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Tiempo de la Creación 2022: Los obispos españoles llaman la atención sobre la crisis energética y la paz

Del 1 de septiembre al 4 de octubre la Iglesia celebra el Tiempo de la Creación, una iniciativa ecuménica del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral que promueve la celebración de la vida y la protección de la creación de Dios. Este es un tiempo en que los cristianos de todo el mundo, rezan, desarrollan proyectos y otros se movilizan para proteger la creación. Se trata de acciones urgentemente necesarias.

El papa Francisco nos invita en en su mensaje de este año a practicar una espiritualidad ecológica, como ya hiciera en Laudato Si. También pone enfásis en los clamores amargos: los de la «hermana Madre tierra», los más pobres, los pueblos nativos y nuestros propios hijos.

El Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española centra su atención este año en la crisis energética y la paz, un aspecto que también recuerda el papa Francisco:

Lo repito: «Quiero pedirles en nombre de Dios a las grandes corporaciones extractivas —mineras, petroleras—, forestales, inmobiliarias, agro negocios, que dejen de destruir los bosques, humedales y montañas, dejen de contaminar los ríos y los mares, dejen de intoxicar los pueblos y los alimentos»[5].

Igualmente, en su V Seminario de Ecología Integral, el Departamento ha querido abordar esta problemática tan urgente y necesaria en este momento histórico: Retos para el cuidado de la casa común: «Sostenibilidad, crisis energética y extractivismo».

Se contará con intervenciones desde América Latina, con quien el departamento pudo estrechar lazos en abril de 2022, ya que sus responsables del se entrevistaron como un grupo de la «Caravana latinoamericana para la Ecología Integral», encabezados por por Monseñor Vicente de Paula Ferreira, Obispo auxiliar de la Archidiócesis de Belo Horizonte y Secretario de la Comisión para la Ecología Integral de la Comisión Nacional de los Obispos de Brasil

A continuación ofrecemos el Mensaje íntegro de los Obispos de la Subcomisión de Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española

Mensaje ante la jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación

1 de Septiembre de 2022

Crisis energética, paz y cuidado de la creación

El día 1 de septiembre celebramos la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación. Es un momento especial en la vida de las naciones y en la vida de la Iglesia.

Vivimos el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís, en un contexto de conflicto bélico de gran repercusión en la vida de Europa y especialmente en Ucrania. Es el momento oportuno para renovar nuestra fe y nuestra oración, pues se ha puesto en cuestión la paz internacional y se están provocando graves daños a la casa común.

La guerra en Europa nos ha sorprendido a todos y ha puesto sobre la mesa la profunda interconexión entre la seguridad energética, el riesgo de un conflicto armado y el peligro de destrucción de toda forma de vida, que ya diagnosticó hace casi 60 años San Juan XXIII (1). Incluso, vuelven de nuevo amenazas y riesgos que parecían ya olvidados, pues en esta encrucijada emerge de nuevo con fuerza la “cuestión nuclear”, tanto en el caso del conflicto entre Rusia y Ucrania, como en otras partes del mundo.

La Carta encíclica Pacem in terris de San Juan XXIII hacía ya una llamada a “todos los hombres de buena voluntad” (2) a no sembrar el miedo en la humanidad y a no destruir la vida, una llamada que, desgraciadamente, sigue siendo actual en un tiempo como el nuestro, marcado por la guerra y la degradación medioambiental: “Los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho”(3).

En la década de 1960 fue precisamente cuando emergió también la preocupación por la cuestión medioambiental; fue la época en la que las primeras voces científicas alertaron de la importancia del cuidado de la naturaleza y del profundo vínculo entre ese cuidado, la salud humana y la paz.

El Consejo Mundial de la Iglesias inició, poco después, la iniciativa ecuménica “Justicia, Paz e Integridad de la Creación” con la que la Iglesia Católica, con el paso del tiempo, se ha identificado (4).

Crisis energética y crisis alimentaria

Hay una interdependencia evidente entre los atentados contra la paz y su incidencia en la casa común, en el orden de la Creación. Cuando ya estaba naciendo un cierto consenso para afrontar los problemas de fondo de la humanidad en el orden energético y en el orden alimentario, con la guerra se ha puesto en peligro el equilibrio en la disponibilidad de recursos alimentarios para numerosas poblaciones que dependen de los graneros sometidos a la violencia del conflicto y, sobre todo, están en riesgo alimentario importantes poblaciones de los países más pobres, pues son preferentemente esos países los que se están viendo especialmente afectados por las múltiples crisis sanitarias, geopolíticas y climáticas. También los expertos, en su reciente Informe sobre Desarrollo Sostenible del año 2022, confirman el camino para superar el delicado momento actual: paz, diplomacia y cooperación internacional son las condiciones necesarias para que el mundo progrese hacia la consecución de los objetivos de la Agenda 2030. La guerra de Ucrania y otros conflictos militares son tragedias humanitarias que tienen un gran impacto en la prosperidad y en las sociedades del mundo entero, especialmente en los pobres, y tienen la capacidad de ampliar las crisis climáticas y de biodiversidad (5).

La comunidad internacional, y también nuestro país, se ha comprometido en estos últimos años, a realizar una transición hacia el uso de energía no contaminante y lograr una agricultura sostenible, pues “sabemos que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes – sobre todo el carbón, pero aún el petróleo y, en menor medida, el gas – necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora” (6).

Afrontar los problemas ambientales “es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente. Hay una interacción entre los ecosistemas y entre los diversos mundos de referencia social” (7). Y, en este caso, las diversas crisis retroalimentan procesos de empobrecimiento, especialmente en las personas más vulnerables y con menos recursos, como ya hemos visto en nuestro país: problemas para los transportistas, para los pequeños negocios, una alta inflación a la que se llama “el impuesto de los pobres”. De hecho, la crisis alimentaria ha supuesto una presión fuerte para la alimentación de los más pobres, pues la escasez fomenta la elevación de precios, y forma una alianza trágica con la presión de los precios de la energía. Todo ello incide en las condiciones de vida digna de los más vulnerables.

Tanto el papa Francisco, como la doctrina social de la Iglesia nos muestran la necesidad de vincular el cuidado de la Creación y el fortalecimiento de la fraternidad en cuestiones que son esenciales para la vida de las familias y su supervivencia en bastantes ocasiones.

Se nos ha recordado que las soluciones son complejas y requieren no solo de la innovación tecnológica y la adecuada financiación, también del diálogo político: “Para afrontar los problemas de fondo, que no pueden ser resueltos por acciones de países aislados, es indispensable un consenso mundial que lleve, por ejemplo, a programar una agricultura sostenible y diversificada, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a fomentar una mayor eficiencia energética” (8).

Pensábamos hasta hace poco que ese diálogo se había conseguido y nos encaminábamos hacia un continente en el que la protección del medioambiente y la paz eran metas a conseguir. “Durante décadas parecía que el mundo había aprendido de tantas guerras y fracasos y se dirigía lentamente hacia diversas formas de integración” (9). Sin embargo, la situación en la que nos encontramos ahora, nos hace ser más cautos y nos empuja a recordar que tanto la paz como el cuidado de las relaciones personales y entre las naciones siempre están amenazadas. Es una tarea que requiere de una atención constante y de una profundidad espiritual para poder sostenerse en el tiempo. Quizás sea esta la contribución especial que los cristianos podemos hacer en el complejo panorama actual. En este tiempo de la creación pedimos al Creador que nos conceda la paz y nos ayude a vivir la fraternidad entre los pueblos.

Que sea nuestro compromiso como comunidad cristiana, en esta Jornada Mundial de Oración, alimentar una “espiritualidad que consiste en ampliar lo que entendemos por paz, que es mucho más que la ausencia de guerra. La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común” (10).

Los obispos de la Subcomisión de Acción Caritativa y Social

Monseñor Jesús Fernández, Obispo de Astorga, presidente de la Subcomisión

Monseñor Vicente Ribas, Obispo de Ibiza

Monseñor Abilio Martínez, Obispo de Osma Soria

Monseñor Javier Vilanova, Obispo auxiliar de Barcelona

Monseñor Fernando García, Obispo de Mondoñedo-Ferrol


1 Francisco en su alocución el 10 de julio de 2022: “He sentido vergüenza cuando leí que un grupo de Estados se comprometieron a gastar esta cantidad en comprar armas como respuesta a lo que está pasando. Es una locura.

2 San Juan XXIII, Pacem in terris n. 166.

3 San Juan XXIII, Pacem in terris n. 111

4 Primera Asamblea Ecuménica Europea, Basilea, 1989.

5 Association. Sustainable Development (SDSN) Report 2022, publicado el 2 de junio de 2022.

6 Francisco, Laudato si´ n. 165.

7 Francisco, Laudato si´ n. 141

8 Francisco, Laudato si´, n. 164

9 Francisco, Fratelli Tutti, n. 10.

10 Francisco, Laudato si´, n. 225