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	<title>Deuda archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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	<title>Deuda archivos - Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</title>
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		<title>¿Dónde está la buena noticia para los pobres? Una reflexión tras la FfD4</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Jul 2025 09:15:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
		<category><![CDATA[Deuda]]></category>
		<category><![CDATA[Ecologia Integral]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>María del Carmen Molina Cobos Numerosos países en vías de desarrollo enfrentan severas crisis de deuda externa, frecuentemente adquirida como consecuencia de una arquitectura financiera internacional percibida ya como perversa, injusta y obsoleta. La responsabilidad es compartida: los gobiernos deudores han contraído deudas cíclicas, mientras que los acreedores, movidos por la ambición, han proporcionado financiamiento [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>María del Carmen Molina Cobos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Numerosos países en vías de desarrollo enfrentan severas crisis de deuda externa, frecuentemente adquirida como consecuencia de una arquitectura financiera internacional percibida ya como perversa, injusta y obsoleta. La responsabilidad es compartida: los gobiernos deudores han contraído deudas cíclicas, mientras que los acreedores, movidos por la ambición, han proporcionado financiamiento excesivo. Después de la crisis económica de 2008 todo el mundo entiende lo catastrófico de esta lógica financiera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La situación en África y en otras regiones del sur global es especialmente insostenible. Desde 2013, la deuda pública ha crecido más rápido que el PIB, y el 57% de la población vive en países que destinan más recursos al pago de la deuda externa que a la salud o a la educación. Además, los efectos del cambio climático son particularmente devastadores en países insulares como Haití, en el Caribe, o Tuvalu, en el Pacífico Sur. Y no solo es el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua o la contaminación elevan las cifras de impacto ambiental. Un impacto provocado por los países más ricos que flagela a los más pobres. Como señaló el papa Francisco, existe una verdadera deuda ecológica, histórica, continua y evaluable que el norte debe saldar con el sur.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del 30 de junio al 3 de julio, Sevilla ha acogido la 4ª Conferencia Internacional de Financiación al Desarrollo (FfD4). He tenido la oportunidad de estar allí, en un contexto tan apremiante frente a la crisis global actual que las expectativas eran altísimas, y muchos mirabamos hacia Sevilla con una mezcla de angustia y esperanza. A medida que avanzaba la conferencia, las expectativas se desvanecían. El Foro de la Sociedad Civil hizo el esfuerzo de expresar sus habituales demandas de una manera diferente, pero fue en vano; no se les escuchaba, apenas tuvieron espacio en las conversaciones importantes, solo unos minutos escasos. Muchos de los miembros de organizaciones civiles no gubernamentales presentes habían gastado lo que no tenían para llegar hasta allí. Carlos Lozano, representante del Centro Amazónico de Buen Vivir de Perú, explicó con dramática claridad cómo los pueblos indígenas sufren las devastaciones ambientales, cómo se negocia su vida, porque lo que para nosotros son “recursos”, para ellos es vida elemental. Un robo a mano armada – nunca mejor dicho – que ninguno de nosotros permitiría en su propia casa. Tras recibir una ovación de la sala como pocas, bajó de la tribuna y comenzó a vender artesanía, ya sin traje y en camiseta, para costearse el viaje. Tuve la oportunidad de entrevistarlo como líder internacional y de comprarle unos pendientes en un gesto de solidaridad. Eso me impactó profundamente. La última intervención en el Foro Social dejó a la sala sin aliento. Lidy Nacpil, del <em>Asian Peoples&#8217; Movement on Debt and Development</em>, sentenció: “El sistema financiero es un legado de las conquistas coloniales y ya no sirve. Queremos acceder a los espacios oficiales para cambiar las cosas en los gobiernos porque el Compromiso de Sevilla es una vergüenza. Es la peor declaración que se le podía dar a la sociedad civil. António Guterres expresaba la importancia de la sociedad civil, pero es un contraste pues no se nos está considerando en absoluto”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre todas las voces, una me llamó especialmente la atención. Jesica García se levantó en nombre de la Esperanza. Representante de <em>Entreculturas</em>, una ONG de la Iglesia católica dentro de la familia Jesuita, me arrancó una sonrisa y me hizo respirar con cierto alivio al reconocerme en esa <em>tierra prometida</em>. “No es posible transformar nada – decía ella – si no creemos realmente que sea posible transformarlo. Sin Esperanza no hay acción, porque lo que hay es desolación”. Sin duda, la Esperanza es catalizadora del cambio, pero no hay cambio sin propuestas y, sobre todo, no hay cambio sin compromiso, voluntad y disciplina política, liderada por una gobernanza internacional. Estabamos lejos de eso en un encuentro donde China, Rusia y EE. UU. no estuvieron presentes, y donde en el documento final Compromiso de Sevilla no menciona ni una sola vez el concepto de “deuda ecológica”. Sin embargo, nada de eso importó, yo me fui esperanzada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la mañana siguiente, escuchando a los presidentes y representantes de los Estados presentes, la botella parecía más que medio llena. Contenta, me dirigí al evento paralelo de la Iglesia católica: «A Jubilee for the Common Good: Revisiting the Global Financial Architecture». En este evento, el secretario general de <em>Caritas Internationalis </em>hizo, a mi juicio, la pregunta del millón: ¿Dónde están las buenas noticias para los pobres? Entendí que hacía alusión al evangelio de Lucas, donde Jesús hace suya la proclama del profeta Isaías (Lc 4:18-19): «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena nueva a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese momento, experimenté una pérdida de alegría y me sentí incapaz de responder. Sin embargo, recordé las palabras de mi amiga de <em>Entreculturas</em>, quien proclamaba la Esperanza en una sala llena a rebosar, y la respuesta surgió de manera espontánea, desde el depósito de mi fe, que alguien debió regalarme en alguna catequesis remota: “La buena noticia que Jesús anunciaba a los pobres es la llegada del Reino de Dios, que trae consigo liberación, sanación y justicia”. Este mensaje de transformación está dirigido a aquellos que sufren, están marginados o viven en la pobreza. Es un mensaje universal (<em>tutti</em>, <em>tutti</em>), tanto para los que viven sin sentido ni propósito en el norte como para los que enfrentan desgracias en el sur. Ante este nuevo y antiguo “escándalo de la cruz”, reflexioné sobre si la buena nueva no residiría precisamente en aquellos que, sumidos en el hedonismo, continúan lamentándose mientras los perros lamen las heridas de Lázaro. Me pregunté si esta crisis no representaría, acaso, una oportunidad para que el norte obtenga el jubileo de la Esperanza, asumiendo sus pecados ecosociales y promoviendo la justicia distributiva, restaurativa y retributiva. Consideré si esta crisis no sería una oportunidad única para que el norte salve al sur de sus carencias materiales y el sur al norte de sus miserias existenciales. Este sí que resulto ser para mí, un maravilloso motivo de Esperanza. Algo que comparto ahora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“O nos unimos o nos hundimos, nadie se salva solo”, afirmaba el Papa Francisco. Nunca comprendido del todo el significado de estas palabras del Santo Padre. Ahora sí.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>María del Carmen Molina Cobos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Doctora en Ciencias Biológicas y Catedrática de Fisiología Vegetal en la URJC y actualmente estudiante del Máster en Teología de la Universidad de Murcia. Es miembro del Consejo Asesor del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española</p>
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		<title>¿Deuda o justicia?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guadalupe García Corigliano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Jun 2025 20:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecología Integral]]></category>
		<category><![CDATA[Deuda]]></category>
		<category><![CDATA[Jubileo]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Jubileo y el llamamiento a pagar nuestra deuda ecológica Eduardo Agosta Scarel, O. Carm. Director del Departamento de Ecología Integral &#8211; CEE Este 2025, la Iglesia Católica celebra el Jubileo ordinario, convocado por Francisco en diciembre pasado mediante la bula Spes non confundit[i] (SnC). Lejos de ser un mero evento litúrgico, el Jubileo es [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong>El Jubileo y el llamamiento a pagar nuestra deuda ecológica</strong></h2>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.</em></strong></h2>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>Director del Departamento de Ecología Integral &#8211; CEE</em></strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Este 2025, la Iglesia Católica celebra el Jubileo ordinario, convocado por Francisco en diciembre pasado mediante la bula <em>Spes non confundit<a href="#_edn1" id="_ednref1"><sup><strong><sup>[i]</sup></strong></sup></a> </em>(SnC). Lejos de ser un mero evento litúrgico, el Jubileo es una poderosa interpelación a nuestra conciencia global. Inspirado en la antigua tradición bíblica de liberar a los oprimidos y perdonar las deudas para restaurar el equilibrio social, el papa Francisco nos lanzó un desafío radical: condonar la deuda externa de los países más pobres (cf. SnC, 16). Pero su llamado va más allá de un simple gesto de generosidad. Es una profunda exigencia de justicia, fundamentada en un concepto que debe sacudir nuestras estructuras económicas y mentales: la deuda ecológica.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La trampa de la deuda: Una herida sangrante de bienes de la tierra y dignidad humana</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para entender la urgencia de este llamado, primero debemos dimensionar el problema de la deuda financiera. Los datos son elocuentes y dramáticos. Más de la mitad de los países menos desarrollados del mundo están atrapados en una crisis de deuda, con una carga global que supera los 9 mil millones de dólares. El sobreendeudamiento es crítico. Asimismo, la situación es tan grave que 48 países en desarrollo destinan más recursos a pagar el servicio de la deuda que a garantizar derechos humanos básicos. Pensemos en lo que esto significa: 3.300 millones de personas viven en naciones donde el pago a los acreedores es más importante que la salud pública, y 2.100 millones en lugares donde supera al presupuesto de educación. Las prioridades se invierten y es un círculo vicioso.<a href="#_edn2" id="_ednref2"><sup>[ii]</sup></a> Este sistema crea una “trampa de la deuda”. Los países se ven obligados a desviar sus escasos recursos del desarrollo humano para pagar intereses, lo que a su vez les impide generar un crecimiento autónomo y sostenible, perpetuando su dependencia.<a href="#_edn3" id="_ednref3"><sup>[iii]</sup></a> Como señaló el papa Francisco, esta crisis genera “miseria y angustia”, despojando a millones de personas de un futuro digno.Es una estructura de pecado que convierte un principio justo —que las deudas deben pagarse— en un instrumento de opresión cuando su cobro exige “sacrificios insoportables” a poblaciones enteras.<a href="#_edn4" id="_ednref4"><sup>[iv]</sup></a></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="724" height="1024" src="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/06/Deuda-Jubileo-Mesa-redonda-Sevilla-724x1024.jpg" alt="" class="wp-image-412385" srcset="https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/06/Deuda-Jubileo-Mesa-redonda-Sevilla-724x1024.jpg 724w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/06/Deuda-Jubileo-Mesa-redonda-Sevilla-212x300.jpg 212w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/06/Deuda-Jubileo-Mesa-redonda-Sevilla-768x1086.jpg 768w, https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/06/Deuda-Jubileo-Mesa-redonda-Sevilla.jpg 905w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La deuda ecológica: La otra cara de la moneda</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí es donde el argumento da un giro decisivo. La narrativa tradicional presenta a los países del Sur Global como deudores. Sin embargo, si ampliamos la mirada, descubrimos que la balanza está invertida. El papa Francisco afirmó que la deuda financiera y la ecológica son “dos caras de la misma moneda”, y que ambas hipotecan nuestro futuro.<a href="#_edn5" id="_ednref5"><sup>[v]</sup></a> En África, por ejemplo, la situación es especialmente grave: la mayoría de su población vive en países que gastan más en el servicio de la deuda externa que en salud o educación.<a href="#_edn6" id="_ednref6"><sup>[vi]</sup></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y qué es la deuda ecológica? Es la deuda acumulada por los países industrializados del Norte Global con los países del Sur por siglos de explotación ambiental y social<a href="#_edn7" id="_ednref7"><sup>[vii]</sup></a>.&nbsp; Se manifiesta de dos formas principales:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La deuda de carbono:</em> Los países más ricos son los responsables históricos de la inmensa mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero que han provocado la crisis climática. Aunque solo albergan una minoría de la población mundial, su modelo de producción y consumo ha contaminado la atmósfera de todos. El G20 es responsable de casi el 80% de las emisiones acumuladas; los países más pobres, de apenas un 4%.<a href="#_edn8" id="_ednref8"><sup>[viii]</sup></a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La deuda por expoliación:</em>La prosperidad del Norte se ha construido, en gran medida, sobre la explotación intensiva de los recursos naturales (minerales, bosques, combustibles fósiles) de los países del Sur. Este modelo extractivista ha generado enormes beneficios económicos para unos pocos, mientras dejaba a las comunidades locales con la degradación ambiental, la contaminación y la pérdida de sus medios de vida.<a href="#_edn9" id="_ednref9"><sup>[ix]</sup></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta profunda injusticia se agudiza porque las consecuencias de la crisis climática, tales como sequías, inundaciones, o pérdida de biodiversidad, impactan de forma desproporcionada y brutal precisamente en las poblaciones más vulnerables del Sur, aquellas que menos han contribuido a generarla. Soportan los costes de una crisis que no es suya. Por otra parte, la responsabilidad de esta situación es compartida. Involucra a gobiernos deudores, a acreedores que prestaron en condiciones de riesgo, y a las instituciones financieras internacionales cuyas políticas han perpetuado estas crisis. El sistema financiero global, en su diseño actual, no solo refleja las desigualdades globales, sino que las amplifica, funcionando de una manera que es ineficiente, injusta y extractiva.<a href="#_edn10" id="_ednref10"><sup>[x]</sup></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">Justicia, no magnanimidad</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Por todo esto, el llamado a la condonación de la deuda financiera no es un acto de caridad, sino “una cuestión de justicia” (SnC, 16). Es el reconocimiento de que los países enriquecidos tienen un <em>crédito ecológico negativo</em> con el resto del mundo. Cancelar su deuda monetaria es, en realidad, un paso mínimo y necesario para empezar a saldar nuestra inmensa deuda ecológica. <a href="#_edn11" id="_ednref11"><sup>[xi]</sup></a></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Un camino hacia adelante: hacia una nueva arquitectura financiera global</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La celebración del Jubileo en 2025 y la IV Conferencia de la ONU sobre Financiación para el Desarrollo en Sevilla nos brindan una oportunidad histórica para pasar de las palabras a los hechos. No basta con gestos aislados; se necesita una reforma estructural del sistema financiero global.<a href="#_edn12" id="_ednref12"><sup>[xii]</sup></a> Desde la Doctrina Social de la Iglesia y las voces diversas organizaciones de la sociedad civil y eclesial de España, se proponen medidas concretas<a href="#_edn13" id="_ednref13"><sup>[xiii]</sup></a>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Mecanismos de cancelación y reestructuración: Adoptar procesos ágiles y justos para cancelar o reestructurar las deudas soberanas, liberando a los países de la trampa del sobreendeudamiento.</li>



<li>Canjes de deuda por vida<strong>:</strong> Implementar programas que permitan a los países canjear el pago de su deuda por inversiones verificables en salud, educación, seguridad alimentaria y acción climática.</li>



<li>Regulación y transparencia: Aumentar la regulación del sistema financiero internacional para prevenir futuras crisis, garantizando que los préstamos no impongan condiciones perjudiciales para el bienestar social y ambiental.</li>



<li>Financiación climática justa: Crear y dotar fondos climáticos que reconozcan explícitamente la deuda ecológica, proveyendo los recursos necesarios para que los países en desarrollo puedan adaptarse al cambio climático y transitar hacia modelos sostenibles.</li>



<li>Un marco multilateral equitativo: Diseñar un sistema de gobernanza financiera que incluya a todas las partes en pie de igualdad, especialmente a los países deudores, para que las decisiones sean verdaderamente equitativas.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo final —como señala la Declaración eclesial española sobre deuda y desarrollo de Sevilla del 11 de marzo pasado— es construir una economía con alma, que cuide la vida y no la mate, que incluya y no descarte, que humanice y no deshumanice. Una economía donde la dignidad de la persona y el cuidado de la casa común sean el centro, no el beneficio a cualquier costo. Como nos enseña el profeta Isaías, <em>la verdadera paz sólo puede ser fruto de la justicia</em> (Is 32, 17). Y hoy, la justicia global exige que reconozcamos y empecemos a pagar nuestra deuda ecológica.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Referencias</strong></h2>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1"><sup>[i]</sup></a> Francisco (2024). Bula de convocación del Jubileo ordinario Año 2025, <em>Spes non confundit. </em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html"><em>Spes non confundit &#8211; Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025 (9 de mayo de 2024) | Francisco</em></a><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2"><sup>[ii]</sup></a> Cf. Declaración “¿Deuda o Desarrollo?” de las entidades eclesiales españolas convocadas en la jornada del 11 de marzo de 2025 en Sevilla. <a href="https://www.manosunidas.org/sites/default/files/imce/noticias/declaracionfinaldeudaydesarrollo-11-03-2025-1.pdf">Declaración sobre «Deuda o Desarrollo»</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3"><sup>[iii]</sup></a> Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Integral Humano (DSDIH, 2025). <em>Jubileo 2025: condonación de la deuda ecológica</em>, Nota temática. <a href="https://www.humandevelopment.va/es/news/2025/giubileo-2025-remissione-del-debito-ecologico.html">“Jubileo 2025: condonación de la deuda ecológica” &#8211; Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4"><sup>[iv]</sup></a> Cf. Declaración “¿Deuda o Desarrollo?”, o.c.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5"><sup>[v]</sup></a> Francisco (2024). <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2024/11/13/0887/01782.html">Mensaje del Papa pronunciado por el Secretario de Estado en la COP 2</a>9, Bakú, 11 de noviembre de 2024.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref6" id="_edn6"><sup>[vi]</sup></a> Cf. Pontificia Academia de Ciencias Sociales (2025). <em>El reporte del Jubileo &#8211; Iniciativa propuesta por el papa Francisco</em>. <a href="https://ipdcolumbia.org/wp-content/uploads/2025/06/Jubilee-report-Spanish.pdf">El Reporte del Jubileo:</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref7" id="_edn7"><sup>[vii]</sup></a> Agosta, Eduardo (2025). <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/ecologia-integral/el-futuro-de-la-arquitectura-global-para-el-financiamiento-al-desarrollo/">El futuro de la arquitectura global para el financiamiento al desarrollo</a>. Nota de blog, Subcomisión Epsicopal de Acción Caritativa y Social, CEE. (11 de marzo de 2025).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref8" id="_edn8"><sup>[viii]</sup></a> DSDHI (2025).&nbsp; <em>Jubileo 2025: condonación de la deuda ecológica</em>, o.c.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref9" id="_edn9"><sup>[ix]</sup></a> Ibid.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref10" id="_edn10"><sup>[x]</sup></a> Cf. Pontificia Academia de Ciencias Sociales (2025), o.c.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref11" id="_edn11"><sup>[xi]</sup></a> Ibid.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref12" id="_edn12"><sup>[xii]</sup></a>&nbsp; Cf. Pontificia Academia de Ciencias Sociales (2025), o.c.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref13" id="_edn13"><sup>[xiii]</sup></a> Declaración “¿Deuda o Desarrollo?”, o.c.</p>
<p>La entrada <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es/noticias/accion-caritativa/ecologia-integral/deuda-o-justicia/">¿Deuda o justicia?</a> se publicó primero en <a href="https://social.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la promoción humana</a>.</p>
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