No existen más salarios justos, horas de trabajo justas, y se crean nuevas formas de esclavitud, sufridas por personas que no tienen otra alternativa y deben aceptar esta venenosa injusticia con tal de obtener lo mínimo para su sustento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pobreza que libera, en cambio, es la que se nos presenta como una elección responsable para aligerar el lastre y centrarnos en lo esencial. De hecho, se puede encontrar fácilmente esa sensación de insatisfacción que muchos experimentan, porque sienten que les falta algo importante y van en su búsqueda como errantes sin una meta. Deseosos de encontrar lo que pueda satisfacerlos, tienen necesidad de orientarse hacia los pequeños, los débiles, los pobres para comprender finalmente aquello de lo que verdaderamente tenían necesidad. El encuentro con los pobres permite poner fin a tantas angustias y miedos inconsistentes, para llegar a lo que realmente importa en la vida y que nadie nos puede robar: el amor verdadero y gratuito. Los pobres, en realidad, antes que ser objeto de nuestra limosna, son sujetos que nos ayudan a liberarnos de las ataduras de la inquietud y la superficialidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un padre y doctor de la Iglesia, san Juan Crisóstomo, en cuyos escritos se encuentran fuertes denuncias contra el comportamiento de los cristianos hacia los más pobres, escribió: «Si no puedes creer que la pobreza te enriquece, piensa en tu Señor y deja de dudar de esto. Si Él no hubiera sido pobre, tú no serías rico; esto es extraordinario, que de la pobreza surgió abundante riqueza. Pablo quiere decir aquí con “riquezas” el conocimiento de la piedad, la purificación de los pecados, la justicia, la santificación y otras mil cosas buenas que nos han sido dadas ahora y siempre. Todo esto lo tenemos gracias a la pobreza» (<em>Homilías sobre la II Carta a los Corintios</em>, 17,1).</p>



<p class="wp-block-paragraph">9. El texto del Apóstol al que se refiere esta VI&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;presenta la gran paradoja de la vida de fe: la pobreza de Cristo nos hace ricos. Si Pablo pudo dar esta enseñanza —y la Iglesia difundirlo y testimoniarlo a lo largo de los siglos— es porque Dios, en su Hijo Jesús, eligió y siguió este camino. Si Él se hizo pobre por nosotros, entonces nuestra misma vida se ilumina y se transforma, y ​​adquiere un valor que el mundo no conoce ni puede dar. La riqueza de Jesús es su amor, que no se cierra a nadie y va al encuentro de todos, especialmente de los que son marginados y privados de lo necesario. Por amor se despojó a sí mismo y asumió la condición humana. Por amor se hizo siervo obediente, hasta morir y morir en la cruz (cf.&nbsp;<em>Flp</em>&nbsp;2,6-8). Por amor se hizo «pan de Vida» (<em>Jn</em>&nbsp;6,35), para que a nadie le falte lo necesario y pueda encontrar el alimento que nutre para la vida eterna. También en nuestros días parece difícil, como lo fue entonces para los discípulos del Señor, aceptar esta enseñanza (cf.&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;6,60); pero la palabra de Jesús es clara. Si queremos que la vida venza a la muerte y la dignidad sea rescatada de la injusticia, el camino es el suyo: es seguir la pobreza de Jesucristo, compartiendo la vida por amor, partiendo el pan de la propia existencia con los hermanos y hermanas, empezando por los más pequeños, los que carecen de lo necesario, para que se cree la igualdad, se libere a los pobres de la miseria y a los ricos de la vanidad, ambos sin esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">10. El pasado 15 de mayo&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2022/5/15/canonizzazione.html">canonicé al hermano Charles de Foucauld</a>, un hombre que, nacido rico, renunció a todo para seguir a Jesús y hacerse con Él pobre y hermano de todos. Su vida eremítica, primero en Nazaret y luego en el desierto del Sahara, hecha de silencio, oración y compartir, es un testimonio ejemplar de la pobreza cristiana. Nos hará bien meditar en estas palabras suyas: «No despreciemos a los pobres, a los pequeños, a los trabajadores; ellos no sólo son nuestros hermanos en Dios, sino que son también aquellos que del modo más perfecto imitan a Jesús en su vida exterior. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ellos nos representan perfectamente a Jesús, el Obrero de Nazaret. Son los primogénitos entre los elegidos, los primeros llamados a la cuna del Salvador. Fueron la compañía habitual de Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte […]. Honrémoslos, honremos en ellos las imágenes de Jesús y de sus santos padres […]. Tomemos para nosotros [la condición] que Él tomó para sí mismo […]. No dejemos nunca de ser pobres en todo, hermanos de los pobres, compañeros de los pobres, seamos los más pobres de los pobres como Jesús, y como Él amemos a los pobres y rodeémonos de ellos» (&nbsp;<em>Comentario al Evangelio de Lucas</em>, Meditación 263)&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/poveri/documents/20220613-messaggio-vi-giornatamondiale-poveri-2022.html#_ftn1"></a>[1]. Para el hermano Charles estas no fueron sólo palabras, sino un estilo de vida concreto, que lo llevó a compartir con Jesús el don de la vida misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que esta VI&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;se convierta en una oportunidad de gracia, para hacer un examen de conciencia personal y comunitario, y preguntarnos si la pobreza de Jesucristo es nuestra fiel compañera de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2022, Memoria de san Antonio de Padua.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">FRANCISCO</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/poveri/documents/20220613-messaggio-vi-giornatamondiale-poveri-2022.html#_ftnref1"></a>[1]&nbsp;Meditación n. 263 sobre&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;2,8-20: C. DE FOUCAULD,&nbsp;<em>La Bonté de Dieu. Méditations sur les saints Evangiles (1)</em>, Nouvelle Cité, Montrouge 1996, 214-216.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h2 class="wp-block-heading">Nota de la Conferencia Episcopal Española y Cáritas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Con motivo de la&nbsp;<strong>celebración</strong>, el domingo 13 de noviembre, de la<strong>&nbsp;VI Jornada Mundial de los Pobres</strong>,&nbsp;<strong>la <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/">Conferencia Episcopal Española</a> y&nbsp;<a href="https://www.caritas.es/noticias/vi-jornada-mundial-de-los-pobres-francisco-invita-a-compartir-lo-poco-que-tenemos-con-quienes-no-tienen-nada/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Cáritas</a>&nbsp;suman de nuevo sus esfuerzos para movilizar a las comunidades cristianas y a toda la sociedad en los objetivos de esta cita anual convocada por el papa Francisco</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La idea de impulsar esta Jornada surgió el 13 de noviembre de 2016, durante el cierre del Año de la Misericordia y cuando en la Basílica de San Pedro el Santo Padre celebraba el Jubileo dedicado a las personas marginadas. Al finalizar la homilía, y de manera espontánea, Francisco expresó un deseo: «quisiera que hoy fuera la Jornada de los Pobres».</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta sexta edición, bajo el lema “Jesucristo se hizo pobre por vosotros”,&nbsp;<strong>Francisco lanza un llamamiento a la solidaridad en medio de un mundo herido por la violencia y la guerra.</strong>&nbsp;Frente a los millones de refugiados de los diferentes conflictos en Oriente Medio, África Central y ahora Ucrania, el Santo Padre&nbsp;<strong>invita a “compartir lo poco que tenemos con quienes no tienen nada, para que ninguno sufra”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El patrimonio de seguridad y estabilidad&nbsp;</strong>alcanzado por algunos países gracias a la iniciativa privada y a leyes que han apoyado el crecimiento económico&nbsp;<strong>puede</strong>&nbsp;ahora, según Francisco,&nbsp;<strong>“ser compartido con aquellos que se han visto obligados a abandonar su hogar y su país para salvarse y sobrevivir”.</strong>&nbsp;“Como miembros de la sociedad civil, mantengamos vivo el llamado a los valores de libertad, responsabilidad, fraternidad y solidaridad”, añade.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El papa recuerda que&nbsp;<strong>la caridad “no es una obligación sino un signo del amor</strong>, tal como lo ha testimoniado el mismo Jesús”. “<strong>La generosidad hacia los pobres encuentra su motivación más fuerte en la elección del Hijo de Dios que quiso hacerse pobre Él mismo”</strong>, señala.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Francisco subraya que la “experiencia de debilidad y limitación que hemos vivido en los últimos años y ahora la tragedia de la guerra” nos debe “enseñar que<strong>&nbsp;no estamos en el mundo para sobrevivir, sino para que a todos se les permita tener una vida digna y feliz</strong>”. “El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que&nbsp;<strong>hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, Francisco recuerda en esta VI Jornada Mundial que es necesario “hacer un esfuerzo para que a nadie le falte lo necesario”.&nbsp;<strong>“No es el activismo lo que salva, sino la atención sincera y generosa que permite acercarse a un pobre como a un hermano que tiende la mano para que yo me despierte del letargo en el que he caído”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con objeto de animar la celebración de esta Jornada, la CEE y Cáritas han preparado diversos&nbsp;<strong>materiales,</strong>&nbsp;que están disponibles en un espacio digital creado ad hoc, para su utilización por parte de todas las Diócesis, parroquias, comunidades, movimientos, asociaciones e instituciones de la Iglesia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta convocatoria es&nbsp;<strong>una nueva oportunidad para reflexionar sobre cómo dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a merced de la incertidumbre y la precariedad.</strong>&nbsp;Con ese objetivo, los promotores de la Jornada proponen como gesto “concretar en un manifiesto o credo cómo podemos hacernos pobres en comunidad para llevar vida en abundancia a otros”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como se explica en los materiales de animación de la Jornada, la respuesta al lema de esta edición -“Jesucristo se hizo pobre por ustedes”- implica:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>dar una respuesta personal y comunitaria</strong>, pues «mientras más crece el sentido de comunidad y de comunión como estilo de vida, mayormente se desarrolla la solidaridad».</li>



<li><strong>ser comunidad de vida y de bienes</strong>, en la que «el amor recíproco nos hace llevar las cargas los unos de los otros para que nadie quede abandonado o excluido», compartiendo lo que tenemos con los que no tienen nada, pero acogiendo, al mismo tiempo, lo que nos puedan aportar: su trabajo, su pensamiento, su forma de hacer y de entender la vida.</li>



<li><strong>ser comunidad de acción&nbsp;</strong>porque “la preocupación por los pobres y por la justicia social» es “un compromiso que nos afecta a todos” y, por tanto, “nadie puede sentirse exceptuado”</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading" id="2Materiales">Materiales para la difusión de esta Jornada</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Con el fin de ayudar a vivir esta Jornada en las comunidades cristianas y, en toda la sociedad, se ofrecen los siguientes materiales:</p>


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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-Jornada-Mundial-Pobres-subsidio-liturgico.jpg" alt="" class="wp-image-406344" width="500" height="446" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-Jornada-Mundial-Pobres-subsidio-liturgico.jpg 1000w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-Jornada-Mundial-Pobres-subsidio-liturgico-300x267.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-Jornada-Mundial-Pobres-subsidio-liturgico-768x684.jpg 768w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /><figcaption class="wp-element-caption"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-subsidio-liturgico.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Descargar en PDF</a></figcaption></figure>
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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-jornada-pobres-guion-homilia.jpg" alt="" class="wp-image-406346" width="500" height="433" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-jornada-pobres-guion-homilia.jpg 1000w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-jornada-pobres-guion-homilia-300x260.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-jornada-pobres-guion-homilia-768x665.jpg 768w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /><figcaption class="wp-element-caption"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-guion-para-la-homilia.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Descargar en PDF</a></figcaption></figure>
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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-Jornada-Mundial-de-los-Pobres-pautas-para-la-animacion.jpg" alt="" class="wp-image-406347" width="500" height="431" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-Jornada-Mundial-de-los-Pobres-pautas-para-la-animacion.jpg 1000w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-Jornada-Mundial-de-los-Pobres-pautas-para-la-animacion-300x259.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/2022-Jornada-Mundial-de-los-Pobres-pautas-para-la-animacion-768x662.jpg 768w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /><figcaption class="wp-element-caption"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-pautas-para-la-animacion.pdf">Descargar en PDF</a></figcaption></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">31/10/2022</p>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="998" data-id="401319" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-2-1024x998.jpg" alt="" class="wp-image-401319" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-2-1024x998.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-2-300x292.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-2-768x749.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-2.jpg 1072w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" data-id="401318" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-6-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-401318" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-6-1024x1024.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-6-300x300.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-6-150x150.jpg 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-6-768x768.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-6-600x600.jpg 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-6.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" data-id="401323" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-3-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-401323" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-3-1024x1024.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-3-300x300.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-3-150x150.jpg 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-3-768x768.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-3-600x600.jpg 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-3.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" data-id="401322" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-4-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-401322" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-4-1024x1024.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-4-300x300.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-4-150x150.jpg 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-4-768x768.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-4-600x600.jpg 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-4.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" data-id="401324" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-1-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-401324" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-1-1024x1024.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-1-300x300.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-1-150x150.jpg 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-1-768x768.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-1-600x600.jpg 600w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Jornada-Mundial-de-los-Pobres-2022-1.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-4 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex"></figure>



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<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/vi-jornada-mundial-de-los-pobres-jesucristo-se-hizo-pobre-por-ustedes-2/">VI Jornada Mundial de los Pobres</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>VI Jornada Mundial de los Pobres: Jesucristo se hizo pobre por ustedes</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/vi-jornada-mundial-de-los-pobres-jesucristo-se-hizo-pobre-por-ustedes/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=vi-jornada-mundial-de-los-pobres-jesucristo-se-hizo-pobre-por-ustedes</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Oct 2022 10:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO VI JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario13 de noviembre de 2022 Jesucristo se hizo pobre por ustedes (cf. 2 Co 8,9) 1. “Jesucristo se hizo pobre por ustedes” (cf.&#160;2 Co&#160;8,9). Con estas palabras el apóstol Pablo se dirige a los primeros cristianos de Corinto, para dar [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em><strong>VI JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES</strong></em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario<br>13 de noviembre de 2022</em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong><em>Jesucristo se hizo pobre por ustedes (cf. 2 Co 8,9)</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">1. “Jesucristo se hizo pobre por ustedes” (cf.&nbsp;<em>2 Co</em>&nbsp;8,9). Con estas palabras el apóstol Pablo se dirige a los primeros cristianos de Corinto, para dar fundamento a su compromiso solidario con los hermanos necesitados. La&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;se presenta también este año como una sana provocación para ayudarnos a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre tantas pobrezas del momento presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos meses atrás, el mundo estaba saliendo de la tempestad de la pandemia, mostrando signos de recuperación económica que traerían alivio a millones de personas empobrecidas por la pérdida del empleo. Se vislumbraba un poco de serenidad que, sin olvidar el dolor por la pérdida de los seres queridos, prometía finalmente poder regresar a las relaciones interpersonales directas, a reencontrarnos sin limitaciones o restricciones. Y es entonces que ha aparecido en el horizonte una nueva catástrofe, destinada a imponer al mundo un escenario diferente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guerra en Ucrania vino a agregarse a las guerras regionales que en estos años están trayendo muerte y destrucción. Pero aquí el cuadro se presenta más complejo por la directa intervención de una “superpotencia”, que pretende imponer su voluntad contra el principio de autodeterminación de los pueblos. Se repiten escenas de trágica memoria y una vez más el chantaje recíproco de algunos poderosos acalla la voz de la humanidad que invoca la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. ¡Cuántos pobres genera la insensatez de la guerra! Dondequiera que se mire, se constata cómo la violencia afecta a los indefensos y a los más débiles. Deportación de miles de personas, especialmente niños y niñas, para desarraigarlos e imponerles otra identidad. Se vuelven actuales las palabras del Salmista ante la destrucción de Jerusalén y el exilio de los jóvenes hebreos: «Junto a los ríos de Babilonia / nos sentábamos a llorar, / acordándonos de Sión. / En los sauces de las orillas / teníamos colgadas nuestras cítaras. / Allí nuestros carceleros / nos pedían cantos, / y nuestros opresores, alegría. / [&#8230;] ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor / en tierra extranjera?» (<em>Sal&nbsp;</em>137,1-4).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son millones las mujeres, los niños, los ancianos obligados a desafiar el peligro de las bombas con tal de ponerse a salvo buscando amparo como refugiados en los países vecinos. Los que permanecen en las zonas de conflicto, conviven cada día con el miedo y la falta de alimentos, agua, atención médica y sobre todo de cariño. En estas situaciones, la razón se oscurece y quienes sufren las consecuencias son muchas personas comunes, que se suman al ya gran número de indigentes. ¿Cómo dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a merced de la incertidumbre y la precariedad?</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. En este contexto tan contradictorio se enmarca la VI<em>&nbsp;Jornada Mundial de los Pobres</em>, con la invitación —tomada del apóstol Pablo— a tener la mirada fija en Jesús, el cual «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,9). En su visita a Jerusalén, Pablo se había encontrado con Pedro, Santiago y Juan, quienes le habían pedido que no se olvidara de los pobres. La comunidad de Jerusalén, en efecto, se encontraba en graves dificultades por la carestía que azotaba al país, y el Apóstol se había preocupado inmediatamente de organizar una gran colecta en favor de los pobres. Los cristianos de Corinto se mostraron muy sensibles y disponibles. Por indicación de Pablo, cada primer día de la semana recogían lo que habían logrado ahorrar y todos eran muy generosos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como si el tiempo no hubiera transcurrido desde aquel momento, también nosotros cada domingo, durante la celebración de la Santa Eucaristía, realizamos el mismo gesto, poniendo en común nuestras ofrendas para que la comunidad pueda proveer a las exigencias de los más pobres. Es un signo que los cristianos siempre han realizado con alegría y sentido de responsabilidad, para que a ninguna hermana o hermano le falte lo necesario. Lo atestigua ya san Justino, que, en el segundo siglo, explicando la celebración dominical de los cristianos al emperador Antonio Pío, escribía así: «En el día llamado “del Sol” se reúnen todos juntos, habitantes de la ciudad o del campo, y se leen las memorias de los Apóstoles o los escritos de los profetas según el tiempo lo permita. […] Luego se hace la fracción y distribución de los elementos consagrados a cada uno y a través de los diáconos se envía a los ausentes. Los adinerados y los que lo desean dan libremente, cada uno lo que quiere y lo que se recoge viene depositado con el sacerdote. Este socorre a los huérfanos, a las viudas, y a quien es indigente por enfermedad o por cualquier otra causa, a los encarcelados, a los extranjeros que se encuentran entre nosotros: en resumen, tiene cuidado de cualquiera que esté en necesidad» (<em>Primera Apología</em>, LXVII, 1-6).</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. Regresando a la comunidad de Corinto, después del entusiasmo inicial, su compromiso comenzó a disminuir y la iniciativa propuesta por el Apóstol perdió fuerza. Es este el motivo que estimula a Pablo a escribir de manera apasionada insistiendo en la colecta, «llévenla ahora a término, para que los hechos respondan, según las posibilidades de cada uno, a la decisión de la voluntad» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,11).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en este momento en la disponibilidad que, en los últimos años, ha movido a enteras poblaciones a abrir las puertas para acoger millones de refugiados de las guerras en Oriente Medio, en África central y ahora en Ucrania. Las familias han abierto de par en par sus casas para hacer espacio a otras familias, y las comunidades han recibido con generosidad tantas mujeres y niños para ofrecerles la debida dignidad. Sin embargo, mientras más dura el conflicto, más se agravan sus consecuencias. A los pueblos que acogen les resulta cada vez más difícil dar continuidad a la ayuda; las familias y las comunidades empiezan a sentir el peso de una situación que va más allá de la emergencia. Este es el momento de no ceder y de renovar la motivación inicial. Lo que hemos comenzado necesita ser llevado a cumplimiento con la misma responsabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. La solidaridad, en efecto, es precisamente esto: compartir lo poco que tenemos con quienes no tienen nada, para que ninguno sufra. Mientras más crece el sentido de comunidad y de comunión como estilo de vida, mayormente se desarrolla la solidaridad. Por otra parte, es necesario considerar que hay países donde, en las últimas décadas, se ha producido un importante aumento del bienestar para muchas familias, que han alcanzado un estado de vida seguro. Este es un resultado positivo debido a la iniciativa privada y a leyes que han apoyado el crecimiento económico articulado con un incentivo concreto a las políticas familiares y a la responsabilidad social. El patrimonio de seguridad y estabilidad logrado pueda ahora ser compartido con aquellos que se han visto obligados a abandonar su hogar y su país para salvarse y sobrevivir. Como miembros de la sociedad civil, mantengamos vivo el llamado a los valores de libertad, responsabilidad, fraternidad y solidaridad. Y como cristianos encontremos siempre en la caridad, en la fe y en la esperanza el fundamento de nuestro ser y nuestro actuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Es interesante observar que el Apóstol no quiere obligar a los cristianos forzándolos a una obra de caridad. De hecho, escribe: «Esta no es una orden» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,8); más bien, pretende “manifestar la sinceridad” de su amor en la atención y solicitud por los pobres (cf.&nbsp;<em>ibíd</em>.). Como fundamento de la petición de Pablo está ciertamente la necesidad de una ayuda concreta, pero su intención va más allá. Él invita a realizar la colecta para que sea un signo del amor, tal como lo ha testimoniado el mismo Jesús. En definitiva, la generosidad hacia los pobres encuentra su motivación más fuerte en la elección del Hijo de Dios que quiso hacerse pobre Él mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Apóstol, en efecto, no teme afirmar que esta elección de Cristo, este “despojo” suyo, es una «gracia», más aún, «la gracia de nuestro Señor Jesucristo» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,9), y sólo acogiéndola podemos dar expresión concreta y coherente a nuestra fe. La enseñanza de todo el Nuevo Testamento tiene su unidad en torno a este tema, que también se refleja en las palabras del apóstol Santiago: «Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero en seguida se va y se olvida de cómo es. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla» (<em>St</em>&nbsp;1,22-25).</p>



<p class="wp-block-paragraph">7. Frente a los pobres no se hace retórica, sino que se ponen manos a la obra y se practica la fe involucrándose directamente, sin delegar en nadie. A veces, en cambio, puede prevalecer una forma de relajación, lo que conduce a comportamientos incoherentes, como la indiferencia hacia los pobres. Sucede también que algunos cristianos, por un excesivo apego al dinero, se empantanan en el mal uso de los bienes y del patrimonio. Son situaciones que manifiestan una fe débil y una esperanza endeble y miope.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabemos que el problema no es el dinero en sí, porque este forma parte de la vida cotidiana y de las relaciones sociales de las personas. Más bien, lo que debemos reflexionar es sobre el valor que tiene el dinero para nosotros: no puede convertirse en un absoluto, como si fuera el fin principal. Tal apego impide observar con realismo la vida de cada día y nubla la mirada, impidiendo ver las necesidades de los demás. Nada más dañino le puede acontecer a un cristiano y a una comunidad que ser deslumbrados por el ídolo de la riqueza, que termina encadenando a una visión de la vida efímera y fracasada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, no se trata de tener un comportamiento asistencialista hacia los pobres, como suele suceder; es necesario, en cambio, hacer un esfuerzo para que a nadie le falte lo necesario. No es el activismo lo que salva, sino la atención sincera y generosa que permite acercarse a un pobre como a un hermano que tiende la mano para que yo me despierte del letargo en el que he caído. Por eso, «nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales. […] Nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social» (Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios">Evangelii gaudium</a></em>, 201). Es urgente encontrar nuevos caminos que puedan ir más allá del marco de aquellas políticas sociales «concebidas como una política&nbsp;<em>hacia</em>&nbsp;los pobres pero nunca&nbsp;<em>con</em>&nbsp;los pobres, nunca&nbsp;<em>de</em>&nbsp;los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos» (Carta enc.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#169">Fratelli tutti</a></em>, 169). En cambio, es necesario tender a asumir la actitud del Apóstol que podía escribir a los corintios: «No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad» (<em>2 Co</em>&nbsp;8,13).</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. Hay una paradoja que hoy como en el pasado es difícil de aceptar, porque contrasta con la lógica humana: hay una pobreza que enriquece. Haciendo referencia a la “gracia” de Jesucristo, Pablo quiere confirmar lo que Él mismo predicó, es decir, que la verdadera riqueza no consiste en acumular «tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban» (<em>Mt</em>&nbsp;6,19), sino en el amor recíproco que nos hace llevar las cargas los unos de los otros para que nadie quede abandonado o excluido. La experiencia de debilidad y limitación que hemos vivido en los últimos años, y ahora la tragedia de una guerra con repercusiones globales, nos debe enseñar algo decisivo: no estamos en el mundo para sobrevivir, sino para que a todos se les permita tener una vida digna y feliz. El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos. Es una pobreza desesperada, sin futuro, porque la impone la cultura del descarte que no ofrece perspectivas ni salidas. Es la miseria que, mientras constriñe a la condición de extrema pobreza, también afecta la dimensión espiritual que, aunque a menudo sea descuidada, no por esto no existe o no cuenta. Cuando la única ley es la del cálculo de las ganancias al final del día, entonces ya no hay freno para pasar a la lógica de la explotación de las personas: los demás son sólo medios. No existen más salarios justos, horas de trabajo justas, y se crean nuevas formas de esclavitud, sufridas por personas que no tienen otra alternativa y deben aceptar esta venenosa injusticia con tal de obtener lo mínimo para su sustento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pobreza que libera, en cambio, es la que se nos presenta como una elección responsable para aligerar el lastre y centrarnos en lo esencial. De hecho, se puede encontrar fácilmente esa sensación de insatisfacción que muchos experimentan, porque sienten que les falta algo importante y van en su búsqueda como errantes sin una meta. Deseosos de encontrar lo que pueda satisfacerlos, tienen necesidad de orientarse hacia los pequeños, los débiles, los pobres para comprender finalmente aquello de lo que verdaderamente tenían necesidad. El encuentro con los pobres permite poner fin a tantas angustias y miedos inconsistentes, para llegar a lo que realmente importa en la vida y que nadie nos puede robar: el amor verdadero y gratuito. Los pobres, en realidad, antes que ser objeto de nuestra limosna, son sujetos que nos ayudan a liberarnos de las ataduras de la inquietud y la superficialidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un padre y doctor de la Iglesia, san Juan Crisóstomo, en cuyos escritos se encuentran fuertes denuncias contra el comportamiento de los cristianos hacia los más pobres, escribió: «Si no puedes creer que la pobreza te enriquece, piensa en tu Señor y deja de dudar de esto. Si Él no hubiera sido pobre, tú no serías rico; esto es extraordinario, que de la pobreza surgió abundante riqueza. Pablo quiere decir aquí con “riquezas” el conocimiento de la piedad, la purificación de los pecados, la justicia, la santificación y otras mil cosas buenas que nos han sido dadas ahora y siempre. Todo esto lo tenemos gracias a la pobreza» (<em>Homilías sobre la II Carta a los Corintios</em>, 17,1).</p>



<p class="wp-block-paragraph">9. El texto del Apóstol al que se refiere esta VI&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;presenta la gran paradoja de la vida de fe: la pobreza de Cristo nos hace ricos. Si Pablo pudo dar esta enseñanza —y la Iglesia difundirlo y testimoniarlo a lo largo de los siglos— es porque Dios, en su Hijo Jesús, eligió y siguió este camino. Si Él se hizo pobre por nosotros, entonces nuestra misma vida se ilumina y se transforma, y ​​adquiere un valor que el mundo no conoce ni puede dar. La riqueza de Jesús es su amor, que no se cierra a nadie y va al encuentro de todos, especialmente de los que son marginados y privados de lo necesario. Por amor se despojó a sí mismo y asumió la condición humana. Por amor se hizo siervo obediente, hasta morir y morir en la cruz (cf.&nbsp;<em>Flp</em>&nbsp;2,6-8). Por amor se hizo «pan de Vida» (<em>Jn</em>&nbsp;6,35), para que a nadie le falte lo necesario y pueda encontrar el alimento que nutre para la vida eterna. También en nuestros días parece difícil, como lo fue entonces para los discípulos del Señor, aceptar esta enseñanza (cf.&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;6,60); pero la palabra de Jesús es clara. Si queremos que la vida venza a la muerte y la dignidad sea rescatada de la injusticia, el camino es el suyo: es seguir la pobreza de Jesucristo, compartiendo la vida por amor, partiendo el pan de la propia existencia con los hermanos y hermanas, empezando por los más pequeños, los que carecen de lo necesario, para que se cree la igualdad, se libere a los pobres de la miseria y a los ricos de la vanidad, ambos sin esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">10. El pasado 15 de mayo&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2022/5/15/canonizzazione.html">canonicé al hermano Charles de Foucauld</a>, un hombre que, nacido rico, renunció a todo para seguir a Jesús y hacerse con Él pobre y hermano de todos. Su vida eremítica, primero en Nazaret y luego en el desierto del Sahara, hecha de silencio, oración y compartir, es un testimonio ejemplar de la pobreza cristiana. Nos hará bien meditar en estas palabras suyas: «No despreciemos a los pobres, a los pequeños, a los trabajadores; ellos no sólo son nuestros hermanos en Dios, sino que son también aquellos que del modo más perfecto imitan a Jesús en su vida exterior. </p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Charles-Foucauld-1024x597.jpg" alt="" class="wp-image-400954" width="-346" height="-201" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Charles-Foucauld-1024x597.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Charles-Foucauld-300x175.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Charles-Foucauld-768x447.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/10/Charles-Foucauld.jpg 1030w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">San Carlos de Foucauld</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Ellos nos representan perfectamente a Jesús, el Obrero de Nazaret. Son los primogénitos entre los elegidos, los primeros llamados a la cuna del Salvador. Fueron la compañía habitual de Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte […]. Honrémoslos, honremos en ellos las imágenes de Jesús y de sus santos padres […]. Tomemos para nosotros [la condición] que Él tomó para sí mismo […]. No dejemos nunca de ser pobres en todo, hermanos de los pobres, compañeros de los pobres, seamos los más pobres de los pobres como Jesús, y como Él amemos a los pobres y rodeémonos de ellos» (&nbsp;<em>Comentario al Evangelio de Lucas</em>, Meditación 263)&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/poveri/documents/20220613-messaggio-vi-giornatamondiale-poveri-2022.html#_ftn1"></a>[1]. Para el hermano Charles estas no fueron sólo palabras, sino un estilo de vida concreto, que lo llevó a compartir con Jesús el don de la vida misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que esta VI&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;se convierta en una oportunidad de gracia, para hacer un examen de conciencia personal y comunitario, y preguntarnos si la pobreza de Jesucristo es nuestra fiel compañera de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2022, Memoria de san Antonio de Padua.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">FRANCISCO</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/poveri/documents/20220613-messaggio-vi-giornatamondiale-poveri-2022.html#_ftnref1"></a>[1]&nbsp;Meditación n. 263 sobre&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;2,8-20: C. DE FOUCAULD,&nbsp;<em>La Bonté de Dieu. Méditations sur les saints Evangiles (1)</em>, Nouvelle Cité, Montrouge 1996, 214-216.</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/vi-jornada-mundial-de-los-pobres-jesucristo-se-hizo-pobre-por-ustedes/">VI Jornada Mundial de los Pobres: Jesucristo se hizo pobre por ustedes</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>La V Jornada Mundial de los pobres en el marco del Sínodo de la sinodalidad</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/v-jornada-mundial-de-los-pobres/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=v-jornada-mundial-de-los-pobres</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Nov 2021 14:50:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Rino Fisichella]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 14 de Noviembre de 2021 se ha celebrado la V Jornada Mundial de los pobres bajo el lema: «A los pobres los tienen siempre con ustedes»&#160;(Mc 14,7) &#160;«A los pobres los tendrán siempre con ustedes». Con esta sencilla expresión de Jesús, pronunciada pocos días antes de los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/v-jornada-mundial-de-los-pobres/">La V Jornada Mundial de los pobres en el marco del Sínodo de la sinodalidad</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">El 14 de Noviembre de 2021 se ha celebrado la V Jornada Mundial de los pobres bajo el lema:  <strong><em>«A los pobres los tienen siempre con ustedes»</em></strong>&nbsp;<strong><em>(Mc 14,7)</em></strong> </p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;«A los pobres los tendrán siempre con ustedes». Con esta sencilla expresión de Jesús, pronunciada pocos días antes de los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección, se puede sintetizar el pensamiento del Señor sobre los pobres. Ante los discípulos escandalizados porque una mujer había malgastado una gran suma de dinero al derramar el perfume de un vaso de alabastro sobre la cabeza de Jesús, afirma que el primer pobre al que hay que prestar toda la atención es precisamente él. El Hijo de Dios, no sólo pide reconocer en él a la persona que representa a todos los pobres, se identifica como el más pobre entre los pobres. «El rostro de Dios que Él revela es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres» (n. 2).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Rino Fisichella: mantener la mirada fija en Jesús para tener la capacidad de reconocer a los pobres</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;  Tal y como afirmó Rino Fisichella, Presidente del <a href="http://www.pcpne.va/content/pcpne/es.html">Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización</a> en la presentación del Mensaje,  «El Papa Francisco proponiendo esta expresión en la&nbsp;<em>V Jornada Mundial de los Pobres&nbsp;</em>provoca a los creyentes a mantener la mirada fija en Jesús para descubrir que en él y en sus palabras se encuentra no sólo el verdadero sentido de la pobreza, sino sobre todo la capacidad de reconocer a los pobres. Es una visión fuertemente cristológica la que se condensa en este&nbsp;<em>Mensaje</em>&nbsp;que, como siempre, analiza algunos temas de actualidad, para que toda la Iglesia se prepare a vivir el acontecimiento de la&nbsp;<em>Jornada Mundial</em>&nbsp;con la conciencia de quien sabe que aquí se recoge uno de los contenidos centrales del Evangelio».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, el&nbsp;<a rel="noreferrer noopener" href="http://www.pcpne.va/content/pcpne/es/attivita/gmdp/2021.html" target="_blank">Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización</a>&nbsp;también edita un subsidio pastoral que se puede leer pinchando<a href="http://www.pcpne.va/content/dam/pcpne/pdf/Eventi/GMDP2021/SVGMP%202021%20Es.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;aquí.</a></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<p class="responsive-video-wrap clr"><iframe title="Jornada Mundial de los Pobres 2021" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/oKNyUDOnj-E?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Vicente Martín: La V Jornada Mundial de los Pobres en el marco del Sínodo de la Sinodalidad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Vicente Martín</strong>,  Director de la Subcomisión para la Acción Caritativa y Social de la CEE y Delegado episcopal de Cáritas Española: La celebración de la V Jornada Mundial de los Pobres (14 de noviembre), en el marco del Sínodo de la sinodalidad en curso, nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre “cómo caminar juntos en Iglesia”, y de cuestionarnos el nivel de participación de los más pobres en nuestros espacios celebrativos, de debate y de toma de decisiones. Si la sinodalidad implica que todos seamos escuchados,  se nos está invitando a prestar especial atención a quienes se encuentran en las periferias. Por eso, el proceso sinodal en marcha debe fomentar la contribución de todos y, en especial, dar voz a esas minorías de marginados y excluidos que<br>no la tienen. El Sínodo se convierte, así, en un serio examen de conciencia para saber si somos capaces de escuchar y responder a los pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><span style="color: #ff6900;" class="stk-highlight">CONTINÚA LEYENDO:</span></strong> </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Iglesia-sinodal-con-los-pobres-Vida-Nueva-Vicente-Martin.pdf">Vicente Martín: Por una Iglesia Sinodal que camina con los pobres (Pliego de Vida Nueva)</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong><span style="color: #ff6900;" class="stk-highlight">MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO</span></strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em><strong><span style="color: #ff6900;" class="stk-highlight">V JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES</span></strong></em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario<br>14 de noviembre de 2021</em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong><em>«A los pobres los tienen siempre con ustedes»</em></strong>&nbsp;<strong><em>(Mc 14,7)</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">1. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (<em>Mc</em>&nbsp;14,7). Jesús pronunció estas palabras en el contexto de una comida en Betania, en casa de un tal Simón, llamado “el leproso”, unos días antes de la Pascua. Según narra el evangelista, una mujer entró con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy valioso y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Ese gesto suscitó gran asombro y dio lugar a dos interpretaciones diversas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera fue la indignación de algunos de los presentes, entre ellos los discípulos que, considerando el valor del perfume —unos 300 denarios, equivalentes al salario anual de un obrero— pensaron que habría sido mejor venderlo y dar lo recaudado a los pobres. Según el Evangelio de Juan, fue Judas quien se hizo intérprete de esta opinión: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para darlos a los pobres?». Y el evangelista señala: «Esto no lo dijo porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa del dinero en común, robaba de lo que echaban en ella» (12,5-6). No es casualidad que esta dura crítica salga de la boca del traidor, es la prueba de que quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos. A este respecto, recordamos las contundentes palabras de Orígenes: «Judas parecía preocuparse por los pobres [&#8230;]. Si ahora todavía hay alguien que tiene la bolsa de la Iglesia y habla a favor de los pobres como Judas, pero luego toma lo que ponen dentro, entonces, que tenga su parte junto a Judas» (<em>Comentario al Evangelio de Mateo,&nbsp;</em>XI, 9).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda interpretación la dio el propio Jesús y permite captar el sentido profundo del gesto realizado por la mujer. Él dijo: «¡Déjenla! ¿Por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo» (<em>Mc</em>&nbsp;14,6). Jesús sabía que su muerte estaba cercana y vio en ese gesto la anticipación de la unción de su cuerpo sin vida antes de ser depuesto en el sepulcro. Esta visión va más allá de cualquier expectativa de los comensales. Jesús les recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Y es también en nombre de los pobres, de las personas solas, marginadas y discriminadas, que el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer. Ella, con su sensibilidad femenina, demostró ser la única que comprendió el estado de ánimo del Señor. Esta mujer anónima, destinada quizá por esto a representar a todo el universo femenino que a lo largo de los siglos no tendrá voz y sufrirá violencia, inauguró la significativa presencia de las mujeres que participan en el momento culminante de la vida de Cristo: su crucifixión, muerte y sepultura, y su aparición como Resucitado. Las mujeres, tan a menudo discriminadas y mantenidas al margen de los puestos de responsabilidad, en las páginas de los Evangelios son, en cambio, protagonistas en la historia de la revelación. Y es elocuente la expresión final de Jesús, que asoció a esta mujer a la gran misión evangelizadora: «Les aseguro que, para honrar su memoria, en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia se contará lo que ella acaba de hacer conmigo» (<em>Mc</em>&nbsp;14,9).</p>


<div class="wp-block-image is-style-default">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="//i1.wp.com/social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-nueva-evangelizacion-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-396863" width="434" height="434" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-nueva-evangelizacion-1024x1024.jpg 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-nueva-evangelizacion-300x300.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-nueva-evangelizacion-150x150.jpg 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-nueva-evangelizacion-768x768.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-nueva-evangelizacion.jpg 1080w" sizes="(max-width: 434px) 100vw, 434px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">2. Esta fuerte “empatía” entre Jesús y la mujer, y el modo en que Él interpretó su unción, en contraste con la visión escandalizada de Judas y de los otros, abre un camino fecundo de reflexión sobre el vínculo inseparable que hay entre Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El rostro de Dios que Él revela, de hecho, es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Toda la obra de Jesús afirma que la pobreza no es fruto de la fatalidad, sino un signo concreto de su presencia entre nosotros. No lo encontramos cuando y donde quisiéramos, sino que lo reconocemos en la vida de los pobres, en su sufrimiento e indigencia, en las condiciones a veces inhumanas en las que se ven obligados a vivir. No me canso de repetir que los pobres son verdaderos evangelizadores porque fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino (cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;5,3).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Los pobres</em>&nbsp;de cualquier condición y de cualquier latitud&nbsp;<em>nos evangelizan</em>, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre. «Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del&nbsp;<em>sensus fidei</em>, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una&nbsp;<em>atención</em>&nbsp;puesta en el otro “considerándolo como uno consigo”. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien» (Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios">Evangelii gaudium</a></em>, 198-199).</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. Jesús no sólo está de parte de los pobres, sino que&nbsp;<em>comparte con ellos</em>&nbsp;la misma suerte. Esta es una importante lección también para sus discípulos de todos los tiempos. Sus palabras «a los pobres los tienen siempre con ustedes» también indican que su presencia en medio de nosotros es constante, pero que no debe conducirnos a un acostumbramiento que se convierta en indiferencia, sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones. Los pobres no son personas “externas” a la comunidad, sino hermanos y hermanas con los cuales compartir el sufrimiento para aliviar su malestar y marginación, para devolverles la dignidad perdida y asegurarles la necesaria inclusión social. Por otra parte, se sabe que una obra de beneficencia presupone un benefactor y un beneficiado, mientras que el compartir genera fraternidad. La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad y sienta las bases necesarias para alcanzar la justicia. En definitiva, los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres son sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenemos muchos ejemplos de santos y santas que han hecho del compartir con los pobres su proyecto de vida. Pienso, entre otros, en el padre Damián de Veuster, santo apóstol de los leprosos. Con gran generosidad respondió a la llamada de ir a la isla de Molokai, convertida en un gueto accesible sólo a los leprosos, para vivir y morir con ellos. Puso manos a la obra e hizo todo lo posible para que la vida de esos pobres, enfermos y marginados, reducidos a la extrema degradación, fuera digna de ser vivida. Se hizo médico y enfermero, sin reparar en los riesgos que corría, y llevó la luz del amor a esa “colonia de muerte”, como era llamada la isla. La lepra lo afectó también a él, signo de un compartir total con los hermanos y hermanas por los que había dado la vida. Su testimonio es muy actual en nuestros días, marcados por la pandemia de coronavirus. La gracia de Dios actúa ciertamente en el corazón de muchos que, sin aparecer, se gastan por los más pobres en un concreto compartir.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="//i3.wp.com/social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-padre-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-396864" width="557" height="557" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-padre-1024x1024.png 1024w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-padre-300x300.png 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-padre-150x150.png 150w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-padre-768x768.png 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/11/Jornada-mundial-de-los-pobres-padre.png 1080w" sizes="(max-width: 557px) 100vw, 557px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">4. Necesitamos, pues, adherirnos con plena convicción a la invitación del Señor: «Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (<em>Mc</em>&nbsp;1,15). Esta&nbsp;<em>conversión</em>&nbsp;consiste, en primer lugar, en abrir nuestro corazón para reconocer las múltiples expresiones de la pobreza y en manifestar el Reino de Dios mediante un estilo de vida coherente con la fe que profesamos. A menudo los pobres son considerados como personas separadas, como una categoría que requiere un particular servicio caritativo. Seguir a Jesús implica, en este sentido, un cambio de mentalidad, es decir, acoger el reto de compartir y participar. Convertirnos en sus discípulos implica la opción de no acumular tesoros en la tierra, que dan la ilusión de una seguridad en realidad frágil y efímera. Por el contrario, requiere la disponibilidad para liberarse de todo vínculo que impida alcanzar la verdadera felicidad y bienaventuranza, para reconocer lo que es duradero y que no puede ser destruido por nada ni por nadie (cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;6,19-20).</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">La enseñanza de Jesús también en este caso va a contracorriente, porque promete lo que sólo los ojos de la fe pueden ver y experimentar con absoluta certeza: «Y todo el que deje casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi causa, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna» (<em>Mt</em>&nbsp;19,29). Si no se elige convertirse en pobres de las riquezas efímeras, del poder mundano y de la vanagloria, nunca se podrá dar la vida por amor; se vivirá una existencia fragmentaria, llena de buenos propósitos, pero ineficaz para transformar el mundo. Se trata, por tanto, de abrirse con decisión a la gracia de Cristo, que puede hacernos testigos de su caridad sin límites y devolverle credibilidad a nuestra presencia en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. El Evangelio de Cristo impulsa a estar especialmente atentos a los pobres y pide reconocer las múltiples y demasiadas formas de desorden moral y social que generan siempre&nbsp;<em>nuevas formas de pobreza</em>. Parece que se está imponiendo la idea de que los pobres no sólo son responsables de su condición, sino que constituyen una carga intolerable para un sistema económico que pone en el centro los intereses de algunas categorías privilegiadas. Un mercado que ignora o selecciona los principios éticos crea condiciones inhumanas que se abaten sobre las personas que ya viven en condiciones precarias. Se asiste así a la creación de trampas siempre nuevas de indigencia y exclusión, producidas por actores económicos y financieros sin escrúpulos, carentes de sentido humanitario y de responsabilidad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El año pasado, además, se añadió otra plaga que produjo ulteriormente más pobres: la pandemia. Esta sigue tocando a las puertas de millones de personas y, cuando no trae consigo el sufrimiento y la muerte, es de todas maneras portadora de pobreza. Los pobres han aumentado desproporcionadamente y, por desgracia, seguirán aumentando en los próximos meses. Algunos países, a causa de la pandemia, están sufriendo gravísimas consecuencias, de modo que las personas más vulnerables están privadas de los bienes de primera necesidad. Las largas filas frente a los comedores para los pobres son el signo tangible de este deterioro. Una mirada atenta exige que se encuentren las soluciones más adecuadas para combatir el virus a nivel mundial, sin apuntar a intereses partidistas. En particular, es urgente dar respuestas concretas a quienes padecen el desempleo, que golpea dramáticamente a muchos padres de familia, mujeres y jóvenes. La solidaridad social y la generosidad de la que muchas personas son capaces, gracias a Dios, unidas a proyectos de promoción humana a largo plazo, están aportando y aportarán una contribución muy importante en esta coyuntura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Sin embargo, permanece abierto el interrogante, que no es obvio en absoluto: ¿cómo es posible dar una solución tangible a los millones de pobres que a menudo sólo encuentran indiferencia, o incluso fastidio, como respuesta? ¿Qué camino de justicia es necesario recorrer para que se superen las desigualdades sociales y se restablezca la dignidad humana, tantas veces pisoteada? Un estilo de vida individualista es cómplice en la generación de pobreza, y a menudo descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición. Sin embargo, la pobreza no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo. Por lo tanto, es decisivo dar vida a&nbsp;<em>procesos de desarrollo&nbsp;</em>en los que se valoren&nbsp;<em>las capacidades de todos</em>, para que la complementariedad de las competencias y la diversidad de las funciones den lugar a un recurso común de participación. Hay muchas pobrezas de los “ricos” que podrían ser curadas por la riqueza de los “pobres”, ¡si sólo se encontraran y se conocieran! Ninguno es tan pobre que no pueda dar algo de sí mismo en la reciprocidad. Los pobres no pueden ser sólo los que reciben; hay que ponerlos en condiciones de poder dar, porque saben bien cómo corresponder. ¡Cuántos ejemplos de compartir están ante nuestros ojos! Los pobres nos enseñan a menudo la solidaridad y el compartir. Es cierto, son personas a las que les falta&nbsp;<em>algo</em>, frecuentemente les falta&nbsp;<em>mucho</em>&nbsp;e incluso lo&nbsp;<em>necesario</em>, pero no les falta&nbsp;<em>todo</em>, porque conservan la dignidad de hijos de Dios que nada ni nadie les puede quitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">7. Por eso se requiere&nbsp;<em>un enfoque diferente de la pobreza</em>. Es un reto que los gobiernos y las instituciones mundiales deben afrontar con un modelo social previsor, capaz de responder a las nuevas formas de pobreza que afectan al mundo y que marcarán las próximas décadas de forma decisiva. Si se margina a los pobres, como si fueran los culpables de su condición, entonces el concepto mismo de democracia se pone en crisis y toda política social se vuelve un fracaso. Con gran humildad deberíamos confesar que en lo referente a los pobres somos a menudo incompetentes. Se habla de ellos en abstracto, nos detenemos en las estadísticas y se piensa en provocar conmoción con algún documental. La pobreza, por el contrario, debería suscitar una planificación creativa, que permita aumentar la libertad efectiva para poder realizar la existencia con las capacidades propias de cada persona. Pensar que la libertad se concede e incrementa por la posesión de dinero es una ilusión de la que hay que alejarse. Servir eficazmente a los pobres impulsa a la acción y permite encontrar los medios más adecuados para levantar y promover a esta parte de la humanidad, demasiadas veces anónima y sin voz, pero que tiene impresa en sí el rostro del Salvador que pide ayuda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (<em>Mc</em>&nbsp;14,7). Es una invitación a no perder nunca de vista la oportunidad que se ofrece de hacer el bien. En el fondo se puede entrever el antiguo mandato bíblico: «Si hubiese un hermano pobre entre los tuyos, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu hermano el pobre. Por el contrario, tiéndele la mano y préstale lo que necesite, lo que le falte. […] Le prestarás, y no de mala gana, porque por eso el Señor, tu Dios, te bendecirá en todo lo que hagas y emprendas. Ya que no faltarán pobres en la tierra» (<em>Dt</em>&nbsp;15.7-8.10-11). El apóstol Pablo se sitúa en la misma línea cuando exhorta a los cristianos de sus comunidades a socorrer a los pobres de la primera comunidad de Jerusalén y a hacerlo «no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama a quien da con alegría» (<em>2 Co&nbsp;</em>9,7). No se trata de aliviar nuestra conciencia dando alguna limosna, sino más bien de contrastar la cultura de la indiferencia y la injusticia con la que tratamos a los pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este contexto también es bueno recordar las palabras de san Juan Crisóstomo: «El que es generoso no debe pedir cuentas de la conducta, sino sólo mejorar la condición de pobreza y satisfacer la necesidad. El pobre sólo tiene una defensa: su pobreza y la condición de necesidad en la que se encuentra. No le pidas nada más; pero aunque fuese el hombre más malvado del mundo, si le falta el alimento necesario, librémosle del hambre. [&#8230;] El hombre misericordioso es un puerto para quien está en necesidad: el puerto acoge y libera del peligro a todos los náufragos; sean ellos malvados, buenos, o sean como sean aquellos que se encuentren en peligro, el puerto los protege dentro de su bahía. Por tanto, también tú, cuando veas en tierra a un hombre que ha sufrido el naufragio de la pobreza, no juzgues, no pidas cuentas de su conducta, sino libéralo de la desgracia» (<em>Discursos sobre el pobre Lázaro</em>, II, 5).</p>



<p class="wp-block-paragraph">9. Es decisivo que se aumente la sensibilidad para comprender las necesidades de los pobres, en continuo cambio como lo son las condiciones de vida. De hecho, hoy en día, en las zonas económicamente más desarrolladas del mundo, se está menos dispuestos que en el pasado a enfrentarse a la pobreza. El estado de relativo bienestar al que se está acostumbrados hace más difícil aceptar sacrificios y privaciones. Se es capaz de todo, con tal de no perder lo que ha sido fruto de una conquista fácil. Así, se cae en formas de rencor, de nerviosismo espasmódico, de reivindicaciones que llevan al miedo, a la angustia y, en algunos casos, a la violencia. Este no ha de ser el criterio sobre el que se construya el futuro; sin embargo, estas también son formas de pobreza de las que no se puede apartar la mirada. Debemos estar abiertos a leer los signos de los tiempos que expresan nuevas modalidades de cómo ser evangelizadores en el mundo contemporáneo. La ayuda inmediata para satisfacer las necesidades de los pobres no debe impedirnos ser previsores a la hora de poner en práctica nuevos signos del amor y de la caridad cristiana como respuesta a las nuevas formas de pobreza que experimenta la humanidad de hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Deseo que la&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>, que llega a su quinta edición, arraigue cada vez más en nuestras Iglesias locales y se abra a un movimiento de evangelización que en primera instancia salga al encuentro de los pobres, allí donde estén. No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida&#8230; Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón. Hagamos nuestras las apremiantes palabras de don Primo Mazzolari: «Quisiera pedirles que no me pregunten&nbsp;<em>si hay pobres</em>,&nbsp;<em>quiénes son</em>&nbsp;<em>y cuántos son</em>, porque temo que tales preguntas representen una distracción o el pretexto para apartarse de una indicación precisa de la conciencia y del corazón. [&#8230;] Nunca he contado a los pobres, porque no se pueden contar: a los pobres se les abraza, no se les cuenta» (“Adesso” n. 7 – 15 abril 1949). Los pobres están entre nosotros. Qué evangélico sería si pudiéramos decir con toda verdad: también nosotros somos pobres, porque sólo así lograremos reconocerlos realmente y hacerlos parte de nuestra vida e instrumentos de salvación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2021, Memoria litúrgica de san Antonio de Padua</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Francisco</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/jornada-mundial-de-los-pobres-2021/">Descarga los materiales</a> : </strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Subsidio litúrgico</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Guión para la homilía</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Material para animar a las comunidades</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Imágenes para redes sociales. </li>
</ul>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em><strong>Los pobres están entre nosotros.<br>Qué evangélico sería<br>si pudiéramos decir<br>con toda verdad:<br>también nosotros somos pobres,<br>porque sólo así<br>lograremos reconocerlos realmente<br>y hacerlos parte de nuestra vida<br>e instrumentos de salvación.</strong></em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Francisco</strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"></p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/v-jornada-mundial-de-los-pobres/">La V Jornada Mundial de los pobres en el marco del Sínodo de la sinodalidad</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>18 de noviembre, II Jornada Mundial de los pobres 2018</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/18-noviembre-ii-jornada-mundial-los-pobres-2018/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=18-noviembre-ii-jornada-mundial-los-pobres-2018</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[C.E. para la pastoral social]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Nov 2018 09:41:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» es el lema para la II Jornada Mundial de los pobres que se celebra el 18 de noviembre. Una jornada en la que Papa nos invita «a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center">«<strong>Este pobre gritó y el Señor lo escuchó</strong>» es el lema para la <a href="http://www.pcpne.va/content/pcpne/es/attivita/gmdp/2018.html" target="_blank" rel="noopener"><strong>II Jornada Mundial de los pobres</strong></a> que se celebra el<strong> 18 de noviembre.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;" align="center">Una jornada en la que Papa nos invita «a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf.&nbsp;<i>Hch</i>&nbsp;6, 1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta&nbsp;<i>Jornada Mundial&nbsp;</i>como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos, uno hacia otro, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en el camino hacia el Señor que viene».</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Materiales para preparar la celebración de la II Jornada Mundial de los Pobres:</p>
<p align="center"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone  wp-image-394214" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/07/2018JornadaMundialPobresBanner-300x105.jpg" alt="" width="389" height="136" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/07/2018JornadaMundialPobresBanner-300x105.jpg 300w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/07/2018JornadaMundialPobresBanner.jpg 400w" sizes="(max-width: 389px) 100vw, 389px" /></p>


<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow">
<ul class="wp-block-list">
<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/pastoralpenitenciaria/mensaje-de-los-voluntarios-de-pastoral-penitenciaria-del-area-religiosa/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Mensaje del papa Francisco</a></li>



<li><a href="http://www.pcpne.va/content/dam/pcpne/pdf/giornata-poveri/sussidi2018/sussidio-gmdp2018-spagnolo.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Subsidio pastoral</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/07/2018JornadaMundialPobresSubsidioliturgico.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Subsidio litúrgico</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/07/2018JornadaMundialPobresGuionhomilia.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Guión homilía</a></li>
</ul>
</div>



<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow">
<ul class="wp-block-list">
<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2021/07/2018JornadaMundialPobresPautasanimacion.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Pautas animación</a></li>



<li><a href="http://www.pcpne.va/content/pcpne/es/attivita/gmdp/2018/logo.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">El logo y el tema</a></li>



<li><a href="http://www.pcpne.va/content/pcpne/es/attivita/gmdp/2018/programma.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Programa en Roma</a></li>



<li><a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/la-cee-y-caritas-llaman-a-descubrir-el-valor-de-estar-junto-a-las-personas-mas-pobres-y-vulnerables/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Nota de prensa</a></li>
</ul>
</div>
</div>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/18-noviembre-ii-jornada-mundial-los-pobres-2018/">18 de noviembre, II Jornada Mundial de los pobres 2018</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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		<title>La CEE y Cáritas llaman a descubrir el valor de estar junto a las personas más pobres y vulnerables</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/la-cee-y-caritas-llaman-a-descubrir-el-valor-de-estar-junto-a-las-personas-mas-pobres-y-vulnerables/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=la-cee-y-caritas-llaman-a-descubrir-el-valor-de-estar-junto-a-las-personas-mas-pobres-y-vulnerables</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[C.E. para la pastoral social]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Nov 2018 09:52:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Cáritas]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por segundo año consecutivo, en el marco de la&#160;II Jornada Mundial de los Pobres, la&#160;Conferencia Episcopal Española&#160;y&#160;Cáritas&#160;se suman a la celebración en España de esta convocatoria, puesta en marcha por iniciativa del&#160;papa Francisco&#160;y que se conmemora en todo el mundo el&#160;domingo&#160;18 de noviembre. La idea de impulsar esta Jornada nació el 13 de noviembre de [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Por segundo año consecutivo, en el marco de la<strong><a href="http://www.pcpne.va/content/pcpne/es/attivita/gmdp/2018.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;II Jornada Mundial de los Pobres</a></strong>, la&nbsp;<strong>Conferencia Episcopal Española</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong><a href="https://www.caritas.es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Cáritas</a>&nbsp;</strong>se suman a la celebración en España de esta convocatoria, puesta en marcha por iniciativa del&nbsp;<strong>papa Francisco</strong>&nbsp;y que se conmemora en todo el mundo el&nbsp;domingo&nbsp;<strong>18 de noviembre</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La idea de impulsar esta Jornada nació el 13 de noviembre de 2016, coincidiendo con el cierre del Año de la Misericordia y cuando en la basílica de San Pedro el Santo Padre celebraba el Jubileo dedicado a las personas marginadas. De manera espontánea, al finalizar la homilía, Francisco expresó&nbsp;su deseo de que “quisiera que hoy fuera la «Jornada de los pobres»”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta celebración –que se celebra cada año y en toda la Iglesia universal el último domingo del tiempo ordinario, el domingo XXXIII, previo a la fiesta de Cristo Rey— es una ocasión idónea para poner de relieve el protagonismo de los más pobres en la vida de las comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lema bajo el que se convoca esta II Jornada –<strong><a href="http://www.pcpne.va/content/pcpne/es/attivita/gmdp/2018/logo.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">«<em>Este pobre gritó y el Señor lo escuchó</em>»</a></strong>— está tomado del salmo 34. Son unas palabras que, como señala Francisco en su mensaje para la jornada, “se vuelven también las nuestras a partir del momento en que somos llamados a encontrar las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en las que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de `pobres´”.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Tres palabras claves</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje del Papa contiene tres palabras claves que nos ayudan a situarnos de cara a preparar y animar la jornada:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>«Gritar»: El grito o clamor del que sufre, necesita de nuestro silencio para acogerle y escucharle.</li>



<li>«Responder»: Dios responde e interviene en la historia de la Humanidad curando heridas, restituyendo la justicia e impulsando a vivir la vida con dignidad; y nos invita a nosotros, su Iglesia, Pueblo de Dios, a responder de la misma forma, con ternura y misericordia.</li>



<li>«Liberar»: Para salvar, acoger, proteger, acompañar e integrar a las personas que más sufren.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Los objetivos de la Jornada</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">La Conferencia Episcopal y Cáritas recuerdan que uno de los objetivos prioritarios de la celebración es redescubrir el valor de estar junto a las personas más pobres y vulnerables de nuestras comunidades, a través de la oración comunitaria y la comida del domingo, el banquete de la Eucaristía, como expresión de la mesa compartida en familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Junto a ello, se subraya también la invitación a seguir el ejemplo de la primera comunidad cristiana que perseveraba en las enseñanzas de Jesús, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones, aprendiendo a vivir unidos y compartiendo los bienes que repartían entre ellos para que ninguno pasara necesidad (Hch 2, 42. 44-45).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiene importancia lo que, a este respecto, critica Francisco en su mensaje, cuando confiesa que “a menudo me temo que tantas iniciativas, aunque de suyo meritorias y necesarias, estén dirigidas más a complacernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre”, al tiempo que denuncia cómo “se está tan atrapado en una cultura que obliga a mirarse al espejo y a cuidarse en exceso, que se piensa que un gesto de altruismo bastaría para quedar satisfechos, sin tener que comprometerse directamente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí que “la Jornada Mundial de los Pobres pretenda ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de toda región para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío”.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La Iglesia, comprometida con los retos de la pobreza</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">En el marco de esta convocatoria, la Iglesia quiere poner en valor la dimensión estratégica que la lucha contra la pobreza tiene en su misión evangelizadora, impregnada toda ella de la acción pastoral que se desarrolla a través de miles de comunidades parroquiales, las diócesis y las distintas instituciones socio-caritativas, como es el caso de Cáritas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo a los datos aportados en la última<strong>&nbsp;<a href="https://conferenciaepiscopal.com.es/la-actividad-la-iglesia-crecio-2016-las-areas-educativa-asistencial-caritativa-atencion-al-patrimonio/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Memoria de actividades de la Conferencia Episcopal</a></strong>, más de 4.7 millones de personas en situación de precariedad social fueron acompañadas y atendidas en alguno de los 9.110 centros sociales y asistenciales de la Iglesia en todas España.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Materiales de difusión</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La Conferencia Episcopal y Cáritas han preparado diversos materiales para impulsar la celebración en todas las parroquias y comunidades de España de esta II Jornada Mundial de los Pobres. Estos materiales están disponibles en las páginas web de la&nbsp;<strong><a href="https://conferenciaepiscopal.com.es/18-noviembre-ii-jornada-mundial-los-pobres-2018/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">CEE</a></strong>&nbsp;y de&nbsp;<a href="https://www.caritas.es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Cáritas</strong>.</a></p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/la-cee-y-caritas-llaman-a-descubrir-el-valor-de-estar-junto-a-las-personas-mas-pobres-y-vulnerables/">La CEE y Cáritas llaman a descubrir el valor de estar junto a las personas más pobres y vulnerables</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mensaje del papa Francisco para la II Jornada Mundial de los pobres</title>
		<link>https://social.conferenciaepiscopal.es/documentos/accioncaritativa/mensaje-del-papa-francisco-para-la-ii-jornada-mundial-de-los-pobres/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-del-papa-francisco-para-la-ii-jornada-mundial-de-los-pobres</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[C.E. para la pastoral social]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Jun 2018 09:29:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Acción Caritativa]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de los Pobres]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El papa&#160;Francisco&#160;ha hecho público su&#160;Mensaje&#160;para la&#160;II Jornada Mundial de los pobres&#160;que se celebrará el 18 de noviembre. «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» es el lema que ha elegido para la Jornada de este año. MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOII JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario18 de noviembre de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El papa&nbsp;<strong>Francisco&nbsp;</strong>ha hecho público su&nbsp;<strong>Mensaje&nbsp;</strong>para la&nbsp;<a href="http://www.pcpne.va/content/pcpne/es/attivita/gmdp/2018/messaggio.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>II Jornada Mundial de los pobres</strong></a>&nbsp;que se celebrará el 18 de noviembre. «<strong>Este pobre gritó y el Señor lo escuchó</strong>» es el lema que ha elegido para la Jornada de este año.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES</strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario<br>18 de noviembre de 2018</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Este pobre gritó y el Señor lo escuchó»</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">1. «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (<em>Sal</em>&nbsp;34, 7). Las palabras del salmista se vuelven también las nuestras a partir del momento en que somos llamados a encontrar las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en las que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de “pobres”. Quien escribe tales palabras no es ajeno a esta condición, al contrario. Él tiene experiencia directa de la pobreza y, sin embargo, la transforma en un canto de alabanza y de acción de gracias al Señor. Este salmo permite también a nosotros hoy comprender quiénes son los verdaderos pobres a los que estamos llamados a volver nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se nos dice, ante todo, que el Señor escucha los pobres que claman a Él y que es bueno con aquellos que buscan refugio en Él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión. Escucha a cuantos son atropellados en su dignidad y, a pesar de ello, tienen la fuerza de alzar su mirada hacia lo alto para recibir luz y consuelo. Escucha a aquellos que son perseguidos en nombre de una falsa justicia, oprimidos por políticas indignas de este nombre y atemorizados por la violencia; y aun así saben que en Dios tienen a su Salvador. Lo que surge de esta oración es ante todo el sentimiento de abandono y confianza en un Padre que escucha y acoge. En la misma onda de estas palabras podemos comprender más a fondo lo que Jesús proclamó con las bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (<em>Mt</em>&nbsp;5, 3).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En virtud de esta experiencia única y, en muchos sentidos, inmerecida e imposible de describir por completo, nace por cierto el deseo de contarla a otros, en primer lugar a aquellos que son, como el salmista, pobres, rechazados y marginados. En efecto, nadie puede sentirse excluido del amor del Padre, especialmente en un mundo que con frecuencia pone la riqueza como primer objetivo y hace que las personas se encierren en sí mismas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. El salmo caracteriza con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios. Ante todo, “<em>gritar</em>”. La condición de pobreza no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios. ¿Qué expresa el grito del pobre si no es su sufrimiento y soledad, su desilusión y esperanza? Podemos preguntarnos: ¿cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no alcanza a llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles? En una&nbsp;<em>Jornada</em>&nbsp;como esta, estamos llamados a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El silencio de la escucha es lo que necesitamos para poder reconocer su voz. Si somos nosotros los que hablamos mucho, no lograremos escucharlos. A menudo me temo que tantas iniciativas, aunque de suyo meritorias y necesarias, estén dirigidas más a complacernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre. En tal caso, cuando los pobres hacen sentir su voz, la reacción no es coherente, no es capaz de sintonizar con su condición. Se está tan atrapado en una cultura que obliga a mirarse al espejo y a cuidarse en exceso, que se piensa que un gesto de altruismo bastaría para quedar satisfechos, sin tener que comprometerse directamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. El segundo verbo es “<em>responder</em>”. El Señor, dice el salmista, no sólo escucha el grito del pobre, sino que responde. Su respuesta, como se testimonia en toda la historia de la salvación, es una participación llena de amor en la condición del pobre. Así ocurrió cuando Abrahán manifestaba a Dios su deseo de tener una descendencia, no obstante él y su mujer Sara, ya ancianos, no tuvieran hijos (cf.<em>&nbsp;Gén</em>&nbsp;15, 1-6). Sucedió cuando Moisés, a través del fuego de una zarza que se quemaba intacta, recibió la revelación del nombre divino y la misión de hacer salir al pueblo de Egipto (cf.&nbsp;<em>Éx</em>&nbsp;3, 1-15). Y esta respuesta se confirmó a lo largo de todo el camino del pueblo por el desierto: cuando el hambre y la sed asaltaban (cf.&nbsp;<em>Éx</em>&nbsp;16, 1-16; 17, 1-7), y cuando se caía en la peor miseria, la de la infidelidad a la alianza y de la idolatría (cf.&nbsp;<em>Éx</em>&nbsp;32, 1-14).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a retomar la vida con dignidad. La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en Él obre de la misma manera dentro de los límites de lo humano. La&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em>&nbsp;pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de toda región para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío. Probablemente es como una gota de agua en el desierto de la pobreza; y sin embargo puede ser un signo de compartir para cuantos pasan necesidad, que hace sentir la presencia activa de un hermano o una hermana. Los pobres no necesitan un acto de delegación, sino del compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor. La solicitud de los creyentes no puede limitarse a una forma de asistencia – que es necesaria y providencial en un primer momento –, sino que exige esa «atención amante» (Exhort. ap.&nbsp;<strong><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios"><em>Evangelii gaudium</em>, 199</a></strong>) que honra al otro como persona y busca su bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. El tercer verbo es “<em>liberar</em>”. El pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para restituirle dignidad. La pobreza no es buscada, sino creada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que son siempre pecados, que involucran a tantos inocentes, produciendo consecuencias sociales dramáticas. La acción con la cual el Señor libera es un acto salvación para quienes le han manifestado su propia tristeza y angustia. Las cadenas de la pobreza se rompen gracias a la potencia de la intervención de Dios. Tantos salmos narran y celebran esta historia de salvación que se refleja en la vida personal del pobre: «Él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio» (<em>Sal</em>&nbsp;22, 25). Poder contemplar el rostro de Dios es signo de su amistad, de su cercanía, de su salvación. «Tú viste mi aflicción y supiste que mi vida peligraba, me pusiste en un lugar espacioso» (<em>Sal</em>&nbsp;31, 8-9). Ofrecer al pobre un “lugar espacioso” equivale a liberarlo de la “red del cazador” (cf.&nbsp;<em>Sal</em>&nbsp;91, 3), a alejarlo de la trampa tendida en su camino, para que pueda caminar expedito y mirar la vida con ojos serenos. La salvación de Dios toma la forma de una mano tendida hacia el pobre, que ofrece acogida, protege y hace posible experimentar la amistad de la cual se tiene necesidad. Es a partir de esta cercanía, concreta y tangible, que comienza un genuino itinerario de liberación: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap.&nbsp;<strong><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#La_inclusi%C3%B3n_social_de_los_pobres"><em>Evangelii gaudium</em>, 187</a></strong>).</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. Me conmueve saber que muchos pobres se han identificado con Bartimeo, del cual habla el evangelista Marcos (cf. 10, 46-52). El ciego Bartimeo «estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna» (v. 46), y habiendo escuchado que pasaba Jesús «empezó a gritar» y a invocar el «Hijo de David» para que tuviera piedad de él (cf. v. 47). «Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más fuerte» (v. 48). El Hijo de Dios escuchó su grito: «“¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le contestó: “<em>Rabbunì</em>, que recobre la vista!”» (v. 51). Esta página del Evangelio hace visible lo que el salmo anunciaba como promesa. Bartimeo es un pobre que se encuentra privado de capacidades básicas, como son la de ver y trabajar. ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Como Bartimeo, ¡cuántos pobres están hoy al borde del camino en busca de un sentido para su condición! ¡Cuántos se cuestionan sobre el porqué tuvieron que tocar el fondo de este abismo y sobre el modo de salir de él! Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama» (v. 49).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lastimosamente a menudo se constata que, por el contrario, las voces que se escuchan son las del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres, considerados no sólo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y apartamiento. Se tiende a crear distancia entre ellos y el proprio yo, sin darse cuenta que así se produce el alejamiento del Señor Jesús, quien no los rechaza sino que los llama así y los consuela. Con mucha pertinencia resuenan en este caso las palabras del profeta sobre el estilo de vida del creyente: «soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo, cubrir al que veas desnudo» (<em>Is</em>&nbsp;58, 6-7). Este modo de obrar permite que el pecado sea perdonado (cf.&nbsp;<em>1Pe</em>&nbsp;4, 8), que la justicia recorra su camino y que, cuando seremos nosotros lo que gritaremos al Señor, Él entonces responderá y dirá: ¡Aquí estoy! (cf.&nbsp;<em>Is</em>&nbsp;58, 9).</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no hace faltar el calor de su amor y de su consolación. Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta del corazón y de la vida, los hacen sentir amigos y familiares. Sólo de esta manera podremos «reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y «ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (Exhort. apost.&nbsp;<strong><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_lugar_privilegiado_de_los_pobres_en_el_Pueblo_de_Dios"><em>Evangelii gaudium</em>, 198</a></strong>).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta&nbsp;<em>Jornada Mundial</em>&nbsp;estamos invitados a hacer concretas las palabras del Salmo: «los pobres comerán hasta saciarse» (<em>Sal&nbsp;</em>22, 27). Sabemos que en el templo de Jerusalén, después del rito del sacrificio, tenía lugar el banquete. En muchas Diócesis, esta fue una experiencia que, el año pasado, enriqueció la&nbsp;<strong><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2017/11/19/messa-giornata-mondiale-poveri.html">celebración de la primera&nbsp;<em>Jornada Mundial de los Pobres</em></a></strong><em><strong>.</strong>&nbsp;</em>Muchos encontraron el calor de un una casa, la alegría de una comida festiva y la solidaridad de cuantos quisieron compartir la mesa de manera simple y fraterna. Quisiera que también este año y en el futuro esta<em>&nbsp;Jornada</em>&nbsp;fuera celebrada bajo el signo de la alegría por redescubrir el valor de estar juntos. Orar juntos y compartir la comida el día domingo. Una experiencia que nos devuelve a la primera comunidad cristiana, que el evangelista Lucas describe en toda su originalidad y simplicidad: «Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno» (<em>Hch&nbsp;</em>2, 42. 44-45).</p>



<p class="wp-block-paragraph">7. Son innumerables las iniciativas que diariamente emprende la comunidad cristiana para dar un signo de cercanía y de alivio a las variadas formas de pobreza que están ante nuestros ojos. A menudo la colaboración con otras realidades, que no están motivadas por la fe sino por la solidaridad humana, hace posible brindar una ayuda que solos no podríamos realizar. Reconocer que, en el inmenso mundo de la pobreza, nuestra intervención es también limitada, débil e insuficiente hace que tendamos la mano a los demás, de modo que la colaboración mutua pueda alcanzar el objetivo de manera más eficaz. Nos mueve la fe y el imperativo de la caridad, pero sabemos reconocer otras formas de ayuda y solidaridad que, en parte, se fijan los mismos objetivos; siempre y cuando no descuidemos lo que nos es propio, a saber, llevar a todos hacia Dios y a la santidad. El diálogo entre las diversas experiencias y la humildad en el prestar nuestra colaboración, sin ningún tipo de protagonismo, es una respuesta adecuada y plenamente evangélica que podemos realizar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a los pobres, no es cuestión de jugar a ver quién tiene el primado de la intervención, sino que podemos reconocer humildemente que es el Espíritu quien suscita gestos que son un signo de la respuesta y cercanía de Dios. Cuando encontramos el modo para acercarnos a los pobres, sabemos que el primado le corresponde a Él, que ha abierto nuestros ojos y nuestro corazón a la conversión. No es protagonismo lo que necesitan los pobres, sino ese amor que sabe esconderse y olvidar el bien realizado. Los verdaderos protagonistas son el Señor y los pobres. Quien se pone al servicio es instrumento en las manos de Dios para hacer reconocer su presencia y su salvación. Lo recuerda San Pablo escribiendo a los cristianos de Corinto, que competían ente ellos por los carismas, en busca de los más prestigiosos: «El ojo no puede decir a la mano: “No te necesito”, ni la cabeza, a los pies: “No tengo necesidad de ustedes”» (<em>1Cor</em>&nbsp;12, 21). El Apóstol hace una consideración importante al observar que los miembros que parecen más débiles son los más necesarios (cf. v. 22); y que «los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera» (vv. 23-24). Mientras ofrece una enseñanza fundamental sobre los carismas, Pablo también educa a la comunidad en la actitud evangélica respecto a los miembros más débiles y necesitados. Lejos de los discípulos de Cristo sentimientos de desprecio o de pietismo hacia ellos; más bien están llamados a honrarlos, a darles precedencia, convencidos de que son una presencia real de Jesús entre nosotros. «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (<em>Mt</em>&nbsp;25, 40).</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. Aquí se comprende cuánta distancia existe entre nuestro modo de vivir y el del mundo, el cual elogia, sigue e imita a quienes tienen poder y riqueza, mientras margina a los pobres, considerándolos un desecho y una vergüenza. Las palabras del Apóstol son una invitación a darle plenitud evangélica a la solidaridad con los miembros más débiles y menos capaces del cuerpo de Cristo: «¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría» (<em>1Cor</em>12, 26). Del mismo modo, en la Carta a los Romanos nos exhorta: «Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes» (12, 15-16). Esta es la vocación del discípulo de Cristo; el ideal al cual aspirar con constancia es asimilar cada vez más en nosotros los «sentimientos de Cristo Jesús» (<em>Flp</em>&nbsp;2, 5).</p>



<p class="wp-block-paragraph">9.Una palabra de esperanza se convierte en el epílogo natural al que conduce la fe. Con frecuencia son precisamente los pobres los que ponen en crisis nuestra indiferencia, hija de una visión de la vida en exceso inmanente y atada al presente. El grito del pobre es también un grito de esperanza con el que manifiesta la certeza de ser liberado. La esperanza fundada sobre el amor de Dios que no abandona a quien en Él confía (cf.&nbsp;<em>Rom</em>&nbsp;8, 31-39). Santa Teresa de Ávila en su&nbsp;<em>Camino de perfección&nbsp;</em>escribía: «La pobreza es un bien que encierra todos los bienes del mundo. Es un señorío grande. Es señorear todos los bienes del mundo a quien no le importan nada» (2, 5). Es en la medida que seamos capaces de discernir el verdadero bien que nos volveremos ricos ante Dios y sabios ante nosotros mismos y ante los demás. Así es: en la medida que se logra dar el sentido justo y verdadero a la riqueza, se crece en humanidad y se vuelve capaz de compartir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">10. Invito a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf.&nbsp;<em>Hch</em>&nbsp;6, 1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta&nbsp;<em>Jornada Mundial&nbsp;</em>como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos, uno hacia otro, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en el camino hacia el Señor que viene.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Vaticano, 13 de junio de 2018<br>Memoria litúrgica de San Antonio de Padua</em></p>
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